viernes, 24 de marzo de 2006

Olores placenteros

La cromatografía de gases es quizás una de las técnicas más populares para los químicos. El empleo de cantidades minúsculas de la muestra a analizar y su alta capacidad de separación de la misma, la convierte en una técnica versátil, robusta, relativamente accesible para cualquier laboratorio y cuyos fundamentos están ya maduros. La figura que inicia esta entrada (y que podeis ver ampliada, picando en ella) muestra un cromatograma, obtenido con uno de esos aparatos, de una clásica colonia de hombre. Cada uno de los picos corresponde a un producto químico diferente. Los nombres de los 22 primeros picos aparecen también en la figura. El cromatograma me sirve para introducirme en el mundo de los perfumes ligado, hoy y siempre, al lujo de las civilizaciones avanzadas de cada momento y donde, desde el siglo XIX, la Química ha jugado un papel trascendental.

Testimonios de perfumes hay en todas las civilizaciones antiguas más o menos sofisticadas, como las de los egipcios o los griegos. También la Biblia habla de óleos y perfumes. Pero hasta finales del siglo XIX la materia prima para estos preparados se derivaba exclusivamente de extractos de flores, frutas, hierbas, resinas y maderas aromáticas. El salto fundamental se produce en la década de los ochenta del siglo XIX cuando Paul Parquet consiguió sintetizar la cumarina (que aparece en el cromatograma superior como pico 16). Esta sustancia química es el componente esencial del olor a heno recien cortado y la marca Houbigant la añadió a la clásica Agua de Colonia, creada en 1806 por Giovanni Farina, evolucionando recetas que su familia había preparado desde finales del siglo XVII en la zona de Novara, en Italia.

En los últimos años del siglo XIX los químicos crearon en el laboratorio sustancias como la vainillina (pico 17), componente esencial de una orquídea que crece en Madagascar, Mejico o Tahití. Su adición genera en los perfumes un toque oriental. Está presente en muchos de los grandes perfumes de hoy en día como Obsession de Calvin Klein o Must de Cartier.

Otro aroma que tiene una larga historia con los químicos es el almizcle, segregado por un pequeño cérvido asiático (Moschus moschiferus) en la piel de su abdomen. El análisis de esas secreciones revela que contiene colesterol, éteres de ácidos grasos y una pequeña proporción de una cetona, la muscona (pico 21) que es la que proporciona el olor característico a almizcle. Esta sustancia puede ya obtenerse hoy por síntesis.

El pico 1 es el limoneno una de las muchas moléculas que puede obtenerse por presión de la piel de los limones mediterráneos. Ese extracto ha sido usado tradicionalmente para dar “tonos frescos” a las colonias de hombre como Eau Sauvage. El extracto de corteza de limón puede contener centenares de compuestos terpénicos, aunque los más presentes suelen ser el limoneno y el citral. Es oportuno mencionar aquí, como curiosidad, que algunos perfumes vendidos bajo la etiqueta de “frescos” contienen, alternativamente, ppms de algunos mercaptanos, probablemente una de las familias de moléculas que provocan los olores más repulsivos. Sin embargo, y si creemos a los perfumistas, en esa concentración tienen efectos oportunos en la obtención de aromas atractivos. Quizás también aquí Paracelso y su frase sobre la dosis es una cita oportuna.

El pico 12 es el geraniol, que se puede extraer de las hojas de geranio pero que es también el componente fundamental en el olor a rosas.

Y así podríamos seguir casi con cada pico. Hoy en día, los perfumistas tienen una batería de unas dos mil moléculas a su disposición y se ha generado una industria que mueve ingentes cantidades de dinero y compañías como Givaudan, el coloso que fabrica la mayor parte de los componentes para perfumes. Solo me queda la duda al terminar esta entrada si se captará el mensaje subliminal de la misma. Una vez más la frontera entre productos naturales y artificiales se difumina.

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.