Parques infantiles y caucho reciclado
El pasado 25 de octubre tenía pensado publicar una entrada sobre un informe elaborado por Ecologistas en Acción, hecho público el día 14, sobre el uso de caucho reciclado en parques infantiles. Al preparar la entrada, había visitado varias veces la página que contenía el pdf del informe. Antes de proceder a la publicación definitiva, quise comprobar una última cosa y me encontré con que el enlace ya no funcionaba. Hice una búsqueda en la web del colectivo y comprobé que, en el apartado Documentos y Recursos, ordenado por fecha de edición, había documentos del 8, 19 y 22 de octubre, pero ninguno fechado el 14. He esperado unos días porque en la nota de prensa que acompañaba el informe y que sigue publicada hay un recuadro al final que dice literalmente “Estamos trabajando en la actualización del informe sobre la seguridad y sostenibilidad de los suelos en parques infantiles”. Pero esa nota es del 14 y el informe estuvo visible hasta el 25. Así que he decidido publicar hoy la entrada. Por suerte, tengo una copia en papel del informe emitido el día 14, que me ha permitido hacer cambios ulteriores.
Ese informe, de apenas cuatro páginas y dudosa calidad, reclamaba la retirada inmediata de los pavimentos de caucho reciclado utilizados en parques infantiles, por sus posibles efectos sobre la salud y el medio ambiente. Algo que tiene su lógica ya que esos materiales pueden contener una mezcla compleja de sustancias químicas, algunas de ellas peligrosas. Pero, cuando se pretende fundamentar una recomendación de salud pública, como la mencionada, hay que hacerlo con fundamento. Para empezar, llama la atención la falta de trazabilidad de las fuentes científicas citadas en el apartado 2, titulado Evidencia científica sobre riesgos para la salud. Algunas afirmaciones en él contenidas se atribuyen a un estudio identificado únicamente por la revista y el año (Journal of Hazardous Materials, 2024). En otro caso se cita “una investigación de 2025 en ScienceDirect”, cuando ScienceDirect no es una revista científica, sino una plataforma de publicación y consulta. Pero el problema no se limita a estas referencias incompletas. El informe invoca también dos proyectos (INMA y EDGE) y recoge afirmaciones de investigadores como el Prof. Olea, sin precisar en ningún caso qué publicación, resultado experimental o documento permite contrastar las afirmaciones que se invocan. Hubiera bastado un apartado dedicado a bibliografía para poder reconstruir el vínculo entre esas menciones y las conclusiones que se pretende justificar. Este modo de presentar la evidencia me ha obligado a dedicar bastante tiempo a buscar las referencias y a tratar de identificar los fundamentos de las afirmaciones recogidas, lo cual no siempre ha sido posible (como es el caso de los proyectos INMA o EDGE).
En el apartado 2 del informe se hablaba genéricamente de “estudios” realizados por el Instituto IDAEA/CSIC (que no IDEAE como se decía en el Informe), pero solo se cita uno (sin referencia completa pero que he podido identificar). Se trata del publicado en el ya mencionado Journal of Hazardous Materials. A diferencia de otros estudios similares sobre composición química de los cauchos en los parques y tratando de emular la situación en la que se encuentra un niño en los mismos, los investigadores expusieron al sol, en meses de verano, muestras de caucho provenientes de diversos parques infantiles catalanes. Sobre ellas se colocaron dispositivos de muestreo de aire, que aspiran el aire del entorno con una pequeña bomba y que retienen en su filtro las partículas PM 2.5 emitidas por los cauchos. Posteriormente se analizó la naturaleza química de esas partículas y la presencia en ellas de aditivos y metales.
El Informe afirma que ese estudio “identificó hasta 56 aditivos plásticos diferentes liberados al aire incluyendo antioxidantes, fungicidas y metales”. Pero esa afirmación no responde a la verdad de las investigaciones llevadas a cabo. Por un lado, porque en el estudio se analizaban los aditivos contenidos en las partículas captadas por el dispositivo de muestreo pero no los liberados al aire como entidades independientes. Y por otro porque, incluir a los metales entre esos 56 aditivos, oculta que los propios autores reconocen, en la página 8 del artículo, que sus análisis no obtuvieron una señal clara de partículas de caucho que contuvieran metales. Adicionalmente, no todos los demás aditivos no metálicos detectados, pero no cuantificados, pudieron identificarse con el mismo grado de confianza. En algunos casos, la propia publicación habla de identificaciones de nivel 2 de confianza, lo que significa que se apoyan en indicios analíticos, pero no en confirmaciones inequívocas de cada compuesto mediante patrones de referencia.
