lunes, 28 de diciembre de 2009

GinTonic

Siguiendo los estrictos consejos de Jesús Ruiz, alias "Pistolas", todo un personaje en Haro, tío de mi comadrona y desgraciadamente ya fallecido, mi dosis alcohólica cotidiana me la inyecto, fundamentalmente, en forma de vino de calidad y en copa grande, con excepción de alguna cerveza refrescante. Procuro realizar esa ingesta de acuerdo con la teoría pistoliana, lo que implica acompañar la misma con algo sólido, aunque sea tan humilde como un trozo de pan o unos cascahueses (acepción riojana). Y siguiendo tambien otra de sus normas, me privo del resto de bebidas alcohólicas, ya sean coñacs, rones, güisquises (sic), ginebras, vodkas, martinis o similares. Así que de lo que voy a escribir hoy es algo en lo que me mantengo más virgen que un angelito de la Capilla Sixtina.

Varios de mis amigos del golf son adictos al gintonic. Les veo disfrutar de él, con fruición, cuando nos vamos juntos de cena u otra francachela alternativa. Asisto interesado a sus discusiones sobre la bondad o maldad de una determinada ginebra, sobre la mano del barman que les prepara el pelotazo o sobre otros muchos más detalles que se me escapan en cuanto profano. Pero cuando estos días navideños visité la página del Blog de mi admirado Harold McGee (ver a la derecha), me acordé de todos ellos y sus gintonics y decidí escribirles algo como regalo de Navidad.

Entre las técnicas que los cocineros con estrellas están incorporando a sus cocinas, y que tienen el origen en dispositivos experimentales que usamos los químicos, aquellas que emplean vacío o alto vacío han ido ganando predicamento. El envasado al vacío, incluso, ha traspasado ya ese ámbito y, hoy en día, en muchas casas tenemos dispositivos que permiten envasar un alimento eliminando previamente el aire del envase que lo va a contener (que eso es lo que significa la palabra vacío en estos menesteres). Pero hay cosas mucho más sofisticadas. La liofilización, de la que ya hablé en una entrada anterior, emplea alto vacío combinado con temperaturas bajas para eliminar el agua de un alimento sin eliminar con ello otros líquidos, aromas, etc.

El cocinero Joan Roca del Restaurante El Celler de Can Roca se ha hecho famoso por emplear otro dispositivo de laboratorio, el Rotavapor, para concentrar caldos y salsas o para obtener aceites esenciales derivados de plantas, bebidas, etc. Básicamente es hacer hervir un líquido bajo vacío, con lo que su temperatura de ebullición se reduce sustancialmente, no causando así algunos de los efectos perniciosos que temperaturas elevadas pueden tener. Pues bien, una de las últimas entradas del Blog de Harold contiene documentos que tienen que ver con estas cosas. Una página del French Culinary Institute (FCI) de Nueva York describe exhaustivamente qué es y cómo se emplea el Rotavapor en la cocina. Incidentalmente diré que no saben estos del FCI lo que les espera ahora que los vascos van a atacar con el Basque Culinary Center (BCC). En la misma entrada, aparece también un link a un artículo publicado en la revista Journal of Agricultural and Food Chemistry sobre la destilación a vacío de la ginebra, artículo firmado por gentes americanas de la Clemson University y del Departamento de Desarrollo de Productos de la Bacardi-Martini (así que la cosa no es solo una broma académica).

Para su estudio preparan una especie de muestra modelo de todas las ginebras que en el mundo han sido. Agua, alcohol de 95º y un combinado de bayas de enebro, semillas de coriandro, raíces de Angelica Archangelica y cáscara seca de limón. Lo dejan todo macerando durante un par de días y, tras destilar la mezcla, analizan los componentes de la ginebra resultante mediante una técnica combinada clásica en la Química Moderna: Cromatografía de Gases y Espectrometría de Masas. La originalidad del trabajo es que la destilación se lleva a cabo de dos formas alternativas. Por un lado, la tradicional, calentando el macerado en un alambique a temperatura suficientemente alta para que aquello hierva (más de 90ºC). Por otro lado, destilando bajo un estricto vacío, lo que hace que la mezcla hierva por debajo de 0ºC.

No os voy a aburrir con detalles técnicos, que bastante aburrido estoy yo con esto de la Navidad. Pero la consecuencia más importante para las ginebras derivadas de ambos procesos está clara. El procedimiento a altas temperaturas, que se han venido utilizando tradicionalmente, da lugar a una serie de reacciones químicas que generan en el brebaje contenidos más altos en ciertas sustancias denominadas genéricamente como monoterpenos y que, individualmente, llevan nombres tan sugerentes como pineno, mirceno, junipeno, etc. Ellos son los causantes de un cierto sabor acre o picante de las ginebras así obtenidas. Digo yo que parte de las discusiones de mis amigos se deberán, sin que ellos lo sepan, al mayor o menor contenido en monoterpenos de las ginebras que les sirven.

Así que la tesis de los autores del trabajo es que evitando las altas temperaturas y, por tanto, esa generación de monoterpenos, las ginebras de siguiente generación van a ser mucho más exquisitas. Implementar un proceso de vacío a nivel industrial no es cosa fácil pero, por si las moscas (just in case, como dicen ellos), ya han planteado una patente titulada "Reduced pressure distillation of an alcoholic mixture" (U.S. Patent 11/446,372) a nombre de Bacardi-Martini.

De ahora en adelante, el Búho estará aún más atento a lo que digan sus amigos trasegadores de gintonics.

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lunes, 21 de diciembre de 2009

Muertos "verdes"

Mi amigo Javier Ansorena es una fuente inagotable de noticias relacionadas con el medio ambiente. Casi diariamente recibe alertas de una organización conocida como Resource Recovery Forum (RRF), que le pone à la page de cuantas noticias se producen en torno a todas esas cosas que tanto molan hoy en día, como el Desarrollo Sostenible, el Reciclado, el Análisis de Ciclo de Vida, etc. Y, diligentemente, me las reenvía. En muchas ocasiones, las noticias contenidas en el email me han dado la pista para hacer el seguimiento de temas que, al final y tras una cocina adecuada por mi parte, han acabado constituyendo una entrada. En otras ocasiones, como ésta, la entrada se debe casi al 100% a la información recibida. Me vais a permitir que persista en el empleo de un tono un tanto irreverente porque, si no, con la foto que ilustra la entrada y la temática de la que voy a hablar, la cosa quedaría un tanto lúgubre.

Hace ya casi dos años (¡y más de 130 entradas, que hay que ver lo que escribo!) os contaba yo las tribulaciones de un funerario del Condado de Colorado en USA, al que la vecindad de su negocio querían meter un puro bajo el argumento de que los estaba envenenando con el vapor de mercurio producido por las amalgamas dentales de los fiambres que incineraba. Y es que la cremación no es una forma muy ecológica de desaparecer de la faz de la Tierra. Una cremación normalita pone en el aire mucho CO2, además de dioxinas y del mencionado vapor de mercurio si al finado le habían arreglado su piñada con ese metal.

Y como en toda situación problemática siempre hay oportunidades de negocio, una empresa también americana, Matthews International Corporation, se puso a darle al magín y encontró una solución alternativa y pretendidamente "verde". Se coge al fiambre y se le encierra en un recipiente de acero inoxidable que se llena con una disolución de hidróxido potásico (potasa o potasa caústica), se aplica presión y temperatura y, dos horas más tarde, no quedan más que restos de huesos y una especie de líquido marroncillo que se lleva a reciclar. Se trituran los huesos para los afligidos familiares y eso es todo, sin olor, sin CO2, sin dioxinas,..... La técnica no es absolutamente nueva y ya había sido usada, de forma restringida, para eliminar cadáveres de animales de laboratorio y de algunos humanos usados en las prácticas de disección de las Facultades de Medicina.

Aunque los de Matthews creen haber descubierto un nicho (nunca mejor empleada la palabra) de negocio, con las Iglesias han topado y ya hay varias confesiones (pero sobre todo la católica) que han manifestado su oposición al invento, al entender que no es "una manera respetuosa de tratar los restos humanos". Ya se sabe que los presbíteros están siempre con la guinda preparada, mirándonos al resto de los mortales desde una nube donde, sin mojarse, pontifican sobre todas nuestras actividades.

Y que se preparen para la andanada de los de Greenpeace, que tampoco son mancos al respecto...

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domingo, 20 de diciembre de 2009

El violín de Sarasate

Todavía no hace un año os castigaba con una entrada en la que os relataba un reciente estudio sobre la composición química de varios violines fabricados por Stradivarius, a la búsqueda del secreto del maestro artesano de Cremona. Esa entrada contiene un comentario de Gabriela, relativo al posible efecto de las lacas o barnices empleados en el acabado de los instrumentos (también se apuntaba a la longevidad de las maderas empleadas). Pues bien, un artículo que acaba de aparecer en la prestigiosa revista Die Angewante Chemie, International Edition [Angew. Chem. Int. Ed. 2009, 48, 1-6], vuelve sobre el tema. Alguno dirá que ya me vale de Stradivarius y Química, pero si llegais hasta el final de lo que he escrito vereis que (una vez más) un cúmulo de coincidencias es la mejor fuente de una improvisada entrada.

Mi casi nonagenario progenitor ha sido siempre un melómano. Y como tal, trató de influir en su prole para que también lo fuéramos. A la vista de los resultados no parece que lo hiciera con criterios pedagógicos adecuados (claro que entonces no existía el espíritu de Bolonia). Analizando el asunto, intuyo que una causa fundamental del fracaso radicó en las turradas de Wagner con la que nos "regalaba". Tratar de aficionar a un tierno infante a la música seria con seis horas del Parsifal fue demasiado para nuestras entrópicas neuronas. Y así hemos salido. Ninguno tocamos ningún instrumento musical con cierta gracia (era otro de sus objetivos) y los que regularmente vamos a conciertos sinfónicos (un servidor y mi hermanita), hemos sido reconvertidos a la clásica en años posteriores y por agentes externos a la familia.

