Mostrando entradas con la etiqueta Patrañas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Patrañas. Mostrar todas las entradas

sábado, 24 de enero de 2026

Mercurio y vacunas. El mito del timerosal.

Siempre me he sentido fascinado por el mercurio. Y supongo que os pasará lo mismo a todos los que habéis podido jugar con él cada vez que, en vuestra casa, se rompía un termómetro de los de toda la vida (para eso tenéis que tener una cierta edad). He usado muchos otros instrumentos con mercurio en mi vida académica, hasta que poco a poco fue desapareciendo de los laboratorios como consecuencia de la evidencia científica de su carácter tóxico. En una antigua y larga entrada que ha sido muy visitada, describía al propio mercurio, su historia milenaria, su conocida toxicidad y algunos compuestos del mismo como la famosa mercromina. Unas cuantas entradas más sobre estas cosas constan también en el historial de este Blog, que podéis encontrar poniendo mercurio en el buscador (una lupita) que se ve en la parte de arriba de la página de bienvenida del mismo. El pasado 23 de julio de 2025, el inefable Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Estado americano de Salud (al que, si me pagaran por estas entradas, le tendría que dar una comisión) anunció, con mucho boato, la eliminación en USA de todas las vacunas que contuvieran timerosal (thimerosal othiomersal, en inglés), un compuesto de mercurio.

Como seguramente sabéis, el mercurio es un elemento químico, uno de los 118 miembros de la Tabla Periódica. Su brillo metálico, parecido al de la plata, su carácter líquido, su elevada densidad (que hace que un litro de mercurio pese 13.6 Kg frente al kilo que pesa un litro de agua) y, sobre todo, su extraordinaria tendencia a formar gotas (tanto más esféricas cuanto más pequeñas), debido a otra de sus propiedades características, su elevada tensión superficial, lo han convertido en una sustancia tremendamente atractiva a los ojos humanos desde la antigüedad. Una prueba de ello es que el símbolo químico del mercurio, Hg, se deriva de su nombre en griego, Hydrargirum, que significa “plata líquida”.

La mayor parte del mercurio que se ha producido en el mundo a lo largo de los últimos dos milenios proviene de unos pocos lugares geológicos. Se estima, por ejemplo, que más de la tercera parte de esa producción global y milenaria se ha llevado a cabo en Almadén (Ciudad Real), existiendo otros importantes yacimientos en Italia y en Eslovenia. Hay estimaciones bastante fiables que indican que, solo en Almadén, se ha llegado a extraer el equivalente a más de 250.000 toneladas de mercurio a lo largo de estos dos milenios. Que la naturaleza haya sido tan pródiga en este elemento en lugares concretos de la Tierra, se debe a la actividad volcánica en ellos existente hace la friolera de 370 millones de años. El magma arrastró ingentes cantidades de mercurio desde el interior de la corteza terrestre, impregnando las arenas de los fondos marinos de entonces. Ello generó inmensas minas de sulfuro de mercurio (conocido como cinabrio), casi el único mineral del mismo existente en grandes cantidades en la Tierra. Al extraer ese mineral, se podían encontrar también cantidades importantes de mercurio líquido chorreando entre los trozos de mismo.

El mineral de cinabrio ya era empleado por los romanos como colorante rojo (o bermellón), muy usado también por las damas de la alta sociedad romana como maquillaje. Los romanos conocían ya el carácter tóxico del mercurio, algo que aprovechaban enviando a trabajar de mineros a Almadén a condenados a muerte, una forma “elegante” de ejecutar una lenta sentencia y que luego usaron otros propietarios de las minas. Pero cuando Almadén alcanzó su apogeo fue cuando, como consecuencia del descubrimiento del Nuevo Mundo y del comercio de plata que ello generó, fueron necesarias grandes cantidades de mercurio para amalgamar ese metal precioso y así poderlo extraer. La mina de Almadén se cerró el 22 de julio de 2003, en consonancia con el progresivo declive de todo lo que tenga que ver con el mercurio, declive al que aludía al principio y que comenzó hacia los años 70 con una serie de noticias impactantes sobre el carácter dañino del mercurio y sus compuestos.

El precedente puede datarse en el llamado incidente de la bahía de Minamata, en la isla japonesa de Kyushu, oficialmente reconocido por el gobierno japonés en 1968. Sesenta y ocho personas murieron y cientos más resultaron seriamente afectadas con problemas neurológicos. La mayoría de las víctimas eran pescadores y la investigación concluyó que vertidos intensivos, durante treinta años, de una empresa de la zona, conteniendo sales de mercurio, habían sido transformados por las bacterias anaerobias del fondo de la bahía en sales que contenían el catión metilmercurio (CH3Hg+), mucho más peligroso que el propio mercurio, que acababa siendo acumulado por peces y crustáceos al unirse a grupos tiol (–SH) de algunas de sus proteínas. Cuando los pescadores los consumían, el metil mercurio circulaba por sus organismos en forma del complejo metilmercurio-cisteína, que atraviesa la barrera hematoencefálica, con los correspondientes y graves problemas neurológicos. Otro incidente similar se dio en 1965 en otra isla japonesa (Honshu) con 13 muertos y más de 300 afectados. Y hay problemas constatados en las poblaciones indígenas de los Cree y los Inui en Canadá, grandes consumidores de pescado y que resultaron afectados debido a importantes movimientos de terreno para construir una gigantesca planta hidroeléctrica, movimientos que sacaron a la luz mercurio metálico y que acabó siendo convertido en metilmercurio por las bacterias en el cauce de los ríos.

Un problema aún mayor se generó en Iraq, entre 1971 y 1972, cuando más de seis mil personas resultaron afectadas y casi medio millar murieron. En este caso, el origen no fue el pescado consumido sino semillas de trigo. En un intento de paliar una hambruna de aquellos años, diversos países europeos enviaron a Iraq semillas de trigo que habían sido tratadas con un fungicida para preservar la viabilidad de las mismas durante los traslados y en las que generaba metilmercurio. La idea, como es obvio, era plantar esas semillas y obtener trigo que, al transformarse en harina, no presentaría mayores problemas de contaminación al diluirse mucho la dosis una vez que las semillas se transformaran en espigas del cereal. Desgraciadamente, los iraquíes no entendieron las instrucciones que, en los sacos de semillas, explicaban que éstas no debían consumirse tal cual y, acuciados por el hambre, algunos de ellos optaron por molerlas directamente y consumirlas. El resultado fue una tragedia y la gota que colmó el vaso sobre los peligros del mercurio y sus compuestos.

Todos estos desastres estuvieron en el origen de las negociaciones a nivel internacional que culminaron en la llamada Convención de Minamata, cuyo texto final se aprobó en 2013 aunque no entró en vigor hasta 2017. A día de hoy lo han firmado 140 países y ha servido para regular, y en su caso eliminar, muchas actividades que usaban mercurio y que pudieran estar en el origen de vertidos del mismo al medio ambiente. Y ese fue el caldo de cultivo para acrecentar el mito de la relación entre otro compuesto de mercurio, el etil mercurio con el autismo y las vacunas. Nótese, en este punto, la sutil diferencia entre los términos metil mercurio y etil mercurio. Eso se refleja en las fórmulas que usamos los químicos para representarlos: CH3Hg+ para el catión metil mercurio y CH3CH2Hg+ para el catión etil mercurio. Esa diferencia química que parece mínima (un grupo CH2 más), es biológicamente muy importante: ese grupo extra hace que el metilmercurio (CH3Hg+), más pequeño, sea muy estable y se bioacumule en el cerebro causando la neurotoxicidad que mencionábamos arriba, mientras que el etilmercurio (CH3CH2Hg+) se descompone en el hígado y se excreta rápidamente sin acumulación a largo plazo.

Pero en el ambiente post-Minamata, confundir a la gente con que el etil mercurio del conservante timerosal de las vacunas y el metil mercurio de los peces japoneses y el trigo de los iraquíes eran igual de dañinos fue (y sigue siendo) fácil. Tanto es así que, ante la alarma suscitada y en virtud de un mal usado principio de precaución, el timerosal fue retirado de las vacunas infantiles en los Estados Unidos en 2001. Y a día de hoy, las vacunas contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR), contra la varicela, la poliomelitis u otras no contienen timerosal. Es cierto que, hasta la orden de Kennedy, las vacunas contra la gripe estaban disponibles tanto en versiones sin timerosal como con timerosal (para viales de vacunas de dosis múltiples). En estas últimas se había seguido usando timerosal para prevenir el crecimiento de gérmenes, como bacterias y hongos que puede ocurrir cuando una aguja de jeringa entra varias veces en un vial mientras se administran vacunas, lo que podría causar problemas graves. Y es a esas últimas a las que afecta la decisión del Secretario de Estado, quien ha generado bastante ruido mediático al respecto durante estos últimos meses, sin mencionar que la gran mayoría de las vacunas americanas no han contenido timerosal desde hace 25 años. Algo que no es de extrañar, porque Kennedy lleva dando la brasa sobre el mercurio, las vacunas y el autismo desde hace años (véase el libro que editó en 2014).

Desmontar las proclamas del Secretario de Estado de Salud es tirado. Para ello y como decía el título de su libro, solo hay que “dejar hablar a la Ciencia”. Por solo empezar por algo muy reciente, el 12 de diciembre de 2025, el Comité Asesor Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe titulado “Vacunas, timerosal y trastorno del espectro autista: revisión de la evidencia 2010-2025”. Tras analizar 31 estudios publicados entre 2010 y 2025, incluyendo metanálisis y grandes estudios epidemiológicos de múltiples países, se concluía que no existe evidencia de una relación causal entre vacunas que contienen timerosal y trastornos del espectro autista, reafirmando las conclusiones previas de 2002, 2004 y 2012 basadas en evidencia de alta calidad.

Y, por no aburriros con otras evidencias, podéis visitar la página de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) dependiente del gobierno americano y al que pertenece el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) que, recientemente, ha sido sometido a una radical transformación por parte del propio RFK Jr., eliminado antiguos miembros y sustituyéndolos por otros, algunos de carácter claramente antivacunas. Pues bien, la web de los CDC sigue activa (aunque no os puedo asegurar por cuánto tiempo) y su contenido contraviene casi todas las aseveraciones que su superior (RFK Jr) ha hecho en los últimos tiempos sobre vacunas, timerosal y su pretendida relación con el autismo. Particularmente relevante es un apartado que aparece bastante al final de la página, titulado Frequently asked questions, donde los CDC responden a las preguntas más frecuentes al respecto.

