domingo, 29 de enero de 2023

El agua potable de Barcelona no contiene microplásticos

Tengo un viejo amigo que, en cuanto ve algo relacionado con la contaminación de plásticos y microplásticos, me lo envía por si las moscas. Así me enteré hace unas pocas semanas de un artículo publicado a finales de diciembre en The Conversation, firmado por la Dra. Paula Redondo y titulado ¿Estamos bebiendo plásticos?. Cuando veo un título de este pelo, suelo elevar mi poblada ceja izquierda y pienso que se trata de un artículo más o menos tremendista sobre el peligro de los microplásticos en la alimentación. Pero esta vez me he pasado de listo y no es así. Aunque tengo que decir que, tras leerlo, yo no le hubiera puesto el título que su autora ha elegido. Pero, para entender esta afirmación, es mejor llegar hasta el final de la entrada.

El artículo está bien bien escrito y documentado para una revista de divulgación como la que lo publica. Usa literatura reciente (que ya he usado en este Blog) relativa a los microplásticos que ingerimos a través del aire, el agua o la comida. Además, cita un trabajo reciente sobre la contaminación de los mismos en el agua potable, publicado en marzo de 2021 y que a mi se me había escapado en mis periódicas búsquedas bibliográficas sobre el tema (sobre todo por eso, gracias Javi). Firmado por científicos catalanes, en él se estudia la contaminación por microplásticos en el agua del río Llobregat, que suministra agua potable a la ciudad de Barcelona, tras ser tratada en la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) situada en Sant Joan d'Espi.

Los propios autores nos cuentan que el río Llobregat tiene un recorrido de 170 kilómetros desde los Pirineos, donde nace, hasta su desembocadura cerca de Barcelona, sufriendo a lo largo de su cuenca una serie de presiones antropogénicas con urbanizaciones, polígonos industriales, plantas de tratamiento de aguas residuales, agricultura y hasta sitios con actividad minera desde hace tiempo. Un poco antes de su desembocadura es cuando se toman de su cauce del orden de 5 metros cúbicos por segundo, que se derivan a la ETAP antes mencionada y constituyen la fuente de agua potable de la Ciudad Condal. Con estos antecedentes, uno podría esperar que el agua de Barcelona tuviera una moderada concentración de microplásticos, dado el pensamiento existente de que las plantas de aguas residuales (como las que vierten al Llobregat) no son capaces de eliminar los microplásticos que les llegan y eso, unido a otras fuentes de contaminación, tendría que hacer llegar agua con microplásticos a la ETAP, que ésta también tendría problemas para eliminarlos.

Pues nada más lejos de la realidad. Las medidas realizadas en siete puntos de muestreo a lo largo del cauce del río Llobregat detectaron microplásticos en cinco de esos siete puntos, en concentraciones que, como mucho, alcanzaron los 3,6 microplásticos por litro, con un valor medio de 1,6 microplásticos por litro. Concentraciones muy pequeñas para lo que se pudiera esperar del recorrido del río. Antes de continuar, no puedo dejar de lado una breve disquisición estadística en el tema de la expresión de las concentraciones. Este vuestro Búho hubiera escrito esos mismos resultados como 4 microplásticos por litro en lugar de 3,6 (en el caso de la concentración más alta) y 2 microplásticos por litro en lugar de los 1,6 del valor medio. Porque, en este tipo de estudios, las partículas se cuentan como entidades individuales y no como fracciones de ellas (no existe algo que pueda describirse como 0,6 partículas, por ejemplo).

Lo que si se constata en el estudio, como es lógico, es que la concentración de microplásticos va creciendo en los puntos de muestreo a medida que nos aproximamos a la ETAP y a la desembocadura. La mayoría de las micropartículas encontradas eran fibras de poliéster seguidas de fibras y fragmentos de polipropileno y polietileno. Dicen también los autores que el agua, cuando entraba en la ETAP para su tratamiento, contenía del orden de un microplástico por litro (0.96 ± 0.46 aparece en el texto) y a la salida 0.06±0.46. Este último dato quiere decir que, estadísticamente, el agua que se envía finalmente a los grifos de Barcelona no contiene microplástico alguno. Y que aunque haya algún microplástico en la entrada de la ETAP, ésta es muy eficiente a la hora de eliminarlo. Dicen los autores que en un 93%, pero no se si ese dato tiene algún sentido con los números de partículas que manejan antes y después de la ETAP.

