lunes, 11 de febrero de 2008

Rizando el rizo de la homeopatía

Hace ya casi dos años, dejaba el Búho escrito en blanco sobre negro lo que opina sobre la Homeopatía. No voy a obligar al personal a que se lea esa entrada si no le apetece. Mis tres ideas básicas al respecto sobre lo que, modestamente, considero una falsa ciencia se pueden resumir en pocas líneas.

Uno, la Homeopatía sigue asentada en similares principios a los definidos por su fundador Samuel Hahnemann en 1810. Compárese con lo ocurrido en los dos últimos siglos con la medicina convencional. Dos, en muchas de las formulaciones homeopáticas como las denominadas 30c que aparecen en la figura, cualquier estudiante de Química sin mayores luces debería ser capaz de demostrar que dichos preparados no contienen molécula alguna del principio activo o "medicamento" empleado, por ejemplo belladona, un potente veneno en muchas historias del Renacimiento. Y para aquellos que se asusten cuando me pongo a hablar de las moléculas que hay en una bolita de un preparado homeopático, quiero recordarles que en una gota de agua (no muy diferente en tamaño a una bolita) hay, mas o menos, 1650000000000000000000 moléculas de agua. Igualito, vamos.

Y tres, y de esto va este post, cuando hace veinte años, los homeópatas se dieron cuenta que el Número de Avogadro, en el que está basado el cálculo anterior, era la prueba del nueve de su pretendida ciencia, dieron un salto al vacío, reformulándola en el sentido que, ciertamente, haber moléculas del principio activo no las había, pero el agua con el que se había diluido ad infinitum el preparado homeopático tenía memoria, recordaba la estructura de dicho principio activo y hacía que el "medicamento" homeopático resultante funcionara tanto mejor cuanto más diluido fuera. Como decíamos en la mencionada entrada 9, un fallo en la evaluación científica habitual hizo que un artículo que permitía justificar la memoria del agua apareciera en la prestigiosa revista Science en 1988, dando alas al argumento.

Desde entonces ha llovido mucho. Pero el racaraca homeopático continúa. Hay muchos intereses en juego. Y hasta una prestigiosa editorial (Elsevier) que publica reconocidas revistas en muchos campos científicos, ha engullido una revista denominada British Homeopathic Journal y la ha reconvertido en una revista de su cuadra bajo el nuevo nombre de Homeopathy. Pues bien, en julio de 2007, dicha revista ha publicado un número monográfico sobre la "memoria del agua" en un intento, diría yo que desesperado, de justificar, con tintes científicos, lo que parece ser el único agarradero que les queda a los seguidores de la doctrina.

El citado número contiene una veintena de artículos a cada cual más atrevido. Uno, que siempre ha dicho que nada es blanco ni negro sino gris, como el Búho, tiene que dejar una puerta abierta a la posibilidad de esas propuestas. Pero, por el momento, me parecen poco consistentes y de difícil comprobación científica.

Me parece ciertamente atrevido justificar ahora la "memoria del agua" sobre la base de que en el agua contenida en un tubo de ensayo o en un frasco de homeopatía, siempre hay silicatos disueltos provenientes del propio vidrio del tubo o frasco. Y que esos silicatos pueden autoorganizarse en torno a los principios activos del fármaco que actúan como una especie de molde o "template". De forma que cuando el principio activo desaparece los silicatos autoorganizados recuerdan a la mólécula del principio activo y hacen que el preparado funcione.

Hoy en día procesos de formación de estructuras organizadas en torno a moldes moleculares o templates existen y se están usando para reconocimiento de moléculas en sensores minúsculos (es el llamado molecular imprinting). El molde molecular reproduce la forma de la molécula y cuando esa misma molécula, contenida en una sustancia a analizar, se encaja en el molde a la manera que se encajan una llave y una cerradura, se genera una señal química o eléctrica que sirve para reconocerla. Pero, oido al parche, si no hay molécula que se encaje (y en el preparado homeopático no la hay en muchos casos), no hay efecto debido a la misma.

