Dos años del vertido de granza en la costa gallega. Una revisión (casi) definitiva
Hace hoy exactamente dos años, publiqué una entrada (que podéis leer aquí para recordar el asunto) sobre un vertido de granza de plástico en Galicia, en forma de esas bolitas que veis en la mano de un voluntario que las recogía. Provenían de un buque llamado Taconao que, cargado de contenedores, perdió uno de ellos frente a las costas portuguesas como consecuencia del mal tiempo. El contenedor vertió al mar parte de su carga, en forma de bolsas de 25 kilos de plástico. Algunas de esas bolsas se rompieron y dejaron escapar la granza que, al flotar en el agua y al albur de las corrientes, acabaron en muchos lugares de la tortuosa costa gallega. Antes y después de la publicación de la entrada y ayudado por mi colega y amiga Ainara Sangróniz, seguimos buscando y almacenando información al respecto. De hecho, pocos días después de la publicación de la entrada, encontramos información que confirmaba las especulaciones en ella realizadas, pero no quise volver sobre el tema en tan corto plazo. Y así se quedó la cosa. Pero estas Navidades, repasando las estadísticas del Blog, he caído en la cuenta de que esa entrada del 10 de enero de 2024 es una de las más visitadas y se me ocurrió volver a buscar información sobre el tema para actualizarlo.
Para empezar, entre los datos con los que nos hicimos casi inmediatamente a la publicación de la entrada, estaban dos informes encargados por la Xunta de Galicia. El primero de ellos, redactado por el Centro Tecnológico CETIM, era en realidad un resumen de la documentación que el armador proporcionó a la Xunta, relativa a las fichas de seguridad del producto que el buque transportaba. El otro informe, mucho más interesante, era el análisis químico llevado a cabo sobre granza recogida en la coruñesa playa de Muxía y realizado por el Grupo de Investigación de Química Analítica Aplicada (QAnAp), dirigido por la Catedrática Soledad Muniategui Lorenzo y perteneciente al Instituto Universitario de Medio Ambiente de la Universidade da Coruña. No existen discrepancias notables entre ambos informes pero, al estar el segundo fundamentado en un análisis químico real, llevado a cabo por expertos y ser más detallado en lo que aquí nos importa, voy a hacer solo referencia a él.
Según ese análisis, la granza vertida estaba constituida fundamentalmente por polietileno que llevaba un aditivo usado para proteger a ese plástico de los rayos UV cuando se emplea como cubierta de invernaderos. Ese aditivo, conocido como UV622 o Tinuvin 622, es un compuesto químico de la familia de los HALS (Hindered Amine Light Stabilizers o Estabilizantes de Luz de Aminas Impedidas), sustancias con una larga tradición como aditivos poliméricos. El análisis identificaba, en proporción mucho menor, otros tres miembros de la misma familia de los HALS y detectaba, en cantidades muy pequeñas, hasta otras 11 sustancias químicas. Es posible que todos ellos fueran impurezas derivadas de una incompleta limpieza de las máquinas empleadas para preparar la granza.
En el resto de cosas que han ido apareciendo durante estos dos años, lo cierto es que hay poco que actualizar, quizás porque no ha aparecido más granza en cantidades significativas ni en las playas del Cantábrico español ni en las portuguesas. O quizás porque, una vez que se llevaron a cabo las elecciones gallegas que coincidieron con el vertido, el asunto no interesa a nivel político o periodístico.
Aún y así, se puede citar un artículo publicado en febrero de 2025 en la revista Marine Pollution Bulletin por investigadores italianos. Los autores analizaban 31 playas a lo largo de unos 633 km de costas gallegas, asturianas y portuguesas. Recolectaron y clasificaron 7263 partículas de granza por tamaño, color y degradación, analizándolas por espectroscopía FT-IR para confirmar su composición. Encontraron granza en el 94 % de los sitios muestreados, con concentraciones que van desde 0 hasta casi 40 partículas/kg de arena seca, estimando que alrededor del 48% de esas partículas podían vincularse fehacientemente con el vertido del Taconao. El artículo finalizaba expresando la preocupación por la extensión del vertido y solicitando medidas regulatorias para prevenir estos accidentes. Un artículo similar, en la misma revista, se había publicado unos meses antes (junio de 2024) por un colectivo de jóvenes investigadores gallegos (Colectivo VIEIRA), con parecidos objetivos de caracterización y similares conclusiones en cuanto a preocupación y exigencia de medidas.
Estas últimas semanas también he vuelto a visitar un Blog del Grupo de Investigación Ecotox de la Universidade de Vigo, del que me había guardado una entrada que localicé unos días después de publicar la mía. En ella, el autor se hacía eco de los datos que ambos conocíamos en esa fecha, en torno a que se trataba de un polietileno al que se había añadido el UV622. Y si me la guardé fue porque, al describir a este último, introducía un matiz que me llamó la atención. Según decía, “el aditivo denominado UV622 es un polímero no biodegradable con dos componentes, ácido succínico, un ácido orgánico sin problemas toxicológicos, y una sustancia sintética de la familia de las aminas aromáticas que le confiere su carácter antioxidante. Esta sustancia está clasificada por la Agencia Europea de Sustancias Químicas como una sustancia con toxicidad crónica e irritante para los ojos (por lo que se debe tomar esta precaución en las actividades de limpieza)”.
