skip to main |
skip to sidebar
Christopher Walter Monckton, tercer Vizconde Monckton de Brenchley (¡toma solera!), es un noble inglés que, como no podía ser de otra manera, se ha dedicado a la política y a sus consultorías, aunque también se define como escritor e inventor. Un mes más viejo que un servidor (cosecha del 52), fue uno de los asesores de Margaret Thatcher quien, por si no os lo ha contado nadie, es una química confesa, graduada en Oxford y cuyo primer trabajo fue en una empresa denominada BX Plastics. Pero dejemos a la Dama de Hierro y vayamos con el Vizconde Monckton de Brenchley.
Lord Monckton se ha hecho últimamente muy popular, por ser una de las caras mediáticas de un amplio grupo de personalidades y científicos que se han manifestado en contra de las conclusiones sobre el calentamiento global que propugnan tanto el IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) como esa especie de telepredicador en que se ha convertido Al Gore. Hace menos de un año, nuestro aristócrata se despachó con un documento de veinte páginas titulado "35 Verdades Inconvenientes. Los errores de la película de Al Gore". El documento arrancaba del hecho de que un juez inglés acusaba poco menos que de proselitismo entre la chavalería al Gobierno de Su Majestad Británica, por no haber acompañado la proyección masiva de la citada película en las escuelas con una lista de nueve errores flagrantes en ella contenidos. En el citado documento de Monckton, éste amplía la lista hasta treinta y cinco, algunos ciertamente impactantes. El que quiera conocerlo en su integridad (está en inglés, pero hay muchos gráficos interesantes que se entienden sin problemas) puede leerlo o descargarlo como un .pdf aquí.
Pero la cosa ha ido un poco más lejos y, este verano, Monckton ha organizado la de San Quintín, tras la aparición de un artículo que la American Physical Society (APS) le había invitado a publicar en el número de julio de una de sus Newletters (Physics and Society, que se publica online). La APS es una asociación que apoya "la incontrovertible influencia de la acción del hombre en el cambio climático" (sic) y, por tanto, las conclusiones del arriba mencionado Panel Intergubernamental IPCC. Pero hay datos de los últimos años que indican que las predicciones del IPCC van a estar lejos de cumplirse y, en paralelo, parece que algo se mueve en la opinión de los más de 50.000 miembros de la APS. Quizás por eso, los responsables de las publicaciones de la APS se plantearon dar la palabra a uno de los más activos opositores de las conclusiones del IPCC. Pero tras la publicación del artículo, y de un cierto maremagnum que con ese motivo se generó en múltiples blogs y foros de internet, alguien en la APS debió pensar que se había ido muy lejos.
El caso es que unos días más tarde de la mencionada publicación, nuestro Vizconde se encontró con que, encima del texto de su artículo, aparecía una nota que decía: "El siguiente artículo no ha sido sometido a ninguna revisión (peer review) científica ya que no es el procedimiento normal de las Newletters de la APS. Sus conclusiones están en desacuerdo con la opinión predominante en la comunidad científica internacional. El Consejo de la APS manifiesta su desacuerdo con las conclusiones del artículo".
Como no podía ser de otra manera, nuestro Lord está cabreado como una mona y le ha mandado una carta al Presidente de la APS en la que le relata lo ocurrido, urgiéndole a una rectificación como nadie más que un inglés puede urgir (no voy a poner la carta en inglés, y tampoco en castellano porque traducida no iba a ser lo mismo). En primer lugar, le aclara que fue la APS la que le invitó a escribir el artículo. Que cuando lo envió, el editor encargado lo hizo llegar a un reconocido físico, que lo sometió a una extensa y competente revisión. Que el Vizconde modificó el artículo de acuerdo con las sugerencias del referee y que, finalmente, el artículo se publicó, en el mismo número y a continuación de otro artículo en el que dos miembros del IPPC manifestaban puntos de vista claramente en conflicto con el de Monckton.