Y, sin embargo, de esa época de "conciertos at home", a este vuestro cronista, que siempre ha tenido un tono pachanguero en la musica clásica que le gusta, se le quedaron grabadas algunas piezas o extractos que han pervivido entre mis favoritos. Por sólo citar dos: las Danzas Polovotsianas de la ópera Príncipe Igor de Alexander Borodin, químico para más señas, y los Aires Gitanos de Pablo Sarasate, un célebre violinista pamplonés que maravilló a sus coetáneos del final del siglo XIX, principios del veinte.

Pues bien, en el artículo al que hacía referencia al principio de la entrada, un multidisciplinar grupo de científicos franceses y alemanes, usando una batería de técnicas analíticas de última generación, han conseguido analizar cuatro violines y una "viola d'amore" manufacturados por Antonio Stradivarius entre 1693 y 1724, instrumentos propiedad del Musée de la Musique de Paris. Uno de los violines es el conocido como "Sarasate" por haber sido donado por el músico navarro tras su muerte al mencionado Museo.

La conclusión más importante del estudio es que Stradivarius no utilizó nada raro en lo que al pintado de los instrumentos se refiere. Todos los instrumentos, a pesar del dilatado tiempo transcurrido entre la construcción del primero y el último, tienen una capa de un aceite secativo sobre la madera original, aceite similar al que emplea mi comadrona cuando pinta sus óleos. En su composición no figuran ni pigmentos ni cargas minerales. Sobre él va una capa sencilla de barniz que los análisis demuestran que no tiene nada que ver con las resinas de ámbar o las gomas naturales sobre las que se habían hecho hipótesis previas. Y luego está el asunto del ligero color (más o menos rojizo) de todos los violines de Stradivarius. El análisis revela que uno de los tintes más usados fue el rojo de cochinilla, un colorante que se extrae de los cuerpos de las hembras del Dactylopius coccus, un insecto que vive como parásito de los cactus de la familia Opuntia, alimentándose de la humedad y nutrientes que el cactus le proporciona (picar la foto que ilustra esta entrada pero verlo mejor).

Utilizado por aztecas y mayas, desde tiempos remotos, para dar color a sus prendas de vestir, fue importado a Europa por los españoles, llegando a ser el segundo producto importado más importante tras la propia plata. Desde el siglo XVI y hasta finales del XVIII fué un colorante muy empleado por los pintores de la época, así que no es extraño que también lo usara Stradivarius.

Pero el rojo cochinilla se sigue usando para muchas cosas hoy en día. Colorante alimentario permitido por la Unión Europea bajo la sigla E-120, también está permitido en los USA y se emplea para dar su persistente color a cosas tan variopintas como los lápices labiales, al Pernod, en carnes, ensaladas, postres, helados, mermeladas, zumos o en el queso cheddar. Y también (y aquí está la coincidencia) en ciertos platos de cocineros tan reputados como mis amigos de Arzak. Sin ir más lejos, ayer dedicamos la mañana a discutir un plato que presentarán en el Madrid Fusion 2010 que lleva como elemento impactante una dispersión de rojo cochinilla en agua. Y llego a casa a la tarde/noche y me encuentro en el correo electrónico una alerta de la American Chemical Society que me avisa de la aparición del artículo sobre los barnices coloreados del "Sarasate". Así le ponían las bolas de billar a Fernando VII.

Y una nota final. El artículo en cuestión concluye diciendo que puesto que los barnices no tienen nada de extraordinario, parece claro que lo determinante era la pericia del artesano a la hora de conseguir lo que consiguió con sus maravillosos instrumentos.

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domingo, 13 de diciembre de 2009

Entre amigos

Reconozco que muchos días tengo la sensación de estar rodeado de quimifóbicos que me asedían con cuestiones por docenas (a veces de buena fe y a veces con el colmillo retorcido). Y hay ciertos días que las noticias de prensa o de la radio (la TV ni la toco, el mando pertenece a mi comadrona) me sumen en un estado de permanente cabreo que me induciría a estar todo el día escribiendo o llamando a los medios, al Ayuntamiento y a la madre que los parió. Pero el Búho si por algo destaca es por no destacar, es gris y discreto y no le gusta que su nombre y apellidos aparezcan en medios que no controla. El día que llegue a ser como Murdoch o Berlusconi gracias a la influencia de este Blog, igual me transformo de Búho en Pavo Real.

El caso es que con una situación como la que antecede, fue un verdadero placer el poder participar el pasado día 2 de diciembre en Zaragoza en una Jornada sobre Nuevos Desarrollos en Envase Plástico Alimentario. No es que yo sepa mucho del asunto, pero las cosas en las que trasteo en mi investigación académica pueden proporcionar ciertas bases sobre la cuestión. Y allí me fui, entre otras cosas porque los organizadores son amigos y los amigos hay que cuidarlos que son pocos.

Pero no me arrepiento en absoluto, antes bien fué un verdadero disfrute el estar toda la mañana rodeado de gentes que creen en la Química y en los Polímeros como poderosas herramientas para hacernos la vida más fácil y más segura, dietética y sanitariamente hablando, y no como fuente de innumerables problemas que acabarán llevándonos a la tumba tarde o temprano. En realidad, estas tribus de agoreros no caen en la cuenta de que, a pesar de tanto peligro como intuyen, será más bien tarde cuando casquen, porque como constata mi casi nonagenario padre "da horror salir a la calle, no hay mas que viejos, muletas, sillas de ruedas y pañales bajo los pantalones y enaguas".

Y, además, allí había gentes que sabían un rato de las aplicaciones prácticas actuales y futuras de los envases para alimentos. No voy a hacer un resumen de todo lo que allí se dijo, porque sería largo y probablemente poco ponderado en mi resumir. El que esté interesado en el asunto puede acceder a las presentaciones en este enlace. Para mí supuso una inestimable ocasión de ponerme al corriente de muchas cosas que teóricamente debiera conocer pero que se me escapan al no estar implicado en la problemática cotidiana de los fabricantes y utilizadores de estos envases.

Quizás lo más interesante fueron las contribuciones de los que nos enseñaron cosas sobre los llamados envases activos y envases inteligentes. Aunque la diferencia entre unos y otros a veces es difusa, digamos que un envase activo es aquel que ejecuta alguna acción que es beneficiosa para lo que hemos metido dentro del mismo. Hay dos estrategias actuales en el envasado activo: adicionar alguna sustancia al polímero que constituye el filme, la botella o el envase, con lo que queda incluído en él, o introducir dentro del envase un saquito, etiqueta o similar que contenga la sustancia que realmente va a ser el agente del proceso.

Con una y otra estrategia nos podemos encontrar envases que son capaces de absorber gases que no nos interesan que estén presentes, como el etileno (que acelera la maduración de las frutas de una forma drástica) o el oxígeno, que oxida todo lo que se le pone a tiro. Podemos tener envases que emitan alcohol etílico o SO2, controlando así el crecimiento de microorganismos o que regulen el paso de los gases de la atmósfera a su través (sobre todo el oxígeno). Y hay ahora filmes para envasar que se aditivan con aceites esenciales de productos como el orégano, el clavo o la canela. Ello imparte al filme un cierto carácter antimicrobiano, además de proporcionar al alimento un posible aroma interesante y, encima (guiño a los quimifóbicos), son naturales. Aunque no me beban mucho de un aceite esencial de éstos en estado puro o les dará un yuyu.

Y, por otro lado, están los envases inteligentes, preparados para avisarnos de cosas que pueden ocurrir en los mismos y que pueden ser perjudiciales para el producto envasado y, en segunda derivada, para nuestra salud. Y así, hay envases que incorporan etiquetas que van cambiando de color por la acción del amoníaco que se desprende cuando un pescado se va deteriorando. Dependiendo del color que vaya adquiriendo, vamos sabiendo si el pescado está para comérselo o para la basura. U otros que nos avisan de cúanto tiempo y cúantas veces se ha interrumpido (algo bastante corriente) la cadena de frío a la que debe estar sometido permanentemente un queso, un helado o un block de foie. O de que el envase está roto o deteriorado y cúanto tiempo lleva así. Hay indicadores de madurez de frutas (como el que se cita en la foto que encabeza esta entrada y que podeis ver más grande picando sobre ella), indicadores del nivel de oxígeno en el interior de un envase para sustancias sensibles al mismo, tintas inteligentes que nos dan la temperatura de una cerveza sin más que mirar la etiqueta y un sin fin de nuevos planteamientos, algunos que triunfarán y otros que se quedarán en el camino.

Todo ello encarece el envase, un mercado en el que los productores se la juegan al céntimo, pero como decía una de las especialistas que participó en la Jornada, "hace muy pocos años, cuando empezamos a proponer envasar patatas fritas o cacahuetes en bolsas con atmósferas controladas ricas en nitrógeno, que preservan la calidad del producto durante más tiempo, nos miraban como si fuéramos marcianos y hoy no hay envase de esos productos que no esté un poco hinchado, lo que quiere decir que lleva una atmósfera controlada".

Así que al loro cuando vayais a la compra. Igual ya habeis visto algunos de estos dispositivos y, si no, tarde o temprano os acabarán sorprendiendo. Y el Búho ya había avisado.

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miércoles, 2 de diciembre de 2009

Poniendo orden

Tengo el Blog un poco abandonado y algunos lectores que se cruzan conmigo a diario me lo recriminan. Pero esta época es siempre mala por aquello del cierre del ejercicio, cierre de proyectos, inicio de otros. En resumen, demasiada burocracia. Además, he andado algo viajero entre una oposición en Madrid y un par de eventos a los que me han invitado algunos amigos. Y entre idas y vueltas uno se descentra y no acaba por atender las cosas como debe. Así que aprovechando un viaje en tren desde Zaragoza, en el que me estoy aburriendo un poco, y mi condición de cincuentón moderno siempre online, voy a empezar por ordenar las consecuencias de la última entrada y luego pasaré a una nueva, relacionada con el evento que me ha traído a la ciudad de mis años estudiantiles.

