sábado, 27 de febrero de 2010

Un cuarto de kilo de Blog

Objetivo cumplido. Cuando esta entrada llegue a vuestros ojos, habrán pasado cuatro años exactos y 250 entradas (100 + 150, para ser más precisos) desde aquel martes 28 de febrero de 2006 en el que publiqué la entrada original de la primera fase de este Blog que, si quereis, podeis releer aquí. Parece que me he ajustado bastante al Proyecto que allí proponía aunque, probablemente, cualquier estricto gestor de proyectos, de los que ahora se estilan, diría lo contrario.

Este viernes, sin ir más lejos, perdí bastante de mi "precioso tiempo" y, lo que es peor, se lo hice perder a otros colegas académicos e industriales, tratando de ajustar al céntimo el descargo económico de 2009 de un Proyecto que montaba varios miles de euros. O la justificación sumaba XXXXX,00 € o la web de la SPRI (Sociedad para la Promoción y Reconversión Industrial, Vasca, of course) no me dejaba seguir. No me quedó más remedio, trás múltiples combinaciones de todo tipo de gastos, que mentir en 8 céntimos en una de las facturas. Ahora sólo falta que venga un joven auditor airado y me saque los colores. Así nos luce y lucirá el pelo.

El caso es que hoy estamos de efemérides y la entrada va a ser un poco variopinta. Por un lado, el Búho avisa que, en los próximos días, el Blog puede presentar pequeñas variaciones en su aspecto exterior, amén de ciertas "turbulencias", no ligadas a la borrasca que ahora azota mi nido sino al hecho de que voy a tratar de hacer confluir en una única dirección de internet a las dos fases del Blog (2006-2008 y 2008-2010). Ello requiere un trabajo tedioso, sobre todo con los links que aparecen en muchas entradas, porque los que os dirigían a entradas antiguas de la primera fase del Blog ahora, y mientras no las cambie, van a conducir a la nada más absoluta. Y el cambio lo tengo que hacer manualmente y entrada por entrada. Así que paciencia. Pretendo alternar ese trabajo con nuevas entradas pero uno no da para todo.

Y por otro lado, hoy me quiero hacer eco breve de un par de noticias que tienen su origen en la Gran Bretaña y que me dejan con un cierto sabor agridulce en esta pírrica batalla contra la pseudociencia y sus implicaciones en la Química.

Mi amigo Jose de la Campa, Profesor de Investigación en el CSIC, me ha servido en bandeja una noticia hecha pública el pasado día 22, lunes. En un documento oficial que os podeis descargar aquí, el Comité de Ciencia y Tecnología del Parlamento de su Majestad Británica concluye que el Servicio Nacional de Salud, el famoso NHS, debe dejar de soltar pasta a las empresas que se dedican a comercializar productos hemeopáticos. Y concluye también que la MHRA, o Agencia Reguladora de los Productos que tienen que ver con la Medicina y el Cuidado de la Salud no debe permitir que en los productos homeopáticos se proclame su eficacia médica sin que existan pruebas evidentes de dicha eficacia.

Pero, y aquí está la de arena, casi el mismo día, se iniciaba en Londres un proceso contra un conocido periodista y escritor, Simon Singh, al que ha llevado a juicio un lobby de quiroprácticos ingleses tras la publicación de un artículo en el que se ponían en duda ciertas maniobras que les son propias. La cosa se ha puesto muy fea para Singh, que tiene que enfrentar un costoso proceso merced a una ley contra el libelo que mantienen los ingleses y cuya reforma se viene reclamando desde hace tiempo. El caso Singh ha generado un movimiento solidario con él en toda Europa, movimiento que, al mismo tiempo, pide la derogación de la ley que ha permitido su procesamiento y que restringe claramente los derechos de opinión de las personas. Os podría pasar mucha información al respecto, casi toda en inglés, pero he preferido enviaros a una página de un Blog de El Correo que resume el caso en castellano de Cervantes y que, incluso, permite sumarse a la iniciativa arriba mencionada.

