lunes, 13 de marzo de 2006

Caucho natural, chicles y otras cosas

Alguna vez tengo que empezar a hablar de polímeros que es lo mío. Y para ello, nada mejor que la historia de los cauchos naturales y sintéticos (toma otra vez dicotomía). En muchos libros de texto y páginas web destinadas a los cauchos, se suele mencionar como hito histórico para comenzar a contar su historia, el asombro con el que Cristóbal Colón contempló, en uno de sus viaje a Haití a finales del siglo XV, a unos nativos jugando con algo que hoy llamaríamos un balón y que era una bola blanda que botaba. El tatarabuelo de nuestros balones era una esfera de un material que los nativos extraían de una serie de árboles tropicales que exudan una especie de resina al realizar incisiones en su corteza.

Hoy sabemos que ese látex es una macromolécula o polímero, lo que químicamente se traduce en una molécula con muchos átomos debido a la repetición sistemática de una unidad o monómero. En el caso del caucho, que así se denomina el producto de estos árboles, la unidad que se repite es el isopreno.

Ese caucho natural resultó, históricamente, muy importante en el desarrollo del automóvil durante el final del siglo XIX y, más concretamente, en la logística de la primera guerra mundial. Goodyear, fue capaz de desarrollar los primeros neumáticos, tras aplicar al caucho natural una modificación química, conocida como vulcanización, y que consistía en calentar la goma con compuestos de azufre para hacerla indeformable bajo el peso de los automóviles. Sin la vulcanización, un caucho se comporta casi como la plastilina de nuestros años infantiles.

Lo que resulta fascinante al estudiar los diferentes tipos de plantas que son capaces de producir látex es que cada uno de ellas es un “laboratorio” particular, que produce un tipo de caucho diferente en propiedades y aplicaciones. Por ejemplo, el llamado Hevea brasilensis, cuya foto se ve arriba, produce un tipo de caucho que es el que se vende todavía hoy como caucho natural y que se sigue empleando en la fabricación de neumáticos. Para alguien con una formación química, el caucho Hevea es una macromolécula en la que lo que se repite son unidades de cis-1,4 isopreno. Pero no muy lejos de las plantaciones de Hevea brasilensis uno puede encontrar plantaciones de otros árboles no muy diferentes como la Balata o la Isonandra gutta, que producen látex que da lugar a cauchos completamente diferentes y que se suelen denominar por el nombre del árbol. Químicamente son polímeros de trans-1,4 isopreno, es decir, una sutil diferencia de colocación geométrica de los mismos átomos. Estos materiales no se emplean en gran escala y tienen un uso muy reducido. El caucho de la Isonandra que se suele llamar gutapercha (del malayo getah, goma y percha, árbol) se ha empleado antiguamente por los dentistas, como rellenos de las caries. El caucho proveniente de la balata se empleaba (ahora en menor escala) como corazón de las bolas más exclusivas de golf.

De otro árbol productor de caucho arranca también la historia del chewing gum o chicle. De hecho, chicle es la denominación que los nativos de las selvas de Yucatán en Guatemala daban a la goma obtenida de un árbol llamado sapodilla (Achras zapota) que, en la década de los setenta del siglo XIX, fue llevada a Nueva York por el entonces presidente de Méjico, General López de Santa Ana quien se lo entregó a un fotógrafo de Staten Island, llamado Thomas Adams. Desde entonces, Adams es sinónimo de chicle y durante más de sesenta años, el chicle fue el ingrediente principal de las gomas de mascar.

La historia del caucho y el chicle tuvo un giro importante en el turbulento tiempo entre las dos guerras mundiales, cuando el suministro de caucho natural se convirtió en un verdadero problema estratégico y ello hizo que se investigara la posibilidad de obtener cauchos sintéticos. Carothers, trabajando para la DuPont, en 1928, introdujo un material muy parecido al caucho natural que todavía hoy seguimos empleando bajo la marca comercial que patentó DuPont (Neopreno). Pero a lo largo de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, diversos laboratorios y empresas fueron capaces de producir cauchos sintéticos reproduciendo, por ejemplo, las variedades cis y trans del poliisopreno. Hoy en día, la industria del caucho sigue siendo un pujante negocio.

A partir de ese tiempo tenemos toda una gama de cauchos sintéticos con los que poder producir neumáticos pero también otro tipo de materiales relacionados que se emplean en la fabricación de chicles. Las ventajas de estos materiales sintéticos son evidentes. Son muy uniformes al no depender, como les pasa a los naturales, de las regiones de recogida del látex. Son además mucho menos complejos en su formulación ya que, por ejemplo, tanto el caucho como el chicle contienen una serie de sustancias adicionales que causan problemas. Y así, esas sustancias hacen que el sabor del chicle natural sea un poco fuerte y haya que enmascararlo con aditivos. En otros casos, como en la fabricación de guantes desechables y preservativos, que se fabricaban originalmente a partir de látex de caucho natural, se optó por el caucho sintético para evitar ciertos problemas de alergias cutáneas que algunos tipos de caucho natural ocasionaban.

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.