Algo más complicado de encontrar fue lo que el informe llamaba “Una investigación de 2025 en Science Direct“ para fundamentar la presencia de metales en el caucho de los parques. Porque, como decía al principio, ScienceDirect no es una revista, sino una herramienta de búsqueda y consulta. Pero gracias al tiempo de jubilado del que disfruto, localicé un trabajo publicado por investigadores gallegos en 2025 en la revista Science of the Total Environment y que estoy casi seguro de que que era el mencionado en el informe de Ecologistas (entre otras cosas porque el informe reproduce partes textuales de los Highlights del artículo). Los autores analizaban la presencia de metales y metaloides en muestras de caucho reciclado de neumáticos, como los empleado en los parques infantiles. Tras una digestión en medio ácido y temperatura alta analizaron y cuantificaron 32 elementos químicos que aparecían en el caucho, mediante la técnica denominada ICP-MS.
Hay que aclarar que lo de elementos químicos de arriba viene a cuento porque la digestión ácida destruye el caucho y transforma las sustancias metálicas en él contenidas en los elementos puros que forman parte de ellas. Eso puede ocurrir con el zinc, donde lo que se suele encontrar en el caucho es óxido de zinc utilizado en el proceso de vulcanizado. Pero además, en lo relativo a las cantidades encontradas, hay que decir que el informe de Ecologistas las compara con los valores límite regulados para esos metales en juguetes y eso merece una pertinente precisión. La Directiva 2009/48/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de fecha 18 de junio de 2009 sobre la seguridad de los juguetes, en su Anexo II, apartado 13, establece los límites de migración para muchos metales (incluyendo los mencionados en el informe: Zn, Co, Pb, Cd….), entendiendo por migración las cantidades que pueden pasar del juguete a un niño cuando, por ejemplo, lo chupa. Pero eso, y esto es importante, no es lo que mide el estudio del Science of the Total Environment, que cuantificó el contenido total de esos metales atrapados en el caucho en forma de diferentes compuestos químicos. Y es evidente que, en términos generales, no todo el metal contenido en una muestra es capaz de migrar en determinadas condiciones.
Voy a obviar otras afirmaciones del informe, mucho menos avaladas por trabajos científicos como los dos que acabo de mencionar, porque lo que está claro es que Ecologistas en Acción dejaba de lado un problema que hemos discutido aquí en varias ocasiones: la distinción entre peligro y riesgo, elemental en toxicología, pero que, a menudo, se difumina en el debate público. El peligro es la capacidad de una sustancia para causar daño y, en ese sentido las sustancias detectadas (a veces en cantidades muy pequeñas) son peligrosas, pero el riesgo (o probabilidad de que una sustancia peligrosa cause un daño) depende, entre otras cosas, de la exposición real a esas sustancias y de la dosis que puedan recibir los niños en esos parques. Y ninguno de los artículos mencionados se dedicaba a evaluar las exposiciones y el posible riesgo ni las manifestaciones contenidas en el informe hablaban de ello.
Abundando en la diferencia entre peligro y riesgo, resultaba revelador en el desaparecido informe el Apartado 2.3. Dualidad en la interpretación del riesgo. Sus autores afirmaban que “existe un debate científico abierto. Por un lado, estudios académicos (NIST, CSIC, universidades europeas) documentan consistentemente la presencia de peligros y la liberación de microplásticos y metales. Por otro lado, agencias reguladoras como la EPA de EE. UU. y la OEHHA de California han concluido en informes de 2024 que el riesgo para la salud es bajo o insignificante en condiciones normales de uso”. Al presentar estos resultados como si constituyeran dos posiciones enfrentadas, el informe parecía confundir la identificación de peligros por parte de instituciones académicas con la evaluación del riesgo por parte de agencias reguladoras. Por cierto, otro gazapo más, el documento de la OEHHA californiana no se publicó en 2024, sino en marzo de 2026.