Nada más que añadir. Excepto un poco de música para relajar la mala uva que me hago con estas cosas. De Juan Sebastian Bach el Aire de la Suite para Orquesta nº 3, con la Filarmónica de Berlín y Ton Koopman a la batuta.

Leer mas...

lunes, 24 de noviembre de 2025

Vivir sin plásticos y la EHU

El pasado viernes 14 de noviembre celebramos a lo grande, en el Kursaal donostiarra, una especie de fin de fiesta de las múltiples actividades organizadas con ocasión del 50º aniversario de la creación de la Facultad de Química (la mía). Entre las diversas intervenciones en el acto, estuvo la de mi amigo y colega de muchas batallas, el Profesor José María Asua, que explicó a la audiencia los logros de Polymat, el Instituto que unos pocos pirados pusimos en marcha hace más de un cuarto de siglo y que él ha dirigido con mano firme y con éxito hasta su reciente jubilación. El Profesor Asua no dejó pasar la ocasión para denunciar que dentro de la llamada Zientzia Astea (Semana de la Ciencia) 2025, organizada por la Universidad del País Vasco (EHU), un conjunto de sus muchas actividades giraba en torno al título Ciencia para un planeta sin plásticos. La denuncia arrancó un encendido aplauso por parte de las más de 600 personas que llenábamos el recinto y que, todo hay que decirlo, llevamos los polímeros y los plásticos en el ADN académico y/o profesional. Espero que las autoridades de la EHU, presentes en el acto, tomaran buena nota de la denuncia y la trasladaran a la Directora de la Zientzia Astea y a la Vicerrectora de la que depende. Aunque no soy muy optimista. Apuesto a que justificarán el título sobre la base de lograr un mayor impacto en la sociedad. Vamos, lo que yo suele llamar en este Blog marketing perverso.

Si uno repasa las múltiples actividades que se desarrollaron del 5 al 9 de noviembre en las tres capitales vascas y Barakaldo, es difícil encontrar alguna que justifique un titular tan explícito. La mayoría de los talleres, conferencias, exposiciones, concursos, monólogos, visitas guiadas y otras actividades que tenían que ver con los plásticos, trataban de concienciar a la ciudadanía sobre los problemas ligados al uso de los mismos y las posibles soluciones para mitigarlos. Solo un taller que se celebró en Bilbao el 7 de noviembre tenía un título que cuadraba con el anuncio que os he colgado arriba. Se titulaba ¿Podemos vivir sin plásticos? pero, si repasamos sus objetivos, uno de los párrafos dice que “a través de una visión basada en la economía circular, reflexionaremos sobre cómo podemos reducir su impacto negativo sin renunciar a sus beneficios”. O sea, que del “sin” nada. La EHU podría haber puesto en el cartel “Ciencia para gestionar mejor los plásticos” o cosas similares, más ajustadas a ese taller y al resto de los contenidos. Pero, claro, eso vende menos.

Lo de un planeta sin plásticos o, alternativamente, una vida sin plásticos, es una idea que reaparece cada cierto tiempo con fuerza renovada. La expresión suena poderosa y sugiere una especie de retorno a una vida más sencilla, más natural, menos contaminante. Es un eslogan quizás cargado de buenas intenciones (aunque mis dudas tengo), fácil de recordar y perfecto para un cartel. Sin embargo, precisamente por eso, es también engañoso. La frase sugiere que renunciar a los plásticos sería un gesto ético y ecológico incuestionable cuando, en realidad, parte de un conjunto de conceptos científicos erróneos y de una persistente Quimiofobia que conviene desmontar, elevando el nivel de la conversación.

Cuando quiero indicar a alguien la inconsistencia de mensajes similares a los del cartel de la Zientzia Astea, suelo recomendar la lectura del libro Plásticos: Un idilio tóxico de Susan Freinkel, publicado en su versión en castellano en 2012 y que contiene una de las aproximaciones más lúcidas que he leído a la idea de un mundo sin plásticos, proveniente de alguien que se acercó a ellos con una mirada mayormente crítica, como corresponde a una californiana de pro. Aunque el tono general del libro analiza problemas reales como aditivos cuestionables, residuos mal gestionados o abusos en el empleo de esos materiales, Freinkel no defiende en ningún caso una vida “sin plásticos”.

De hecho, antes de escribir el libro, se planteó un experimento personal: pasar un año entero sin usar plástico. Le atraía la idea de demostrar que era posible reducir drásticamente su dependencia, quizá incluso mostrar que prescindir de los plásticos era una opción realista. El resultado fue esclarecedor: el experimento fracasó casi inmediatamente. Y no porque Freinkel careciera de voluntad, sino porque descubrió que el plástico estaba integrado en cada rincón de la vida moderna: envases de alimentos, ropa, electrodomésticos, dispositivos electrónicos, transporte, herramientas, utensilios domésticos… Incluso actividades triviales se volvían imposibles sin algún componente plástico. Concluyó que “No podemos seguir por un camino pavimentado con plástico. Ni tenemos por qué hacerlo. El libro pretende mostrar el camino hacia una nueva colaboración creativa con el material que nos encanta odiar, pero sin el que parece que no podemos vivir”.

Freinkel lo comprobó además entrevistando a expertos de todo tipo y con la dura experiencia personal (véase el capítulo 4 del libro) de que su hija naciera prematura y pasara un largo periodo de tiempo en una unidad de cuidados intensivos neonatales. Allí, rodeada de incubadoras, tubos, jeringuillas, bolsas de nutrición, respiradores, sondas y todo tipo de dispositivos médicos, Freinkel entendió lo evidente. En el ámbito médico, los plásticos no son un inconveniente de la vida moderna. Son una infraestructura de supervivencia. La medicina actual, con su capacidad de salvar vidas extremadamente vulnerables, sería inviable sin ellos. Querer “vivir sin plásticos” es, en este contexto, un lujo retórico que la realidad clínica desmonta con contundencia.

Los plásticos son además, en muchas aplicaciones, la opción ambientalmente óptima. En una entrada del año 2024, que hablaba sobre plásticos y gases de efecto invernadero, os explicaba dos relevantes estudios que utilizaban el llamado Análisis de Ciclo de Vida (LCA) para evaluar el impacto ambiental de los plásticos. En el más reciente, se usaba el LCA para evaluar la generación de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el ciclo de vida de los plásticos. Ciclo que va desde su producción como tales en las plantas petroquímicas, su transformación en objetos utilizables por el consumidor, el uso o aplicación que éste hace de los mismos, para acabar con la recogida y tratamiento de las basuras plásticas que inevitablemente se producen. Y algo similar se hacía con otros materiales considerados como posible alternativa al plástico en un total de dieciséis aplicaciones. Resumiendo para quien no quiere volverse a leer la entrada, los autores encontraban que, en 15 de las 16 aplicaciones mencionadas, un producto de plástico incurre en menos emisiones de GEI que sus alternativas. En estas aplicaciones, los productos de plástico liberan entre un 10 % y un 90 % menos de emisiones a lo largo del citado ciclo de vida del producto.

También mencioné en esa entrada un informe publicado en febrero de 2018 por la Agencia de Protección Ambiental danesa titulado “Análisis del Ciclo de Vida de las bolsas de compra” en el que, de forma similar al estudio anterior, se evaluaba su impacto ambiental aunque en términos más amplios que la mera emisión de Gases de Efecto Invernadero. De acuerdo con ese informe gubernamental danés, habría que usar, antes de desecharlas, 35 veces una bolsa de compra de poliéster, 43 una de papel, 7.100 una de algodón convencional y 20.000 una de algodón orgánico para que el impacto fuera similar al de usar una de polietileno una sola vez. Y hay un artículo más reciente que mi entrada que aborda el análisis del ciclo de vida de los envases de polietileno en USA comparados con otros materiales, con resultados igualmente contundentes.

Por otro lado y paradójicamente, muchos de los avances que nos permiten avanzar hacia un mundo más sostenible dependen de los polímeros en general y de los plásticos en particular. Las palas de los aerogeneradores, el encapsulado de los paneles solares, los componentes plásticos que aligeran el peso de los vehículos eléctricos, los aislamientos de plásticos que reducen los consumos energéticos de nuestras casas o los equipos y las tuberías de plástico con las que estamos mejorando la eficiencia en la distribución de un bien cada vez más escaso, el agua, son solo algunos ejemplos de materiales de los que va a ser difícil prescindir si las cosas van como se pretende que vayan.

Y podría seguir con la agricultura, aunque esto se está alargando un poco. Plásticos como los usados en las cubiertas de los invernaderos, el acolchado de los retoños de plantas o las instalaciones de riego eficiente han jugado un papel silencioso, pero fundamental, en la llamada Revolución Verde que Norman Borlaug comenzó en los años 60, junto con los fertilizantes derivados de la síntesis del amoníaco de Haber-Bosch o los plaguicidas. Sin todos ellos, alimentar hoy a más de ocho mil millones de almas sería casi imposible.

El rechazo social al plástico no surge del plástico en sí, sino de su gestión inadecuada. Las imágenes de mares llenos de basura o animales atrapados son el resultado de fallos en sistemas de recogida, reciclaje y responsabilidad del productor. En los países donde estas infraestructuras funcionan, los plásticos no son un problema ambiental relevante. Allí donde la gestión falla, por razones económicas, políticas o logísticas, los plásticos aparecen en el paisaje. Lo responsable no es “vivir sin plásticos”, sino “vivir sin tirar plásticos donde no se debe”.

Hoy toca piano. De la mano de Lang Lang, el pianista chino, poco más de dos minutos de Brejeiro (Tango Brasileiro) del compositor Ernesto Nazareth.