¿Habéis encontrado alguna referencia en vuestra prensa diaria a este resultado?. Seguro que no. Yo he hecho una búsqueda en Google, poniendo frases del tipo "microplásticos en el agua potable de Barcelona" y no aparece mención alguna a ediciones digitales de diarios o agencias de prensa que se hayan hecho eco de este trabajo científico. Lo cual es una prueba más de ese marketing perverso del que yo suelo hablar, según el cual los medios se hacen poco eco (o ninguno) de noticias que constatan que algo va bien. Y puestos a hablar de marketing, ¿no será también esa la causa por la que la Dra Redondo haya titulado su artículo en The Conversation en la manera en la que lo ha hecho?. Podría haber optado, por ejemplo, por el que yo he puesto a esta entrada.

Pero es solo la opinión de un viejo cascarrabias.

Leer mas...

martes, 17 de enero de 2023

Hidrógeno blanco

Hace más de dos años escribí una entrada sobre el hidrógeno verde. En esa entrada se asignaban otros colores al hidrógeno, colores que tenían que ver con los procesos por los que se produce este gas, ahora otra vez considerado como posible panacea de nuestros problemas energéticos. A pesar de que el hidrógeno sea incoloro, basta poner en Google "los colores del hidrógeno" para llegar a una serie de documentos en los que se bautiza al hidrógeno como gris (el más habitual,  obtenido a partir del gas natural y el metano en él contenido). O negro o marrón para el que se obtiene de carbón o petróleo. O azul que, en una primera etapa, se produce igual que el gris para, en una segunda fase, capturar el CO2, obtenido como subproducto del proceso, mediante técnicas denominadas de captura y almacenamiento de carbono (CCS en su acrónimo en inglés). El hidrógeno verde, la estrella emergente del momento, ya vimos que se obtiene mediante la electrólisis del agua que quiere decir que vamos a romper los enlaces que unen los dos hidrógenos del agua con el oxígeno y obtener así ambos gases por separado.

El problema es que para llevar a cabo esa electrólisis del agua se necesitan grandes cantidades de energía y, para asignar al hidrógeno ese adjetivo de verde, debemos extraer esa energía sin emitir gases de efecto invernadero, por lo que se emplean energías provenientes de instalaciones eólicas o solares (aunque, a veces, al hidrógeno que se obtiene por la vía solar se le etiqueta de amarillo). Otras fuentes de energía que no producen gases de efecto invernadero puede también emplearse para electrolizar el agua. Y así, hablamos de hidrógeno rosa, púrpura o rojo, según los gustos de cada cual, para denotar al hidrógeno producido por electrólisis con ayuda de la energía proveniente de una central nuclear. Y completaríamos la paleta con el llamado hidrógeno turquesa a partir de un proceso llamado pirólisis del metano que produce directamente hidrógeno y carbono sólido.

La necesidad de obtener hidrógeno radica en que, como yo decía en una frase de la entrada arriba mencionada, "aunque el hidrógeno está por todos los lados en la naturaleza en forma combinada, rara vez se encuentra puro". Bueno, pues ha llegado el momento de matizar esa afirmación, añadiendo un color más a la larga paleta de colores que se han asignado en los últimos años a nuestro hidrógeno: el blanco que, ya os adelanto, es el que se obtiene de forma directa de determinados yacimientos existentes en la Tierra. Es una historia muy interesante de la que comencé a tirar del hilo gracias a la lectura de uno de esos documentos en los que se habla de los colores del hidrógeno. Encontré en él una referencia a un yacimiento situado en la República de Malí, en Africa Occidental, del que fluye de forma natural un gas que es básicamente hidrógeno puro (un 98%) acompañado de un 1 % de nitrógeno y un 1 % de metano.

