viernes, 4 de agosto de 2006

Olores placenteros (para los mosquitos)

Lourdes del Valle Carrandi

Estas noches de verano se hacen, a veces, complicadas para conciliar el sueño. Las altas temperaturas, tanto diurnas como nocturnas, y las muchas horas de radiación solar machacando las casas hacen que éstas se calienten mucho y queden pocas posibilidades para enfriarlas si uno no recurre a un equipo de aire acondicionado. Tecnología a fin de cuentas, algo cara y poco bien vista por estos lares.

Eduard Estivill, responsable de la Unidad de Alteraciones de Sueño del Instituto Dexeus de Barcelona y un asiduo visitante a nuestros Cursos de Verano, afirma que una temperatura superior a los 26ºC dificulta el sueño. Mi casa está orientada al este-sur-oeste con lo que en verano se pone como un horno y sólo a altas horas de la noche se pueden abrir las ventanas, haciendo corriente y rebajando la temperatura a valores cercanos a los recomendados por Estivill. Mi casa, además, recibe calurosamente por esta época a mosquitos, moscas, mariposas, arañas además de alguna que otra especie “exótica”, de vez en cuando.

Conseguir al mismo tiempo que la casa se refresque y no se llene de insectos no es una tarea sencilla, pero yo necesito dormir en condiciones y conseguir un sueño placentero, algo que valoro mucho. Para evitar, en cierta medida, la entrada de los insectos, dispongo de un par de aparatos de última generación. Uno de ellos es un dispositivo que se introduce en un enchufe y que emite unas ondas que se supone repelen a los mosquitos. Tiene un ruido bastante particular siendo yo la única que lo percibo desde el salón, incordiándome mientras veo alguna de mis queridas películas clásicas. Así que tengo que arreglármelas para no oírlo cerrando alguna puerta y dificultando la corriente de aire fresco con la que se estaba oreando la casa. Es probable que el aparato en cuestión sea un timo más pero reconozco que hasta el día en que comencé esta entrada me había funcionado.

Ayer por la mañana dormía cuando comenzó una serenata que me despertó. Era el zumbido de uno de mis amigos. Me levanté como un rayo, cogí un insecticida (mi segunda arma estratégica, un complejo cóctel de productos químicos), y pulvericé la región cercana a mi cama para que no se aproximara de nuevo. Algo más despierta, noté un picor en el cuello, me dirigí al baño y en el espejo vi algo parecido al ataque de Vlad Tepes, conocido como el Conde Drácula. Tenía dos picotazos y la piel estaba roja e hinchada. Ante el panorama no me quedó mas opción que maldecir al bicho en cuestión, recurrir una vez más a la Química en forma de una pomada que me aliviara y volver a la cama, donde ya no dormí más.

Aún con las picaduras incordiando, me puse a indagar por qué los mosquitos se ceban conmigo cuando conozco a bastante gente que jamás sufre el ataque de estos insectos. ¿Qué hay en mí que atrae a los mosquitos irrefrenablemente?.¿Qué hay en en esos otros, afortunados, que los repele tan eficazmente?. Éstas son las preguntas cuyas respuestas, como suele ser habitual, hay que buscarlas en la Química.

Los mosquitos nos pican porque quieren nuestra sangre. El ataque lo realizan mediante una probóscide, semejante a una aguja hipodérmica, que es todo un prodigio de la ingeniería: posee sensores capaces de detectar la existencia bajo la piel de un pequeño vaso sanguíneo (cual zahoríes en busca de agua), su saliva les permite licuar la sangre (el anticoagulante evita que las plaquetas cierren la vía de escape abierta con esa pequeña aguja) y además crear una presión superior a la existente en su abdomen, de manera que la sangre fluya de forma natural. Se ha localizado en la saliva de algunas especies de estos dípteros alguna sustancia analgésica, que contribuye a que, hasta que salta la respuesta inmunológica, no nos enteremos de que nos están atacando.

Muchos ya sabréis que sólo son las hembras las que pican; ello se debe a que requieren proteínas para crear sus huevos, pudiendo llegar a chupar dos o tres veces su peso en sangre. Los machos, más poéticos en este caso, sólo se dedican a beber el néctar de las flores.