Leer mas...

lunes, 11 de agosto de 2025

La Coca-Cola de Trump y la miel de mi suegra

Cuando Trump accedió al poder, y como ha venido siendo tradición con los últimos presidentes, el CEO de Coca-Cola, James Quincey, le hizo entrega de una versión de la Diet Coke (la que el presidente bebe) especialmente diseñada para la ocasión. Meses más tarde, el 16 de julio y en su cuenta de X, Trump decía que "He estado hablando con @CocaCola sobre usar azúcar de caña REAL en la Coca-Cola en Estados Unidos, y han aceptado hacerlo. Quiero agradecerlo a todos los responsables en Coca-Cola. Este será un muy buen movimiento por su parte — Ya lo verán. ¡Simplemente es mejor!". Y solo hace un par de semanas, el propio Quincey anunciaba en el canal de televisión Fox que, para otoño, estaría en el mercado americano una nueva versión de su brebaje basada en el azúcar de caña. No quiso revelar la fecha exacta ni el nombre que aparecerá en la etiqueta, pero la suerte está echada. Esta decisión del gigante alimentario americano implica compartir catálogo con la formulación que se vende ahora en los EEUU, basada en el llamado jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS en su acrónimo en inglés), que se ha estado usando allí desde hace muchos años. Producto al que RFK Jr. y sus acólitos del MAHA (Make America Helthier Again) achacan todo tipo de problemas de salud, incidiendo en que es un producto “fabricado por la industria”. Otra chorrada más del Secretario de Estado de Salud americano que, si me seguís leyendo, veréis que es fácil de desmontar.

Los distintos jarabes de maíz de alta fructosa (HFCS) existentes en el mercado se fabrican a partir de maíz que se muele para extraer su almidón, el cual se somete después a la acción de diferentes enzimas para generar el azúcar llamado glucosa que, posteriormente, se transforma (isomeriza) en otro azúcar, la fructosa, con ayuda de más enzimas. Dependiendo del grado que alcance esa transformación de un azúcar en otro se obtienen diferentes HFCS. En concreto, el jarabe de maíz que se emplea en la Coca-Cola es conocido técnicamente como HFCS-55, porque contiene un 55% de fructosa, un 42% de glucosa y algo de agua y otros componentes. Como veis, productos industriales pero en los que la herramienta utilizada no son los denostados “químicos” sino las enzimas.

Por el contrario, y como su nombre indica, el azúcar de caña es un producto derivado de las cañas de azúcar que, tras su cosecha, se trituran o prensan con rodillos para extraer el jugo crudo, compuesto por agua, otro azúcar (la sacarosa) en un porcentaje del 20% y pequeñas cantidades de minerales, impurezas orgánicas, proteínas y ceras. Para eliminar estas últimas, el jugo se calienta y se le añade cal viva (CaO) o floculantes que las precipitan. El líquido se filtra, se concentra por evaporación a vacío, obteniéndose un jarabe espeso (ya con un 60–70% sacarosa). A partir de ahí, se produce la precipitación de los cristales del azúcar (sacarosa) que se separan del líquido restante (melaza) en una centrífuga. Posteriormente, los cristales se lavan y secan. Si se busca azúcar blanco refinado, los cristales se disuelven, se filtran con carbón activado, se vuelven a cristalizar y se secan. Si no, se comercializa como azúcar moreno o crudo (con algo de melaza residual). Al final ya sea el azúcar blanco o el moreno tienen cantidades de sacarosa superiores al 99%. Aunque se nos suele vender que el azúcar de caña es más “natural” y menos procesado, ya veis que de eso (casi) nada.

Y es esa sacarosa (derivada de la caña de azúcar) la que se va a emplear en las nuevas formulaciones en los EEUU. Que no tienen nada de nuevo, porque es la que se usó en un principio y la que se sigue usando en muchos países en la llamada Coca-Cola CON AZÚCAR, aunque en algunos sitios ese azúcar o sacarosa se saca de la caña de azúcar (por ejemplo, en Méjico) y en otros (como aquí) se utiliza también sacarosa proveniente de la remolacha, una fuente alternativa. Pero, al final, sacarosa pura y dura en ambos casos.



En la figura (arriba) se ven las fórmulas químicas de la glucosa y la fructosa presentes como moléculas libres en el HFCS. Por el contrario, en la parte de abajo se muestra la molécula de la sacarosa constituida por una unidad de fructosa y una de glucosa, las mismas moléculas que están en los HFCS, aunque unidas químicamente por el llamado enlace glucosídico. Por tanto, la composición de la sacarosa contiene prácticamente un 50% de fructosa y otro 50% de glucosa aunque bien atadas. Esa diferencia implica que, cuando ingerimos jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS), las moléculas de ambos azúcares (fructosa y glucosa) entran directamente en nuestro organismo, mientras que al ingerir azúcar de caña o azúcar blanco, las formas libres de glucosa y fructosa solo se generan durante su digestión en nuestro tracto digestivo. Ello hace que la absorción de ambos azúcares por el organismo sea más rápida en el caso del HFCS que en el azúcar de caña, lo que, en el caso de la glucosa, puede provocar un aumento más brusco de ella en sangre (pico glucémico).

Ese es uno de los argumentos para denostar al HFCS y atribuirle muchos de los problemas de las poblaciones de países occidentales en los últimos años, como la obesidad, el síndrome metabólico, el hígado graso (en este caso debido al exceso de fructosa), diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Pero esos mismos efectos aparecen con la sacarosa del azúcar de caña si se consumen en cantidades similares a las del HFCS, porque, aparte de la glucosa y la fructosa, el resto de sustancias que no son esos dos azúcares pintan poco en el problema.

En cualquier caso, e incidentalmente, no sé por qué Trump está tan entusiasmado con la opción del azúcar de caña, cuando la Diet Coke que él consume, en cantidades importantes como está bien documentado en los periódicos, no lleva azúcar de ningún tipo, sino un edulcorante conocido como aspartamo y del que hemos hablado varias veces en este Blog (la entrada más visitada ha sido esta). Algo que, probablemente, haga por prescripción facultativa, dada la pinta “saludable” y la edad que tiene el Presidente.

Para documentar aún más lo inconsecuente del cambio del que estamos hablando, vayamos al caso de la miel, alimento “natural” donde los haya, producido por abejas libres, libando en flores silvestres y demás adornos bucólicos con los que se la promociona. Mi suegra, fallecida en marzo de 2023 con 98 años tuvo una salud envidiable hasta pocos meses antes de su muerte. Ella contaba a todo el mundo que había llegado a esa edad porque siempre había comido bien, porque acompañaba esas comidas con buen vino riojano (generalmente del año o lo que los finos llaman ahora de maceración carbónica) y porque el café con leche del desayuno lo endulzaba con una buena dosis de miel. Lo del vino lo dejó (no totalmente) un par de años antes de morir, pero el consumo de miel se mantuvo, como podemos acreditar la Búha y un servidor que éramos los que comprábamos el producto. Más de una discusión tuvimos suegra y yerno sobre las diferencias entre echar miel o azúcar blanco a su desayuno. Que no sirvió para nada.

Una miel promedio tiene un 18% de agua y el resto está constituida por azúcares. Los más abundantes vuelven a ser (¡qué casualidad!) la fructosa (38%) y la glucosa (31%) en una proporción relativa de 38/31 = 1.22, muy parecida a la existente en el jarabe de maíz HFCS-55 (55/42 = 1.31) pero la miel es más rica en glucosa. Y, en ambos productos (miel y HFCS), la fructosa y la glucosa están en su forma libre. Y eso es así porque, en el caso de la miel, son las propias abejas, durante la elaboración de la misma, cuando mediante enzimas contenidas en su saliva, consiguen separarlas desde la misma sacarosa que liban en las flores. La miel contiene también un 7% de otro azúcar, la maltosa, además de otros azúcares (como la propia sacarosa sin romper), proteínas, vitaminas, aminoácidos, compuestos fenólicos, etc, que dependen mucho de parámetros ligados a la producción de la miel (tipo de flores, terreno,…) y que hacen que haya tantas variedades de miel en el mercado. Pero, en lo fundamental, la miel contiene, sobre todo, fructosa y glucosa en parecidas proporciones e igual de libres que en el jarabe de maíz puesto en cuestión. Lo cual implica que a la miel se le pueden atribuir efectos nocivos parecidos a los del HFCS-55. Aunque mi suegra nunca me creyó.

Así que sigamos las recomendaciones de los endocrinos y no abusemos del consumo de productos dulces o endulzados. Como la propia miel, la bollería y pastelería (ya industriales o artesanas) o la Coca-Cola con azúcar, ya provenga en este caso del jarabe de maíz o del azúcar de caña. Recordad a Paracelso y su proclama de que “el veneno está en la dosis”. El resto son tonterías de marketing o Quimiofobia pura y dura como la de RFK Jr y las MAHA moms.

Agosto en mi pueblo significa Quincena Musical Donostiarra. Y este pasado día 3 he estado oyendo a la Orquesta de la Comunidad Valenciana Les Arts interpretando la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich. De esa obra os cuelgo un enlace a un extracto de su 4º movimiento, pero con la Filarmónica de Berlín y Gustavo Dudamel como director. No llega a tres minutos.

Leer mas...

miércoles, 30 de julio de 2025

Plastifóbicos bajo sospecha (parte 2). El artículo viral sobre utensilios de cocina de color negro se va desprestigiando solo.

Retraction Watch es una organización que se dedica a rastrear las retiradas (o retractaciones, que aunque me suena fatal la RAE lo admite), así como las deficiencias detectadas en artículos científicos. Como consecuencia de esa labor, revisan la integridad de los investigadores, las revistas y las instituciones científicas. Sus creadores, Ivan Oransky y Adam Marcus, señalaron en un artículo publicado en Nature en 2011, que el proceso de revisión por pares de las publicaciones académicas no termina cuando el artículo está ya publicado en una revista, ya que sigue sujeto a posteriores revisiones que cualquiera puede hacer (y en su caso denunciar) y que pueden llegar a ser causa de la retirada del mismo. Apuntaban tammbién que organizaciones como la suya son necesarias porque, la mayoría de las veces, esas retiradas no se anuncian ni publicitan en los medios, por lo que otros investigadores (o el público en general) no son conscientes de ellas y pueden tomar decisiones basadas en resultados no válidos. El pasado 6 de julio, cuando yo ya tenía escrita la entrada anterior y estaba esperando a publicarla por aquello de revisar “las tortillas del CSIC un año después”, recibí una alerta que tenía que ver con un artículo que ya despellejé el pasado mes de enero. Pensé primero en alargar la entrada de las tortillas, ya de por sí un poco larga, pero he preferido escribir una segunda parte de la misma.

El artículo al que nos referimos llevaba un rimbombante título: "De los residuos electrónicos al espacio vital: los retardantes de llama que contaminan los artículos del hogar se suman a la preocupación por el reciclaje de plástico". Fue publicado en setiembre de 2024 por la revista Chemosphere, firmado por miembros del grupo activista Toxic-Free Future y de la Universidad Libre de Amsterdam. Entre otros artículos domésticos fabricados con plástico, los autores encontraron aditivos denominados retardantes de llama, de carácter tóxico, en varios utensilios que normalmente no necesitarían protección contra incendios, como bandejas de sushi, peladores de verduras, cucharas ranuradas y servidores de pasta. Sugiriendo que esos utensilios de cocina, generalmente negros y muy populares, como los que veis en la foto de arriba, podrían haber sido hechos a base de plásticos provenientes del reciclado de electrodomésticos que han contenido y contienen esos aditivos.