En un lugar conocido como Bourakebougou, al perforar en 1987 un terreno a la búsqueda de un pozo de agua, se produjo una explosión de gas provocada por un cigarro que andaba fumando un operario que resultó gravemente herido. El incidente ocurrió cuando se alcanzó una profundidad de 112 m. El pozo se tapó con cemento por si las moscas, pero se volvió a abrir en 2011, como experiencia piloto en la producción de hidrógeno, pues ensayos previos de una compañía petrolífera de la propia Malí demostraron que el gas que emanaba de ese pozo era, como acabo de decir, casi hidrógeno puro. En una etapa posterior se utilizó ese hidrógeno como forma de suministrar electricidad a la aldea cercana. El proyecto resultó ser un éxito y ha durado años.

Pero como ha mostrado un largo review de Viacheslav Zgonnik publicado en la revista Earth-Science Reviews en febrero de 2020, se sabe, desde hace tiempo, que hay lugares en la Tierra en los que se producen emisiones de gases que contienen hidrógeno en muy variables concentraciones. El artículo detalla un mapa mundial de los sitios en los que se sabe que el hidrógeno fluye de la tierra de forma natural. En algunos casos, como el de un yacimiento cerca de Antalya, Turquía, que se conoce desde los tiempos de los griegos, el gas que sale es fundamentalmente metano, pero lleva hasta un 11% de hidrógeno. Por poner otro ejemplo, en la isla de Luzón en Filipinas, hay una emanación que contiene un 60% de hidrógeno y que está ardiendo desde los tiempos de la colonización de esa parte de la Tierra por los españoles. Y con mayor o menor proporción de hidrógeno, sin alcanzar el contenido del gas de Malí, se pueden citar innumerables casos repartidos a lo largo y ancho de la superficie continental y de las plataformas marinas. Muchas de estas observaciones se han llevado a cabo fundamentalmente a partir de los años setenta y, en muchos casos, sería complicado obtener de esos yacimientos producciones de hidrógeno como las que vamos a necesitar en un proceso de descarbonización.

Pero es que muchos de esos descubrimientos han sido casuales y, solo muy recientemente, pequeñas compañías han empezado a buscar y evaluar el potencial real de estos "pozos" de hidrógeno, como es el caso de la compañía francesa en la que trabaja el autor del review. ¿Por qué esa actividad no ha empezado antes?. Pues en parte porque es ahora cuando empiezan a descubrirse yacimientos con tamaño y pureza en hidrógeno, susceptibles de utilizarse como fuente de hidrógeno directa. Pero hay otras razones, muy interesantes para un químico como yo. En la mayoría de yacimientos de gas natural, donde suele aparecer hidrogeno muchas veces, la técnica analítica empleada para medir la composición de esos gases ha sido la cromatografía de gases, muchas veces utilizando hidrógeno como vehículo para pasar la mezcla a investigar por una columna que separa los diferentes componentes de la muestra. Eso implica que es difícil detectar hidrógeno en esa muestra, por estar en cantidades ridículas con respecto al que introducimos como gas portador.

Nos falta mucho por investigar sobre cómo se genera ese hidrógeno en las entrañas de la Tierra. Solo así podremos focalizar adecuadamente la labor de los geólogos a la búsqueda de yacimientos importantes. O saber si, al contrario de los yacimientos de combustibles fósiles, generados y acumulados por eventos previos, las emisiones de hidrógeno provienen de procesos que están ocurriendo de forma continua a diversas profundidades. Procesos como la descomposición de agua catalizada por hierro o, simplemente, hidrógeno que está ahí (en la corteza y en el manto) desde la propia formación de la Tierra y que, poco a poco, por su gran difusividad, va ascendiendo. Lo que está claro es que si encontráramos, y aprovecháramos, esos yacimientos, el hidrógeno dejaría de ser un vector de energía (ahora lo tenemos que producir para luego convertirlo en energía), para pasar a ser un combustible en toda regla y, probablemente, renovable.