En la anterior entrada dejaba yo en el aire el saber algo sobre el tipo de tratamiento químico que parece conceder ventajas a las fibras eVent con respecto a las bien conocidas Goretex. Como podeis ver, hay un único comentario en esa entrada, proveniente de un lector Anónimo que dice haber encontrado una patente reciente (setiembre de 2009, nosotros siempre a la última). Casi al mismo tiempo de recibir el comentario para moderarlo (en este Blog se practica una estricta censura con los comentarios inapropiados), recibí un correo de un buen amigo que me mandaba la patente en cuestión. Enseguida entendí que mi amigo era el Anónimo contribuyente y así pude constatarlo con un email. Pero no voy a citar la fuente y mantendré su anonimato, al menos mientras él no me diga lo contrario. En realidad, tenía que haber escrito algo en la sección de comentarios inmediatamente, pero el Búho andaba en otras cazas, como he comentado arriba.

La patente septembrina viene a decir que las fibras eVent están hechas a base de un clásico teflón expandido (como las Goretex) a las que se ha aplicado un copolímero acrílico del que cuelgan cadenas fluoradas. Este material tiene las características adecuadas para conseguir con su aplicación que la superficie del teflón, de por sí hidrofóbica (no le gusta el agua) y oleofílica (le gusta la grasa de nuestra piel y los potingues) sea, a la vez, hidrofóbica y oleofóbica, resolviendo así el problema que se daba en el Goretex en contacto con nuestra piel y que obliga a los fabricantes a proteger sus fibras con otras capas de materiales adicionales.

El problema en los intentos que se habían hecho hasta ahora era la dificultad de hacer llegar ese compuesto a las interioridades de los múltiples poros del teflón expandido. Eso se ha resuelto en esta patente con el uso de un "disolvente" muy especial: el anhídrido carbónico (CO2) en condiciones supercríticas, de cuyas propiedades y aplicaciones, en cosas tan curiosas como el proceso de descafeinado o la limpieza en seco, ya hablamos al final de una entrada dedicada a ese gas en la anterior fase del Blog del Búho.

Así que tema cerrado gracias a mi dilecto amigo. Algun que otro tema tengo por ahí abierto desde hace tiempo (como las sartenes ecológicas) que tendré que acometer algún día. Se me acumula el trabajo......

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martes, 24 de noviembre de 2009

El primo listo de Gore-tex

El mundo de las nuevas fibras y membranas que hacen más confortable el ejercicio físico, que nos protegen del frío, del calor, de las radiaciones UV y hasta de los bichos que puedan alterar nuestra piel exterior, es un mundo fascinante para un polimérico pata negra como yo que, además, se dedica a estudiar el transporte de gases y vapores a través de membranas y filmes de polímeros. Cada una de las propiedades que acabo de mencionar dan para una o más entradas en un blog divulgativo como éste. Por ello, en ésta de hoy, voy a restringir mis preclaras elucubraciones a los materiales empleados en prendas utilizables en diversos ámbitos y cuya peculiaridad radica en ser capaces de mantenernos secos y calentitos evitando, simultáneamente, la incomodidad de una persistente sudada por una caminata o la de una lluvia pertinaz.

El rey en este ámbito es el Gore-tex, un sistema que emplea Teflón, el nombre comercial que la DuPont dió al politetrafluoretileno, un polímero al que dedicamos una entrada hace ya algún tiempo. Se trata de un material muy especial, resistente a las elevadas temperaturas y altamente antiadherente, por lo que se emplea en sartenes y otros utensilios de cocina. Es también un polímero semicristalino, lo que quiere decir que sus largas moléculas pueden formar cristales, como lo hacen las moléculas del hielo o la sal, pero a diferencia de éstas, las molécula enteras de teflón no están implicadas en la red cristalina, sino que partes de ellas pueden quedar fuera de las zonas cristalinamente ordenadas.

Cuando un filme de teflón se estira a lo largo de sus dos dimensiones se genera una estructura como la que muestra la foto del inicio, obtenida con un microscopio electrónico. Los huecos que se ven entre las fibras son minúsculos. Para daros un idea digamos que los poros pueden ser entre diez mil y veinte mil veces más pequeños que una gota de agua lo cual, unido a que la naturaleza química del teflón le hace ser claramente hidrofóbico, resulta en que las gotas de lluvia no pueden penetrar en el teflón. Sin embargo, el sudor que desprendemos desde nuestro cuerpo está en forma de vapor de agua (a veces condensa en ciertas zonas en forma de gotas, pero, en general, nuestro cuerpo produce vapor de agua). Ese vapor está constituido por moléculas libres de agua, extraordinariamente pequeñas. Para hacernos de nuevo la idea, en la misma gota de agua arriba considerada hay trillones de moléculas. Así que entidades tan pequeñas, y con la libertad que les da el estar en estado gaseoso, no tienen ningún problema en volar líbremente a través de esos huecos del teflón expandido, siempre que haya una razón que les impulse a ello. Esa razón no es otra que nuestro cuerpo está a 37º y, generalmente, vestimos ropa de este tipo en ambientes fríos, con lo que la diferencia de temperatura entre ambos ámbitos es la fuerza impulsora.

Pero las peculiares características del teflón tienen el inconveniente de alterarse por la grasa de nuestro cuerpo, así como por todos los ungüentos que nos aplicamos en el mismo. Por ello, en las prendas a base de Gore-tex, el filme de teflón suele estar encerrado entre dos capas de otros materiales. La externa se usa para protegerle de cualquier roce u objeto punzante. La interior, muchas veces de poliuretano, actúa como protector de esas sustancias que arriba mencionábamos. Pero la inclusión de esta segunda protección tiene el inconveniente de complicar la salida del vapor de agua del sudor, implicándole en un proceso en dos etapas, primero a través del poliuretano y luego a través del propio teflón, proceso global mucho más complicado que estropea en parte las habilidades intrínsecas del teflón.

Por eso, muy recientemente, al Gore-tex le ha salido un primo competidor, el llamado eVent, un material que también emplea teflón expandido, pero al que se le ha dado un tratamiento químico que hace que su superficie sea también repelente de las grasas y otros productos, permitiendo así que la membrana microporosa actúe con toda su capacidad sin necesidad de capas adicionales de mera protección. O, al menos, eso es lo que dice el fabricante. Aunque no todo el mundo está de acuerdo (es interesante que veais en el vídeo al que os lleva el link cómo demuestran que el vapor de agua pasa a través de los filmes de Gore-Tex y eVent).

Por el momento no he conseguido detalles de cómo se hace el tratamiento que diferencia el comportamiento de ambos primos, así que igual alguien me ayuda en la sección de comentarios y lo aclaramos entre todos.

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viernes, 20 de noviembre de 2009

Caña al negocio homeopático

Los lectores que me siguen desde hace algún tiempo ya saben que el tema de la inconsistencia de la homeopatía como remedio a nuestros males es algo recurrente en este Blog. Esta vez no voy a escribir yo una entrada adicional. El Blog de Dave Bradley (que tampoco se corta un pelo con el asunto) acaba de publicar una entrada que no tiene desperdicio. Está en inglés pero prefiero colgar sólo el link en lugar de traduciros el texto. El autor ya se prepara a recibir un aluvión de comentarios adversos de la legión de homeopatofílicos que andan por el mundo y avisa que no piensa entrar en polémicas. Mi Blog no le llega al de Dave ni al suelo de la zapatilla pero, por si las moscas, me sumo a sus advertencias.

Y ya que hoy ando en plan vago, recomendando lecturas de otros blogs que me gustan, y como alternativa a tener que leer el inglés de Dave (que no es precisamente fácil), podeis hincar el diente a la reciente entrada de
lamargaritaseagita, que me ha encantado.

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sábado, 7 de noviembre de 2009

Umami

Esto del Blog va a ser más cansado de lo que parece. Además de tener que escribirlo, tengo que aguantar las bromas de los comentarios (como ha pasado en la entrada anterior, aunque merecidas me las tengo) y, además, me están saliendo una serie de efectos colaterales que si siguen progresando puede que me tengan bastante entretenido cuando me jubile. En poco más de una semana he recibido tres ofertas de colaboración en eventos y publicaciones cuyo origen más o menos directo son mis actividades blogueras. En una de ellas se me pide una revisión de leyendas urbanas cuya base principal sea la Quimifobia que nos invade. Así que estos días que mi comadrona me ha abandonado por un hotel en las Canarias con su progenitora y su hermanita, he dedicada ratos muertos a ese tipo de cosas. Y entre las que tengo más pergeñadas está una relacionada con el glutamato monosódico (GMS) que voy a aprovechar en este día en el que el diluvio universal me tiene hastiado al otro lado de mi ventana.

Varias ocasiones he tenido en los últimos meses para abordar el asunto del glutamato en diferentes posts y desde diversas ópticas. Sin ir más lejos, en la reciente sobre la tela de araña y las proteínas (el ácido glutámico es un amino ácido y de él se derivan los glutamatos en general y el GMS en particular). O hace meses, cuando tras la celebración en el Palacio de Miramar de la pasada edición de Diálogos de Cocina, Juanmari Arzak nos invitó a cenar con el matrimonio Cassi (Davide Cassi es un físico italiano teórico que, en sus horas más lúdicas o prácticas, le da a la Gastronomía Molecular o como quieran llamarle). Mediada la cena, Juanmari nos introdujo en la mesa a un cocinero coreano afincado en Nueva York y que cenaba circunstancialmente ese día en su restaurante. Acabamos un poco tarde, cosa habitual con JM, filosofando sobre las excelencias y pecados del umami.

Porque glutamato y umami están indisolublemente unidos desde que, a principios del siglo XX, un profesor japonés llamado Kidunae Ikeda volvió a casa y se encontró sobre la mesa un caldito de vegetales y tofu (una especie de queso de soja prensado) que
su mujer le había preparado y que, como de costumbre, estaba delicioso. Ese día Ikeda preguntó a su esposa cuál era el secreto de ese caldo. Como respuesta, ella le mostró unas tiras desecadas de unas algas llamadas kombu que cuando se ponen en agua caliente proporcionan un gusto muy especial. Esa cena fue el momento ¡Eureka! de Ikeda que le convirtió, hasta su muerte en 1936, en un hombre rico amén de conseguir que, aún hoy, los escolares japoneses tengan que aprender que Ikeda es uno de los diez inventores japoneses más afamados.