La verdad es que no entiendo esa precisión sobre los dos componentes del UV622, porque esas dos sustancias empleadas en la fabricación del aditivo desaparecen como tales en la propia síntesis. Así que, solo si el aditivo se hidroliza (se rompe) en el agua de mar, volverían a aparecer como tales. Algo que no ocurre excepto en condiciones muy especiales (elevado pH, en presencia de ácidos fuertes, bases fuertes, microorganismos específicos), condiciones que no se dan en el agua de mar.
Al volver a revisar ahora las entradas del Blog de Ecotox me he encontrado una segunda entrada en la que se hacían eco de las diferentes sustancias encontrada en el análisis realizado por el Grupo de Profesora Muniategui, arriba mencionado, y hablaban de estar recopilando información ecotoxicológica de las sustancias minoritarias. En una tercera entrada posterior, mostraban los resultados de exponer larvas de erizo de mar en extractos acuosos de granza del vertido del Taconao. Según los resultados, que ilustraban con fotos, las larvas expuestas a esos extractos eran casi tan grandes como las incubadas en agua limpia. Según ellos, se trataba de buenas noticias para sus costas y anunciaban el inicio de pruebas con otros organismos, porque necesitaban comprobar los efectos de la granza en otros grupos importantes como crustáceos, algas y peces. Pero desde ese post han transcurrido casi dos años y, por ahora, no han publicado nada nuevo ni en el Blog ni en ninguna revista científica.
Aparte de estas publicaciones de corte científico o similares, hay varias reseñas en medios de comunicación de todo tipo, aunque ninguna alcanza la falta de seriedad del titular de un artículo en El País que comparaba el vertido del Taconao con el del Prestige en 2002. En el desastre del Prestige se vertieron en torno a 70.000 toneladas de petróleo crudo, una compleja mezcla de hidrocarburos aromáticos, alifáticos y asfaltenos. Algunos volátiles y otros muy viscosos, en los que los animales resultaban atrapados. Y muchos de ellos tóxicos o altamente tóxicos (como los hidrocarburos aromáticos) para la fauna marina e incluso para los humanos (las afecciones entre las brigadas de limpieza están bien documentadas). En el caso del Taconao, estamos hablando de menos de 30 toneladas de un material cuya composición química es muy concreta y poco peligrosa, como hemos mencionado arriba, por lo que es difícil que los que se empeñaron en su recogida (incluida la Vicepresidenta Yolanda Díaz) resultaran afectados, como así ha ocurrido.
Así que, en lo que a mi respecta, creo que esto está visto para sentencia. Pero, por si acaso, seguiré atento a cualquier cosa que pueda producirse.
La primera música de 2026. El Laudate dominum de las “Vesperae Solennes de Confessore" de W.A. Mozart, en la preciosa voz de la soprano Nikola Hillebrand.
Para empezar, entre los datos con los que nos hicimos casi inmediatamente a la publicación de la entrada, estaban dos informes encargados por la Xunta de Galicia. El primero de ellos, redactado por el Centro Tecnológico CETIM, era en realidad un resumen de la documentación que el armador proporcionó a la Xunta, relativa a las fichas de seguridad del producto que el buque transportaba. El otro informe, mucho más interesante, era el análisis químico llevado a cabo sobre granza recogida en la coruñesa playa de Muxía y realizado por el Grupo de Investigación de Química Analítica Aplicada (QAnAp), dirigido por la Catedrática Soledad Muniategui Lorenzo y perteneciente al Instituto Universitario de Medio Ambiente de la Universidade da Coruña. No existen discrepancias notables entre ambos informes pero, al estar el segundo fundamentado en un análisis químico real, llevado a cabo por expertos y ser más detallado en lo que aquí nos importa, voy a hacer solo referencia a él.
Según ese análisis, la granza vertida estaba constituida fundamentalmente por polietileno que llevaba un aditivo usado para proteger a ese plástico de los rayos UV cuando se emplea como cubierta de invernaderos. Ese aditivo, conocido como UV622 o Tinuvin 622, es un compuesto químico de la familia de los HALS (Hindered Amine Light Stabilizers o Estabilizantes de Luz de Aminas Impedidas), sustancias con una larga tradición como aditivos poliméricos. El análisis identificaba, en proporción mucho menor, otros tres miembros de la misma familia de los HALS y detectaba, en cantidades muy pequeñas, hasta otras 11 sustancias químicas. Es posible que todos ellos fueran impurezas derivadas de una incompleta limpieza de las máquinas empleadas para preparar la granza.