Vamos a ver cómo evoluciona esto. Quizás todo se quede en nada por no disponer de yacimientos importantes. O quizás estemos solo en un estado muy preliminar, como les ocurrió a los pioneros de las primeras perforaciones a la búsqueda de petróleo. O a los que empezaron a usar las técnicas de fracking de forma decidida (de los que mucha gente se reía) y hoy nos están resolviendo el problema creado por los delirios de Putin, mandándonos buques con gas natural licuado.

Leer mas...

martes, 27 de diciembre de 2022

Don Pío y el Búho


Rara vez he publicado aquí alguna entrada que, en mayor o menor medida, no tenga que ver con la Química. Pero hoy, para acabar el año, lo voy a hacer. En este día de los Inocentes (cuándo si no) del año 1872 nació en esta ciudad Pío Baroja y Nessi, uno de los preclaros escritores de su época. Así que hoy se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Y como esto es un Blog personal y el Búho ha sido barojiano desde su más tierna adolescencia, quiero que quede constancia del hecho en esta entrada. La siguiente efeméride, cuando se cumpla el siglo de su muerte (el 30 de octubre de 2056), me pillará ya convertido en cenizas.

En algún momento de la década de los sesenta del siglo pasado, mi padre compró las obras completas de Baroja en la edición de 1947 que publicó Biblioteca Nueva, una editorial radicada en Madrid. Siempre ha sido un misterio para mi la razón por la que mi padre compraba libros de autores conocidos (Quevedo, Baroja, Unamuno, Blasco Ibañez, Garcia Lorca,...), en cuidadas ediciones, en una librería desordenada que estaba en la manzana siguiente a la que yo llevo viviendo cuarenta años, en la Plaza del Buen Pastor de Donosti. Nunca le vi leer (al menos no de manera regular) ninguno de esos tomos. Pero cuando deshicimos el piso de mis padres hace dos años, todos tenían claro que los diversos tomos de las Obras Completas de Baroja eran para un servidor.

Empecé a leerlas cuando todavía estudiaba Bachillerato, muchas veces con nocturnidad y la ayuda de una linterna que ocultaba entre las sábanas. Lo que me ocasionaba más de una bronca paterna. Peor fue que esa pasión barojiana me supuso un cero en conducta cuando llevé la contraria al fraile corazonista que nos daba Literatura española, al decirle que la famosa novela La Busca no me había parecido una obra especialmente pecaminosa. Mi padre fue llamado a capítulo por el Director del Colegio pero me sacó la cara y todo quedó en nada. Aunque, con posterioridad, el Hermano Victorino (que así se llamaba el fraile) nunca me puso buena nota en los exámenes de la asignatura, a pesar de que yo era un estudiante excepcional (ya se me murieron mis abuelitas hace tiempo).

El caso es que, este año, se ha vuelto a constatar la mala prensa que, en las Instituciones, ha tenido siempre el cascarrabias de Don Pío. Los concejales del PP en el Ayuntamiento donostiarra propusieron en febrero la concesión de la Medalla de Oro de la ciudad con ocasión del aniversario que estamos comentando. Pero todo el resto del arco político se posicionó en contra. La discusión demostró que muchos de los ediles de mi pueblo no han leído nunca a Baroja o han hecho una búsqueda intencionada de alguna frase de Don Pío que le inhabilitara como merecedor de tal galardón. Cosa no muy complicada, ya que uno puede encontrar muchos párrafos en sus libros que indican su desapego por la Donosti de los años veinte. No quiero ni pensar lo que diría ahora, cuando lo que él criticaba (y que podría resumirse con el término ñoñostiarrismo) anda otra vez en máximos.