Ante esa aparente (para Ecologistas) disparidad en los análisis de Centros académicos y Agencias reguladoras, el informe sugería aplicar el principio de precaución y, echando mano de una prohibición europea, prevista para 2031, retirar los pavimentos de caucho de los parques infantiles inmediatamente. Pero conviene precisar a qué se refiere la prohibición europea que citaban. El Reglamento europeo 2023/2055 establece (véase sobre todo los apartados 30, 41 y 53) que, a partir del 17 de octubre de 2031, se prohibirá la comercialización de granulado de caucho utilizado como material de relleno en superficies deportivas sintéticas, citando expresamente a los campos de fútbol de césped artificial (como hacía el documento de la OEHHA californiana antes mencionado). El motivo de la norma no era otro que reducir las emisiones de microplásticos al medio ambiente, siguiendo la Estrategia Europea sobre plásticos de 2018. El plazo transitorio entre la publicación del Reglamento y 2031 se concedió para permitir que las instalaciones existentes lleguen, en muchos casos, al final de su vida útil antes de sustituir el relleno. El reglamento contempla, además, excepciones para “micropartículas que queden incorporadas de forma permanente a una matriz sólida durante su uso final” (ver el anexo del Reglamento, apartado 78, 5, letra c). Por ello, no cabe extrapolar automáticamente la prohibición del granulado suelto, empleado en los céspedes, a un pavimento continuo fabricado con partículas de caucho aglomeradas como ocurre en los parques. En definitiva, la norma citada en el informe no constituye, por sí misma, una declaración de la peligrosidad de los pavimentos de caucho ni contiene una orden de retirar inmediatamente los que ya están instalados.
La pregunta que me planteo es qué ha podido pasar con el informe que, como habéis podido ver, no era muy riguroso ni en el fondo ni en la forma. Quizás alguien se ha dado cuenta y han preferido retirarlo. Tampoco me extrañaría que en la desaparición haya tenido que ver una nota de prensa de los fabricantes de caucho que empezó a circular en revistas técnicas a partir del lunes 19 y que no recibió, por supuesto, el mismo interés de los medios generalistas que el que había recibido el informe de Ecologistas en Acción. Esa nota estaba mucho mejor documentada en evidencias científicas y en regulaciones existentes, si bien es cierto que tenía más que ver con el caucho de campos de césped artificial que con el de los parques infantiles. En fin, si hay novedades relevantes, os mantendré informados.
El otro día vi en Mezzo un concierto en directo de los mismos intérpretes que aparecen en este extracto de la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz: La Orquesta Filarmónica de Berlin y Yannick Nézet-Séguin a la batuta. Solo que esta grabación tiene 15 años.
Ese informe, de apenas cuatro páginas y dudosa calidad, reclamaba la retirada inmediata de los pavimentos de caucho reciclado utilizados en parques infantiles, por sus posibles efectos sobre la salud y el medio ambiente. Algo que tiene su lógica ya que esos materiales pueden contener una mezcla compleja de sustancias químicas, algunas de ellas peligrosas. Pero, cuando se pretende fundamentar una recomendación de salud pública, como la mencionada, hay que hacerlo con fundamento. Para empezar, llama la atención la falta de trazabilidad de las fuentes científicas citadas en el apartado 2, titulado Evidencia científica sobre riesgos para la salud. Algunas afirmaciones en él contenidas se atribuyen a un estudio identificado únicamente por la revista y el año (Journal of Hazardous Materials, 2024). En otro caso se cita “una investigación de 2025 en ScienceDirect”, cuando ScienceDirect no es una revista científica, sino una plataforma de publicación y consulta. Pero el problema no se limita a estas referencias incompletas. El informe invoca también dos proyectos (INMA y EDGE) y recoge afirmaciones de investigadores como el Prof. Olea, sin precisar en ningún caso qué publicación, resultado experimental o documento permite contrastar las afirmaciones que se invocan. Hubiera bastado un apartado dedicado a bibliografía para poder reconstruir el vínculo entre esas menciones y las conclusiones que se pretende justificar. Este modo de presentar la evidencia me ha obligado a dedicar bastante tiempo a buscar las referencias y a tratar de identificar los fundamentos de las afirmaciones recogidas, lo cual no siempre ha sido posible (como es el caso de los proyectos INMA o EDGE).