Lord Monckton piensa que el tratamiento es, cuando menos, descortés y le pide al Presidente que elimine la citada cabecera o, en su defecto, le de el nombre del miembro o miembros del Consejo de la APS que evaluaron el artículo como fase previa a la colocación de la mencionada cabecera; le suministre los documentos que prueben la existencia de esa evaluación y cómo se tomó la decisión del Consejo, asi como una copia del Acta de la sesión llevada al efecto con los nombres de los asistentes. Y si tal evaluación no hubiera tenido lugar, el Vizconde urge a que se le den satisfacciones públicas y que se aclare en ellas que el artículo si fue sujeto a revisión, que se explique qué se entiende por opinión predominante en la comunidad científica y, finalmente, en qué aspectos el Consejo de la APS está en desacuerdo con el artículo.
Si vais al artículo mencionado vereis que, al menos en el momento en el que esto escribo, la cabecera no es la arriba entrecomillada. La cosa se ha cambiado por: "El siguiente artículo no ha sido sometido a ninguna revisión (peer review) científica ya que no es el procedimiento normal de las Newletters de la APS. La APS reafirma la siguiente posición sobre el cambio climático, adoptada por su organismo de gobierno, el Consejo de la APS, el 18 de noviembre de 2007: La emisión de gases de efecto invernadero como consecuencia de las actividades humanas está cambiando la atmósfera en formas que afectan al clima de la Tierra".
Desconozco si el Vizconde se dará por satisfecho con la modificación. En el entretanto, la cosa está de lo más entretenida en los Blogs sobre Medio Ambiente y yo me temo que esto no ha hecho más que empezar.
Leer mas...
Ya he demostrado en repetidas ocasiones que, además de receptáculo de mis fobias con los quimifóbicos y de mis afanes por mostrar aspectos interesantes, o al menos curiosos, de la Química, este Blog es un auténtico diario personal, donde lo mismo surge la comadrona de toda mi vida, que mis achaques de cincuentón o mis devaneos gastronómicos con amigos. Y la entrada de hoy es un ejemplo más de un mix entre unos aspectos y otros.
Había decidido, la tarde de este lunes 11 de agosto, dar unas bolitas en Basozábal, mi club de golf. En parte por mantener mi swing con un aspecto aceptable y, en parte, por escapar del horripilante espectáculo que, por quince días, me ha montado, casi en mi portal, la Brigada ligera del Alcalde que nos gobierna desde tiempos inmemoriales. Delante del nido del Búho se apilan estos días un sin fin de tiovivos, autos de choque, churrerías y otras atracciones infantiles sin cuento, con su inevitable cortejo de bocinas, pestazo de aceite y, sobre todo, niños....Aunque, todo hay que decirlo, prefiero tener que aguantar esto que un Festival de Pop-Rock en plena madrugada.
El caso es que, como digo, subía hacia Basozábal, pensando en cómo organizar una entrada que tuviera como motivo el último vídeo de YouTube que me han pasado, y que es un anuncio de lo que sus vendedores llaman el cigarrillo electrónico o el e-Cig. La cosa recuerda, aparentemente, a esos falsos cigarros de plástico que usan los que no han tenido más remedio que dejar de fumar, pero que no quieren perder la sensación de tener algo que llevarse a la boca. En algunos casos, esos dispositivos llevan incorporados ciertos contenidos de nicotina para ir mitigando el efecto "mono". Pero lo que se ve en el vídeo es algo más sofisticado, una especie de version 2.0 del asunto, en el que la Química juega su papel.
El e-Cig tiene su núcleo duro en una disolución de nicotina en propilenglicol, disolución que se coloca en un cartucho que recuerda el filtro naranja de un cigarro convencional (ver la foto de arriba que, como siempre, se puede ampliar sin más que picar en ella). Ese cartucho, reemplazable, se rosca en el cuerpo principal del cigarrillo de pega, el cual contiene una pila recargable o sustituible que alimenta un circuito con un microchip incorporado. Cuando el fumador inhala, se activa un sensor en el dispositivo que hace que se encienda un LED rojo, situado en la punta del cigarro, que simula la llama. Pero, lo que es más importante, también ordena que se caliente la disolución de nicotina en propilenglicol, que asi se vaporiza y acaba en los pulmones del vicioso.
Lo de la nicotina parece de cajón de sastre pero, ¿y lo del propilenglicol?. Alguien podría pensar que por qué no usar agua, que es más saludable que un glicol. Bueno, pues se emplea este compuesto porque, con su vapor, es posible reproducir el humo de un cigarro normal, humo con el que hacer volutas y otros divertimentos. Veleidades que el vapor de agua no permite. Algunos usuarios dicen que el sabor de la experiencia es más dulce que con un cigarro normal, lo cual tampoco es raro. El propilenglicol es un primo del etilenglicol, de cuyo sabor dulzón ya hablamos en otra entrada.