En 1909 y en el número de agosto del Journal of the Chemical Society of Tokio, Ikeda anunció que había aislado a partir del kombu una mólecula de fórmula C5H9NO4 cuyas propiedades se correspondían a las del aminoácido llamado ácido glutámico, que forma parte de las largas cadenas de proteínas existentes no sólo en el kombu sino en otros alimentos como el queso, los espárragos, el tomate, etc. Cuando esas cadenas se rompen por acción del calor u otros efectos, el ácido glutámico queda liberado para formar sales como los glutamatos. Ikeda anunció al mismo tiempo que ese glutamato era el causante de que muchos alimentos de los que se deriva tengan un sabor que nos engancha. El decidió llamar a ese sabor umami que habitualmente se traduce como sabroso. Hoy lo hemos admitido como quinto sabor, además de los salado, amargo, dulce y ácido, aunque no todo el mundo lo acepta sin pelearse un poco (como el propio JM).

Pero Ikeda era un tío listo y vió que allí había "asunto". Además, la química para aislar y fabricar glutamato era fácil con lo que, en pocos años, fué capaz de poner en el mercado glutamato puro, que vendía en forma de unas tabletas que llamó Aji-no-moto (traducible como esencia de sabor). De ahí a constituir una compañía para el negocio (que llamó Ajinomoto Corporation), todo fué cuestión de meses. Esa compañía fué absorbida hace años por General Foods que, hoy en día, fabrica más de millón y medio de toneladas anuales de glutamato monosódico (GMS) puro que se vende como aditivo alimentario (en Europa bajo la sigla E621).

Su triunfo definitivo vino de la mano de los soldados americanos que se habían acostumbrado a ese sabor durante la segunda guerra mundial en diferentes lugares asiáticos. Cuando volvieron a casa ya estaban enganchados al umami/GMS y Ajinomoto empezó a vender el aditivo en 1956 en USA. La cosa se desmadró definitivamente cuando Ajinomoto se alió con la Kellogg's. Tampoco Europa se escapó del asunto y, por ejemplo, los caldos instantáneos tipo Gallina Blanca, Bovril o Knorr llevaban, y llevan, GMS como "potenciadores de sabor".

Pero en 1968, un tal Dr. Ho Man Kwok publicó un artículo en el New England Journal of Medicine, una prestigiosa revista del ramo, en el que describía lo que él llamó síndrome del restaurante chino (CRS), detallando una serie de síntomas preocupantes que aparecían en muchos consumidores de alimentos con GMS y que consistían en que, al cabo de unos pocos minutos de acabar la comida, el paciente sufría dolores en la espalda, se le dormían los brazos, sentía debilidad, palpitaciones... La cosa se pasaba tal cual a las dos horas y, aparentemente, no parecía tener efectos secundarios. Enseguida (1969), un médico americano, el Dr. John Onley de la Universidad de Washington, publicó los efectos de inyectar hasta 4 gramos por kilo de GMS en esos pobres ratones nacidos para que se les infle a productos químicos. Su conclusión era que los desgraciados bichos sufrían lesiones cerebrales irreversibles y que el GMS contenido en un plato de sopa podría causar similares problemas a niños de dos años.

Aunque, desde entonces, diversos estudios han invalidado estos dos trabajos, el daño ya estaba hecho y la industria alimentaria ha tenido sinusoidales quebraderos de cabeza con la publicación de otros trabajos y libros sobre los males del GMS, incluídos algunos como las migrañas o la hiperactividad de los niños.

Y, sin embargo, el GMS que se vende como aditivo es la misma sustancia química que se encuentra en cosas tan impactantes como la leche materna, ahora tan de moda entre los pediatras. Y no porque esa leche haya resultado contaminada con GMS merced a los químicos que pueblan la faz de la Tierra. Ese GMS ha estado, desde siempre, en todas las lechas maternas que en el mundo han sido, en proporciones tan altas como el 0.02%, lo que implica que un enano que se meta 800 mls. de rica teta al día y pese 5 kilos ingiere 0.16 gramos de glutamato diariamente. Dieta muy alejada, evidentemente, a la de los pobres ratones pero ahí está.

Se pueden dar otros ejemplos de alimentos ricos en glutamato. Y así, 100 gramos de tomates maduros contienen 0.3 g de GMS. El queso parmesano o el de Roquefort (que me priva) contienen 1.6 gramos de GMS "natural" por cada 100 gramos de queso. En conjunto, se ha estimado que un adulto medio ingiere del orden de 10 gramos diarios de glutamato (ya sea libre o unido a largas proteínas que lo contienen) como consecuencia de los alimentos que consume, mientras que la ingesta de GMS como aditivo o condimento ronda el medio gramo diario en Occidente, entre gramo y gramo y medio en Corea y Japón y hasta 3 gramos en Taiwan. Y no parece que todos estos ciudadanos de ojitos rasgados anden todo el día con dolores de espalda que irradian hacia los brazos...

La industria alimentaria ha hecho lo que habitualmente hace en estos casos. Se ha refugiado en el término "natural" para defenderse del acoso. Y así, Unilever, que controla el mercado de esa especie de sirope que aparece en la foto (que los ingleses untan en el pan del desayuno y que contiene 1.75 gramos de glutamato por cada 100 gramos), dice en la etiqueta que es un extracto de levadura (de hecho se obtiene como subproducto de la fabricación de cerveza) y asi obvia reconocer que contiene el glutamato que contiene.

Y ahí seguimos. Los reputados chefs que juegan con el sabor umami, como Blumenthal y otros, recurren a obtenerlo via las algas kombu para sortear la quimifobia aplicada al GMS. Lo más hinchante que he leído es una página del movimiento anti-aditivos Truth in Labeling (interesante web, por otro lado), que reconoce que el glutamato "natural" e "industrial" es el mismo compuesto y que nuestro cuerpo procesa ambos de idéntica manera. ¿Entonces?. Su argumento es que los procesos industriales de fermentación para obtener el glutamato aditivo introducen contaminantes. Digo yo que lo sensato sería entonces centrarse en los presuntos contaminantes y no en el pobre GMS.

En fin, mientras pasa la glutamatofobia no estaría mal que si andais mal de tensión y quereis rebajar el consumo de sodio, os pasarais al GMS. Tiene menos sodio que la sal común a igualdad de peso y asegura un tono sabroso a los alimentos, lo que no está mal. Sin abusar, claro.

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lunes, 2 de noviembre de 2009

Reivindicación de Paracelso

Me entero por una alerta de la Royal Society of Chemistry que este pasado fin de semana se ha celebrado en Marburg, Alemania, una importante reunión conmemorativa del 400 aniversario del nacimiento de la Química como disciplina académica. En el año 1609, Johannes Hartmann (1538-1631) fue nombrado para ocupar el cargo de Profesor de Quimiatría (no está mal el nombre) en la Universidad de la citada ciudad alemana. Hartmann era en realidad un matemático, que luego estudió Medicina y acabó siendo el primer referente de lo que hoy es un Profesor de Química.

Nada tengo contra la citada celebración, que ha concitado a más de 800 químicos venidos de todas las partes del mundo, pero la noticia me da pie para reivindicar una vez más a mi querido amigo Teophrastus Bombastus von Hohenheim, Paracelso para los amigos, nacido en Suiza nada menos que en 1493. No era Teofrasto chulo ni nada. De hecho, eligió el nombre Paracelsus (igual a Celsus) porque se consideraba a la altura de uno de los más conocidos médicos romanos. Además practicó todo tipo de ciencias y paraciencias como la medicina, la botánica, la alquimia, la astrología y el ocultismo.

Paracelso fue el primero en considerar al cuerpo humano como un "laboratorio químico", de donde dedujo sabiamente que las enfermedades podían curarse mediante el empleo de adecuados compuestos químicos. Eso si, sin pasarse, porque como muy bien resumió (y yo he usado casi como frontispicio de este Blog), "el veneno está en la dosis". Y, en lo relativo al nombramiento de Hartmann, Paracelso fué el primero en acuñar los términos Quimiatría o Iatroquímica para referirse al tipo de actividad que él prácticaba.

En ese sentido, Paracelso abrió paso a la Química como un complemento de la Medicina, un estatus que duró sus buenos tres siglos ya que, hasta bien entrado el siglo XVIII, esa alianza tuvo como resultado que muchos de los primeros químicos que han pasado como tales a la historia (Berzelius, Wöhler) habían estudiado previamente Medicina.

La imagen que inicia esta entrada es una receta firmada por Paracelso y que se conserva en la Biblioteca Nacional de Austria como una de sus joyas más preciadas. Viene a decir que se tome 1 dram (unos 3,7 gramos) de extracto de cantárida (un insecto muy popular en la medicina desde tiempos de Hipócrates) y 2 drams de semillas de ricino y que se hagan 5 dosis de fino polvo.

Lo que no me he enterado es el objetivo de la pócima.

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domingo, 25 de octubre de 2009

Perlas en vinagre

Ayer pasé la mañana con mis amigos de Arzak, discutiendo algunas cosas que están preparando para próximos Congresos y conferencias, que esta gente viaja más que un Airbus. Y de cada viaje que hacen a tierras lejanas, y debido a su curiosidad innata hacia todo aquello que tenga que ver con el comer y el beber, siempre se traen algo con su aquel. Ayer, Elena me enseñó un pequeño vial cuya etiqueta asegura que su contenido es 100% polvo de perlas trituradas. Parece que se vende para añadirlo al champán (donde seguro que provoca un burbujeo diferente por cuestiones que ya vimos en otra entrada) o incluso a algunos dulces. En ambos casos se fundamenta dicha adición por el carácter afrodisíaco del mencionado polvo, llegando a definirse en la etiqueta como una Viagra natural.

Estoy casi seguro que nadie va a conseguir con ese triturado resultados similares a los de la "pastillita azul". Esto de las perlas es como lo del cuerno de los pobres rinocerontes, del que ya hablamos en la fase anterior de este Blog. A no ser que actuando de placebo y con la ayuda de una calenturienta imaginación se pueda llegar a algo.

Porque las perlas que se forman cuando un cuerpo extraño penetra o se coloca deliberadamente en el interior del molusco que las genera, es una sucesión de capas formadas a partir de de una mezcla de cristales de carbonato de calcio (que supone más del 90% de la perla) en sus variedades calcita y aragonita y una proteína llamada conchiolina, que actúa como agente agregante de los cristales, algo parecido a lo que hace el colágeno en los huesos con la hidroxiapatita. Y no parece que ni uno ni otra tengan mucho que ver con la exaltación del miembro viril.