Y ya que es sábado y la tormenta perfecta sigue fuera a lo suyo, me voy a preparar una cenita sencilla para mi chica, cenita que vamos a acompañar con una buena botella de vino, celebrando así en la intimidad el cuarto de kilo de Blog que, ahora mismo, acabo de concluir y entrego.


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miércoles, 24 de febrero de 2010

Vinos tecnológicos

Este pasado viernes hubo cata preceptiva en Lukas con mis dos contertulios de la Politécnica. Un par de lamparillas cayeron en el evento, con la ilustrada docencia de nuestro particular Nariz de Oro (ver su comentario sobre los "jereces" en la entrada anterior) mientras sus dos acompañantes nos limitábamos, as habitual, a aprender y a libar. Pero, como siempre, la cata dió para mucho más. Pusimos al revés a nuestras autoridades académicas, nos metimos con nuestras respectivas féminas y, también como siempre, hablamos de la Bolsa y de nuestra manifiesta incapacidad para emprender actividades rentables.

Para poner remedio a este último mal endémico de casi cualquier académico, el entendido en vinos puso sobre la mesa (como posible negocio a futuro) el asunto de ciertos caldos australianos que se están produciendo en una manera ciertamente revolucionaria. En lugar del envejecimiento tradicional en barricas nuevas de roble, el vino se introduce en impolutos tanques de acero inoxidable a los que se añaden virutas o trozos no muy grandes del roble en cuestión (oak chips). Los resultados parecen ser sorprendentes, a pesar de que la cantidad de roble necesaria es mucho menor (ojo, que van quedando pocos robles) y de que el tiempo de envejecimiento es mucho más corto. Así que andamos los tres conjurados a la búsqueda de vinos de ese tipo a probar en una próxima cata.

El hilo de esta cuestión (pero me llevará tiempo pergeñar el discurso) no anda lejos de las estrategias de lo pequeño que se han bautizado como nanociencia y nanotecnología. Y, en ese ámbito, es muy corriente que los que tenemos alguna relación con estas cosas, hablemos con desparpajo de la "alta relación superficie/volumen" de estos nanomateriales, nanopartículas o lo que sea. Es una forma muy académica de hablar pero que siempre he intuido que a los que no son del ramo les cuesta entender. Y aquí va una explicación para no iniciados.

Cojamos una bola de billar de 10 cm. de diámetro. De acuerdo con las matemáticas elementales, su superficie externa son 314 centímetros cuadrados y su volumen 523 centímetros cúbicos. Partamos la bola en dos pedazos iguales. El volumen no cambia, pero la superficie externa que las dos mitades exhiben al exterior son los 314 centímetros cuadrados anteriores más las dos superficies que hemos dejado al descubierto por el hecho de cortar y que suman otros 157 centímetros cuadrados más. Cada división que vayamos haciendo con los trozos de esa esfera no cambia el volumen, pero sigue incrementándose la superficie, de forma y manera que si llegamos a pulverizar muy fínamente la esfera, el volumen seguirá siendo el mismo pero la superficie habrá crecido con ganas. Con lo cual, la relación superficie/volumen se habrá ido incrementando con el aumento en la pequeñez de los trozos de esfera.

El que un material exhiba una alta relación superficie/volumen o superficie específica (en centímetros cuadrados por centímetro cúbico) tiene muchas implicaciones en sus propiedades. Por ejemplo, gracias a una alta superficie específica, el llamado carbón activo es capaz de retener en su superficie muchas sustancias químicas y, por ello, se usa y se ha usado en las plantillas para eliminar el olor a pies, en botecitos que se meten en los frigoríficos para que no huelan, en plantas de tratamiento de aguas para eliminar ciertos colores y en un largo etcétera que incluye sofisticadas aplicaciones en el campo de la medicina. Para que os hagais una idea del nivel de esta magnitud, mis alumnos de Química Física, usando un carbón activo de lo más barato y cutre, suelen llegar a calcular un valor de superficie específica de 120 metros cuadrados por centímetro cúbico. Aproximadamente, eso viene a querer decir que un simple gramo de ese carbón exhibe al exterior una superficie superior a la de muchos pisos de Protección Oficial.