Centrándose en un retardante conocido como BDE-209, el más abundante de los retardantes analizados y ya retirado del mercado aunque siga presente en utensilios viejos que se van reciclando, los autores calcularon que, por manejar esos utensilios, una persona media estaría expuesta a una dieta de (y copio literalmente) “34700 nanogramos por día de BDE-209, cerca de la dosis de referencia de la EPA de 7000 nanogramos/kilo de peso/día. O, lo que es igual, a 42000 nanogramos/día para un adulto de un peso medio de 60 kilos”. La llamada dosis de referencia (RfD) es una forma que los toxicólogos y agencias como la EPA americana tienen de establecer la ingesta diaria segura de las sustancias químicas. En mi entrada de enero os contaba que la acción de un conocido científico en desenmascarar bulos (Joe Schwarcz de la canadiense McGill University) hizo ver a la revista que los autores habían calculado mal esa dosis de referencia, que no era 42000 ng/día sino 420000 ng/día, un error cometido al multiplicar en 7000 x 60, que también se les escapó a los revisores de Chemosphere. Con lo cual, la dieta ingerida estimada era diez veces menos peligrosa que lo que los autores proclamaron originalmente y de lo que se hicieron eco los medios. El artículo fue corregido y los autores adujeron en la corrección que "Este error de cálculo no afecta la conclusión general del artículo". Y ahí nos quedamos en enero.

Pero este pasado 3 de julio, la revista ha publicado un nuevo corrigendum, esta vez no a instancias de un agente externo como Joe Schwarcz sino de los propios autores, que confesaban que la fórmula que habían utilizado para estimar la exposición de la gente al ya citado BDE-209 "se malinterpretó". Según ellos dicen literalmente “Esta mala interpretación condujo a una sobreestimación de la concentración de exposición a BDE-209. La exposición estimada corregida de BDE-209 es de 7900 ng/día en lugar de 34700 ng/día”. Es decir los humanos estaríamos expuestos a una dosis de BDE-209 más de cuatro veces inferior a lo que originalmente dijeron. Así que, resumiendo el efecto de ambos errores, si la dosis peligrosa es diez veces superior a la que originalmente dijeron debido a una incorrecta multiplicación y, ahora, la ingesta diaria es cuatro veces inferior a la que originalmente calcularon, debido a una incorrecta metodología, los usuarios de esos utensilios estamos más de 40 veces por debajo de la dosis considerada peligrosa. Pero da igual. Los autores siguen diciendo que lamentan el error pero que no es importante para “los objetivos o métodos de investigación centrales del estudio".

El problema para ellos es que la cosa no se ha terminado con su último corrigendum. En una carta que acompaña a esa corrección, un tal Mark Jones, un químico y consultor industrial que hizo su carrera en Dow Chemical y que ha estado siguiendo el caso, sugiere que la última actualización todavía "no corrige completamente los errores matemáticos y metodológicos presentes en el estudio. Los errores son suficientes para justificar una revisión completa del resumen, las secciones del artículo y las conclusiones". Añadiendo que “la declaración en las conclusiones de que los retardantes de llama bromados contaminan significativamente los productos ya no puede ser respaldada y debe corregirse o retractarse siguiendo el razonamiento presentado en la segunda corrección". Los autores andan refutando los argumentos de Jones en una carta de respuesta y la revista revisando las argumentaciones de unos y otro. Así que la polémica no se ha cerrado. Si a mi un estudiante me hubiera presentado un informe con errores tan evidentes, lo mando directamente a su casa a reescribirlo. O sea, le ordeno retractarse, que es lo que, en mi humilde opinión, tendría que hacer el editor de Chemosphere, una revista que, como también os contaba en la anterior entrada sobre este artículo, fue eliminada de la Web of Science de Clarivate en diciembre por no cumplir con los criterios de calidad editorial. La revista había publicado más de 60 artículos sobre los que se habían expresado serías dudas en 2024 y ha retirado 34 artículos en lo que va de este año.

Mientras tanto, no se os ocurra tirar a la basura vuestros utensilios negros de cocina, como urgentemente reclamaron, tras la publicación del artículo, algunos grandes medios de comunicación nacionales e internacionales, la mayoría de los cuales, como suele ser habitual en casos similares, no han dicho nada sobre estas dos correcciones. Haciéndose así corresponsables de la desinformación que ha llegado a la sociedad.

La música para este día lluvioso de finales de julio (y llevamos….). Renée Fleming nos canta la Canción de la luna de Dvorak acompañada por la Welsh National Opera Orchestra, con Gareth Jones a la batuta. Es un poco largo pero podéis aguantar hasta el minuto 3:12. Luego se repite el tema.

Leer mas...

miércoles, 26 de marzo de 2025

Si no quieres taza (RFK Jr.) toma taza y media (Dr. OZ)

No repuestos todavía del nombramiento por Trump de RF Kennedy Jr. como Secretario de Salud y Servicios Sociales de Estados Unidos y la cascada de afirmaciones que ha hecho sobre la fluoración del agua potable, la cura del sarampión con vitamina A o el dejar que las gallinas se contagien libremente de la gripe aviar para acabar con ella (así va el precio de los huevos), me acabo de desayunar con el nombramiento, en el Departamento que Kennedy dirige y como Administrador de los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid, de un viejo conocido, el famoso Dr. Oz, que Wikipedia define como "un personaje de televisión, turco-estadounidense, cirujano cardiotorácico, profesor (emérito) de la Universidad de Columbia, promotor de pseudociencia y autor".

Como implícitamente viene establecido en esa definición, el Doctor Oz es sobre todo conocido por el show televisivo cuyo logo veis en la figura que ilustra esta entrada, un veterano programa que lleva años siendo criticado por la comunidad médica americana por la cantidad de recomendaciones, sin base científica o rozando claramente la pseudociencia, que en él se han realizado.

Para centrarnos en el tema, hay que aclarar que Medicare es un programa de cobertura de seguridad social, administrado por el Gobierno de Estados Unidos, que proporciona atención médica a todas las personas mayores de 65 años, o más jóvenes, si tienen graves problemas de salud, como cáncer, insuficiencia renal con necesidad de diálisis, etc. Medicaid, por su lado, es un programa de seguros de salud para la gente necesitada. En cualquier caso, y sin entrar en muchas profundidades, nada que se le parezca a nuestra Seguridad Social.

Entre otras muchas de las falacias que ha difundido entre sus espectadores, al Dr. Oz se le conoce sobre todo por sus proclamas sobre “milagrosos” quemagrasas, sustancias que pueden ayudar a adelgazar. La lista de productos que han aparecido en el programa es muy larga y van desde el extracto de café verde, la pulpa de la Garcinia Cambogia (o Tamarindo Malabar), el mango africano, los extractos de alubia blanca o de azafrán hasta la llamada cetona de frambuesa. Todos ellos promocionados bajo envoltorios más o menos “científicos”.

Por solo abundar en uno de ellos, bastante representativo en el historial del Dr. Oz, la mencionada cetona de frambuesa, químicamente conocida como reosmina o rascetona, es un compuesto fenólico que constituye el principal componente aromático de las frambuesas rojas. El Dr. Oz la hizo muy popular tras su presentación en uno de los programas emitidos en 2012. Aunque se encuentra de forma natural en las frambuesas, lo cierto es que lo que que se vende como suplemento alimentario, generalmente en forma de cápsulas, es un producto de síntesis (entre otras cosas porque el obtenido a partir de frambuesas es carísimo). Entre los potenciales beneficios que el Dr. Oz le adjudicaba estaba el que aumentaba la producción de adiponectina, una hormona implicada en la quema de grasas. También se aducía que la cetona de frambuesa actúa como un supresor del apetito e incluso que tenía propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.

Ninguna de esas proclamas, ni otras realizadas con los otros “quemagrasas” ha tenido confirmación en estudios de investigación que se han llevado a cabo en animales o células de cultivo, nunca en humanos. Y no existen evidencias clínicas suficientemente claras como para poder afirmar que, con su uso, uno adelgaza. Además, y volviendo a la cetona de frambuesa, su consumo en cantidades importantes puede tener contraindicaciones cardiacas, como tensión arterial alta o taquicardias. De hecho, un caso sonado en EEUU fue la muerte de una joven de 22 años de una sobredosis de este preparado. La cetona de frambuesa fue uno de los casos que una congresista americana puso sobre la mesa, en una sesión a la que se tuvo que someter en el Congreso americano nuestro recién nombrado Director en 2014, por hacer proclamas exageradas sobre pérdidas de peso de suplementos diversos.

El Dr. Oz es también conocido por sus estrechas relaciones con la medicina alternativa. Y así, existe constancia documental de su fervor por la homeopatía (de la que mis lectores saben que soy un sesudo estudioso) o el Reiki, un tipo de medicina alternativa de origen japonés englobada dentro de las terapias de energía en la que, mediante la imposición de manos,se pretende transferir una energía universal (el qì) hacia el paciente con el fin de promover la curación emocional o física. De hecho, en 2009 y por su apuesta por el Reiki, nuestro Dr. Oz recibió un Premio Pigasus, instituido por ese azote de las pseudociencias que fue James Randi y que consiste en un cerdo volador de plata, que se suele adjudicar a los que propugnan teorías tan dudosas que “solo sucederán cuando los cerdos vuelen".

Es verdad que, al menos directamente, no parece haberse implicado en la distribución comercial de esos suplementos, aunque si ha tenido que hacer dinero con su programa de TV, con la impartición de conferencias y con la publicación de libros. O, al menos, no al nivel de otro conocido charlatán de feria sobre estas cosas, el también famoso Dr. Mercola, que mantiene un lucrativo negocio usando su nombre como reclamo en esta página web, en la que uno puede encontrar y comprar todo tipo de productos desde suplementos alimenticios y bebidas hasta cosas para mascotas. Todo a precio de orillo y sin argumentos científicos que los avalen. Y, por supuesto, todos muy sostenibles, orgánicos y hasta biodinámicos.