Pero creo que los tiros van por otro lado. Baroja no ha caído nunca bien a los políticos, particularmente a los nacionalistas. No voy a entrar en detalles que puedan enturbiar la entrada pero en los escritos de Baroja queda clara su aversión por Sabino de Arana (tampoco los comunistas salen bien parados). Ello resultó ya obvio en 2006, al cumplirse el cincuentenario de la muerte del escritor, cuando una propuesta presentada por el PSOE para que la Diputación Foral celebrara una serie de actos conmemorativos se encontró con la oposición frontal de la mayoría nacionalista entonces imperante (PNV más EA).

Así que lo de este año no es más que una reedición de lo anterior aunque, esta vez, hasta los socialistas se han apuntado al carro. Su portavoz en el Ayuntamiento y futura candidata a la Alcaldía adujo que Baroja fue muy crítico con la ciudad, llegando a escribir en 1917 (!!) que su espíritu era "lamentable. Allí no interesa la ciencia, ni el arte, ni la literatura, ni la historia, ni la política, ni nada". Y concluyó la concejala con otra cita: "Yo no tengo ciudad. Hoy por hoy me considero extraurbano". Para acabar apostillando que Baroja ya tenía reconocimiento en espacios públicos de esta ciudad.

Y es cierto. Aparte de un paseo con su nombre en los extrarradios, con escultura de Nestor Basterretxea incluida, hay un busto junto al teatro Victoria Eugenia, en uno de los extremos de la calle Oquendo, la calle en la que nació. Una foto de ese busto es la que decora el inicio de esta entrada y podéis ampliarla clicando en ella. En realidad, se trata de una copia en bronce del realizado en piedra por el escultor Victorio Macho que lleva, además, una inscripción que recuerda el centenario del nacimiento de Baroja, ahora hace 50 años.

El busto original se instaló en 1935 en el claustro del Museo de San Telmo y al evento asistió el propio Don Pío, acompañado por el pintor Zuloaga entre otros. Se retiró después de la guerra civil y volvió a su lugar original durante la Transición para reposar otra vez, y sin que se sepa por qué, a los almacenes municipales donde me consta que estaba en 2006. Ese año, con ocasión del cincuentenario de su muerte, un concejal del PNV pidió volver a colocarlo en el claustro de San Telmo, pero no estoy seguro de que esté ahí, porque no he ido al Museo desde su última restauración (tendré que ir en peregrinación un día de estos).

Frente a la réplica en bronce, al otro lado de la calle, hay una placa que recuerda la casa en la que nació Baroja. También esto tiene un punto de polémica, porque uno de los sobrinos de Don Pío (ya fallecido), Pío Caro Baroja, solía decir, con cierta sorna, que la placa estaba colocada en la casa equivocada y que, en realidad, su tío había nacido en la finca colindante.

En fin, espero me perdonéis estos desahogos barojianos. Don Pío no dejaba títere con cabeza y así fue haciendo "amigos". Una buena prueba son sus diatribas contra los profesores universitarios que tuvo. Dado que este Blog versa sobre la Química, voy a recordar su apunte del profesor de esa materia durante el curso preparatorio de Medicina que siguió en Madrid. En las primeras páginas de su novela El árbol de la Ciencia dice que "[.....]aquella clase de Química en la capilla del Instituto de San Isidro era escandalosa. El viejo profesor recordaba las conferencias del Instituto de Francia, de célebres químicos y creía, sin duda, que explicando la obtención del nitrógeno y el cloro estaba haciendo su propio descubrimiento. [...] Dejaba los experimentos aparatosos para la conclusión de la clase, con el fin de retirarse entre aplausos, como un prestidigitador"".

Que 2023 os sea leve, amigos.