Pues bien, ahí estaría la base de la aplicación de las virutas o chips de roble. Al introducir roble en partículas más o menos pequeñas estamos aumentado la superficie a través de la cual el vino interacciona con la madera, con lo que podemos tener en unos pocos chips la misma superfice que exhibe una barrica en su interior. Y es a través de esa superficie donde el morapio extrae una serie de moléculas químicas propias del roble que, al final, confieren al vino de crianza o reserva sus aromas peculiares en función de muchas variables propias del propio vino, del roble, de la temperatura, etc.

Aunque los fundamentos parecen claros, la aparición de estos vinos produjo enseguida una reacción contra la innovación, y la UE prohibió (a instancia de Francia, faltaría plus) el uso de los chips. Pero esa decisión se ha revocado y hoy no hay problemas legales. Otra cosa es que los partidarios de la tradición seguirán atacando denodadamente, como ya lo hicieron por el empleo de corchos de diferentes materiales poliméricos. Pero innovar tiene estos problemas con los partidarios de lo de siempre. Supongo que ya habreis oído que el Gobierno Berlusconi quiere salvar la cocina italiana tradicional y acaba de prohibir el uso de ciertas sustancias "químicas", como el nitrógeno líquido, argumentando que tiene peligro de explosión. Y nadie los lleva a los Tribunales por libelo...

Es evidente que las grandes bodegas, que llevan siglos trabajando con barricas de roble, han acumulado una gran experiencia durante todo ese tiempo. Y que a los usuarios de los chips les queda un largo camino que recorrer antes de poder acumular la experiencia pertinente para obtener con su procedimiento vinos que compitan con esas grandes marcas. Pero tampoco hay que olvidar que los químicos disponemos ahora de herramientas potentísimas para identificar y cuantificar, hasta niveles ridículos, las sustancias que hacen característico el aroma de un gran vino. Y eso puede acelerar mucho el proceso de acumulación de conocimiento sobre esta emergente forma de producir excelentes caldos.

Llevado al límite, y un poco por epatar (que es mi vicio), uno podría pensar en nanopartículas de roble como agentes extremos en el envejecimiento vinícola. Haríamos un vino que, desde el punto de vista del marketing, sería una bomba. Y lo podríamos vender a millón, con muchos más argumentos que algunos de esos vinos, entre esotéricos y ecologistas, que andan por el mercado.

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lunes, 22 de febrero de 2010

Igualdad(??) de género

Ya sabía yo que en la entrada anterior algún teórico se me iba a picar. El inicio del post estaba escrito con esa aviesa intención. Pero con lo que no contaba es que mi referencia a los analistos haya sido difícil de entender para algunos que, sin ponerlo en los comentarios de la entrada, me lo han dicho de palabra o por mail (¡vaya día que he tenido con los que no gustan de publicar sus comments!). El caso es que, aunque el asunto no tiene que ver con la Quimifobia ni otras cuestiones anexas, esos comentarios, y un email que me recircularon la pasada semana, me han dado pie a poner negro sobre blanco mi cabreo con las implicaciones gramaticales de la igualdad de género que propugna la ministra de la foto.

Para los aficionados a la Bolsa como yo, analisto es un término despectivo que usamos contra esos "teóricos" (¡mira que soy reiterativo!) del análisis de los mercados financieros que casi nunca aciertan y que, lo que es peor, publican sus comentarios en importantes medios o a través de servicios de estudios de la gran banca (cobrando bien, supongo). Muchas de sus previsiones son interesadas y pretenden, generalmente, calentar una acción para pillar en las redes de sus amos al pobre accionista minoritario (como yo) que se juega en la Bolsa sus ahorrillos. Menos mal que hay otros analistas que, pudiendo errar igual en cuestión tan escurridiza y aleatoria, lo hacen por amor al arte. Como el amigo Ramón Ceresuela, un ciudadano que se gana la vida con un hotelito en la maravillosa Aínsa (Huesca, para el que no lo sepa) y que nos cede su saber bolsístico gratis et amore, no contraviniendo ni un ápice el comportamiento general de la cantidad de honesta y buena gente que he tenido la dicha de acumular como amigos y conocidos en el Aragón ancho y profundo.