Partidarios y contrarios del asunto ya andan a la greña en internet. Los primeros dicen que, aún siendo verdad que el fumador virtual se mete en los pulmones dos cosas que no son precisamente angelitos, se eliminan de un plumazo las más de cuatro mil sustancias que pueden aparecer en el humo de un cigarro normal, de las que alrededor de una cincuentena son cancerígenos. Los contrarios al asunto (no me extrañaría que las tabaqueras anduvieran por medio), ya hablan de problemas irritativos derivados del propilenglicol y de la detección de cantidades pequeñas de formaldehído. A su ritmo, algunos Ministerios de Sanidad europeos ya están tomando cartas en el asunto.
Y en las mismas llegué a Basozábal. Aparco, cojo mi bolsa de palos, me encamino al campo de prácticas, voy hacia la zona al aire libre que a mi me gusta y me encuentro de bruces con el mismísimo Txema Olazábal, que andaba por allí soltando el brazo con unos zurriagazos de más de 250 metros. No es la primera vez que me ocurre. Hace unos pocos años, cuando el Txema andaba deshojando la margarita de si retirarse o no por los problemas físicos que le asolaban, compartimos una tarde, sin otros testigos, un delicioso putting-green que pocos visitan al estar un poco alejado del Club. Solo que allí se patea y, en esa suerte, no hay tanta diferencia entre un profesional y un amateur (uno, además, es un reconocido pateador). Lo de ayer era mucho más comprometido para mi orgullo. Así que, tras el esperado formal y escueto saludo entre dos vascos tímidos, no me quedó más remedio, dado el territorio en el que el de las chaquetas verdes se había asentado, que ponerme delante de él y respirar hondo antes de cada golpe. Creo que hoy me duele todo el cuerpo de la tensión acumulada.
Leer mas...
En la entrada de hace unos pocos días, al comentar el asunto de un email sobre el antimonio, volvía yo a recordar la cantidad de patrañas que circulan por la red. Pero antes incluso de que ésta tuviera la ajetreada vida que ahora tiene, difundir bulos a nivel social ha sido cosa corriente (Radio Macuto), muchas veces con oscuras intenciones, sobre todo en el ámbito comercial. Un colega, amigo y suscriptor del Blog (pero que no quiere que diga su nombre, ¡qué le vamos a hacer!), al hilo de lo anterior, me ha puesto en la pista de uno de los mayores bulos conocidos. Como la historia tiene que ver con químicos, productos químicos y cosas de comer, no he podido resistirme a emplear parte de estas primeras tardes de agosto (en el que ando trabajando a medio ritmo) en buscar información al respecto.
Los dulces que burbujean en boca, y que aparecieron ya en el siglo XIX, pueden incluirse entre los inventos derivados de las levaduras químicas (cuya historia puede leerse en una entrada de julio de 2006). Debemos recordar que los componentes fundamentales de esas levaduras químicas son un ácido y el bicarbonato sódico, que cuando se juntan en un medio húmedo producen anhídrido carbónico (CO2) que, en el medio panadero o pastelero, sirve para espumar un pan o un bizcocho. De manera similar, en algunos dulces se introduce una mezcla de ácido cítrico (o málico) y bicarbonato que, con ayuda de la saliva, reaccionan y producen in situ el mismo CO2, lo que da lugar en la boca a una intrigante sensación de cosquilleo. Una variante de esa opción, también implicando al CO2, fue introducida, ya bien entrado el siglo XX, en forma de los llamados Pop Rocks, antecedentes de lo que en España conocemos como Peta-Zetas y ya vais a ver cómo y por qué.
En octubre de 1956 William A. Mitchell, al que todo quisque llamaba Bill, era un químico cuarentón que trabajaba en el laboratorio de investigación de la General Food Corporation en Hoboken, New Jersey. Entre sus colegas tenía fama de ser un auténtico inventor, una de esas personas que, probablemente por su duro pasado, era capaz de contemplar los problemas de una forma diferente y proponer, muchas veces, soluciones sencillas y elegantes. Aunque aquí no nos suenen mucho algunas marcas populares en Estados Unidos y, por tanto, no es el caso mencionarla, uno de los inventos más conocidos de Bill fue el primer preparado comercial en polvo que permitía hornear un bizcocho en menos que canta un gallo.