Leer mas...

domingo, 18 de diciembre de 2022

Adhesivos poliméricos y activistas climáticos

En los últimos meses, son ya habituales en la prensa las noticias relacionadas con acciones de activistas contra el cambio climático que se pegan a conocidas obras de arte exhibidas en museos importantes, a entradas de edificios de bancos y compañías petrolíferas o, incluso, al pavimento de vías urbanas. Esta pasada semana, por ejemplo, se han dado un par de incidentes en Alemania con activistas de una organización denominada Letzte Generation (en castellano Última Generación) que interrumpieron el tráfico rodado como forma de exteriorizar sus ideas. Esta entrada no pretende entrar a valorar ese tipo de actitudes, aunque los comentarios están abiertos a quien quiera hacerlo. Solo quiero utilizarlas como excusa para ilustraros, bien es cierto que con alguna dificultad, sobre los polímeros supuestamente empleados en esas protestas. Que es en lo que me siento cómodo.

Las acciones en los museos comenzaron a ser evidentes el pasado verano de la mano de la organización Just Stop Oil, con base en Gran Bretaña, cuyos activistas pegaron sus manos a pinturas de Van Gogh, Constable o Turner en museos de Londres, Glasgow o Manchester. Otro pegó su cabeza al famoso cuadro de Vermeer "La joven de la perla" en el museo Mauritshuis de La Haya. En estos y otros casos, parece que el adhesivo utilizado ha sido el conocido SuperGlue, ya que así se lo ha reconocido recientemente la propia organización a la revista Slate.

Sobre el Superglue ya hemos hablado alguna vez en este Blog. El pequeño tubo que compramos contiene un compuesto químico en estado líquido denominado cianoacrilato que, en presencia de la humedad del aire, empieza a polimerizar rápidamente hasta formar un capa sólida entre las superficies que pretendamos adherir. La rapidez del proceso es tal que, si algo del producto nos queda entre los dedos y los juntamos, la propia humedad que tienen estos hace que el proceso se produzca igualmente, con lo que los dedos quedan firmemente unidos y tratar de separarlos drásticamente puede hacer que nos llevemos la piel. Pero, como es obvio, es un adhesivo muy interesante para este tipo de acciones que necesitan de una cierta rapidez, para que todo esté unido y bien unido antes de que llegue la poli a tratar de solventar el marrón.

Hay algunos métodos para deshacer esa potente adhesión. Por ejemplo, usar acetona, como la contenida en un quitaesmaltes de uñas. La acetona disuelve al polímero formado por el cianoacrilato y si se tiene la suficiente paciencia como para ir moviendo suavemente los dedos encolados mientras se aplica un paño con acetona en la zona adherida, la adhesión se irá debilitando y los dedos se separarán. Otros trucos implican el uso de aceite, agua con jabón o disolventes más especiales. En algunas protestas, los activistas se pegaron a las pantallas con las que se suelen proteger cuadros valiosos. Esas pantallas están hechas de polimetacrilato de metilo, un polímero transparente como el vidrio. En ese caso, la acción de la acetona es también interesante porque no sólo disuelve al adhesivo sino también al propio polímero protector por lo que la separación se puede llevar a cabo con una cierta facilidad. El protector, sin embargo, resulta dañado y habrá habido que cambiarlo pero parece que los cuadros no han sufrido deterioro alguno.

Algo más complicado de entender parece lo que ha ocurrido con las dos acciones de los activistas de Letzte Generation que mencionaba arriba. He rebuscado en páginas alemanas (cuyo idioma no controlo) que dan la noticia, gracias a la posibilidad de traducirlas en los navegadores modernos. Pero no he encontrado de forma concluyente la naturaleza química de los adhesivos empleados. Algún medio español habla de que fue también SuperGlue, mezclado con arena, el adhesivo que empleó el activista Raul Semmler, el pasado fin de semana, para pegarse a una carretera cerca de Mainz e interrumpir así el tráfico. Lo de la arena podría ser una forma de implicar a toda la mano, y no solo a la palma, en la adhesión. Lo que es evidente es que al activista se le fue la mano (y nunca mejor dicho) en la cantidad de adhesivo empleada, pegándose de tal forma al asfalto que hubo que arrancar, a base de un taladro, un trozo de este, con mano incluida, como forma de reanudar el tráfico ante la imposibilidad de hacerlo de otra manera. La mano quedó tal y como se ve en la foto que ilustra esta entrada y la eliminación del adhesivo, hasta dejarle a Raul su mano en condiciones, ha tenido que ser un proceso largo y, probablemente, muy molesto.