Pero yo no utilicé el término analisto en terminología bolsística (véase el paréntesis en el original). En mi no deseada, pero sibilínamente impuesta, implicación en los nuevos planes de Bolonia, estoy harto de tener que escribir alumno/a, secretario/a, director/a y cosas similares. Sobre todo cuando, como ocurre en algunos casos, el término femenino no es gramaticalmente correcto. El caso de presidente/a es el más notorio, al menos en mi ámbito. Siguiendo ese ejemplo, debiéramos escribir estudianta, dirigenta, residenta, practicanta y cosas así. Algunas cosas son aún más chuscas, como el ejemplo que me pasó en su día mi amigo Fernando Cossío, "no es lo mismo un cargo del Gobierno Zapatero que una carga del Gobierno Zapatero".

Pero es que puestos a reivindicar estas cosas, podemos (y debemos) adentrarnos en la igualdad reversa y empezar a escribir, por doquier, términos tan masculinos como: Dentisto, poeto, juristo, pediatro, geriatro, analisto (of course), recluto, brigado (entre militares, ahora que hay mujeres oficiales y suboficiales), taxisto, violinisto, escolto, espectroscopisto, profeto, oculisto, machisto (ésta es buena), atleto, masajisto, jesuito, corazonisto, déspoto, marianisto, policío, telefonisto, tránsfugo, balandristo, fantasmo, especialisto, rapsodo, callisto, cámaro de TV, periodisto, electricisto, turisto, homicido (y similares como parricido), carlisto, guío de montaña, eremito, papo Ratzinger (para cuando haya papas con ovarios), vigío, curo párroco........ Y seguro que muchas más. Así que procedo a abrir la veda para ampliar la nómina, usando la sección Comentarios de esta entrada. Se animen, oiga...

P.D. Siento no poder dar el nombre de la persona firmante del email que me ha servido como fuente de inspiración de la entrada (e incluso de plagio en algunos términos). Sólo puedo decir que es una Profesora de música de un Instituto público, pero en los sucesivos reenvíos se ha perdido su nombre. Cosas de la red...

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domingo, 21 de febrero de 2010

Antes muerto que teórico puro

Y que no se mosqueen dilectos amigos que tengo en campos de la Física Teórica o la Química Computacional. Pero cuanto más viejo me hago más desconfío del desparpajo con el que muchos teóricos plantean hipótesis basadas en puras especulaciones, así como de las conclusiones generalistas que gobiernan mucha de nuestra vida diaria, contrarias, en muchos casos, a la buena práctica de un experimentalista. No hace falta más que ver a dónde nos han llevado los modelos económicas de los analistos (yo llevo la igualdad de género hasta el límite de lo ridículo) ultraliberales o la facilidad con la que determinados artículos en revistas médicas sacan conclusiones sobre muestras estadísticas de unos pocos individuos. O, en otro nivel más pedestre, lo apetitosos que parecen estar los miles de platos que cientos de cocineros preparan diariamente en la tele, sin que ninguno de los teleespectadores pueda catarlos.

Pero hoy me voy a fijar en un pequeño episodio personal que puede servir a muchos de mis lectores para darse cuenta de la aleatoridad de muchos fenómenos naturales y, sin embargo, la facilidad con la que, incluso los profesionales, sacan conclusiones sobre ellos. Hace unos meses, cuando andaba con ciertos problemas físicos que me llevaron a un Ambulatorio, una amiga sanitaria me tomó la tensión en un aquí te pillo aquí te mato. Aunque yo he sido de tensión baja a lo largo de mi vida anterior, aquel día la baja estaba en el límite. Así que mi comadrona se preocupó y, de forma más o menos regular, me la ha estado controlando hasta que, hace unas semanas, decidió que me iban a colgar un dispositivo que mide la tensión arterial a lo largo de un día entero para obtener un mapa más fiable de la misma.

Cuando llegó el primer resultado, los valores medios a lo largo de 24 horas estaban en valores más o menos normales, con una menor normalidad en la tensión diastólica o baja. Pero el resultado más relevante era que, durante las primeras cinco horas, esa baja sobrepasaba, con cierta frecuencia, el límite permitido. La conclusión que se me transmitió es que el Búho tenía episodios matutinos de un cierto riesgo y que podría ser interesante el que, durante tres meses, me sometiera a un tratamiento a base de una pastillita suave en el desayuno para ver el resultado.

