miércoles, 30 de mayo de 2018

Arreglando la anterior entrada

Por una serie de cuestiones que sería largo de explicar, la entidad editora de este Blog ha publicado esta noche una versión incompleta de la entrada que yo quise publicar ayer como Dios manda. Eso ha hecho que los lectores que reciben alertas por email de la publicación de nuevas entradas se hayan mosqueado, pero también quienes hayan leído la entrada en internet desde ayer sobre las 23,00 hasta este momento (14,00 horas del miércoles).

Mis más sinceras disculpas. Esto no ha pasado nunca en mis quinientos y pico posts anteriores. Para leer la entrada de ayer completa, no tenéis más que pinchar aquí.

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martes, 29 de mayo de 2018

Una entrada con acertijo

En las últimas semanas he dado un par de charlas relacionadas con la homeopatía: la primera estuvo centrada en la memoria del agua y la segunda, algo más larga, revisó conceptos básicos de la misma y puso al día a mi audiencia sobre la llamada "regulación" de los productos homeopáticos por parte del Ministerio de Sanidad. Como consecuencia de ello, he cacharreando mucho en la web CIMA de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), a la búsqueda de preparados que  estuvieran (a mi entender) en la frontera de lo que puede considerarse un verdadero fármaco. He encontrado varios, pero el que hoy os propongo se ha ganado el mérito de estar aquí porque salió en una conversación con dos amigos, médicos ambos, que siempre han estado interesados en él y a los que prometí escribir algo al respecto.

Y la verdad es que el producto tiene su aquél, si uno revisa la composición de lo que constituye sus ingredientes activos e incluso los no activos o excipientes. Así que voy a hacer una ligera introducción a los mismos, procurando inducir en mis lectores una cierta reacción quimiofóbica a los mismos, para acabar la entrada con el acertijo de cuál es el nombre por el que  todo o casi todo el mundo conoce al medicamento es cuestión.

El primer componente activo de nuestro producto es uno del que hablábamos en la reciente entrada sobre las bolas de billar y el celuloide. Recordaréis que este último resultó del intento de hacer que las primeras bolas, fabricadas con nitrato de celulosa, no explotaran al golpearlas. Lo que solventó su inventor, Hyatt, cubriendo la superficie de las mismas con una mezcla del propio nitrato de celulosa con alcanfor, que hacía que esa superficie fuera algo más blandita. Pues bien, un gramo de nuestro producto farmacéutico incógnita (incluidos los excipientes) contiene 50 miligramos de alcanfor. Se pueden contar muchas cosas sobre el alcanfor, pero baste con decir que la FDA americana prohibe cualquier preparado cuya composición en alcanfor supere el 11% y las concentraciones inferiores a ese porcentaje solo pueden usarse en humanos si se aplican sobre la piel.

En parecida concentración (50 miligramos por gramos de productos) está el aguarrás, esencia de trementina o turpentine en inglés, un líquido que se obtiene por destilación por arrastre de vapor de agua de la resina oleosa (también llamada miera) que se extrae de diversas especies de coníferas. Aunque todavía se sigue manteniendo en algunas regiones del mundo un procedimiento artesanal de obtención de la resina sobre la base de ir pelando los pinos en bandas practicadas en su tronco y recogiendo la resina que mana de ellas, lo cierto es que una gran parte de la producción de aguarrás se origina a partir de los desechos de la industria papelera que usa mucho pino en su proceso de producción.

Si uno se dedica a buscar los peligros inherentes al uso del aguarrás o trementina, la literatura contiene prevenciones diversas ligadas a su inhalación, ingestión o contacto con la piel. Inhalarlo puede generar cefaleas y problemas con la visión, bebiéndolo uno puede literalmente morirse y aplicándolo a la piel se han descrito diferentes alergias. Pero la cosa no debe ser tan grave. Generaciones de pintores de brocha gorda, y no tan gorda, se han quitado la pintura de las manos, brazos o cara con aguarrás. Se ha usado durante mucho tiempo en el tratamiento de piojos. Hace años se administraba aguarrás diluido oralmente para el tratamiento de parásitos intestinales (no sé quien moría antes, si el parásito o el enfermo) pero su principal empleo ha sido disolvente de pinturas de todo tipo, empleo que está cayendo en desuso merced a las llamadas pinturas al agua o el empleo de otros disolventes más convencionales.