En ese otoño de 1956 Bill andaba trasteando en el desarrollo de lo que despues se llamó Kool-Aid, otros polvos milagrosos que, vertidos sobre agua, se disolvían rápidamente y proporcionaban una bebida dulce y carbonatada gracias al desprendimiento casi instantáneo del CO2. Muchos de mis lectores seguro que han probado algo similar, ya sea disuelto en agua o, lo que es más heavy, directamente disuelto en la saliva de la boca. A mi comadrona, sin ir más lejos, es algo que le priva.
Como consecuencia de ese trabajo, Bill estaba muy interesado en cualquier cosa que implicara al CO2. Entre los muchos experimentos que hizo con él, uno le resultó particularmente atractivo. Tras preparar una suerte de caramelo con sorbitol, un azúcar especial, aplicó una presión importante de CO2 sobre él mientras lo enfriaba, lo que resultó en que parte del gas quedaba atrapado dentro del dulce. Nuestro anhídrido carbónico sólo se liberaba cuando el caramelo se humedecía y, sobre todo, cuando se masticaba o se apretaba entre la lengua y el paladar, produciendo un ruido muy intrigante y una sensación en la boca que no dejó indiferente ni a su secretaria ni a sus cuatro hijos, los primeros experimentadores, junto con el propio Bill, de su nuevo "juguetito".
Pero la General Foods no estaba por la labor de comercializar aquello y tuvieron que pasar casi diecinueve años para que, finalmente, el invento de Bill fuera patentado y puesto en el mercado. Ni que decir tiene que nuestro inventor no había perdido la fe en su producto y, de vez en cuando, se dedicaba a generar pequeñas producciones del mismo, para uso particular de su familia y allegados. Pero a la General Foods, por tardona, le salió enseguida un grano.
Little Mikey fue un personaje de ficción creado en 1972 para vender un tipo de cereales matutino conocido como Life, marca que todavía comercializa Pepsico, la casa matriz de la Pepsi Cola. A lo largo de esos años setenta, Mikey se hizo muy popular en América como consecuencia de un anuncio publicitario de dichos cereales. Little Mikey es el niño gordito del vídeo que podeis ver en YouTube. El caso es que, a finales de esos mismos años 70, solo un poco despues de que la General Foods empezara a vender los Pop Rocks de nuestro amigo Bill Mitchell, se corrió el bulo de que el niño que encarnaba a Mikey, que se llamaba (y se llama) John Gilchrist, había fallecido como consecuencia de la ingestión concurrente de un sobre de Pop Rocks junto con una bebida carbonatada. Según el bulo, la mezcla había creado una inmensa cantidad de CO2 en su estómago, haciéndolo explotar.
Por mucho que he huroneado (mejor sería decir buhoneado) a lo largo y ancho de la amplia variedad de información que, al respecto, hay en Internet, no he podido encontrar ningún indicio sobre el origen de este bulo. Bulo incierto donde los haya porque, como acabo de decir, John Gilchrist sigue vivito y coleando, aunque de niño ya no tiene nada. A principios de los 80, General Foods se gastó una pasta gansa en un intento de pelear contra la difusión del bulo, hasta que, aburrida, dejó de promocionar el producto en 1983, lo que aún contribuyó más a hacer pensar a la gente que nuestro gordito Mikey había pasado a mejor vida por excederse con los Pop Rocks.
Pero quedaba mucha gente cautivada por ellos y que, o no se fiaba del bulo, o decidió consumir los citados dulces con moderación y cautela. Así que lo que quedó en el mercado, tras la tirada de toalla de la compañía de Bill, se siguió vendiendo hasta 1985, año en el que Krafft Foods le compró el negocio a su casi homónima General Foods. Hoy en dia los Pop Rocks se siguen vendiendo sin problemas, aunque el mito urbano del estómago explotado reaparece de vez en cuando cual Guadiana. Curiosamente, tras varios avatares comerciales, la compañía que ahora controla ese mercado es Zeta Espacial S.A., radicada en Barcelona y que comercializa el mismo producto, en los paises de habla hispana, como Peta- Zeta.