En el otro incidente, activistas de la misma organización, embutidos en trajes de neopreno, trataron de pegarse sentados a una calle de Munich tras rociarse con un líquido blanquecino. Pero el intento resultó un fiasco y debieron quedarse sin habla al comprobar que el pegamento no solo no les adhería al suelo sino que, por el contrario, facilitaba que la policía los arrastrase fuera de la calle. Algunos medios han especulado con que los activistas no tuvieran en cuenta el que las temperaturas en el momento de la acción estaban bajo cero y, por ello, el adhesivo no funcionó. Es difícil saberlo pero visto lo que se ve en las fotos y si se me permite lanzar una hipótesis, yo diría que usaron un adhesivo a base de una resina epoxi.

El adhesivo tipo epoxi más conocido es el que durante años se ha vendido en cualquier ferretería bajo la marca Araldit. Se presenta en dos tubos (bicomponente), uno con la resina epoxi propiamente dicha, un polímero de cadenas cortitas, y otro con agentes que van a provocar su endurecimiento (o curado) cuando el contenido de ambos tubos se mezcla. Ese curado implica que las cadenas de la epoxi se van uniendo entre ellas, lo que provoca el citado endurecimiento, que tiene además como consecuencia el que el material final es insoluble en disolventes orgánicos y si tratamos de calentarlo para que se ablande tampoco lo conseguimos y, como mucho, la resina curada se carbonizará si se alcanzan temperaturas elevadas.

Pero a nivel industrial se venden resinas epoxi que ya llevan el agente de curado incorporado (monocomponente. Para que no solidifique enseguida y se pueda distribuir comercialmente, el agente de curado está elegido adecuadamente y solo hace su papel después de un tiempo largo (horas) tras su aplicación, tiempo que, además, es más o menos largo dependiendo de la temperatura a la que está la superficie sobre la que se aplica. Y aventuro que ese es el tipo de adhesivo que los activistas pensaron usar pero que la baja temperatura de las calles de Munich hizo que el proceso de curado no tuviera ni visos de empezar antes de que llegara la poli. Y como lo que se habían rociado era una cosa pringosa y resbaladiza, ello facilitó la labor policial. Supongo, por otro lado, que aparte de protección contra el frío reinante, el traje de neopreno era una forma de asegurarse el que, si la cosa hubiera funcionado, no los tuvieran que arrancar con taladro como a su colega. Bastaría con quitárselo y punto.

No deja de tener su gracia que el científico que estudió, ya en el siglo XIX, la relación entre la temperatura y la velocidad a la que un proceso químico ocurre, no fue otro que Svante Arrhenius, el mismo que, como ya conté aquí, fue el primero en cuantificar en 1896 el efecto que tiene en el calentamiento de la Tierra el duplicar la concentración de CO2 en la atmósfera.

Leer mas...

jueves, 8 de diciembre de 2022

Búhos de la Edad del Cobre


Lo que hoy os voy a contar tiene poco que ver con la Quimiofobia o la Química que suelen inspirar muchas de mis entradas. En este caso, se trata de una curiosidad que ha surgido de forma casual, tras recibir una de las muchas alertas de revistas científicas a las que estoy suscrito. En el caso que nos va a ocupar, me llegó esta semana una alerta de la llamada Scientific Reports que publica el grupo Nature. Como en el título aparecía la palabra owl (búho) decidí echarle una ojeada. Se trata de un artículo de científicos españoles, liderados por un investigador de la Estación Biológica de Doñana. Y hace referencia a placas de pizarra grabadas durante la Edad del Cobre que, generalmente, se han encontrado en yacimientos tanto españoles como portugueses, en el suroeste de la Península Ibérica.

