lunes, 16 de marzo de 2026

Un fin de semana salmantino: De minas, minerales y elementos de la Tabla Periódica

Siendo golfista viejo y viviendo donde vivo, es fundamental estar pendiente de la meteorología local (el tiempo). Además, por razones que no vienen a cuento, desde finales de la primera década de este siglo y, sobre todo, desde mi jubilación en 2016, el tiempo a largo plazo (el clima) me ha ido interesando progresivamente como disciplina. Durante estos años, me he llevado unas cuantas decepciones con la web de AEMET al tratar de obtener datos sobre la temperatura del agua de mar, que se mide cada día en el Aquarium donostiarra, o sobre series climáticas largas acumuladas desde 1928 en el observatorio de Igeldo. Así que tuve que buscarme la vida en otros pagos. Y acabé cayendo en la página web de Javier Sevillano, un ingeniero de telecomunicaciones jubilado, natural de El Villar de Argañán, una localidad salmantina a escasos kilómetros de la frontera portuguesa. Esa web contiene innumerables datos sobre la meteorología de las capitales españolas, además de unas historias increíbles sobre los pueblos cercanos a El Villar, entre los que se encuentra La Alameda de Gardón, a escasos tres kilómetros. En La Alameda pasamos hace poco unos días en casa de una pareja de amigos (ella es natural del pueblo) a los que conocemos desde hace más de cincuenta años y que han vivido toda su vida laboral entre Hernani y Donosti. Lo que ellos nos han ido contando a lo largo de los años y lo que yo he leído en la web de Sevillano sobre la zona, se hizo realidad en cierta medida durante esos días, aunque espero volver pronto para profundizar en algunas de las cosas que os voy a contar en este entrada.

El territorio del que estamos hablando, en el suroeste de la provincia de Salamanca, forma parte del sector occidental del Macizo Ibérico, una de las regiones geológicamente más antiguas de la península. Hace unos 300 millones de años, grandes masas de magma granítico se abrieron paso a través de rocas más antiguas, solidificando y generando diversos minerales. Como consecuencia de ello, en un radio relativamente pequeño alrededor de La Alameda han ido apareciendo, a lo largo de la historia reciente, explotaciones de varios minerales que dan lugar a elementos que hoy consideramos estratégicos, como es el caso del wolframio, el uranio, el estaño y las llamadas tierras raras. Aunque la comarca nunca llegó a convertirse en un gran distrito minero industrial, sí ha dado lugar a diferentes episodios de actividad minera que reflejan los cambios económicos y tecnológicos del pasado siglo XX.

El wolframio, un elemento químico del que ya hemos hablado en este Blog, descubierto en el Real Seminario de Bergara por los hermanos Elhuyar, ha sido probablemente el mineral más importante explotado en el entorno de La Alameda de Gardón durante el pasado siglo. Este metal, de propiedades físicas muy valiosas para la industria militar, se convirtió, durante la Segunda Guerra Mundial, en un recurso estratégico de primer orden. La interrupción del comercio internacional, derivada de la guerra, hizo que Europa dependiera en gran medida de los yacimientos de wolframio de la Península Ibérica y, más concretamente, de la zona lindante entre España y Portugal. La demanda creciente provocó una intensa competencia por el wolframio ibérico. Durante varios años, comerciantes vinculados tanto a Alemania como a los aliados, especialmente Reino Unido y Estados Unidos, compraban grandes cantidades del mineral. Hay teorías que dicen que las compras de estos últimos iban destinadas a minar el suministro que pudiera llegar a los nazis. El precio alcanzó niveles extraordinarios, generando un breve periodo de prosperidad en algunas zonas rurales.

Aún hoy, quedan muchos vestigios de numerosas pequeñas explotaciones en filones de cuarzo asociados a granitos. Estos filones contenían principalmente wolframita y, en menor medida, scheelita, los dos minerales principales de wolframio. La minería en esta zona fue generalmente de pequeña escala. Las explotaciones consistían en galerías cortas o trincheras excavadas que corrían paralelas a los filones mineralizados. Aún y así, localidades cercanas a La Alameda como Fuenteguinaldo, Robleda o Navasfrías tuvieron una actividad especialmente intensa. En muchos casos, campesinos y vecinos del lugar trabajaban temporalmente en las minas, aprovechando el elevado precio del mineral. En ese entorno se acuñó la expresión “ir al wolfran”.

Sin embargo, esta actividad fue relativamente corta. A partir de 1944, la presión diplomática aliada llevó al gobierno de Franco a restringir las exportaciones de wolframio hacia Alemania, lo que provocó el colapso del mercado. Tras el final de la guerra, muchas de las pequeñas minas cerraron rápidamente y los vecinos volvieron a sus actividades agrícolas. Pero en sitios como la mencionada Navasfrías se pueden visitar las instalaciones existentes, según he encontrado en esta web. La próxima vez que vaya a La Alameda, va a ser una visita obligada.