Otro artículo que me ha llamado la atención es aquel en el que se recurre a efectos cuánticos para explicar el efecto homeopático, empleando tres funciones de onda: una para el enfermo, otra para el médico y otra para el fármaco. Una función de onda (no me voy a meter en líos) es una compleja herramienta matemática para describir el comportamiento de un sistema fisicoquímico. Yo, que se de las dificultades de mi dilecto Jesus Ugalde para explicar mediante Química cuántica el comportamiento de moléculas muy sencillas en términos estructurales, me resisto a creer que se pueda expresar, al menos por el momento, toda la complejidad de un enfermo con una función de onda (y que Jesús me quite la palabra si digo burradas, que la cuántica no ha sido nunca mi fuerte).

Ahora entiendo las razones por las que, cuando hace unos ocho años el citado Jesús, el prestigioso José Elguero y un estudiante de éste, Ibón Alkorta, publicaron un artículo (
Angewandte Chemie, International Edition (2000), 39(4), 717-721) sobre cierta organización de las moléculas de agua en agregados o clusters, les llovieron emails de gente relacionada con la homeopatía. Otros buscando algo a lo que agarrarse.

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viernes, 8 de febrero de 2008

Un polímero escondido en su parabrisas

Esta entrada se modificó el 20 de abril de 2017. Si algún enlace en otras entradas os envía a esta, podéis ver la versión actualizada en este enlace.

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martes, 5 de febrero de 2008

Hay bloggers más activos que el Búho

Uno de mis lectores me preguntaba hoy cómo lo hago. No tiene mucho secreto. No soy Superman y si a algunos les parece difícil esta actividad paralela que mantengo, más inalcanzable me parece a mi, por ejemplo, levantarse cada día de madrugada y ponerse a correr como un poseso. Y tengo algunos amigos, de vida más complicada que la mía, que lo hacen a diario. O sea que aqui cada cual activa sus endorfinas, reales o virtuales, según su leal saber y entender. En mi caso, llevo desde junio apuntando en un pequeño cuaderno ideas sueltas que pudieran germinar en un post o entrada. Diariamente recibo en mi correo electrónico alertas de organizaciones y revistas científicas que, a lo largo de estos últimos años, me han interesado por su carácter netamente divulgador. Y leo y archivo lo que me interesa cuando puedo. Luego, en algún momento (la ducha suele ser un momento inspirado), surge una conexión interesante entre mi propio conocimiento y las cosas archivadas. Y cuando tengo tiempo para plasmar esa idea que me ronda en la cabeza me pongo a ello, porque disfruto. Además, en lo que a tener tiempo se refiere, la cosa es más fácil últimamente porque hacer de plumilla es una buena terapia para dormirme cuando no lo consigo por medios habituales (radio, ovejitas, pastillas,....). Y, por otro lado, tampoco escribo tanto si me comparo con otros bloggers que sigo. Y que parece, además, que le sacan una rentabilidad monetaria al asunto, aprovechándose de las posibilidades publicitarias que Google y otras organizaciones dan a los que escriben estas cosas si consiguen una buena audiencia. Y para muestra un botón. Mi antiguo alumno y ahora colega y amigo, Willy Roa, me puso en la pista de un blog que es la repera. Está mantenido por una joven pareja constituida por un físico y una profesora de inglés. Yo creo que deben escribir (sobre todo él) hasta dormidos. Su blog tiene muchas cosas para visitar. Una gran parte del mismo versa sobre cuestiones relacionadas con la Física, que prefiero que otros valoren y me lo cuenten. Hay también bastantes cosas sobre Química que sigo con interés. Pero aquí quiero recomendar la sección denominada Falacias, que pienso que es accesible para todo el mundo. Si visitais el blog podeis pinchar en ella bajando en la lista de Categorías (que se encuentra a la izda de la página de acceso y bastante abajo). Alli se puede leer cómo se desmontan lugares comunes equivocados, que todo el mundo maneja, sobre los microondas. O cómo se rebate la idea de que el metano es el causante del olor de las ventosidades de humanos y animales. Seguro que os divierte. Y esta entrada si que ha sido rápida de escribir.