Y, ¿de dónde puede venir esta extraña asociación de perlas y sexo?. Pues aunque no de forma tan clara como en otros casos (cuerno de rinoceronte, pene de tigre, ostras), también aquí parece que hay una explicación, que nace de la tumultuosa relación de Cleopatra y Marco Antonio. Cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que Cleopatra, en su afán de deslumbrar a su chico, le apostó que podía preparle una cena que costara millones de sextercios, un pastón incluso para gente de su alto standing. Para sorpresa de Marco Antonio, Cleopatra organizó una cena más bien sencillita y cuando al final el general le manifestó su sorpresa ante tamaño fiasco, Cleopatra le explicó que habían bebido, entre otras cosas, un preparado en el que se había incluido una de las perlas más valiosas del mundo y que había sido disuelta en un vinagre aromático.

Plinio, que no era el Diez Minutos de la época, no aclara si como consecuencia de la sorpresa que se llevó el varón o del polvo de la perla que habían ingerido ambos, las "actividades" despues de la cena fueron para echar cohetes o se quedaron en normalitas.

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domingo, 18 de octubre de 2009

Hay otras webs

Como dice la entrada, hay otras webs en el mundo que no tienen que ver con internet. De hecho, la palabra web en el Diccionario Oxford aparece traducida como red, malla, telaraña. Y de arañas y del sorprendente producto que son capaces de exudar a través de la parte final de su abdomen, es de lo que va esta entrada. En el plazo de algo más de una semana, y a través de las alertas de bibliografía que recibo regularmente, han caído en mis manos cuatro artículos científicos y dos noticias en el Chemical Engineering News (CEN) que tienen que ver con los esfuerzos de los humanos para reproducir el material que las arañas emplean en sus redes, tras 400 millones de años de evolución hasta conseguir su actual perfección.

Los naturalistas han identificado hasta 40.000 diferentes especies de arañas, de las que aproximadamente la mitad se alimentan cazando presas en sus telarañas. El material que en ellas emplean es del mismo tipo, aunque no idéntico, que el que emplean los gusanos de seda (Bombyx mori) para producir sus envoltorios. Estos últimos son los que los humanos hemos "domesticado" para producir la seda natural en grandes cantidades. Si no hemos sido capaces de organizar "granjas" de arañas para los mismos fines ello se debe a una peculiar característica de la mayoría de las arañas: estos prodigios de la Naturaleza son caníbales de su propia especie, por lo que es muy complicado mantenerlas en cautividad. Por el contrario, a los gusanos de seda, basta asegurarles un adecuado suministro de hojas de mora para que se pongan como locos a producir capullos de seda.

Las sedas de las que hablamos son diferentes en cuanto a sus propiedades, debido a las aplicaciones para las que unos y otras las han ido evolucionando. Así, la seda del gusano ha evolucionado con el propósito de proteger a la pupa durante su metamorfosis hasta el gusano adulto, por lo que se trata de una fibra algo rígida. La de la araña es más deformable y adecuada para absorber y disipar la energía inherente al proceso en el que una presa es atrapada en la red. Además, es capaz de mantener sus propiedades despues de repetidos ciclos de humedad y secado, impuestos por las condiciones metereológicas.

Las fibras de seda están hechas de proteínas y suelen tener diámetros entre 1 y 20 micras, según las especies. Las proteínas son polímeros (¡cómo no!), derivados de una extensa gama de aminoácidos que, como su nombre indica, tienen en su estructura un grupo amina por un lado y un grupo ácido por el otro. Esos aminoácidos con ambos grupos pueden unirse en largas cadenas haciendo que el grupo amina de un lado reaccione con el grupo ácido del otro, dando lugar a un nuevo grupo químico que llamamos amida. Pero cada nueva especie generada sigue teniendo un grupo ácido por un lado y un grupo amina por el otro, con lo que queda abierta la posibilidad de generar largas cadenas con muchos grupos amida. Así que en términos poliméricos, una proteína es una poliamida, igualito que un nylon. Lo que pasa es que en la génesis de proteínas en organismos vivos, la Naturaleza ha utilizado un número importante de aminoácidos que pueden entrar al tresbolillo en la cadena que se genera, así que el número de combinaciones posibles es enorme y, de ahí, la complejidad en dilucidar su estructura y, consiguientemente, en reproducirlas.

La seda de las arañas es una poliamida compleja (una copoliamida diríamos los finos poliméricos) en la que los aminoácidos mayoritarios son la glicina, la alanina y la prolina, aunque hay cantidades menores de tirosina, leucina o glutamina. La seda de los gusanos tienen fundamentalmente glicina y alanina, aunque se han identificado hasta otros 18 aminoácidos en cantidades más pequeñas. Habitualmente esas cadenas se colocan unas junto a otras autoensamblándose (palabra de moda) por enlaces de hidrógeno perpendiculares a la cadena principal, lo que da lugar a sus inusuales propiedades.

En su intento por conseguir obtener en el laboratorio materiales que reproduzcan la seda de las arañas, los humanos estamos haciendo de todo. Por ejemplo, uno de los artículos que me han dado pie a esta entrada [J. Polym. Sci: Part A: Polym. Chem. 47, 3957 (2009)] explora los intentos para producir seda de araña a partir de ingeniería genética realizada sobre ciertos gusanos o bacterias (la conocida Escherichia Coli). Otros, entre los que se encuentran varios investigadores de centros madrileños [Macromolecules, DOI: 10.1021/ma9017235], han explorado la posibilidad de acercarse a las propiedades de la seda de araña partiendo de la seda del gusano de seda, realizando una serie de procesos físicos con ella que mejoren sus propiedades en la dirección adecuada.

No quiero terminar la entrada sin una noticia que daba el CEN del pasado 12 de octubre. Durante cuatro años, cuadrillas de trabajadores de Madagascar han recolectado en las épocas lluviosas hasta un millón de hembras de una variedad de araña gigante que se da en la isla. Se tomaron el trabajo de ponerlas en condiciones de que no se comieran unas a otras y, protegiéndose contra sus picaduras, fueron recogiendo pacientemente los hilos generados, enroscándolos unos con otros en haces entre 96 y 960 filamentos, hasta obtener un tejido de seda natural con el que se fabricó una preciosa alfombra de unos 1x3 metros que se exhibe en el Museo Americano de Historia Natural de Nueva York.

¡Larga vida para las arañas!. Al menos hasta que consigamos destripar su misterioso proceso.

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martes, 13 de octubre de 2009

Nobeles y menos Nobeles

Como ya he dicho otras veces, hay ocasiones en las que escribir una entrada más del Blog me la ponen a huevo las circunstancias. No hay más que estar con los ojos y la mente bien abiertos (características intrínsecas a un búho), tener una cierta capacidad de asociación de ideas (que mi abuelita ya decía que tenía) y un cierto reposo y tiempo para escribir lo que, dado el asedio al que nos ha sometido el sirimiri durante este puente del Pilar, no tiene mérito alguno.

El caso es que casi todos estos últimos días he visitado la página del Donostia International Physics Center (DIPC), en el apartado que ellos denominan DIPC tv, comprobando si ya estaban colgadas las imágenes de las diferentes conferencias del AtombyAtom de finales de setiembre. Los organizadores lo habíamos prometido y hay una serie de personas que me preguntan por ello. Pero, por el momento, los que elaboraron las imágenes no deben tener el material dispuesto. El caso es que para matar el aburrimiento de estas tardes pasadas por agua y sin golf, he entrado en los vídeos colgados provenientes del Congreso sobre Einstein del año 2005. Y me he estado divirtiendo con la presentación que mi colega y amigo Jesús Ugalde realizó del Premio Nobel de Química Dudley Herschbach, al que veis en la foto de arriba en animada charla con unos estudiantes durante sus días en Donosti, una actividad que prodiga siempre que puede. (La foto es de Adrian Maureen, el fotógrafo oficial, que espero que no me pida derechos de autor). Y, de repente, la lucecita que anuncia una entrada inminente en el Blog se ha encendido.

Hace pocos días, otro amigo bien conocido en estas páginas, Javier Ansorena, me mandaba una noticia sobre la reciente concesión de los Nobeles alternativos, los Premios Ig Nobel. Los mencionados premios son una parodia de los Nobel que todo el mundo conoce. Se entregan cada año, a primeros de octubre, en una divertida ceremonia en la que participan verdaderos Premios Nobel y que se celebra en un sitio tan serio como el Sanders Theater de la igualmente seria Universidad de Harvard, a la que ha pertenecido Herschbach desde hace años. El nombre Ig Nobel es también un divertido juego de palabras entre el apellido del creador del Nobel y la palabra ignoble que, en castellano, tiene acepciones como innoble o vil.

No es el caso de hacer aquí una historia de dicho premio, sus implicaciones, las críticas que ha recibido, etc. Hay un montón de bibliografía sobre el tema en internet. Para que todo el mundo se haga una idea aproximada del asunto, hay que decir que, a lo largo de los años, se han premiado genuinas, aunque un poco raras, investigaciones científicas, como el Premio Ig Nobel de Física del año 2000, en el que se galardonaba a un experimento en el que se hacía levitar magnéticamente a una rana. Otras veces se han premiado supercherías como la "memoria" del agua en los medicamentos homeopáticos, de la que ya he hablado largo y tendido en otras ocasiones.

Pero lo que me interesa hoy es que si ha habido un verdadero Premio Nobel que ha participado activamente en la organización y desarrollo de las ceremonias de los Ig Nobel, ese ha sido nuestro amigo Herschbach. Si meteis en Google Herschbach and Ig Nobel Prizes, y picais en imágenes, salen muchas fotos en las que se le ve haciendo el ganso disfrazado, cantando, riéndose.... De hecho, en la presentación del Ugalde en el Kursaal, en setiembre de 2005, se incluyó un comic de los Simpson en el que se ve a Herschbach oficiando la ceremonia de los Ig Nobel. Solo nosotros sabemos lo que nos costó incluir ese comic en la presentación, tras una mañana de carreras, discusiones con los técnicos de informática y pruebas de última hora. Pero todo quedó bien y Herschbach volvió a disfrutar como un niño.