Pero lo que está claro, volviendo al Dr. Oz y su nuevo cargo, es que mal lo van a tener los ancianos enfermos de graves dolencias (protegidos por el Medicare) o los más desvalidos (bajo la tutela de Medicaid) con este ciudadano como Director General de ambas instituciones. Los veo en manos de curanderos y homeópatas…

Y la primavera de Vivaldi para festejar su llegada. Con Karajan dirigiendo (y tocando) y esa gran dama del violín que ha sido desde muy joven Anne-Sophie Mutter.

Leer mas...

viernes, 20 de mayo de 2022

Vinos biodinámicos

En una entrada reciente hablábamos de vinos ecológicos y espero que quedara claro que otras denominaciones como organic wine (in english) o vin biologique (en français) y otras en las variadas lenguas de la Union con raíces parecidas a estas son, para la Unión Europea, exactamente lo mismo. Los viticultores deben cumplir las normativas que hacen que el vino sea ecológico desde la viña (prácticas de agricultura ecológica en el viñedo) hasta la botella (vinificación ecológica). Si así lo hacen pueden denominar a su vino como ecológico y exhibir en la botella del mismo un único logo similar al que aparecía como ilustración en la entrada mencionada. Pero puede que en alguna visita a restaurantes o vinotecas, hayáis visto u os hayan ofrecido con mucha parafernalia vinos biodinámicos y se os hayan planteado dudas sobre las diferencias entre vinos ecológicos y los biodinámicos. Un conocido chef me dijo hace tiempo que la distinción era fácil, un vino ecológico es el que se ha producido mediante agricultura ecológica y un vino biodinámico es el que se ha producido siguiendo los estándares de la llamada agricultura biodinámica. Pero como con esa respuesta os podéis quedar como estabais, habrá que explicarlo todo algo más.

La agricultura biodinámica tiene sus orígenes en una serie de conferencias que impartió Rudolf Steiner [1861-1925], un año antes de su muerte, a agricultores alemanes que empezaban a estar preocupados por el creciente uso de fertilizantes minerales nitrogenados como el nitrato de Chile o los abonos sintéticos derivados del amoníaco. El curso llevaba como título genérico "Fundamentos espirituales para la renovación de la agricultura" y se puede descargar completo en una edición en inglés de 1938 aquí.

Para saber quién fue Rudolf Steiner podemos recurrir a otro apartado de esta misma página, donde literalmente se dice que Rudolf Steiner fue: "un erudito científico, literario y filosófico respetado y particularmente conocido por su trabajo sobre los escritos científicos de Goethe.[......]. Su genio multifacético ha dado lugar a enfoques innovadores y holísticos en medicina, ciencia, educación (escuelas Waldorf), educación especial, filosofía, religión, economía, agricultura (método biodinámico), arquitectura, teatro, el nuevo arte de la euritmia y otros campos. En 1925 fundó la Sociedad Antroposófica General, que hoy tiene sucursales en todo el mundo". Como se puede deducir de ello, un influyente personaje de una convulsa época, como también podéis comprobar buscando en Wikipedia. Añadiré de mi cosecha que uno de los llamados bancos éticos, el Triodos Bank, y la conocida empresa de fármacos y cosméticos Weleda, están inspirados en la filosofía antroposófica de Steiner.

La agricultura biodinámica, tal y como la propugnó Steiner en esas conferencias, se puede considerar un precedente de lo que hoy conocemos como agricultura ecológica, regulada por la Unión Europea en 2007 en el Reglamento (CE) nº 834/2007, del que hablamos con algún detalle en la entrada mencionada al principio. Pero la propuesta de la agricultura biodinámica de Steiner era, y sigue siendo, más radical. Una de las diferencias entre ambas se esconde en una frase de siete palabras que recoge el citado Reglamento de 2007 en su artículo 12.1.c y que establece que "El uso de preparados biodinámicos está permitido". Es decir, aquellos agricultores y viticultores ecológicos que empleen preparados biodinámicos pueden llamar a su producto o vino biodinámico y los que no recurran a ellos se quedan con un producto (vino) ecológico sin más. Pero, y esto es muy importante clarificarlo, la UE no tiene ninguna certificación que regule los productos (vinos incluidos) como biodinámicos. Es una fundación privada, nacida también en el entorno de las ideas de Steiner y que se llama Demeter, la que controla esa denominación y permite, por ejemplo, que en la contraetiqueta de los vinos biodinámicos aparezca un logo como el que se ve a la derecha.

¿Y qué son los famosos preparados biodinámicos?. Pues aquí es cuando las pobladas cejas de vuestro Búho se arquean. Por ejemplo, el preparado 500 parte de un cuerno de vaca que se llena con estiércol y se entierra durante el otoño a unos 40 cm de la superficie. El estiércol se descompone durante el invierno y se desentierra al inicio de la primavera. Una vez extraído el contenido del cuerno se diluye en agua y se rocía por toda la superficie del viñedo. En el preparado 501 se emplea polvo de cuarzo y otras cosas que también se introducen en un cuerno de vaca, enterrado de igual forma que el compuesto 500, solamente que se hace en primavera y se desentierra en otoño. Se utiliza para evitar enfermedades como los clásicos mildiu y oídio..

El 503 se prepara cortando flores de manzanilla, preferentemente a la mañana. Tras dejarlas secar, se sitúan en estómagos frescos de una vaca, atando ambos lados y enterrándolos en el suelo durante el otoño dentro de una tinaja, que se desentierra a inicios de la primavera. Si alguien desea un mayor detalle de la totalidad de los mencionados preparados biodinámicos porque no se fía del Búho, podéis visitar este documento de 87 páginas en castellano, con profusión de texto y fotografías.

Otra cosa que me ha llamado la atención es que algunos de estos preparados se emplean en los viñedos diluyéndolos mucho en agua y "dinamizándolos" (que quiere decir agitándolos de una forma determinada). Esto que recuerda a la preparación de productos homeopáticos hace que, a veces, se hable de agrohomeopatía y aparezca el adjetivo homeopático en la propaganda de algunos vinos biodinámicos.

Puede que lo de los cuernos y los estómagos de las vacas os parezca extraño. Según la biodinámica, la integración entre animales y plantas en un ecosistema biodinámico se considera una seña de identidad de explotaciones agrícolas biodinámicas como los viñedos. Pero el argumento para usar cuernos en estos preparados se explica con mucho detalle en una conferencia (la cuarta) que Steiner impartió el 12 de junio de 1924 en Koberwitz, en la actual Polonia. Decía entonces Steiner: "La vaca tiene cuernos para reflejar hacia adentro las fuerzas formativas astrales y etéricas, que luego penetran directamente en el sistema metabólico para que el aumento de la actividad en el organismo digestivo surja debido a esta radiación de cuernos y pezuñas. En el cuerno, por lo tanto, tenemos algo que por su naturaleza inherente está apto para reflejar las corrientes etéricas y astrales vivas en los órganos internos de la vida. De hecho, si pudieras entrar en el vientre de la vaca, olerías la corriente de vida etérico-astral que fluye hacia adentro desde los cuernos: y lo mismo ocurre con las pezuñas".

Estas creencias en corrientes etéricas y astrales, han derivado en que en las prácticas biodinámicas se tenga en cuenta el calendario biodinámico que se publica cada año para hacer coincidir ciertas prácticas de esa agricultura con confluencias de la luna y los planetas. Sin despreciar en absoluto lo que Steiner pensara hace casi un siglo, parece complicado aceptar que hoy en día se sigan haciendo dichas prácticas, tras acumular cien años de conocimiento científico sobre agricultura.

Aplicando estos preparados y otras estrategias de agricultura biodinámica, uno puede optar a obtener la certificación Demeter (vale dinero) y, en el caso de los viticultores, poner el logo de la organización en la etiqueta del vino y venderlo como biodinámico. ¿Repercuten estas prácticas en la calidad del vino?. Pues no creo que ningún catador experimentado sea capaz de detectar bondades ocultas en un vino biodinámico. Como decía en la entrada del vino ecológico, estamos hablando de vino, esto es 85% de agua, 13% de alcohol y un 2% de centenares de productos químicos que aparecen durante el proceso de cultivo de las viñas y el posterior proceso de vinificación. Y que son los que hacen que cada vino sea casi único.

Hay alrededor de los vinos biodinámicos todo un marketing que habla sobre ellos en términos espirituales (a la manera del título de la serie de conferencias de Steiner), del equilibrio con la Naturaleza y cosas así. Dice, por ejemplo, una enóloga de una bodega con vinos de este tipo que "La biodinámica no es el fin sino el medio para conseguir un vino equilibrado y vivo, que cuando la persona se lo tome pueda percibir que hay sensibilidad hacia todo lo que lo envuelve. No debemos focalizarnos en un objetivo material, no se debe esperar ningún resultado concreto, sino que se debe sentir que aquello es bueno para tu finca, para ti y sobre todo para las personas que tomarán tu vino".

Muy poético pero poco mas. Sobre todo si con esa poesía se envuelve un sobreprecio.

Leer mas...

jueves, 12 de mayo de 2022

Del agua alcalina al agua hidrogenada

La pasada semana, una vez más, se me preguntó por mi opinión sobre unos aparatos (ionizadores de agua) que cuestan unos miles de eurillos y que transforman el agua de grifo en ese "milagro" terapéutico que es el agua alcalina, es decir, agua con un pH superior a 7 unidades. Sobre este asunto hay ya una entrada en este Blog que podéis leer para comprobar así que se trata de uno más de los muchos timos que pululan por la red y que tienen de protagonista a una de las sustancias químicas más importantes de nuestro mundo, el agua. Como apuntaba el final de la entrada mencionada, la producción de agua alcalina en los ionizadores lleva aparejada la génesis de pequeñas cantidades de hidrógeno en el cátodo del dispositivo electroquímico que constituye el corazón de esos aparatos, hidrógeno que se disuelve parcialmente en el agua y da lugar al agua hidrogenada. Hay que aclarar también que no hay hidrógeno en aguas embotelladas que uno puede encontrar en el mercado con pH por encima de 7 ( esto es, tan alcalinas como las que proporcionan los ionizadores).

En 1985, la clínica japonesa Kyowa, de la mano del Dr. Hidemitsu Hayashi y usando uno de esos ionizadores, comenzó a estudiar las propiedades del agua por él producida, utilizándola como bebida habitual y para la preparación de comidas de pacientes que sufrían trastornos gastrointestinales y otras patologías, pacientes que parecían experimentar con ella claras mejoras de sus dolencias. En 1995, Hayashi propuso la hipótesis de que esas mejoras se producían como consecuencia de que el hidrógeno generado en los ionizadores ejercía un activo papel de "cazador" de los radicales libres que nuestro organismo genera como consecuencia del oxígeno que continuamente estamos inspirando.