En el apartado 2 del informe se hablaba genéricamente de “estudios” realizados por el Instituto IDAEA/CSIC (que no IDEAE como se decía en el Informe), pero solo se cita uno (sin referencia completa pero que he podido identificar). Se trata del publicado en el ya mencionado Journal of Hazardous Materials. A diferencia de otros estudios similares sobre composición química de los cauchos en los parques y tratando de emular la situación en la que se encuentra un niño en los mismos, los investigadores expusieron al sol, en meses de verano, muestras de caucho provenientes de diversos parques infantiles catalanes. Sobre ellas se colocaron dispositivos de muestreo de aire, que aspiran el aire del entorno con una pequeña bomba y que retienen en su filtro las partículas PM 2.5 emitidas por los cauchos. Posteriormente se analizó la naturaleza química de esas partículas y la presencia en ellas de aditivos y metales.
El Informe afirma que ese estudio “identificó hasta 56 aditivos plásticos diferentes liberados al aire incluyendo antioxidantes, fungicidas y metales”. Pero esa afirmación no responde a la verdad de las investigaciones llevadas a cabo. Por un lado, porque en el estudio se analizaban los aditivos contenidos en las partículas captadas por el dispositivo de muestreo pero no los liberados al aire como entidades independientes. Y por otro porque, incluir a los metales entre esos 56 aditivos, oculta que los propios autores reconocen, en la página 8 del artículo, que sus análisis no obtuvieron una señal clara de partículas de caucho que contuvieran metales. Adicionalmente, no todos los demás aditivos no metálicos detectados, pero no cuantificados, pudieron identificarse con el mismo grado de confianza. En algunos casos, la propia publicación habla de identificaciones de nivel 2 de confianza, lo que significa que se apoyan en indicios analíticos, pero no en confirmaciones inequívocas de cada compuesto mediante patrones de referencia.
Algo más complicado de encontrar fue lo que el informe llamaba “Una investigación de 2025 en Science Direct“ para fundamentar la presencia de metales en el caucho de los parques. Porque, como decía al principio, ScienceDirect no es una revista, sino una herramienta de búsqueda y consulta. Pero gracias al tiempo de jubilado del que disfruto, localicé un trabajo publicado por investigadores gallegos en 2025 en la revista Science of the Total Environment y que estoy casi seguro de que que era el mencionado en el informe de Ecologistas (entre otras cosas porque el informe reproduce partes textuales de los Highlights del artículo). Los autores analizaban la presencia de metales y metaloides en muestras de caucho reciclado de neumáticos, como los empleado en los parques infantiles. Tras una digestión en medio ácido y temperatura alta analizaron y cuantificaron 32 elementos químicos que aparecían en el caucho, mediante la técnica denominada ICP-MS.
Hay que aclarar que lo de elementos químicos de arriba viene a cuento porque la digestión ácida destruye el caucho y transforma las sustancias metálicas en él contenidas en los elementos puros que forman parte de ellas. Eso puede ocurrir con el zinc, donde lo que se suele encontrar en el caucho es óxido de zinc utilizado en el proceso de vulcanizado. Pero además, en lo relativo a las cantidades encontradas, hay que decir que el informe de Ecologistas las compara con los valores límite regulados para esos metales en juguetes y eso merece una pertinente precisión. La Directiva 2009/48/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de fecha 18 de junio de 2009 sobre la seguridad de los juguetes, en su Anexo II, apartado 13, establece los límites de migración para muchos metales (incluyendo los mencionados en el informe: Zn, Co, Pb, Cd….), entendiendo por migración las cantidades que pueden pasar del juguete a un niño cuando, por ejemplo, lo chupa. Pero eso, y esto es importante, no es lo que mide el estudio del Science of the Total Environment, que cuantificó el contenido total de esos metales atrapados en el caucho en forma de diferentes compuestos químicos. Y es evidente que, en términos generales, no todo el metal contenido en una muestra es capaz de migrar en determinadas condiciones.