Un segundo hito importante de la minería salmantina fue la exploración y explotación de uranio durante la segunda mitad del siglo XX. La provincia de Salamanca alberga uno de los principales distritos uraníferos de España, concentrado alrededor de Ciudad Rodrigo, de donde procede mi amigo salmantino. Las minas más importantes se situaron en Saelices el Chico y en el área de Retortillo. Los minerales más comunes que pueden allí encontrarse son la uraninita o pechblenda, la autunita o la torbernita. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el uranio se convirtió en un recurso estratégico tanto para la energía nuclear como para aplicaciones militares, el extraído en la provincia de Salamanca formó parte del combustible utilizado en las primeras centrales nucleares españolas y en otras aplicaciones. El mineral salmantino tenía bajas concentraciones de uranio (como la mayoría de los yacimientos del mundo). Por eso, para poderlo usar había que triturarlo, molerlo y tratarlo químicamente hasta obtener un óxido de uranio concentrado, U₃O₈.

El concentrado producido en España no podía usarse directamente en un reactor. Había que convertirlo en hexafluoruro de uranio (UF₆) y enriquecerlo en uranio-235. Esos procesos no se hacían en España sino en instalaciones de enriquecimiento en Estados Unidos, Francia o Reino Unido. Después del enriquecimiento, el uranio volvía a España para fabricar el combustible. Una empresa que aún existe, ENUSA Industrias Avanzadas, producía pastillas de dióxido de uranio (UO₂), ensambladas en barras de combustible que se utilizaron en las primeras centrales nucleares españolas, como la José Cabrera (la primera central nuclear española), la de Santa María de Garoña o la de Almaraz.

Aunque en el entorno inmediato de La Alameda de Gardón no se desarrollaron minas de uranio importantes, diversos estudios geológicos indican la presencia de anomalías radiométricas y mineralizaciones menores. Uno de esos estudios fue llevado a cabo, a principios de la segunda década de este siglo por la firma australiana Berkeley. En ese estudio, se puede constatar las toneladas estimadas de uranio en forma de óxido de uranio en La Alameda y en diversas localidades de su entorno. En base a estos informes, Berkeley obtuvo inicialmente un permiso de explotación minera en Retortillo. Pero una enmienda al Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, pactada entre Podemos y el PSOE en octubre de 2020, que acabó siendo la Ley 7/2021, de 20 de mayo, prohibió otorgar nuevas autorizaciones de exploración, investigación o explotación de minerales radiactivos, como el uranio. Aunque eso no afectaba al permiso concedido a Berkeley, el proyecto quedó prácticamente paralizado porque el Consejo de Seguridad Nuclear emitió informes negativos sobre la planta de tratamiento del mineral extraído y el Ministerio de Teresa Ribera denegó autorizaciones clave para construir esa planta y, sin planta de procesamiento, la mina no podía funcionar.

En el término municipal del pueblo de Javier Sevillano, se encuentra Mina Aurora, donde se han identificado y extraído, desde los años 30, minerales como la ambligonita (que contiene litio) y la casiterita, una mena de estaño. La historia de esa mina está bien documentada por Javier en esta página de su web. Así que sobra cualquier comentario por mi parte.

Además del wolframio, uranio y estaño, los granitos del oeste de Salamanca contienen pequeñas cantidades de los elementos conocidos como tierras raras de los que hablamos no hace mucho. Elementos como el lantano, cerio, neodimio o itrio que, como contábamos en esa entrada, son fundamentales para numerosas tecnologías modernas, desde turbinas eólicas hasta dispositivos electrónicos. En el entorno de La Alameda, las tierras raras no aparecen en grandes yacimientos explotables, sino en minerales accesorios presentes en las rocas graníticas. Entre los más importantes se encuentran la monacita y la xenotima, que contienen tanto tierras raras como pequeñas cantidades de torio.

No contento con esta profusión de elementos de la Tabla Periódica, en una degustación de ibéricos a la brasa con vino portugués surgió que el agua de grifo de La Alameda suele dar a veces, en las analíticas de control, contenidos de arsénico superiores a los 10 microgramos/litro que es la cifra máxima permitida por la UE. ¿De dónde sale? Pues una vez más del abundante granito que puebla las magníficas dehesas de los alrededores y que también contienen vetas de minerales de ese elemento. Nada grave. Cuando eso ocurre el agua destinada a los grifos se diluye con agua de los manantiales de la zona. Y nada raro. Ya conté en otra entrada la cantidad de estados americanos que tenían problemas similares.

Y para acabar, el Vals de la Tormenta de nieve de Gueorgui Svirídov, discípulo de Dmitri Shostakovich, en una grabación de la Orquesta Filarmónica de Moscú bajo la dirección de Yuri Simonov.

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