Esa hipótesis pareció confirmarse con una serie de trabajos sobre células humanas cultivadas y también sobre ratas vivitas y coleando que, a partir de 1997, fueron publicados por el grupo de otro investigador japonés, S. Shirahata, quién ajustó un poco más la hipótesis de Hayashi, viniendo a decir que lo que realmente hacía el papel de cazador de radicales libres no era el hidrógeno molecular (H2) sino el hidrógeno activo, hidrógeno monoatómico (H), que también pudiera generarse en el cátodo del ionizador. Esa idea fue utilizada enseguida por diversos fabricantes japoneses de ionizadores como parte de su marketing de venta. Sin embargo, en 2004 un artículo de un grupo de investigadores (también japoneses) desmontó la mayor parte de las hipótesis empleadas por Shirahata y sus colegas en lo relativo a la existencia de ese "hidrógeno activo".

A partir de ese momento algo cambió en el mundillo del hidrógeno como agente terapéutico, especialmente después de la publicación en 2007 y en la prestigiosa revista Nature de un trabajo del grupo del Prof. Shigeo Ohta (habéis acertado, también es japonés). Los autores estudiaban el papel curativo del hidrógeno tras inducir un estrés oxidativo en sueros de fetos bovinos y en el cerebro de ratas. Los sueros se cultivaban en un medio acuoso saturado con hidrógeno proveniente de una clásica bombona del gas y, en el caso de las ratas, las pobres inhalaban hidrógeno de similar procedencia tras provocarles una isquemia cerebral. Los resultados parecían indicar que el hidrógeno es selectivo a la hora de cazar a los radicales más dañinos y dejar intactos a otros con funciones fisiológicas en los organismos.

Desde ese artículo de Nature, la actividad investigadora en este campo se ha acelerado, con la publicación de cientos de artículos que han estudiado el posible uso medicinal del hidrógeno, administrado en muy diversas formas que van desde agua con hidrógeno proveniente de ionizadores a la inhalación de hidrógeno gas, pasando por cremas con hidrógeno, inyecciones de suero salino saturado con hidrógeno, etc. El hito bibliográfico más reciente es la publicación en 2021 de un número especial de la revista Current Pharmaceutical Design en la que bajo la supervisión del propio Ohta se publicaron 18 contribuciones sobre el papel del hidrógeno en Medicina y Biología.

Paralelamente a ese incremento de producción científica, han aparecido muchas webs que promocionan el uso del hidrógeno como herramienta terapéutica. Aunque algunas proclaman no tener ánimo de lucro, como el llamado Molecular Hydrogen Institute, de cuyo Panel Asesor forma parte el propio Prof. Ohta, la búsqueda en Google de "agua hidrogenada" o similares, devuelve muchas páginas de medicina no convencional o de venta de preparados con hidrógeno. Por ejemplo, el famoso Dr. Mercola, un partidario de la medicina alternativa y declarado antivacunas, vende un "suplemento dietético" consistente en tabletas con magnesio puro y otras cosas. Según su propaganda, una tableta adicionada a un vaso de agua proporciona un agua hidrogenada con una concentración de 8 ppm de hidrógeno, que aparece en el agua como consecuencia de la reacción del magnesio con el agua. Algo difícil pues el agua a temperatura ambiente prácticamente no reacciona con el magnesio. El artículo del enlace que os acabo de poner no tiene desperdicio. Está en inglés pero supongo que ya sabéis que ahora se puede traducir automáticamente casi cualquier página en los mas conocidos navegadores de internet.

Y ahora viene la pregunta del millón que mis lectores se estarán guardando: ¿qué opina este humilde Búho de la Ciencia que parece estar detrás de este asunto del agua hidrogenada?. Pues, por ahora, mantengo un prudente escepticismo cercano a la incredulidad. Y aquí van mis razones. Primero, y sobre todo, porque los tratamientos con hidrógeno en general y agua hidrogenada en particular parecen servir para todo, como puede comprobarse en el número especial del Current Pharmaceutical Design arriba mencionado. Da lo mismo que queramos tratar inflamaciones crónicas, protegernos contra radiaciones ionizantes, tratar desórdenes mentales, enfermedades cardiovasculares, problemas oftalmológicos, problemas derivados del estrés oxidativo de una práctica intensiva de deporte, enfermedades de piel... En la introducción que el Prof. Ohta hace de ese número especial, habla hasta de la multifuncionalidad del hidrógeno a la hora de tratar aspectos ligados al envejecimiento (Alzheimer, demencia, cáncer...)

Por otro lado, las concentraciones de hidrógeno en las diversas formas de administrarlo a los pacientes son muy pequeñas, del orden de las partes por millón (ppm), como hemos visto en las píldoras del Dr. Mercola, y el hidrógeno es, además, extraordinariamente volátil desde cualquier medio. Recordemos, por otro lado, que nuestro organismo puede producir hasta 10 litros de hidrógeno diario que, en su casi totalidad, expulsamos en las flatulencias, así que hidrógeno disponible tenemos. El Dr. Mercola argumenta que tenemos que beber agua con hidrógeno, aunque estemos produciendo mucho de él en el cuerpo, porque según un estudio japonés (jejeje) que no mencionan, cuando se produce hidrógeno continuamente tu cuerpo se habitúa a esa exposición constante. Pero los investigadores han descubierto que el gas hidrógeno es "un "modulador de señal", que funciona mejor cuando se toma de forma intermitente o se "pulsa".

Finalmente, me mosquea el que los partidarios de esta terapia sean esencialmente japoneses, ligados en muchos casos a empresas que han desarrollado los ionizadores. Y que muchos de los artículos que se citan al respecto en la literatura están publicados en revistas sin mucha relevancia (como la india Medical Gas Research) o en revistas de grupos editoriales "depredadores" que ganan dinero a costa de investigadores que tiene que hacer curriculum científico o perecer en el complicado mundo de la ciencia académica actual (como es el caso de la editorial que ha publicado el número especial arriba mencionado).

Pero como siempre os digo no me hagáis mucho caso. Soy ya un viejo desconfiado.

Leer mas...

lunes, 20 de diciembre de 2021

Los colgantes anti-5G son radiactivos

Vaya por delante que yo tenía terminada una entrada para el día de hoy. Pero, a veces, le ponen a uno las entradas a huevo. Y este es el caso. Aviso también que de lo que voy a escribir no pertenece a mi negociado, puesto que mi amigo Alberto Nájera, y su blog Radiando, es el referente oficial sobre cosas como la que os voy a contar. Pero es que la noticia que me ha mandado un amigo (gracias Thomas) me ha alegrado la mañana y me he puesto a redactar inmediatamente esta entrada para hacerlo saber a los que me seguís. Con independencia de que, casi seguro, os llegue por otro lado.

Las teorías que circulan sobre los supuestos daños que causan, tanto el empleo del teléfono móvil como las emisiones de las antenas que posibilitan su uso, tienen ya bastantes años. Ahora que se está imponiendo el nuevo estándar, el llamado 5G, los contrarios a estas cosas atacan de nuevo, como ya lo hicieron (aunque el asunto va in crescendo) con el 3G o el 4G. Basta darse una vuelta por internet y poner, por ejemplo, anti 5G y encontrarse un buen grupo de webs de colectivos contrarios a esa tecnología. Y basta buscar adecuadamente en Amazon para localizar todo tipo de dispositivos, vestimentas y otros aditamentos para protegerse de la radiación emitida por antenas y dispositivos que la usan.

Pero hete aquí que diversos medios se han hecho eco este fin de semana de una alerta sanitaria emitida por la Autoridad de Seguridad Nuclear y Protección Radiológica (ANVS) de los Países Bajos, según la cual colgantes como el que se ve en la foto que ilustra esta entrada, y otros nueve productos similares que se encuentran en el mercado, utilizados para protegerse contra la radiación 5G, deberían no adquirirse porque, copio literalmente,

Los productos de consumo testados contienen materiales radiactivos y, por lo tanto, emiten continuamente radiación ionizante, exponiendo así al usuario. La exposición a la radiación ionizante puede causar efectos adversos para la salud. Por lo tanto, debido al riesgo potencial para la salud que plantean, estos productos de consumo que contienen materiales radiactivos están prohibidos por ley. La radiación ionizante puede dañar el tejido y el ADN y puede causar, por ejemplo, enrojecimiento de la piel. Solo se han medido bajos niveles de radiación en estos productos específicos. Sin embargo, alguien que usa un producto de este tipo durante un período prolongado (un año, 24 horas al día), podría exponerse a un nivel de radiación que exceda el estricto límite de exposición cutánea que se aplica en los Países Bajos. Para evitar cualquier riesgo, la ANVS pide a los propietarios de dichos artículos que no los usen a partir de ahora.

Resulta que muchos de estos y otros productos, para producir lo que en el mundillo se llaman "iones negativos", pueden contener ceniza volcánica, titanio, turmalina, zeolita e, incluso, elementos radiactivos naturales como el uranio y torio. Por supuesto, solo contienen trazas pero la radiación gamma emitida sigue siendo suficiente para que un equipo de medida de radiación la detecte. Y, en cualquier caso, la radiación gamma es mucho más potente que la emitida por las redes de telefonía.

No me digáis que no es un zasca en toda regla, el cazador cazado. Ya os he dicho en varias ocasiones que siempre que encontréis la palabra Quantum en algún producto aunque sea en un jabón para lavavajillas, mejor os tocáis la cartera. Y el colgante de marras de la foto de arriba lo lleva.

Leer mas...

martes, 14 de septiembre de 2021

Modificando la Química de la atmósfera

Una amiga y lectora asidua de este Blog me preguntaba esta semana si yo sabía algo sobre los chemtrails. Y me acompañaba la pregunta con una noticia que le habían pasado por WhatsApp. La noticia provenía de Alerta Digital, una plataforma difícil de tildar como periodismo veraz. Según una de sus redactoras y en el titular de la noticia "Pedro Sánchez da luz verde a los ‘chemtrails’: el Ejército se prepara para fumigarnos desde el cielo". La noticia  está fechada el 19 de abril de 2020 (en plena pandemia) y el argumento arranca de la publicación en el BOE del 17 de abril de ese año de una serie de medidas para combatir dicha pandemia. Entre ellas, se facultaba al Ejército para utilizar biocidas en labores de desinfección. Labor que se llevó a cabo en varios sitios oficiales como estaciones o aeropuertos. Y en la misma orden se autorizaban también labores de desinfección con dispositivos aéreos. La noticia de Alerta Digital es pues pura conspiración política.

