domingo, 25 de octubre de 2009

Perlas en vinagre

Ayer pasé la mañana con mis amigos de Arzak, discutiendo algunas cosas que están preparando para próximos Congresos y conferencias, que esta gente viaja más que un Airbus. Y de cada viaje que hacen a tierras lejanas, y debido a su curiosidad innata hacia todo aquello que tenga que ver con el comer y el beber, siempre se traen algo con su aquel. Ayer, Elena me enseñó un pequeño vial cuya etiqueta asegura que su contenido es 100% polvo de perlas trituradas. Parece que se vende para añadirlo al champán (donde seguro que provoca un burbujeo diferente por cuestiones que ya vimos en otra entrada) o incluso a algunos dulces. En ambos casos se fundamenta dicha adición por el carácter afrodisíaco del mencionado polvo, llegando a definirse en la etiqueta como una Viagra natural.

Estoy casi seguro que nadie va a conseguir con ese triturado resultados similares a los de la "pastillita azul". Esto de las perlas es como lo del cuerno de los pobres rinocerontes, del que ya hablamos en la fase anterior de este Blog. A no ser que actuando de placebo y con la ayuda de una calenturienta imaginación se pueda llegar a algo.

Porque las perlas que se forman cuando un cuerpo extraño penetra o se coloca deliberadamente en el interior del molusco que las genera, es una sucesión de capas formadas a partir de de una mezcla de cristales de carbonato de calcio (que supone más del 90% de la perla) en sus variedades calcita y aragonita y una proteína llamada conchiolina, que actúa como agente agregante de los cristales, algo parecido a lo que hace el colágeno en los huesos con la hidroxiapatita. Y no parece que ni uno ni otra tengan mucho que ver con la exaltación del miembro viril.

Y, ¿de dónde puede venir esta extraña asociación de perlas y sexo?. Pues aunque no de forma tan clara como en otros casos (cuerno de rinoceronte, pene de tigre, ostras), también aquí parece que hay una explicación, que nace de la tumultuosa relación de Cleopatra y Marco Antonio. Cuenta Plinio el Viejo en su Historia Natural que Cleopatra, en su afán de deslumbrar a su chico, le apostó que podía preparle una cena que costara millones de sextercios, un pastón incluso para gente de su alto standing. Para sorpresa de Marco Antonio, Cleopatra organizó una cena más bien sencillita y cuando al final el general le manifestó su sorpresa ante tamaño fiasco, Cleopatra le explicó que habían bebido, entre otras cosas, un preparado en el que se había incluido una de las perlas más valiosas del mundo y que había sido disuelta en un vinagre aromático.

Plinio, que no era el Diez Minutos de la época, no aclara si como consecuencia de la sorpresa que se llevó el varón o del polvo de la perla que habían ingerido ambos, las "actividades" despues de la cena fueron para echar cohetes o se quedaron en normalitas.

7 comentarios:

Aitorevolution dijo...

Me gusta mucho tu blog y de él se aprenden y sacan muchas ideas y conceptos.Gracias por tu trabajo y brindarnos parte de tu sabiduria.
Un saludo

El Búho dijo...

Muchas gracias. Pero no me saques los colores. Es solo un ejercicio para matar el aburrimiento. Otros hacen crucigramas, cosa que, al menos para mi, tiene mucho mas mérito. Yo no he podido acabar nunca ninguno.

Víctor dijo...

Pues si tu no crees en el efecto del carbonato ni en el de la cinchonidina yo te puedo asegurar que también puedes borrar el posible efecto del vinagre porque yo me preparó todas las noches ensaladas con vinagre y no he notado ningún efecto espectacular.
Si acaso, en el swing: cada vez lo hago peor

El Búho dijo...

Tu te habías creído que esto del golf es llegar y besar el Santo. Cambia a vinagre de Módena a ver si tiene algún efecto inesperado. Todo es cuestión de trial and error.......

Flatólogo dijo...

Seguro que mejor efecto tendría usar las perlas enteras, varias a ser posible y en forma de joya, cuando se intente horizontalizar a una fémina, digo yo.

Orges dijo...

Bueno, tampoco hay que negarlo todo sin haberlo probado. Yo me ofrezco voluntario para degustar este (y otros) brebajes afrodisiacos y realizar después una prueba práctica con un número significativo de féminas (en días diferentes, que la edad no perdona)para comprobar el efecto sobre mi libido. O al revés, me ofrezco para dárselo a probar a un número significativo de señoras/itas y comprobar luego como sujeto paciente en mis propias carnes si les ha hecho efecto el afrodisiaco o no.

Saludos descreídos

Gabriela dijo...

Búho, esta entrada me pilló de sorpresa....jajaja He gozado con esto y con los comentarios...sólo contarte que me tomo una cápsula diaria de calcio de ostra....y no me pasa nada...