Leer mas...
Los meses de verano suelen ser época de Congresos, Workshops, Cursos, Seminarios y similares. Por propia experiencia he comprobado que un Congreso, de nivel e impacto razonable, puede mover mucho dinero y, adecuadamente gestionado, puede reportar pingües beneficios. No voy a entrar en el asunto de cómo se financia cada cual la asistencia a este tipo de eventos, tema que me suele reportar "discusiones violentas" si hay algún médico o farmaceútico metido en el ajo.
La entrada de hoy viene motivada por la lectura del último número del Chemical Engineering News, en la que una miembra (¡toma modernidad!) de la American Chemical Society manifestaba su cabreo con lo que le había ocurrido en un reciente macrocongreso celebrado en Barcelona. A instancias de un colega descubrió que, en el interior del colgajo con el que nos decoran el pescuezo en los Congresos, había una especie de tarjeta electrónica como la que se ve en la foto, destinada a controlar (mediante unas antenas distribuidas al efecto en las diferentes salas en las que se desarrollaban sesiones paralelas) las entradas y salidas de su propietaria de los diferentes ámbitos del Congreso.
Indagando, indagando, Sarah Everts, que asi se llama la ciudadana, parece haber descubierto que mientras esa martingala ha sido ya corriente en los últimos años en reuniones de tipo médico, empieza también a aplicarse en reuniones de Ciencias duras como la Química o la Física. De hecho, mi comadroma me ha dicho que en un reciente Congreso al que asistió en Lanzarote ya tenían un chip que sabía cuando habían entrado y salido de la Sala del Congreso, aunque allí parecía haber una única antena o detector. Lo de Barcelona parece un paso más de sofisticación, aunque supongo que bastante más caro de implementar.
Así que queridos colegas asistentes a este tipo de eventos, avisados quedais. Se acabó la época de elegir Congresos en sitios exóticos, aparecer por el mostrador para registrarse y recibir el certificado de asistencia, hacer acto de presencia en un par de sesiones para justificar y dedicar el resto del tiempo a hacer turismo o irse a la playa. Un Gran Hermano vigila vuestros pasos. Y, como dice Sarah, sería razonable, una vez recibida la documentación del Congreso y antes de dedicarse a mirar los Abstracts o Resúmenes para planificar las actividades, tomarse un tiempo en verificar si nuestra tarjeta identificativa tiene "espía" dentro .
Leer mas...
Objetivo cumplido. Gracias a ciertos consejos de los Foros de Blogger, he conseguido pasar todas las entradas de la primera fase del Blog del Búho al mismo formato con el que estoy dando forma a la fase iniciada en enero 2008. Todavía me quedan una serie de revisiones, porque siempre queda algo que corregir, pero básicamente todo está hecho. Y he aprovechado la migración para hacer también cambios en este mismo Blog. He cambiado, por ejemplo, la zona que a la derecha mostraba links a otros Blogs. Gracias a una nueva herramienta ahora disponible, es posible mostrarlos de forma y manera que también se indica cúando se ha colgado en ellos la última entrada y su título. Si en este apartado pinchais en El Blog del Búho 2006 podeis ver la actual apariencia de las primeras cien entradas.Y para que se pueda ver también el nuevo look de las entradas individuales de esa primera fase del Blog, voy a colgar un pequeño comentario con una redirección a una de ellas.
Hace unos días me llegó un correo de esos que se suelen ir al apartado SPAM, en el que se alertaba sobre los peligros de beber agua embotellada que hubiera estado en el interior de un coche a altas temperaturas. El aditamento tenebroso era que una actriz americana aducía haber contraído un cáncer de mama por hacerlo. El causante: el antimonio contenido en el envase de plástico, que queda allí en pequeñas cantidades proveniente de los catalizadores empleados para obtenerlo.
Este no es más que uno más de los miles de mensajes similares que circulan por la red, cuyo origen nadie sabe pero que todo el mundo parece aceptar como verdadero. En este caso, el origen de la noticia puede estar en un estudio que yo comentaba en una entrada publicada en marzo de 2006. Entrada que aquí os dejo para el que la quiera leer por primera vez o recordar.
Leer mas...