Voy a obviar otras afirmaciones del informe, mucho menos avaladas por trabajos científicos como los dos que acabo de mencionar, porque lo que está claro es que Ecologistas en Acción dejaba de lado un problema que hemos discutido aquí en varias ocasiones: la distinción entre peligro y riesgo, elemental en toxicología, pero que, a menudo, se difumina en el debate público. El peligro es la capacidad de una sustancia para causar daño y, en ese sentido las sustancias detectadas (a veces en cantidades muy pequeñas) son peligrosas, pero el riesgo (o probabilidad de que una sustancia peligrosa cause un daño) depende, entre otras cosas, de la exposición real a esas sustancias y de la dosis que puedan recibir los niños en esos parques. Y ninguno de los artículos mencionados se dedicaba a evaluar las exposiciones y el posible riesgo ni las manifestaciones contenidas en el informe hablaban de ello.
Abundando en la diferencia entre peligro y riesgo, resultaba revelador en el desaparecido informe el Apartado 2.3. Dualidad en la interpretación del riesgo. Sus autores afirmaban que “existe un debate científico abierto. Por un lado, estudios académicos (NIST, CSIC, universidades europeas) documentan consistentemente la presencia de peligros y la liberación de microplásticos y metales. Por otro lado, agencias reguladoras como la EPA de EE. UU. y la OEHHA de California han concluido en informes de 2024 que el riesgo para la salud es bajo o insignificante en condiciones normales de uso”. Al presentar estos resultados como si constituyeran dos posiciones enfrentadas, el informe parecía confundir la identificación de peligros por parte de instituciones académicas con la evaluación del riesgo por parte de agencias reguladoras. Por cierto, otro gazapo más, el documento de la OEHHA californiana no se publicó en 2024, sino en marzo de 2026.
Ante esa aparente (para Ecologistas) disparidad en los análisis de Centros académicos y Agencias reguladoras, el informe sugería aplicar el principio de precaución y, echando mano de una prohibición europea, prevista para 2031, retirar los pavimentos de caucho de los parques infantiles inmediatamente. Pero conviene precisar a qué se refiere la prohibición europea que citaban. El Reglamento europeo 2023/2055 establece (véase sobre todo los apartados 30, 41 y 53) que, a partir del 17 de octubre de 2031, se prohibirá la comercialización de granulado de caucho utilizado como material de relleno en superficies deportivas sintéticas, citando expresamente a los campos de fútbol de césped artificial (como hacía el documento de la OEHHA californiana antes mencionado). El motivo de la norma no era otro que reducir las emisiones de microplásticos al medio ambiente, siguiendo la Estrategia Europea sobre plásticos de 2018. El plazo transitorio entre la publicación del Reglamento y 2031 se concedió para permitir que las instalaciones existentes lleguen, en muchos casos, al final de su vida útil antes de sustituir el relleno. El reglamento contempla, además, excepciones para “micropartículas que queden incorporadas de forma permanente a una matriz sólida durante su uso final” (ver el anexo del Reglamento, apartado 78, 5, letra c). Por ello, no cabe extrapolar automáticamente la prohibición del granulado suelto, empleado en los céspedes, a un pavimento continuo fabricado con partículas de caucho aglomeradas como ocurre en los parques. En definitiva, la norma citada en el informe no constituye, por sí misma, una declaración de la peligrosidad de los pavimentos de caucho ni contiene una orden de retirar inmediatamente los que ya están instalados.
La pregunta que me planteo es qué ha podido pasar con el informe que, como habéis podido ver, no era muy riguroso ni en el fondo ni en la forma. Quizás alguien se ha dado cuenta y han preferido retirarlo. Tampoco me extrañaría que en la desaparición haya tenido que ver una nota de prensa de los fabricantes de caucho que empezó a circular en revistas técnicas a partir del lunes 19 y que no recibió, por supuesto, el mismo interés de los medios generalistas que el que había recibido el informe de Ecologistas en Acción. Esa nota estaba mucho mejor documentada en evidencias científicas y en regulaciones existentes, si bien es cierto que tenía más que ver con el caucho de campos de césped artificial que con el de los parques infantiles. En fin, si hay novedades relevantes, os mantendré informados.
El otro día vi en Mezzo un concierto en directo de los mismos intérpretes que aparecen en este extracto de la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz: La Orquesta Filarmónica de Berlin y Yannick Nézet-Séguin a la batuta. Solo que esta grabación tiene 15 años.