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viernes, 1 de febrero de 2008

El cojochicle

Hace algo más de un año, en mis cortas vacaciones de golf al inicio de 2007, desde Los Belones en Murcia, colgaba una entrada en la que contaba mis tribulaciones con la pequeña tienda de chuches que está junto a mi portal y los problemas que ello nos origina a los vecinos de la zona en términos de una alta densidad de chicles escupidos al pavimento. El asunto me servía para introducir los diferentes intentos que se han realizado para acabar con esta lacra de nuestras ciudades, derivada del carácter poco cívico de los jóvenes, no tan jóvenes y de algunos talluditos. Y acababa el post contando la historia de Revolymer, un spin-off o empresa derivada de la Universidad de Bristol que estaba poniendo a punto una nueva goma de mascar sin los problemas "adhesivos" de las ya existentes.

Pues bien, hace un par de semanas, los estudiantes de mi asignatura Introducción a las Macromoléculas presentaron en una sesión de posters los resultados de una búsqueda bibliográfica sobre diversos temas relacionados con la asignatura. Una de las parejas de trabajo, Gorka y Xabier, habían elegido como tema la historia del chicle y, al leer su póster, volví a acordarme del asunto. En su póster, mis estudiantes hacían referencia a una página web de Revolymer que no existía hace un año. Tras visitarla, he comprobado que, desde entonces, Revolymer ha avanzado mucho y está tratando de poner en el mercado una goma base para chicles que denominan Clean Gum e incluso ha extendido el uso del producto a su empleo en preparados para uso médico y en el ámbito de las tintas de impresión. Puede que parezca un poco raro esta variedad de usos pero, como os decía en la entrada 89, parece que los productos generados por Revolymer son polímeros que se comportan tanto como hidrofílicos como hidrofóbicos según las circunstancias y, por tanto, valen lo mismo para un roto que para un descosido.

La empresa ha colocado en esa página web una serie de cinco vídeos a cada cual más interesante, especialmente para los que nos movemos en el ámbito de los polímeros. Esa es la razón por la que he decidido colocar este corto post al entender que sólo la visión de esas imágenes bien merece una entrada. Para los de letras, o los no muy versados en Química, os recomiendo el vídeo que se titula Rug Testing, donde el líder de este proyecto, el Prof. Terence Cosgrove, muestra con sus propias manos, y sin que se necesiten muchos conocimientos para entenderlo, cuán diferente resulta despegar, de distintos sustratos (alfombras, suelos), gomas de mascar convencionales frente a su Clean Gum.

En lo que no han cambiado las cosas desde hace un año es en que nos hayamos podido hacer con una muestra de esa sorprendente goma para destriparla en nuestro laboratorio. Por medio de un colega de Bristol he hecho un intento que ha resultado absolutamente baldío. Revolymer está en fase de patentar y conseguir permisos para la introducción de su goma base en USA y supongo que no querrá moscones analíticos hasta no tener todo atado y bien atado. Pero parece que en Inglaterra van a aparecer ya chicles comerciales a base de Clean Gum, asi que si alguno de mis lectores se encuentra con los mencionados cojochicles por aquellos lares o en aeropuertos internacionales, le agradecería mucho que nos hiciera el favor de proveerse de los mismos y avisarnos. Le pagaremos su precio y contribuiremos a su gloria publicando su digna acción en este Blog.

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martes, 29 de enero de 2008

Goma arábiga

Esta entrada se actualizó en agosto de 2015. Si algún link te envía a esta página, puedes ver esa versión actualizada aquí.

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