Y la otra cosa interesante de los Ig Nobeles de este año es el hecho de que, en el apartado de Química, se haya galardonado a un grupo de investigadores mexicanos entre los que está un reconocido polimérico, Victor M. Castaño, con el que he compartido mesa y mantel en algunas de las ocasiones en las que ha atravesado el charco. El trabajo premiado tiene que ver con el crecimiento de capas delgadas de diamante.... a partir de tequila!!!!.

Anda que no tiene guasa la cosa. Supongo que el precedente no está muy lejos de esos otros trabajos que dieron lugar al pingüe negocio de transformar las cenizas de un ser querido, recién salidas del crematorio, en un diamante "para toda la vida".

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miércoles, 7 de octubre de 2009

Vamos a armar un poco de ruido

Un comentario de la entrada anterior me ha dirigido hacia una iniciativa que está concitando a muchos blogs de gente ligada a la ciencia y que quiere hacer algo contra el recorte presupuestario que nos ha anunciado el Gobierno en lo relativo a investigación. Y en un plis plas he dado a los coordinadores de la iniciativa la dirección de mi modesto Blog, para lo que sea menester (algo de ruido parece que quieren hacer). Y me he comprometido también a publicar en el día de hoy, miércoles 7 de octubre, la presente entrada con el logo de esta acción reivindicativa como primera prueba de mi adhesión a la misma.

Además de la exhibición del logo, se nos pide a todos los blogueros que manifestemos nuestra opinión personal contra esa nefasta iniciativa presupuestaria. Yo, que ya soy mayor y no tengo el punch de los jóvenes que, afortunadamente, ya me han jubilado con sus nuevos modos de hacer ciencia, no voy a entrar en comparativas hirientes con otras partidas presupuestarias. Ni en atacar a Instituciones y Empresas que se han comido el dinero a espuertas en los últimos años con chorradas sin nombre. Solo quiero decir que he conocido tiempos de penuria en los que tener dinero para disolventes era un lujo. Y que ha sido muy duro asistir a trifulcas personales entre colegas, no porque se llevaran mal o fueran ideológicamente incompatibles, sino porque tenían que repartirse, a cara de perro, miserias de presupuesto con las que poder hacer algo. Y espero que no volvamos a las andadas.

Además, el asunto demuestra que la clase política no quiere poner el cascabel al tigre y se lo pone al gatito. Aunque en el pecado tendrán la penitencia porque, en el fondo, aunque lo que nos recortan es el chocolate del loro de su despilfarro, le hubieran sacado mucho partido. A los hechos me remito con los resultados de los últimos años.

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lunes, 5 de octubre de 2009

Privilegiado que es uno...

De tener amigos capaces de concitar en una ciudad pequeña como Donosti a científicos de fama mundial y, lo que es más importante, de conseguir que los donostiarras normales acudan a ver lo que dicen, aunque intuyan que no lo van entender todo (y en algunos casos casi nada, gracias a la "habilidad" divulgadora de algunos genios). Pero además, uno también tiene el privilegio de tener otros amigos que, sin tanto poder de convocatoria de las élites y del populacho, se han currado el evento hasta el último extremo y han permitido que les eche una mano en humildes labores de agitación y propaganda, compartiendo al final con ellos reconocimientos que uno no merece.

En fín, que estoy de resaca del Atom by Atom, varias veces anunciado en este Blog y que culminó la noche del miércoles sin más problemas que algunas espantadas institucionales, que me callaré por respeto, pero que vienen a demostrar que, aquí, el que no habla o sale en la foto se cabrea como un mono y le importan un pito otras cosas más sacrosantas, como el respeto al trabajo ajeno o las repercusiones públicas de sus omisiones.

Pero aparte de minucias como esas, algo de sueño y un dolor de cuello que todavía tengo, los tres primeros días de la pasada semana me ha proporcionado flashes que no voy a olvidar en mucho tiempo. Como el poder ver en directo a casi 200 estudiantes de Bachillerato, preguntando en euskera, castellano e inglés lo primero que les venía a la mente ante tres gigantes como Kroto (Nobel de Química), Rohrer (Nobel de Física) o nuestro omnipresente y nunca bien ponderado Etxenike. Y sacándose fotos con ellos hasta casi extenuarlos. Os dejo aquí dos enlaces: el primer link es un vídeo para el que quiera ver el encuentro. aunque aviso que, al principio, hubo algún problema técnico y algunos nervios que encarrilar. El segundo link es una galería de fotos en la que al principio se ve a los estudiantes haciendo preguntas y luego fotografiándose con los "genios", pidiéndoles autógrafos, etc.

Tampoco es cuestión baladí el poder compartir una cena con Carlos Bustamante, un peruano afincado en USA pero que disfruta de San Sebastián como si fuera Lima, sobre todo por aquello de la buena mesa. O la de poder volver a ver a mi amigo de juventud Joxean Maiz, jefazo de INTEL y que ahora habla castellano con un acento un poco raro, desde luego impropio de uno del Antiguo (para los foráneos, un barrio de Donosti). O el asistir a la conferencia de ese excelso pirotécnico (y bioquímico) que es Félix Goñi, justificando que el colesterol es bello y, de paso, su propia "morfología". O el estar sentado en el Kursaal, justo en el asiento siguiente al de un Nobel que se está echando una cabezadita en una de las conferencias.

Pequeños placeres de un científico de provincias y pocas luces... A ver si vuelvo a la normalidad blogera, gastrointestinal y durmiente.

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sábado, 19 de septiembre de 2009

Astenia para un búho

Mis amigos ya saben que sufro de astenias cíclicas. O algo que se le parezca. Aunque particularmente centradas en la primavera y el otoño, hay muchas veces que pienso que soy un asténico crónico. Pero desde hoy, gracias a unos sesudos japoneses, he empezado a adivinar el por qué. La culpa parece tenerla la Química de mis amores y el insalubre despacho que ocupo desde hace años en mi Facul, rodeado de una chusmarra de químicos que no hacen sino atufarme con multitud de compuestos orgánicos volátiles (COVs para los amigos), que se cuelan en mi paupérrimo cubículo a la mínima ocasión que deje la puerta o la ventana abiertas.

Pero que no cunda el pánico entre mis seguidores más acérrimos. La entradilla del post es sólo una sibilina estrategia de marketing para incrementar el número de visitas a mi Blog. Lo cierto es que en este sábado lluvioso, en el que me siento particularmente propenso a la molicie, me ha llegado una alerta de la Royal Society of Chemistry que hace referencia a un artículo que se publicará en breve [Kiyoshi Sakai, Michihiro Kamijima, Eiji Shibata, Hiroyuki Ohno and Tamie Nakajima, J. Environ. Monit., 2009 DOI: 10.1039/b910558a], en el que se resumen los resultados de un extenso estudio realizado en numerosas oficinas y centros de trabajo japoneses, monitorizando la presencia de 2-etil hexanol en el aire del ambiente y relacionando la mayor o menor concentración de esa molécula con diversos síntomas próximos a la astenia, que los que han confeccionado la alerta han preferido titular como "¿Alergia al trabajo?".

La siguiente pregunta lógica es de dónde salen esas concentraciones de 2-etil hexanol. Los autores del trabajo prometen ulteriores estudios para contestar la mencionada pregunta (uno no debe fiarse nunca de lo que un científico promete en un artículo de cara a otro futuro). Pero para marcar el terreno y que nadie se lo pise, aventuran la hipótesis de que la culpa la tiene el PVC empleado en revestir suelos y paredes de muchas oficinas. Ya en mis tiempos de chaval ilustrado se empleaba un producto que se llamaba Sintasol, que se colocaba en forma de losetas en muchos cuartos de baño y que era un PVC aditivado con ciertas sustancias llamadas plastificantes que lo hacían más blandito. Cosas similares se siguen hoy vendiendo, Se limpian bien y duran decenios. Para más detalles sobre el PVC y sus plastificantes pueden visitarse otras entradas de mi Blog, como la de los balones de Villatuerta u otra entrada previa en la anterior fase del Blog del Búho.

Pues bien, el 2-etil hexanol se emplea en la fabricación de uno de esos plastificantes del PVC, el bis(2-etilhexil) ftalato y, sin muchos detalles, los japoneses parecen aventurar que esa molécula puede descomponerse regenerando el asténico 2-etil hexanol.

El suelo de mi despacho es de terrazo puro, así que voy a tener difícil justificar mis astenias con esa hipótesis. Y puesto a elaborar teorías que me pongan de moda, yo también podría proponer la mía. Cada día es mayor el número de féminas y varones que se aplican todo tipo de potingues tras la ducha (y algunos hasta sin ducharse). Muchas cremas de día contienen protectores contra los rayos solares. Y entre las "moléculas pantalla" contra las radiaciones ultravioleta del sol está el octocrileno, un éster en cuya producción se emplea también el 2-etil hexanol. Uno podría especular sobre el hecho de que muchos airados ejecutivos/as de las firmas japonesas se embadurnen con cremas que contengan esa molécula y que el calor de las oficinas, o sus propios sofocos, generen la posibilidad de que esa "pantalla" se descomponga y genere el alcohol en cuestión. Por más que repaso mi argumento no le veo más pegas que al del plastificante. Ambos me parecen igual de infundados.

Por si acaso, voy a ver si en nuestros armarios hay 2-etil hexanol. Y voy a comprobar las existencias en las próximas semanas. No vaya a ser que alguien se lea esta entrada, esparza el mencionado reactivo por los laboratorios y luego se pida una baja aduciendo altos niveles del mismo en el ambiente. Que el 2-etil hexanol no se si será el causante del efecto pero cierto segmento de la población tampoco es que se pegue por hincarla .