Las estelas de condensación o contrails (un acrónimo de condensation y trails) son esos rastros que, en ciertas condiciones meteorológicas, dejan en el cielo los aviones. Como los que se ven en la foto que ilustra la entrada y que provienen del hecho de que los motores de los reactores despiden gases (sobre todo CO2 y vapor de agua) que quedan patentes en la atmósfera durante un tiempo variable. Pero el termino contrails deviene en chemtrails (de chemical y trials) o estelas químicas si, como dicen los que creen en noticias como la arriba comentada, nos fumigan desde el cielo productos químicos tóxicos, microbios patógenos, nanopartículas y todo tipo de cosas con efectos perniciosos para los seres vivos, dentro de un plan preconcebido para destruirnos.

La noticia que llamó la atención de mi amiga no merece emplear mucho tiempo. La teoría de que los aviones nos están fumigando constantemente con todo tipo de productos químicos es más vieja que mear en pared. Además de ser una versión más de la Quimiofobia que nos invade, está muy lejos de ser propia del microcosmos español. Probablemente sea en EEUU donde más literatura se ha generado al respecto. Véase, por ejemplo, este documento en el que Luis Alfonso Gámez en su conocido blog Magonia, hace un repaso de diferentes Instituciones que han desmontado el bulo. En los archivos de ese Blog figuran decenas de otras entradas sobre el mismo tema. O este otro, publicado por Enrique Sánchez en The Conversation en 2019, poco después de que otra irresponsable periodista (ésta nada menos que de RTVE) sacara el tema en su página de Twitter. El artículo nos proporciona contundentes razones para refutar los argumentos de los que creen en la conspiración.

Pero al hilo de la modificación de la atmósfera, la pregunta en caliente de mi amiga me viene al pelo para contaros algo que, de alguna forma, tiene que ver con el tema y sobre lo que he leído este verano en el libro The story of CO2. En el asunto del calentamiento global que se viene observado en los últimos decenios y su atribución al aumento de la concentración de CO2 en la atmósfera, son bastantes los científicos que piensan que las medidas adoptadas en el llamado Acuerdo de París de 2015, para limitar el consumo de combustibles fósiles, no van a llegar a tiempo para poder cumplir el objetivo de que la temperatura no suba por encima de un grado y medio o dos grados con respecto de la que había antes de la Revolución Industrial. Entre otras cosas porque países como China, India, Rusia, Brasil o Irán (entre otros) van a necesitar grandes cantidades de energía para los próximos años y va a ser difícil impedirles que echen mano de los combustibles fósiles que poseen en muchos casos. Así que parece razonable el considerar otras posibles medidas para tratar de frenar el aumento sostenido en la concentración de CO2 en la atmósfera y/o para intentar enfriar a esta.

En lo tocante a eliminar el CO2 de la atmósfera, se proponen soluciones como la de incrementar la masa vegetal del planeta, que usa el CO2 y la luz en el llamado proceso de fotosíntesis para generar sus propios tejidos y crecer, siendo por tanto un posible sumidero de CO2. Pero la extensión de las zonas que habría que reforestar para conseguir un efecto significativo y su impacto en el medio ambiente o en el ámbito agrícola no serían despreciables. La otra posibilidad es eliminar una parte del CO2 que hemos ido acumulando en el aire mediante procesos físicos o químicos. Eso es lo que se hace, por ejemplo, en una planta que se acaba de inaugurar cerca de Reykjavik en Islandia, capaz de capturar 4000 toneladas anuales de CO2, tras pasar el aire a través de ciertas membranas selectivas que separan ese gas del resto de componentes del aire (de esto vuestro Búho sabe un poco). El proceso es costoso de implantar y, sobre todo, consume importantes cantidades de energía. Si la sacáramos de la quema de combustibles fósiles sería la pescadilla que se muerde la cola. De ahí que esta planta se haya instalado en Islandia, donde es posible usar fuentes de energía geotérmica, una renovable muy común en el país de los volcanes. Pero, para poner las cosas en su contexto, os recuerdo que las emisiones anuales globales de CO2 se sitúan en los miles de millones de toneladas.... Así que mucha instalación de captura y mucha energía renovable necesitaríamos.

Todos estos problemas no se le escapaban a un científico eminente como Paul J. Crutzen, Premio Nobel de Química en 1995, según reza en la concesión por "su trabajo en la Química atmosférica, particularmente en los relativo a la formación y descomposición del ozono". En el año 2006, publicaba un artículo en la revista Climatic Change bajo el título "Mejora del albedo mediante la inyección estratosférica de azufre". Para los que no os suene el término albedo, os diré que es el porcentaje de la energía proveniente del sol que es reflejado por las nubes, las masas glaciares de color blanco, etc. y que no se emplea para calentar el planeta. Si, por ejemplo, la masa de hielo en Groenlandia o en la Antártida se funden, el albedo disminuye porque el hielo es mejor reflector que la tierra que se deja al descubierto y el planeta se calienta más.

La alternativa de Crutzer en el artículo tenía en parte que ver con la entonces relativamente reciente erupción del volcán Pinatubo en Filipinas en 1991. Esa erupción inyectó cantidades masivas de gases y partículas en la atmósfera, llegando hasta la estratosfera (por encima de los doce kilómetros de altitud) e impidiendo la llegada de la luz del Sol a muchas regiones durante extensos períodos de tiempo. La temperatura global de la Tierra disminuyó en más de medio grado en los dos años subsiguientes a la erupción principal, volviendo a retomar posteriormente el ascenso. Crutzer estima en el artículo citado que la erupción del volcán filipino inyectó en la atmósfera del orden de 6 millones de toneladas de azufre que transformado en partículas sólidas de sulfato suspendidas (aerosoles) produjeron el descenso de temperatura mencionado. Crutzer proponía  inyectar en la estratosfera compuestos de azufre como el anhídrido sulfuroso, el ácido sulfhídrico u otras moléculas con azufre adecuadas a la estrategia de producir aerosoles de sulfato.

Desde entonces, la cuestión aparece de cuando en cuando en la literatura bajo el común término de Geoingeniería. En algunos artículos, se han evaluado incluso los costos y las necesidades logísticas para hacerlo (ver aquí y aquí). Pero la propuesta tiene por el momento muchos detractores, que basan sus argumentos en los posibles efectos secundarios de este tipo de prácticas.

Leer mas...

domingo, 31 de enero de 2021

Dientes, flúor y ecologistas

Este último sábado de enero, en su contraportada, el DVasco de mi pueblo publicaba un artículo de Ane Urdangarín bajo el título "El flúor desaparece del agua de grifo", en el que informaba de que la Mancomunidad de Aguas del Añarbe, la entidad que surte de agua potable al grifo de mi casa, se había sumado a otros dos Consorcios o Mancomunidades similares del Territorio Histórico de Gipuzkoa y había decidido dejar de fluorar las aguas que envía a varios municipios importantes situados en las cercanías de Donosti.

Sobre la fluoración del agua potable podéis encontrar otras entradas en este Blog. Pero, para conocer la historia de ese proceso, podéis leer la entrada de este enlace y que data de setiembre de 2015. El artículo del DVasco de este sábado está muy bien documentado. Cuenta que la decisión se ha tomado como consecuencia del bajo índice CAO de los niños guipuzcoanos. El acrónimo CAO hace referencia al número medio de piezas dentales Careadas, Obturadas o Ausentes en niños y niñas. Desde 1988 ese índice ha pasado de 2.3 a 0.46 en el momento actual, una mejora que ha sido posible gracias al Programa de Asistencia Dental Infantil (PADI) promovido por el Gobierno Vasco, que establece revisiones gratuitas a los niños vascos entre 4 y 15 años. Esas revisiones y el uso extendido de las pastas de dientes fluoradas ha permitido suspender la fluoración del agua potable, una herramienta muy importante todavía en aquellos países en los que las medidas que acabo de mencionar no están extendidas en su población.

El flúor (más bien los fluoruros) de las pastas dentífricas suele ir en proporciones del 0.3%, mientras que el adicionado al agua potable, según los análisis del Laboratorio que dirige mi amiga Itziar Larumbre en Aguas del Añarbe, ha estado en los últimos años en torno a una concentración del 0.7 mg/L (o 0.7 ppm). Ambos usos tienen la misma misión, cual es la de transformar la hidroxiapatita del esmalte de los dientes en fluoroapatita, mucho más resistente a los microorganismos que atacan ese esmalte y facilitan las caries. Y esa transformación se ha venido mostrando eficaz desde que, en 1945, la comunidad de Grand Rapids, en Michigan, USA, empezó a añadir 1 miligramo por litro de fluoruro sódico al agua de sus grifos y a realizar paralelamente un seguimiento riguroso, a lo largo de más de diez años, de las caries de una población de casi 30.000 niños. El índice CAO antes mencionado descendió en un 70% tras la implantación de la medida, lo que conllevó la progresiva extensión del método a otros Estados americanos y posteriormente a Europa. La mayoría de Colegios de Odontólogos españoles se han manifestado siempre a favor de la fluoración del agua del agua y organismos que velan por nuestra salud, como la Agencia Europea de Salud Alimentaria (EFSA) o los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDCs) americanos, consideran la fluoración como una de las diez medidas de salud pública más significativas del siglo XX.

Este vuestro Búho ha dado, en diversas localidades de Gipuzkoa, charlas de divulgación sobre el agua que sale por sus grifos, insistiendo sobre todo en la inconsistencia de los argumentos quimiofóbicos que pueblan páginas de los medios y las RRSS sobre los peligros de la cloración y la fluoración del agua potable. He mostrado cómo funcionan las redes de control de la calidad del agua de sus pueblos y he desmontado las patrañas que han ido surgiendo a lo largo del siglo XX en torno a la cloración (sobre todo en el tema de los trihalometanos, THMs) y sobre la fluoración. Pero en todas ellas he dejado claro (y la primera es de 2016) que mi opinión era que, tarde o temprano y por los argumentos que ha usado la Mancomunidad de Aguas del Añarbe, la fluoración se acabaría en Euskadi, dada la educación bucosanitaria de nuestra población.