Una de esas placas, la que ilustra esta entrada y que podéis ampliar clicando sobre ella, fue encontrada en Cerro de la Cabeza, un sitio arqueológico muy interesante situado en la provincia de Sevilla. La placa data de finales del tercer milenio antes de Cristo y pertenece a los fondos del Museo Arqueológico de Sevilla (*). Basta ver sus dos grandes ojos centrales para identificar en ella la imagen de un búho. Dado el fetichismo que tengo por estos pájaros, la maravillosa imagen y su antigüedad, no me quedó otro remedio que seguir leyendo el artículo. Busqué después la imagen en el Museo sevillano e, incluso, entré en su tienda para ver si era posible comprar algo con ella relacionado. Pero no hubo suerte.

La placa en cuestión, y otras similares, pesan en torno a un kilo y suelen tener dimensiones parecidas a la palma de la mano. La que os muestro aquí mide 20,8 cm de alto por 15,3 cm de ancho y tiene un grosor máximo de 1,5 cm. Dicen los autores que esa y otras placas que también se muestran en el artículo, recuerdan a dos tipos de búhos que aún hoy están muy presentes en la zona, el mochuelo común (Athene noctua) y el búho chico (Asio otus) que, posiblemente, fueron también los búhos más abundantes alrededor de los asentamientos humanos de ese período histórico, como el de Cerro de la Cabeza. La gente de la época tuvo que ser consciente de su presencia e, incluso, haber interactuado con ellos. El por qué en estas placas aparecen muchos búhos, pero no otros animales, podría deberse a que los búhos son los más antropomórficos de todos los animales, con los ya mencionados grandes ojos frontales en sus enhiestas cabezas. Incluso hoy en día, los búhos se representan sistemáticamente, con sus dos ojos mirando al observador.

Los autores del artículo explican que esas placas están hechas de pizarra por ser esta una de las rocas más comunes en el suroeste de Iberia, proporcionando además algo parecido a un lienzo en blanco (aunque pétreo y gris) donde grabar líneas, utilizando herramientas puntiagudas de pedernal, cuarzo o cobre. Y que la forma en la que las pizarras se exfolian facilita la elaboración de placas con aspecto de búho. Si quisiéramos hacer lo mismo con las siluetas de otros animales, y que se identificaran como tales, exigiría por parte del "artista" habilidades adicionales de tallado y el uso de herramientas más específicas. La fabricación y el diseño de estas placas era algo sencillo y no requería altas habilidades ni mano de obra intensiva, como ha podido demostrarse con experimentos de replicación de estos diseños.

Especulan los autores con que estas placas de búhos podrían haber sido ejecutados por gente joven, ya que se parecen a los búhos pintados hoy en día por estudiantes de primaria, una prueba de que los dibujos esquemáticos son universales y atemporales. Al final, proponen que esas placas de pizarra con forma de búho pudieran ser los restos de un conjunto de objetos utilizados tanto en actividades lúdicas como en ceremonias rituales. Y que el grabado de las placas puede haber sido parte del juego. La frontera entre el juego y el ritual es difusa en las sociedades antiguas y "no hay contradicción en jugar con juguetes similares a animales y, en algún momento, usarlos como ofrendas como parte de rituales comunitarios como los que se daban en las colosales tumbas megalíticas de la Edad del Cobre".

En muchos casos, como pasa en el caso que os he mostrado al principio, estas placas de pizarra muestran además un par de agujeros en la parte superior, por encima de las cejas del búho y entre ellas. Una posible interpretación de la función de esos orificios es que sirvieran como puntos de introducción de algún cordaje que permitiera colgarlas del cuello o en las paredes de las tumbas. Otra posibilidad es que permitieran insertar ahí plumas de ave, añadidas a las placas justo en el lugar donde emergen los mechones en los búhos vivos.

Comprenderéis que después de leer todas estas cosas de mis colegas búhos tenía que dejar constancia aquí de ello. Este Blog, y cada día que pasa más, no es más que un diario de un Búho un poco grande y viejo...

(*) La foto de la placa mostrada es de Isabel María Villanueva Romero.

Leer mas...

Powered By Blogger