Los siguientes ingredientes activos, en cantidades algo inferiores, son aceites esenciales de mentol (27,5 mg/g) y eucalipto (15 mg/g), muy populares y de diversos usos en farmacia, pero solo por dar un ejemplo, el primero puede resultar letal si se ingieren cantidades del orden de 2 gramos. Y para terminar, el ingrediente principal aunque usado como excipiente y que supone casi el 90% del producto final, es la vaselina blanca, también conocida como petrolatum en terminología inglesa. Y lo digo porque es indicativo de dónde se extrae. Se trata de una mezcla de hidrocarburos saturados, todos ellos con más de 25 átomos de carbono, que tiene la particularidad de ponerse blandita a temperaturas parecidas a las del cuerpo humano, lo que viene muy bien para su empleo como excipiente en preparados que se tengan que aplicar sobre el mismo. Para estos usos se emplea esta versión refinada de la vaselina, que reduce al mínimo la existencia de hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAPs) sobre los que ya hemos hablado en este Blog, por el carácter cancerígeno de algunos de los miembros de la familia.

Con estos antecedentes, uno pudiera pensar que no es un preparado cuya inclusión en la web CIMA antes mencionada parezca probable. Pues craso error. Ahí aparece con su flamante código nacional 846287.2 (algo de lo que no puede presumir ninguno de los preparados homeopáticos que se venden en España, como bien sabéis).

¿De qué producto farmacéutico se trata?. Pues no tenéis más que picar en este enlace para resolver el acertijo. Y si queréis una información completa de la Hoja técnica que aparece en la web CIMA de la AEMPS no tenéis mas que picar en este otro. Haciéndolo os daréis cuenta de que el primer registro de nuestro producto incógnita en la AEMPS se produjo en 1951. Si os soy sincero, no se si ahora lo conseguiría. Pero lo mismo pienso de la aspirina.

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miércoles, 2 de mayo de 2018

Un curso de verano en Donosti

Los Cursos de Verano de la UPV/EHU, que se celebran en el precioso marco del Palacio de Miramar de Donosti, llegan este año 2018 a su trigésima séptima edición. Como cada año, desde hace unos cuantos y dentro del apartado Ciencia y Tecnología, los amigos Juan Ignacio Pérez Iglesias (Director de la Cátedra de Cultura Científica) y Fernando Cossío (Director Científico de Ikerbasque) organizan un Curso para elque, este año, han elegido el título Historia Natural de la Cocina, que versará sobre "las relaciones de nuestra especie con lo que le ha servido de alimento". Y en el que este vuestro Búho va a tener el honor de impartir una charla. Ya lo hice en la edición de 2010 y, desde entonces, no he fallado a ninguno de los cursos posteriores, aunque como alumno más o menos disciplinado. Para que tengáis todos los detalles del Curso, os dejo aquí el enlace adecuado.

Como véis en la información, voy a compartir programa con un interesante elenco de personas, entre los que tengo buenos conocidos y amigos. A la vista de esta "nómina" no tuve muy claro qué temática elegir para la charla, al haber otros ponentes con más predicamento en algunas de las cosas sobre las que suelo hablar. Pero al final, y como no quería perderme la oportunidad de compartir cartel con tanto ilustre, propuse a los Directores que me dejaran contar la historia de ese movimiento mal llamado Gastronomía Molecular en el que, por pura chiripa, pude en su momento hacer alguna modestísima aportación. Los que me habéis seguido en el Blog, sabéis que la cosa me ha interesado desde que caí en el entorno de Juanmari Arzak y su gente, allá por el 2003. Como consecuencia de ese interés, tengo alguna bibliografía interesante, y de buena fuente, sobre los primeros pasos del citado movimiento y cuento además con más de un amigo que me echará una mano para concretar algunos detalles que puedan habérseme escapado. A ver cómo queda el resultado final.

Asistir al evento cuesta unos eurillos pero qué mejor plan (para el que disponga de tiempo) que pasar tres mañanas en el entorno del Miramar. Y, encima, con la diversión asegurada viniendo algunos que yo me sé.

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