Esa es la verdadera razón y no la "lucha" de colectivos ecologistas como el que aparece en el artículo del DVasco y que se han adjudicado como un triunfo el fin de la fluoración de Gipuzkoa. Ya era hora!, dice en tono triunfante un miembro de Ekologistak Martxan. Según este ciudadano, fluorar el agua potable es una medida "para nada acertada", ya que "te tragas el flúor que sale del grifo cuando las necesidades son distintas en cada persona. Puede afectar al propio esmalte de los dientes o provocar problemas de salud, como de tiroides". Roma locuta, causa finita.

Para aclarar dudas al respecto y aunque algunas ya las he comentado en entradas como la arriba mencionada, insistiré en que hasta estos mismos días, en los que se ha procedido a dejar del fluorar el agua del embalse del Añarbe, la que llegaba a mi grifo tenía un contenido en fluoruros del orden de los 0,7-0,8 mg/L, mientras que el agua embotellada de la marca Fontvella (por citar una muy conocida) tiene 10 veces más (8,9 mg/L) y otra clásica, el Vichy Catalán, llega hasta 10 mg/L. Eso si, ambas son aguas "naturales", provenientes de manantiales seculares, mientras que el poco fluoruro del Añarbe se lo ponían unos operarios de la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) correspondiente, por medio de una sustancia que se llama ácido fluorosilícico, en una concentración que está dentro de lo establecido por la Comunidad Europea como estrategia preventiva contra la caries. Sólo con esa diferencia, para muchos, el fluoruro del Añarbe es malo por no ser "natural" y la concentración mas elevada de las "naturales" es un quítame esas pajas que no tiene importancia alguna.

En esos colectivos, al igual que en el caso de los transgénicos, el gluten, la sal o el azúcar, se achacan al flúor una serie de problemas que han hecho que, también en este caso, se abogue por DIETAS SIN FLUOR, lo que han aprovechado algunas marcas de agua embotellada encontrando un nicho comercial al ofrecer agua con bajos contenidos en flúor. Pero obviar el flúor es bastante complicado. Porque además de las pastas de dientes o el agua de grifo intencionadamente fluorada (que se podrían evitar, aunque no es recomendable), muchos alimentos contienen fluoruros. Por ejemplo, los pescados de agua salada, que tienen fluoruros por la simple razón de que viven en el mar y el agua de mar tiene también 1 ppm de fluoruro. Y lo mismo pasa con verduras, frutas o harinas integrales con niveles de fluoruros del orden de los 200-250 mg por kilo, en este caso provenientes de los fluoruros existentes en el suelo y en el agua de riego.

Pero lo cierto es que solo a concentraciones decenas de veces superiores a ese valor de 1 mg/L (o sea, 1 gramo en una tonelada de agua) pueden aparecer casos de fluorosis (un oscurecimiento de los dientes) al que hace mención el ekologista, que pueden ser leves o severas según la concentración que haya en lo que se ingiera. Y que, curiosamente, fueron el origen de la correlación fluoruro/falta de caries, pues la gente con fluorosis no presentaba caries. A concentraciones aún superiores, pueden generarse problemas graves como la fluorosis esquelética paralizante, que se asocia con la osteoesclerosis, la calcificación de los tendones y ligamentos y deformidades de los huesos, que se han detectado siempre en poblaciones que, según la OMS, beben aguas de manantiales naturales con mucho fluoruro. Y, finalmente, a concentraciones aún más altas, las disoluciones de fluoruro puede matarnos. Como las de su primo el cloruro sódico (beba si quiere agua de mar, no diluida, y ya me contará).

En cuanto a la relación entre los fluoruros ingeridos y el funcionamiento de la glándula tiroides, si uno lee bien la poca literatura existente, el asunto está lejos de ser Ciencia bien asentada. Aunque hay artículos con resultados dispares sobre la influencia de los fluoruros en el hiper o el hipotiroidismo desde principios de los noventa, lo cierto es que esos primeros trabajos analizaron muestras pequeñas de población, en lugares con aguas naturales de alto contenido de fluoruros. Un estudio mucho más riguroso, epidemiológicamente hablando, es uno publicado en 2015 por un grupo inglés [S. Peckham, D. Lowery, and S. Spencer, J Epidemiol Community Health 2015, 69, 619], que trató de correlacionar el hipotiroidismo observado por médicos de atención primaria con el nivel de fluoración del agua potable en diversas ciudades importantes de Inglaterra. La conclusión que más se mencionó en los medios fue que en las ciudades con niveles más altos de fluoración había casi el doble de casos de hipotiroidismo que en las ciudades que no fluoraban. El artículo fue criticado por otros investigadores casi inmediatamente (ver aquí).

Dos años más tarde y en la misma revista, unos investigadores canadienses hicieron prácticamente el mismo trabajo de campo pero en su país [AM Barberio, FS Hosein, C Quiñonez and L McLaren, J Epidemiol Community Health 2017, 71, 1019] llegando a una conclusión radicalmente distinta a la de los ingleses. Y sus argumentos para explicar las discrepancias entre uno y otro estudio no están muy lejos de las críticas expresadas en el comentario del párrafo anterior.

Pero para llegar a estas conclusiones hay que leer un poco antes de hablar con los periodistas y, además, contarlo todo.

Leer mas...

martes, 28 de julio de 2020

Los cables de Apple y Greenpeace.

La pasada semana, el sitio web denominado Applesfera.com contenía un pequeño artículo en el que se filtraba la apariencia de lo que parece va a ser el cable de conexión para cargar los inminentes iPhone 12 de la firma de la manzanita. Después de dar las características de los conectores en ambos extremos del cable, el autor, Miguel López, dice que "lo que cambia es el material y los acabados: en vez de la tradicional goma que siempre acaba rompiéndose alrededor del conector,.....". Alguno pensará que qué hace el Búho, defensor acérrimo del entorno Apple desde hace treinta y cinco años, reconociendo que los cables que usa Apple son una mierda. Pues sí, una mierda son. Y detrás de esa mala calidad está una historia, conocida desde hace tiempo, que quiero contar con mi especial toque polimérico.

Una de las características de los plásticos es su carácter no conductor de la electricidad. Es por eso que, desde su irrupción en el mercado, el denostado PVC o policloruro de vinilo se ha utilizado (entre otras muchas cosas) como cubierta protectora de los cables eléctricos de nuestras casas. Su evidente flexibilidad es además debida a que ese PVC suele llevar como aditivo un cierto porcentaje de los también denostados ftalatos. Así que, a pesar de los intentos por sustituirlo, la mayoría del cableado de nuestros pequeños electrodomésticos, lámparas, material informático y muchas más cosas está recubiertos con una capa de PVC.

En el año 2009 Greenpeace, en línea con su tradicional ataque a todo lo que contenga cloro (como es el caso del PVC) que ya vimos en una reciente entrada, presionó con éxito a Apple para que eliminara ese plástico de sus cables, una condición que la ONG les ponía si querían presumir de producto verde o ecológico. Y ese es el origen de la obsolescencia ("provocada" más que programada) de los cables de la empresa de Steve Jobs. Ahora Apple puede proclamar en su web, y en el apartado de su preocupación por el medio ambiente, que todos sus productos están libres de PVC. Un gran triunfo para Greenpeace, al domeñar a tamaña empresa, pero no para Apple. Porque, como consecuencia de ello, miles de millones de cables se han deteriorado en periodos de tiempo que no son acordes a los estándares de calidad de esa empresa, acabando en vertederos o incineradoras. Y muchos usuarios cabreados (incluido un servidor) hemos acabado comprando cables para cargadores de otros proveedores. Algunos de marcas conocidas y fiables y otros de marcas sin padre ni madre, en muchos casos provenientes de China y cuya composición no controla nadie (tampoco Greenpeace). Pero casi todos ellos recubiertos de PVC, como también lo están la mayoría de los cables de los grandes competidores de Apple en el mercado de los dispositivos electrónicos.

Establecido el origen y culpabilidad del problema, tratemos de desenmascarar al material que está teniendo tan malos resultados. En algunas webs y foros en los que la gente se queja de cómo se le estropean sus cables, se habla de que están constituidos por un caucho. Algo de verdad hay en esa afirmación pero, para saber con certeza de qué están hechos, vuestro Búho ha recurrido a dos viejas compañeras de Facultad y Departamento, que te destripan la composición de una pieza de plástico en menos tiempo que te tomas una cerveza.

El recubrimiento de marras de los actuales cables de Apple está constituido por lo que técnicamente se conoce como un poliuretano termoplástico (TPU es el acrónimo en inglés), perteneciente a una familia de materiales con muchos usos. Este que nos ocupa, y según mis colegas, se obtiene haciendo reaccionar dos sustancias que, genéricamente, los químicos bautizamos como un poliol y un diisocianato. El producto que resulta tiene propiedades (por ejemplo su elasticidad) similares a las de los cauchos que mencionaba antes. Según el análisis realizado, ese recubrimiento lleva también un 10% de carbonato cálcico cuya misión es darle el tono blanquecino y abaratar el producto.

¿Son los cables recubiertos de este TPU más verdes que los recubiertos con PVC?. Si yo fuera alguien como el famoso Prof. Olea, tan mencionado en estas páginas, podría contestar negativamente a esa pregunta y deciros que el isocianato empleado al fabricarlo, conocido como MDI, es una sustancia que, en muy pequeñas trazas en el ambiente, pueden ocasionar problemas respiratorios serios. Pero, como no soy Olea, matizaré que se lleva usando años en la fabricación de este tipo de poliuretanos sin problemas evidentes. La razón fundamental descansa en el hecho de que, al formarse el poliuretano termoplástico, el MDI prácticamente desaparece como tal (algo similar a lo que le ocurre al Bisfenol A de Olea al fabricarse el policarbonato o una resina epoxi).

Como mis amigas tienen el mercado controlado, incluso se han aventurado a decirme que el poliuretano empleado podría ser un producto del catálogo de Covestro, una empresa generada en 2015 a partir de la división de polímeros de Bayer. La marca registrada para el TPU es Texin.

Veremos si el nuevo cable que parece que vendrá con los futuros iPhone 12 hace acallar los cabreos de los usuarios. Mientras tanto, hoy mismo, he tenido que comprar un cable para el iPad de mi suegra quien, con sus 95 primaveras y la cadera un poco maltrecha después de una caída a finales de mayo, sigue jugando Apalabrados online. Y aunque, ciertamente, no trata muy bien al cable, la culpa no es de ella sino de Greenpeace.

Leer mas...

Powered By Blogger