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domingo, 13 de septiembre de 2009

El polietileno ataca (parece) de nuevo

Con esto de la bolsofobia estoy en un continuo sobresalto. Un día me levanto con que una buena amiga, condiscípula de la cosecha del 74 de la Facultad de Ciencias de Zaragoza, barbastrense o barbastrina (no sé bien) de adopción, me da un despiadado currito al respecto, en el foro en el que nos transmitimos nostalgias y recuerdos. Cotidianamente, me llegan alertas y mensajes donde se anuncia que otro nuevo Ayuntamiento, Institución o supermercado ha decidido prohibir las bolsas de plástico. O me veo envuelto en una trifulca en un blog de gastronomía con una ciudadana (de la que me gustan sus posts sobre temas del bien comer) a la que tuve que reconvenir con aquello de "zapatero a tus zapatos", tras una entrada en la que atribuía a las bolsas males sin cuento (alta toxicidad, resistencia eterna, esquilmadoras de especies marinas....). Y va la muy traidora, y como único argumento de réplica, me llama machista por querer confinarla en la cocina que ella misma ha elegido como modo de ganarse los garbanzos.

A esta última tuve que recordarle que el polietileno de toda la vida no genera residuos tóxicos, que parece que puede que se generen más con algunas bolsas de polietileno aditivadas que se venden como foto-oxodegradables, con las que algunos andan haciendo pingües negocios por mor de la ecología imperante. Y que, efectivamente, las bolsas de polietileno pueden aguantar imperturbables durante decenas de años en un vertedero, una propiedad merced a la que los gestores de basuras designan al material como "inerte", palabra que no parece tener concomitancias peligrosas.

Afortunadamente, el polietileno es mucho (infinitamente mucho) más que las bolsas de supermercado. Y parece volver a sus manías de ave fénix que renace de sus cenizas cada pocos años. Tras su descubrimiento "por chiripa" en los años 30, tomó nuevo impulso a mediados de los 50 con nuevos catalizadores que producían "otro" tipo de polietileno, volvió a irrumpir con fuerza en otras aplicaciones en los noventa, gracias a unos nuevos catalizadores (los metalocénicos) y ahora parece que lo de la sostenibilidad le va a dar nuevas alas.

Hasta ahora el polietileno se obtiene a través de un gas, el etileno, obtenido casi exclusivamente en plantas petroquímicas como un derivado del petróleo. Pero en julio de 2007 Dow, uno de los gigantes de la Química mundial, y Crystalsev, una empresa brasileña dedicada a la transformación de la caña de azúcar, firmaron una Joint Venture para diseñar y construir la primera planta industrial destinada a producir polietileno a partir de la mencionada caña de azúcar. La planta arrancará en 2011 con una capacidad de producción de 350.000 toneladas anuales. El proceso implica la transformación de la caña de azúcar en etanol (algo que los brasileños conocen bien), la posterior transformación del etanol en etileno mediante un proceso catalítico en el que el subproducto es agua y la polimerización final del etileno para dar polietileno.

Todo muy sostenible: biomasa renovable, menos producción de CO2, etc, etc. Pero ojito, el que el polietileno venga de la caña de azúcar no quiere decir que sea biodegradable. Es el mismo polietileno con el que ahora hacemos las bolsas, los tupperwares, las botellas o los filmes de cocina. C'est à dire, un material inerte que si lo echamos a un vertedero o al mar allí andará durante decenios. Como las piedras o como la madera o los metales de los buques que se hunden. Y que (aviso para navegantes), cuando se quema, produce la misma energía que el carbón o el gas.

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martes, 8 de septiembre de 2009

(5Z)-5-[(5-Fluoro-2-hydroxyphenyl)methylene]-2-(4-methyl-1-piperazinyl)-4(5H)-thiazolone

No se me escapa que la entrada es un poco rara en el título y apresurada en el texto. Tanto es así que no tengo la seguridad de que Blogger me la publique mañana día 9 de setiembre, dadas las horas a las que la he remitido. Pero uno se debe a sus lectores y trata de tenerles à la page. El nombre que figura en el título (en su versión inglesa), y la estructura que se ve a la izquierda, es la molécula 50 millones, registrada el lunes 7 y anunciada hoy martes, 8 de setiembre, por el Chemical Abstracts Service (CAS), el organismo que elabora el Registro de las nuevas moléculas que aparecen en patentes o artículos científicos. Dicho Registro depende de la American Chemical Society de mis amores.

Aunque a alguno le hubiera gustado que este hito en la producción de nuevas moléculas de síntesis estuviera relacionado con cuestiones tan calientes como las pilas de combustible, la fotónica, las aplicaciones biomédicas u otras cosas avanzadas, la ganadora del "concurso" ha resultado más modesta y, a pesar de su enrevesado nombre, es un nuevo analgésico que tendrá que abrirse el espacio a codazos en el complicado mundo de las aspirinas y los ibuprofenos.

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lunes, 7 de septiembre de 2009

El biberón del Sr. Eastman

En un día como el del pasado viernes, hace 121 años, George Eastman registró la marca Kodak y recibió una patente para su archiconocida máquina fotográfica, uno de cuyos componentes esenciales era lo que, todos los que hemos sido fotógrafos aficionados antes de la era digital, llamábamos rollo de fotos. Pero la historia de este norteamericano no se acabó con esa primera cámara fotográfica. Ni con su suicidio, cuando decidió no aguantar más con el proceso degenerativo que le estaba minando. La larga mano de George se ha extendido hasta nuestros días, a través de empresas que llevan su nombre como Eastman Kodak o Eastman Chemicals y que han sido un modelo de cómo hacer negocios en tiempos de crisis, sea ésta del tipo que sea. Y la historia de hoy es consistente con el legado del Sr. Eastman a sus sucesores.

Despues de la primera Guerra Mundial, el asunto de las fotos estaba tan en crisis como las inmobiliarias en nuestros días. Y ello se debía, fundamentalmente, a la falta de elementos esenciales del negocio, como el papel fotográfico, la gelatina o productos tan sencillos como el metanol, el ácido acético o la acetona que, jugando un papel esencial en la preparación de los rollos y su revelado, habían desaparecido del mercado como consecuencia de la trifulca guerrera. Eastman entendió que, dadas las circunstancia, o se jugaba los cuartos o perecía y decidió que tenía que ser autosuficiente en esos productos esenciales para su negocio. Para ello creó, en 1918, su propia empresa de productos químicos, Eastman Kodak, cuya materia prima para obtener las sustancias arriba indicadas eran, en gran medida, los derivados de la madera. La segunda Gran Guerra hizo fuerte a la empresa (ya sin el Jefe, que había pasado a mejor vida en 1932) al ser capaz de poner a punto una nueva molécula que resultó ser un potente explosivo, el RDX, del que llegaron a fabricar casi una tonelada diaria.

En los años 70, Eastman Kodak, que ya venía comercializando otros productos como fibras derivadas de la propia celulosa de la madera, encontró otra nueva oportunidad de negocio en el PET, el polímero que seguimos usando en la mayor parte de nuestras botellas de agua, bebidas carbonatadas como la Coca Cola, cosméticos y un sin fin de otros productos para envasado. Pero el PET, como cada quisque, tiene sus carencias. Los nuevos chicos de Eastman trataron de evitarlas, alterando en parte su estructura química, al sustituir un cierto porcentaje del etilen glicol, utilizado como materia prima para generar el PET, por otro diol, el 1,4 ciclohexanodimetanol (CHDM) que, dependiendo de su participación, variaba la resistencia química, la tenacidad o la transparencia del PET mondo y lirondo. Pero estas modificaciones no consiguieron variar sustancialmente otras propiedades como la resistencia térmica del material, por lo que seguía siendo poco apropiado para envases de bebidas que tuvieran que ser pasteurizadas en la propia botella o para utensilios domésticos que se laven en los lavavajillas.

Hace menos de tres años, Eastman Chemicals, una especie de spin-off de Eastman Kodak generada como unidad independiente de negocio en los años noventa, introdujo otro poliéster que venía a tratar de cubrir esas deficiencias. Bajo el nombre comercial de Tritan, pusieron en el mercado un primo del PET, en el que la totalidad del etilenglicol necesario para generarlo había sido sustituido por otros dos dioles: el anterior CHDM y otro de nombre aún más complicado (mis excusas a los no químicos), el 2,2,4,4-tetrametil-1,3-ciclobutanodiol. Desde entonces, nuestro Tritan ha demostrado su capacidad para solventar algunos de los problemas inherentes al PET, así como otros de un conocido polímero que también se emplea, además de en otras muchas cosas como CDs y cascos de polis y moteros, en utensilios domésticos y que, igualmente, tiene problemas con los lavavajillas: el policarbonato de bisfenol A.

Muchos de mis lectores habrán empezado a entender con el último nombrecito, y tras la larga perorata inicial característica del Búho, el por qué del título de esta entrada. El policarbonato de bisfenol A ha sido el más encarnizado competidor del vidrio en la fabricación de los biberones infantiles. Transparente como él, pero mucho más resistente a los golpes, ha tenido largos días de gloria hasta caer en desgracia por culpa de uno de los monómeros que se emplean en su fabricación: el bisfenol A, cuya formulita puede verse a la izquierda. En los últimos dos años, varios gobiernos e instituciones han prohibido el uso del policarbonato en los biberones, como una medida precautoria contra el riesgo de que las pequeñas cantidades de bisfenol A que puedan quedar en el polímero (el resto ha polimerizado y no tiene riesgos) migren al contenido del biberón. Lo mismo pasa con el bisfenol A que se emplea en las resinas epoxi que tapizan el interior de la mayoría de las latas de bebidas y conservas.

Diversos estudios parecen indicar que el bisfenol A así ingerido puede ser un disruptor (o interruptor, para ser fieles al Diccionario) endocrino, es decir, una sustancia que afecta a algunos procesos hormonales durante el desarrollo de los seres vivos y que puede, consiguientemente, provocar efectos indeseados. Aunque, todo hay que contarlo, no hay un acuerdo generalizado sobre este tipo de resultados y, por ejemplo, la Food and Drug Administration (FDA) americana no está por ahora (hoy) por la labor de prohibir el bisfenol A. Si se me permite un comentario jocoso antes de seguir en serio, la cerveza puede considerarse como un disruptor, al contener ciertas hormonas parecidas a las femeninas que pueden provocar un aumento de las glándulas mamarias de los varones que le dan a esa bebida con afición desmedida. Pero eso no parece preocupar mucho a los teutones.