Y ahí es donde el experimentalista viejo que soy se rebeló, aún reconociendo la audacia propia de un ignorante profundo en cuestiones médicas. Estaba y estoy de acuerdo en que el resultado de 24 horas puede ser más o menos representativo puesto que, tras las 64 medidas que se me habían realizado en un día tomado al azar, era posible obtener valores medios y desviaciones estándar que, efectivamente, permitían concluir que mi alta es más bien normal (111,8 ± 11,8) y que mi baja (77,0 ± 11,5) está rondando los límites del riesgo. Lo que no es experimentalmente correcto es extraer conclusiones sobre el pico matutino porque, en lo relativo a esa conclusión, se maneja un único experimento y si algo trato de imbuir a mis estudiantes en el laboratorio es que hay que huir de la molicie y repetir varias veces una misma medida antes de sacar conclusiones fiables.

Así que, abusando de la amabilidad de las compañeras de Ambulatorio de mi comadrona, pedí volverme a colocar el aparatito. Me miraron cual bicho raro y masoquista porque la verdad es que la experiencia, si no desagradable, es molesta para llevar una vida habitual. Y el resultado confirmó mis sospechas. Valores medios similares al experimento anterior pero ni asomo del pico mencionado. Así que voy a ver si puedo convencer al galeno de turno de que, en lugar de pastillita matinal, me deje tres meses de ejercicio regular (que no hago), rebaja de sal (que me forro), limitación en el tabaco (que no me preocupa) y rebaja alcohólica (que es lo que más me va a costar). Y luego nuevas sesiones de aparatito.

Aunque, la verdad, antes de ir a verle, ya me pondría yo otras tres o cuatro veces más el medidor para quedarme más tranquilo. Porque, con sólo dos medidas......

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lunes, 8 de febrero de 2010

Suicidio homeopático

Un poco abandonado tengo el Blog. Y eso que persisto en un objetivo a conseguir: llegar a las 250 entradas a finales de este mes, cuando se cumplan los cuatro años del día en que abrí la primera edición de este cuaderno personal. Algo ajustado de tiempo ando, porque ésta es la entrada 246 (100 de la primera fase y 146 en esta segunda) y ando un poco agobiado por diversos flancos académicos, burocráticos, financieros, médicos y de simple divertimento. Así que tengo que aprovechar la más mínima ocasión que se me ofrezca para pillar una temática interesante al vuelo y así poder incrementar a marchas forzadas los registros.

Y mi amigo Antonio Gracia, desde su sempiterno retiro en Barbastro, me acaba de poner una entrada a huevo. Resulta que el pasado sábado 30 de enero a las 10.23 a.m. de la city londinense, centenares de voluntarios en toda Europa se sumaron a una curiosa iniciativa en contra de la homeopatía, inmolándose en pos de un futuro sin ella. En muchas ciudades, por ejemplo en Madrid, esos voluntarios se "suicidaron" (metafóricamente como es obvio) ingiriendo grandes cantidades de cápsulas y otros preparados homeopáticos.

El ejemplo de la Puerta del Sol, disponible en este vídeo del Círculo Escéptico, es una buena muestra de lo que ocurrió en otros sitios. La "activista" que podeis ver en las imágenes eligió, a mi modo de ver, uno de los mejores medicamentos homeopáticos con los que demostrar el negocio que se traen entre manos multinacionales del engaño como la francesa Boiron. Un preparado (Sedatif), destinado a hacernos dormir mejor. Una alternativa a los somníferos de la medicina convencional o alopática.

Si uno se mete al coleto una caja entera de 40 pastillas de un somnífero convencional, en el mejor de los casos puede quedarse como una marmota durante un largo invierno y, en el peor, puede pasar a mejor vida. Pero con las delicias homeopáticas no pasa eso. No pasa nada.

Aprovecho el pequeño post para que conozcais el citado Círculo Escéptico. Hay una página destinada a otro generador de patrañas que triunfa metiendo miedo en radios y televisiones que no tiene desperdicio.

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