En el resto de cosas que han ido apareciendo durante estos dos años, lo cierto es que hay poco que actualizar, quizás porque no ha aparecido más granza en cantidades significativas ni en las playas del Cantábrico español ni en las portuguesas. O quizás porque, una vez que se llevaron a cabo las elecciones gallegas que coincidieron con el vertido, el asunto no interesa a nivel político o periodístico.
Aún y así, se puede citar un artículo publicado en febrero de 2025 en la revista Marine Pollution Bulletin por investigadores italianos. Los autores analizaban 31 playas a lo largo de unos 633 km de costas gallegas, asturianas y portuguesas. Recolectaron y clasificaron 7263 partículas de granza por tamaño, color y degradación, analizándolas por espectroscopía FT-IR para confirmar su composición. Encontraron granza en el 94 % de los sitios muestreados, con concentraciones que van desde 0 hasta casi 40 partículas/kg de arena seca, estimando que alrededor del 48% de esas partículas podían vincularse fehacientemente con el vertido del Taconao. El artículo finalizaba expresando la preocupación por la extensión del vertido y solicitando medidas regulatorias para prevenir estos accidentes. Un artículo similar, en la misma revista, se había publicado unos meses antes (junio de 2024) por un colectivo de jóvenes investigadores gallegos (Colectivo VIEIRA), con parecidos objetivos de caracterización y similares conclusiones en cuanto a preocupación y exigencia de medidas.
Estas últimas semanas también he vuelto a visitar un Blog del Grupo de Investigación Ecotox de la Universidade de Vigo, del que me había guardado una entrada que localicé unos días después de publicar la mía. En ella, el autor se hacía eco de los datos que ambos conocíamos en esa fecha, en torno a que se trataba de un polietileno al que se había añadido el UV622. Y si me la guardé fue porque, al describir a este último, introducía un matiz que me llamó la atención. Según decía, “el aditivo denominado UV622 es un polímero no biodegradable con dos componentes, ácido succínico, un ácido orgánico sin problemas toxicológicos, y una sustancia sintética de la familia de las aminas aromáticas que le confiere su carácter antioxidante. Esta sustancia está clasificada por la Agencia Europea de Sustancias Químicas como una sustancia con toxicidad crónica e irritante para los ojos (por lo que se debe tomar esta precaución en las actividades de limpieza)”.
La verdad es que no entiendo esa precisión sobre los dos componentes del UV622, porque esas dos sustancias empleadas en la fabricación del aditivo desaparecen como tales en la propia síntesis. Así que, solo si el aditivo se hidroliza (se rompe) en el agua de mar, volverían a aparecer como tales. Algo que no ocurre excepto en condiciones muy especiales (elevado pH, en presencia de ácidos fuertes, bases fuertes, microorganismos específicos), condiciones que no se dan en el agua de mar.
Al volver a revisar ahora las entradas del Blog de Ecotox me he encontrado una segunda entrada en la que se hacían eco de las diferentes sustancias encontrada en el análisis realizado por el Grupo de Profesora Muniategui, arriba mencionado, y hablaban de estar recopilando información ecotoxicológica de las sustancias minoritarias. En una tercera entrada posterior, mostraban los resultados de exponer larvas de erizo de mar en extractos acuosos de granza del vertido del Taconao. Según los resultados, que ilustraban con fotos, las larvas expuestas a esos extractos eran casi tan grandes como las incubadas en agua limpia. Según ellos, se trataba de buenas noticias para sus costas y anunciaban el inicio de pruebas con otros organismos, porque necesitaban comprobar los efectos de la granza en otros grupos importantes como crustáceos, algas y peces. Pero desde ese post han transcurrido casi dos años y, por ahora, no han publicado nada nuevo ni en el Blog ni en ninguna revista científica.
Aparte de estas publicaciones de corte científico o similares, hay varias reseñas en medios de comunicación de todo tipo, aunque ninguna alcanza la falta de seriedad del titular de un artículo en El País que comparaba el vertido del Taconao con el del Prestige en 2002. En el desastre del Prestige se vertieron en torno a 70.000 toneladas de petróleo crudo, una compleja mezcla de hidrocarburos aromáticos, alifáticos y asfaltenos. Algunos volátiles y otros muy viscosos, en los que los animales resultaban atrapados. Y muchos de ellos tóxicos o altamente tóxicos (como los hidrocarburos aromáticos) para la fauna marina e incluso para los humanos (las afecciones entre las brigadas de limpieza están bien documentadas). En el caso del Taconao, estamos hablando de menos de 30 toneladas de un material cuya composición química es muy concreta y poco peligrosa, como hemos mencionado arriba, por lo que es difícil que los que se empeñaron en su recogida (incluida la Vicepresidenta Yolanda Díaz) resultaran afectados, como así ha ocurrido.
Así que, en lo que a mi respecta, creo que esto está visto para sentencia. Pero, por si acaso, seguiré atento a cualquier cosa que pueda producirse.
La primera música de 2026. El Laudate dominum de las “Vesperae Solennes de Confessore" de W.A. Mozart, en la preciosa voz de la soprano Nikola Hillebrand.