Los receptores elásticos del abdomen del mosquito, completamente hinchado hacen que éste se aleje de su víctima. Sin estos reflejos los mosquitos nos succionarían hasta estallar. Cuando termina de cargar el buche, el mosquito está tan pesado que le cuesta muchísimo volar, buscando donde recostarse y comenzando a excretar como loco. Muchas veces he matado mosquitos que se han quedado en la pared cerca de mi cama “haciendo la digestión”, pero hay que asesinarlos con cuidado porque están repletos de nuestra sangre y podemos dejar la habitación como si hubiera tenido lugar una orgía diabólica.

A continuación tiene lugar en el picado un proceso químico similar al de una reacción alérgica. El sistema inmunológico libera histaminas en la región de la picadura, que son las que provocan el picor, así como la inflamación que resulta de la afluencia de sangre a la zona infectada. Es este picor el que muchas veces nos despierta, pero ya es demasiado tarde porque el ladrón se ha escapado con el botín.

La especie de mosquito más habitual en Europa (en España se han descrito 54 especies diferentes) es la Culex pipiens, que no transmite enfermedades. Menos mal, si no qué sería de mi… Tiene un hábitat siempre cercano a zonas húmedas, donde se reproduce. De hecho, cualquier lugar con agua estancada es susceptible de ser un criadero de mosquitos. Cerca de mi casa debe de haber un lugar de éstos. Su ciclo vital es corto: de menos de dos semanas en el verano a tres semanas en primavera u otoño, pues su metabolismo se acelera mucho con las altas temperaturas y caen en letargo cuando la temperatura baja de los 15 grados de media.

Los entomólogos afirman que estos insectos se guían por diferentes señales para encontrar comida: colores, movimiento, temperatura y humedad de la piel. Es el olfato el sentido que más los ayuda a encontrar a sus víctimas. Además, cada vez que exhalamos dióxido de carbono con nuestra respiración le damos pistas al mosquito de nuestra cercanía. Pero es el olor corporal el que determina que un mosquito nos pique o no. Hay expertos que dicen que el ácido láctico que exudamos por los poros de nuestra piel atrae a nuestros amigos. En mi caso, esta teoría se cumpliría pues sudo mucho por el cuello que es precisamente donde tengo las picaduras.

Rothamsted Research es un centro de investigación de la agricultura, en colaboración con la Universidad de Aberdeen, que han investigado cuáles son los olores que generamos y que resultan atractivos o repulsivos para los mosquitos. Podeis encontrar información interesante al respecto en este link.

Lo que ha hecho el grupo de John Pickett, uno de los investigadores del Centro, es introducir a unos voluntarios en un saco de dormir un tanto especial que recoge, con ayuda de la presión, los olores característicos de cada persona. Posteriormente, ese cúmulo de vapores es manejado mediante una técnica llamada GC-EAG (Gas Chromatography-ElectroAntennaGram). Suena a chino pero lo importante es que, en un primer paso, se separan los diferentes componentes del exudado mediante cromatografía de gases una técnica de la que ya habló el Búho en la entrada 16: “La cromatografía de gases es quizás una de las técnicas más populares para los químicos. El empleo de cantidades minúsculas y su alta capacidad de separación de una mezcla, la convierte en una técnica versátil, robusta, relativamente accesible para cualquier laboratorio…”.

Tras la separación cromatográfica, los distintos componentes asi separados se “pasan” por las antenas de los insectos que están conectadas a unos microelectrodos. La función de éstos es la de detectar las respuestas electrofisiológicas de los insectos que indica si son o no sensibles a estos compuestos. Conectando finalmente el conjunto a un espectrómetro de masas se identifican los compuestos que ejercen alguna acción de distinto signo en los mosquitos.

La clave está en que las personas a las que los mosquitos no pican generan moléculas repulsivas para éstos que se pueden identificar y con ellas fabricar repelentes de mosquitos. John Pickett cuenta que aún están acabando de concluir el trabajo para patentarlo. Independientemente de que podrían hacerme un análisis y ver por qué gusto tanto a los mosquitos, hay otras repercusiones mucha más dramáticas. Si el estudio funciona, sus resultados serían importantísimos para, por ejemplo, poder saber qué estrategias seguir para repeler el ataque del mosquito más peligroso, el Anopheles, que transmite la malaria.

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.