viernes, 21 de marzo de 2008

Los balones de Villatuerta

¡Vaya tardecita primaveral de Viernes Santo!. No le queda a uno más remedio que dedicarse a estas lides ante el temporal que asola el nido del Búho.

Ya se que el nombre que aparece en el título se las trae, pero Villatuerta es un pueblo navarro, próximo a Estella, del que yo guardo buenos recuerdos desde la época (años setenta) en la que uno era un privilegiado estudiante de la Universidad de Zaragoza. Gracias a las clases particulares que daba al heredero de un boyante oftalmólogo con consulta en el Paseo de la Independencia de la hoy conocida como Ciudad del Agua, aquel imberbe que era yo tuvo suficiente para pagarse la compra y los gastos de un seiscientos con matrícula M-775060. Casi todos los fines de semana me venía corriendo a Donosti a ver a la chica con la que sigo compartiendo casa y cuentas corrientes. En una trayectoria un poco complicada hacia el país de la boina, dejaba en Estella a un compañero de piso para luego hacer mi particular rallye por los complicados puertos de Lizarraga y Lizarrusti. Y si la agenda lo permitía, me paraba previamente en Villatuerta a filosofar con su párroco (un amigo del citado amigo de Lizarra), uno de esos rojos presbíteros que, por aquellos tiempos, "abusaban" de las posibilidades que les había dado el Concilio promovido por un Papa que se llamó Juan XXIIII, una rara avis entre los purpurados que han poblado el Imperio Vaticano.

Despues de más de treinta años, Villatuerta ha vuelto a aparecer en mi vida en virtud de colaboraciones que el Instituto al que pertenezco (Polymat) ha mantenido con dos empresas radicadas en un polígono industrial próximo a la citada localidad navarra. En uno de los casos, el asunto tiene que ver con ceras y parafinas, un tema muy de Semana Santa, pero que por ahora lo vamos a dejar que madure. El otro tiene que ver con balones de plástico como los que se ven en el anuncio de arriba (tomado de la web de la empresa en cuestión) y de ahí el título del post.

El asunto se concretó un día en el que la gerente del Polymat me planteó el caso del atribulado dueño de la mencionada empresa. En uno de sus artículos estrella, los balones en cuestión, fabricados con plastisoles de PVC, habían tenido que cambiar la formulación por imperativo de una norma comunitaria, que había prohibido el empleo en esos artículos de aditivos basados en determinados compuestos de la familia de los ftalatos.

Ya conté al final de esta otra entrada los problemas de los ftalatos y los plastisoles de PVC desde el punto de la salud y el que quiera refrescar el asunto no tiene más que picar en el link anterior. El problema del de Villatuerta tenía otros matices. Resulta que al sustituir los ftalatos prohibidos por otros compuestos, tratando de seguir obteniendo un PVC blandito que le permitiera fabricar los balones, el producto resultante tenía una propiedad altamente nociva para sus intereses. Conseguidos unos balones de estructura similar a los anteriores e hinchados con aire hasta los niveles requeridos, las criaturitas se deshinchaban en pocas horas, con lo que no llegaban con el nivel adecuado de inflado ni a
l distribuidor más próximo. Y con esas premisas, la ruina del negocio estaba asegurada.

Y ahí aparece el Búho en forma de Supermán de las permeabilidades de gases y vapores a través de polímeros. Como ya he explicado en otros sitios, las paredes a base de plástico como las de botellas, envases de todo tipo, o balones y globos, no son impermeables a los gases, al contrario de lo que ocurre con las paredes de vidrio o de hojalata. Y, de hecho, por eso se desinflan en el tiempo todos los balones de plástico (o los globos infantiles). O se pierde el CO2 de las botellas de Coca Cola y se nos queda sin la chispa de la vida. El aire (oxígeno y nitrógeno), el helio de los globos y la voz de pito o el anhídrido carbónico de la Coca Cola, pasan a través de las paredes y se escapan poco a poco. ¡El problema del atribulado empresario de Villatuerta era que con los nuevos aditivos el aire se escapaba varias veces más rápido que con los aditivos prohibidos!.

Así es que anduvimos entretenido durante unas semanas proponiendo al fabricante otros aditivos para el mismo fin, fabricando él sus nuevos balones y midiendo nosotros la permeabilidad del aire a través de las paredes de los mismos. Hasta que encontramos uno (y no todo fue prueba y error sino criterio científico) que incluso mejoraba las propiedades del primitivo aditivo. Y allí se fue el de Villatuerta más contento que unas pascuas... Y a mi se me olvidó contarle la historia del párroco. A saber si seguirá en el sindicato de Rouco Varela.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Conozco la historia. Y después de solucionar la permeabilidad ahora lidiamos con los problemas de permanencia del plastificante, en el caso que tu refieres ya solucionado. Parece que al cabo de un tiempo el PVC y el plastificante dejan de amarse y se divorcian. Y pasa como siempre, es culpa del PVC que es un estecho? es culpa del plastificante que le gusta demasiado salir? A veces pasa, a veces no. Últimamente tenemos problemas de divorcios continuamente y como pasa con los humanos rara vez nos ponemos de acuerdo sobre quien es el culpable y sobre por que a veces el matrimonio falla y a veces no.

Saludos y felicidades por el blog. Lo añadire a mis favoritos

Rafael Erro

El Búho dijo...

Hola Rafaerro,

No hay mayor placer para mi que certificar que mis antiguos estudiantes llegan más lejos que uno mismo. Tu sabes mucho más del PVC que yo, así que yo chitón excepto en una cosa. Me gusta tu terminología de pareja pero el PVC y el plastificante no llegan, ni de lejos, a la complejidad de una pareja de humanos. Así que si nuestros pronósticos con ellos no funcionan no es que el PVC y el plastificante sean un poco raritos. Es que sabemos poco y hay que estudiar.

Anónimo dijo...

Me halagas, pero tú y yo sabemos que ni en divorcios de polímeros ni en PVC, sé ni sabré nunca tanto como tú.

Datos personales

Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.