Pero todo lo que afecta a los niños es materia muy delicada y muchas compañías que tienen intereses en este sector, a la vista de lo que se estaba cociendo desde principios de 2008, han preferido no entrar en el debate científico y buscar alternativas al policarbonato a la hora de fabricar sus biberones. Y es ahí donde, de nuevo, a Eastman Chemicals se le ha aparecido la Virgen en forma de su Tritan. No mucho más caro que el policarbonato no contiene bisfenol A, es igual o más transparente que él y, además, no tiene los inconvenientes de éste para su uso en lavavajillas. Así que ya hay varias compañías como Weil Baby o Evenflo que han empezado a comercializar biberones con Tritan.

Y es que en estos asuntos, el que no corre vuela....

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lunes, 31 de agosto de 2009

Chica guerrera

Ya he contado alguna en vez en este Blog que el Búho es miembro de la American Chemical Society (ACS). Desafortunadamente, esa pertenencia no se la ha ganado en base a sus méritos científicos sino a haber pagado, religiosa e ininterrumpidamente, la cuota anual desde hace casi treinta años. Pero no me arrepiento de haberlo hecho. La ACS es la sociedad científica más grande del mundo, con 154.000 miembros y un vasto entramado de servicios en el campo del acceso a la información científica, de la publicación de revistas y libros, la organización de Congresos, Cursos, etc. Probablemente no le he sacado todo el partido que hubiera podido y debido, pero la entrada de hoy viene motivada por una de sus interesantes iniciativas.

Como todos o casi todos mis lectores habrán visitado alguna vez al dentista, tienen una cuenta pendiente con una poco conocida ciudadana, la Dra. Sumita B. Mitra, una veterana científica que ha trabajado siempre en el gigante 3M, dentro de la división de productos destinados a los dentistas. La American Chemical Society acaba de declararle "Héroe de la Química", dentro de una convocatoria que anualmente y desde 1996 promueve la ACS para premiar a todos aquellos "que han contribuido al bienestar y al progreso de la humanidad en la última década". Las candidaturas pueden ser propuestas por empresas o instituciones y un panel de expertos elige entre las recibidas, con el ojo puesto en reconocer investigaciones que hayan culminado con éxito en un desarrollo ulterior, refrendado además por una venta significativa de un producto en cualquier ámbito científico-tecnológico.

Nuestra amiga Sumita fue en su día la inventora, para 3M, de una familia genérica de productos que los dentistas de todo el mundo usan como adhesivos para pegar coronas, fundas, brackets y similares a dientes y muelas. Pero lo que ha sido determinante en la consecución del premio es la sistemática labor que ha realizado, a lo largo de los años, en una gama de productos usados en la reparación de piezas dentales. Se trata de materiales compuestos o composites, a base de una combinación de polímeros y reforzantes inorgánicos, que tratan de reproducir la apariencia física (sobre todo el color) y las propiedades mecánicas de nuestros piños originales cuando han sufrido roturas, desgastes u otros deterioros propios de la edad o del mal uso. Las últimas variantes de esa familia han visto la luz gracias a las nuevas posibilidades que nos dan las técnicas y conocimientos que tienen su base en las más puras esencias de lo que hoy llamamos Nanociencia y Nanotecnología.

Desde hace ya algún tiempo los dentistas ya han venido empleando como materiales para restauración los materiales híbridos polímero+partículas inorgánicas
arriba indicados. Para los polímeros, y como muchos de sus competidores, 3M ha venido utilizando mezclas de monómeros como el dimetacrilato de bisfenol A diglicil éter y el dimetacrilato de trietilenglicol que, tras su aplicación, polimerizan "in situ", esto es, en el propio diente, gracias al concurso de la luz. En cuanto a las partículas inorgánicas, es habitual usar óxidos de silicio y circonio que se encuentran disponibles en el mercado con tamaños de partícula del orden de 40 nanometros. Pero en el proceso de restauración del diente, esas partículas se aglomeran entre ellas, dando lugar a agregados más grandes, que comparten espacio con los que se forman entre las mismas partículas y los polímeros base del preparado en cuestión.

El efecto final es que tenemos un amplio espectro de tamaños de partículas y aglomerados. Cuando ese material es pulido para conformar la apariencia normal del diente, el efecto del torno hace que se desprendan partículas de muy variados tamaños, dando lugar a una superfice que la Microscopia Electrónica (EM) y la de Fuerza Atómica (AFM), dos técnicas fundamentales en el desarrollo de la Nanociencia, han revelado como llena de micro y nanocavidades, lo que crea problemas importantes en la consecución del color que se pretendía conseguir para la uniformidad de la dentadura, tanto por efectos ligados a la propia reflexión de la luz, como al hecho de que en esas cavidades entren restos de comida, líquidos, etc.

Mitra ha conseguido un nuevo material dando una vuelta de tuerca más a las formulaciones que ya venía comercializando 3M en los últimos años. En las nuevas, se ha sustituido la mayor parte del segundo de los dimetacrilatos por un poliuretano de cuya estructura cuelgan los mismos grupos dimetacrilato. El resultado, según las fotos de Microscopía Electrónica, es que las partículas inorgánicas se agregan menos entre sí y, además, forman clusters o agregados de tamaño nanoscópico con las resinas poliméricas. Todo ello tiene varias consecuencias importantes para los dentistas: el material se encoge menos durante la polimerización "in situ", un problema clásico en estos materiales reparadores; su resistencia mecánica es superior, tienen mejor vejez y, sobre todo, durante la acción del pulido retienen el color seleccionado para la resina, el problema estético por excelencia.

En esta misma convocatoria de Héroes de la Química se han premiado también las contribuciones de dos investigadores de Dow (Cadotte y Mickols) por el desarrollo de membranas para las plantas desalinizadores y a un equipo de doce investigadores de Novartis por el desarrollo del aliskiren, un nuevo medicamento para prevenir la tensión sanguínea elevada. Desafortunadamente, entre los catorce galardonados de estas dos empresas, no hay una sola mujer. Así que Sumita es la verdadera Héroe de la edición 2009.

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jueves, 27 de agosto de 2009

A perro flaco......

Aunque a veces me paso criticándolos, soy un firme partidario de la existencia de colectivos ciudadanos como los sindicatos o las organizaciones ecologistas. Suponen poner coto, o al menos contrapeso, a determinadas acciones abusivas, y a veces hasta vandálicas, de otros colectivos que comparten cancha en nuestra vida cotidiana. Sin ese adecuado contrapeso es probable que hubiera sido difícil llegar a los niveles de calidad de vida que disfrutamos. Lo cual no quiere decir que por el hecho de ser colectivos más o menos numerosos y reconocidos sean los poseedores de la verdad absoluta, ni que los ciudadanos individuales no podamos objetar de sus métodos y conclusiones. Porque la mayoría de estos colectivos quieren perpetuarse y, para ello, necesitan autoalimentarse y en esa búsqueda de la persistencia pueden dar cobijo a gentes de poco rigor.

En la Donosti de mis entretelas hay un activo colectivo ecologista una parte del cual debe andar todos los días rastreando la red, a la búsqueda del último agente cancerígeno con el que entretenerse y justificar sus actividades. Si así no fuera, es díficil de explicar que su último gran objetivo llevado a término (Diario Vasco del 25 de agosto) sea haber conseguido que en una ikastola de la zona se hayan retirado una serie de bancos y farolas que habían sido tratados con creosota.

La pobre creosota es un biocida contra los bichos que atacan la madera y que muchos de mis lectores (sobre todo los más viejos) identificarán enseguida como esa pintura negra de olor penetrante (y para mi bastante agradable) con la que antaño se pintaban, sobre todo, las traviesas de las vías de tren y los postes de telégrafos y de luz. Y digo pobre porque ni traviesas ni postes son hoy en dia, en su gran mayoría, de madera. De hecho, muchas de las viejas traviesas que han poblado los tendidos ferroviarios se venden, a precio de orillo, como motivos ornamentales para construir pequeñas zonas ajardinadas en adosados, casas de campo, campos de golf y similares. Así que muerto el perro flaco (traviesas, postes) muertas las pulgas (creosota) y la citada pintura ha pasado casi a formar parte de la historia, aunque parece que a los del colectivo ecologista en cuestión les da igual, con tal de que entrando en Google y tecleando "creosote and cancer" (en inglés, para que salgan más), nos devuelvan 69.000 referencias. Lo cual tampoco es mucho para los niveles de Google y los niveles del término cáncer.

La causa por la que la cresota ha sido recientemente prohibida o restringida por las principales agencias que controlan nuestra salud y nuestro medio ambiente, está relacionada con su origen y composición. La creosota es una mezcla de compuestos destilados del alquitrán de hulla y, por ello, contiene una familia amplia de productos químicos entre los que se encuentran fenoles, cresoles y los temidos hidrocarburos aromáticos policíclicos (o PAHs en su acrónimo inglés), otra amplia familia de compuestos en sí misma, muchos de ellos reputados cancerígenos. Estos últimos ciudadanos ya salieron en una entrada de la anterior fase de este Blog, aquella en la que os contaba mis desvelos y tribulaciones para encontrar en las farmacias una crema con la que sanar mi delicada piel de búho. Sin conseguirlo, al haber sido eliminada del mercado en tanto que extracto alcohólico del alquitrán de hulla. Así que, básicamente, estamos hablando del mismo problema y no es cuestión de repetirse. Basta con darle al link anterior.

También allí os contaba que algunos de estos PAHs están también en alimentos que ingerimos tras someterlos a altas temperaturas (café torrefacto, ahumados, carnes a la plancha, etc...) Digo yo que es más fácil y habitual que un niño coma chuletas a la plancha, chuletillas al sarmiento bien crujientes o hamburguesas más o menos chamuscadas por la impericia de sus progenitores como cocineros, que le de por morder un banco con creosota. De lo que infiero que a la hora de dar publicidad a los peligros de tocar o sentarse en maderas tratadas con nuestro biocida, podrían aprovechar el viaje y comentar que esas mismas sustancias peligrosas están también en nuestro "menú" de muchos días y, por tanto, debieran prohibirse. Sería una verdadera labor didáctica. Aunque claro, un frasco de creosota viene de una planta química y una chuleta de una carnicería de las de siempre y la hemos hecho en casa como siempre...

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