miércoles, 27 de mayo de 2026

Algo se ha movido en la ciencia climática. La silenciosa retirada del escenario de emisiones RCP8.5

Durante años se ha hecho casi imposible leer algo sobre cambio climático sin preocuparnos seriamente con lo que la ciencia climática nos adelantaba que podíamos esperar hasta finales de siglo XXI. La gran mayoría de esas proyecciones han estado basadas, como conté en una entrada de 2022, en algo que rara vez se suele explicar al ciudadano medio, cual es el empleo del escenario de emisiones RCP-8.5. Los climatólogos simulan el posible futuro climático utilizando ese y otros escenarios, que definen posibles evoluciones de las emisiones a la atmósfera del CO2 y otros gases de efecto invernadero, con el consiguiente aumento de la concentración de esos gases en la misma y el correspondiente aumento de temperatura (de hecho el número final, 8.5, hace referencia aproximadamente a la energía extra retenida por el sistema climático hacia finales de siglo”). Aclararé que definir esos escenarios no es fácil porque el nivel de emisiones depende de factores como la evolución futura de la demografía mundial, cuánto carbón consumirán, sobre todo, China o India en los próximos años, qué pasará con la implantación de energías renovables, si habrá o no crisis energéticas (como la derivada de la actual guerra de Irán), de la implantación de políticas climáticas agresivas y un largo etcétera.

Hace algo más de un mes se publicó un documento firmado por científicos del Coupled Model Intercomparison Project (CMIP), la gran colaboración internacional encargada de definir los escenarios y protocolos comunes utilizados por la comunidad climática mundial. Esos escenarios constituyen la base sobre la que se elaboran miles de trabajos científicos y los sucesivos informes de evaluación del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC), cuyo séptimo informe (AR7) está previsto para 2028. Y una de la propuestas contenidas en el documento es el abandono, como referencia principal, de escenarios como el citado RCP-8.5, y su heredero el SSP5-8.5, que han sido claves en la elaboración de los anteriores dos informes (el AR5 de 2013 y el AR6 de 2021). Dicen los autores del documento, en el primer párrafo del apartado 2.2.2, que esos escenarios se abandonan porque “se han vuelto implausibles (1), si se tienen en cuenta las tendencias en los costos de las energías renovables, la existencia de políticas climáticas y las tendencias recientes de emisiones“.

Es una decisión importante porque, bajo las premisas de esos escenarios, dominantes en los anteriores informes del IPCC, se han publicado miles de trabajos de investigación, financiados en su gran mayoría con dinero público y que, paralelamente, han generado un número similar de titulares de los medios de comunicación amplificando sus hallazgos. Y, lo que suele ser menos conocido, los modelos basados en esos escenarios han constituido la base no solo de los dos últimos informes del IPCC sino también de políticas y regulaciones de la mayoría de las economías más grandes del mundo, así como de las instituciones multilaterales más importantes (como la FAO). Utilizan también esas proyecciones los grandes bancos (incluido el propio Banco Mundial) en las pruebas de estrés climático que rigen cientos de miles de millones de dólares en capital bancario. O en las previsiones de las grandes agencias de seguros como Munich Re, Swiss Re o Lloyd’s of London.

Pero ya en enero de 2020, un artículo publicado en Nature por dos científicos (Hausfather y Peters) que tuvieron un papel significado en la elaboración del Sexto Informe (AR6), planteaba las primeras dudas sobre la verosimilitud de esos escenarios. Pero no parece que, desde entonces, se hayan tenido muy en cuenta esos avisos. Por ejemplo, en algo reciente y que me es cercano, el Gobierno Vasco ha usado ese escenario 8.5 como único referente a la hora de elaborar su Plan de previsión sobre efectos del cambio climático en el litoral vasco, como también lo hacía el Plan de Transición Energética y Cambio Climático del que os hablaba en mi entrada de 2022 arriba mencionada. La paradoja es que el nuevo plan está todavía en fase de borrador, el plazo de exposición pública acaba de concluir y uno se pregunta, a la vista de las nuevas propuestas del CMIP, si no sería más razonable que el ejecutivo vasco revisara en detalle el Plan porque sus previsiones de subidas del nivel del mar no se van a corresponder con lo que se derive de los nuevos escenarios propuestos.

Porque esa subida del nivel del mar, al igual que otras muchas de las consecuencias que se derivarán de los nuevos escenarios y que se harán patentes en los informes de trabajo de los tres grupos que elaborarán el AR7 del IPCC, estarán basadas en el incremento de la temperatura global de la Tierra con respecto a la existente en la era preindustrial. Como se puede ver en la figura que ilustra esta entrada (que podéis ampliar clicando en ella), tomada del blog The Climate Brink, en el que escriben Hausfather y Peters, arriba citados, las proyecciones basadas en el escenario RCP-8.5 indicaban que la temperatura global podría subir de forma bastante consistente hasta una media de 4.4ºC (con un intervalo entre 3.2 y 5.7) en 2100. Ahora, en el escenario CMIP-7 Medio (la terminología de los acrónimos de los escenarios ha cambiado), que parece el más razonable, esa temperatura se rebaja hasta 2.8ºC (con una horquilla entre 2.2 y 3.7).

Las reacciones a la publicación del informe del CMIP-7 en medios y redes nacionales o internacionales han sido muy parcas, lo que contrasta con la rapidez con la que nos ilustraban sobre los resultados de la aplicación casi universal del RCP-8.5. El que no ha perdido tiempo ha sido el inefable Trump quien, el pasado 17 mayo, decía en su cuenta de X que la ciencia climática era WRONG! WRONG! WRONG!. Pero tampoco hay que hacerle mucho caso. Porque en la línea de lo que decíamos en la entrada precedente sobre cómo trabaja la Ciencia, el abandono de ese escenario implausible, lejos de invalidar la ciencia climática que resume el IPCC y que Trump ve con malos ojos, es una prueba más de que en este asunto, como muchos otros, la Ciencia no está del todo establecida (como pretenden algunos activistas) y es necesario hacer correcciones a la vista de nuevos datos experimentales. Y, en cualquier caso, escenarios extremos como el que nos ocupa siguen siendo necesarios. Si necesitamos simular terremotos improbables, erupciones de volcanes o accidentes nucleares rarísimos, sería absurdo dejar de explorar riesgos severos derivados del clima sólo porque sean poco probables.

Pero precisamente por eso resulta tan importante mantener claras las etiquetas y explicarlas bien a la ciudadanía. Un test de estrés no es una predicción. Y quizá ahí esté la principal lección de todo este episodio. El problema no fue que existiera el RCP-8.5, sino el uso ambiguo que acabó haciéndose de él. Una herramienta concebida originalmente para explorar límites terminó funcionando, en buena parte de la comunicación pública, como representación implícita y segura del futuro esperado. El reconocimiento ahora de su inverosimilitud no invalida la física del clima, ni elimina los riesgos asociados al calentamiento global, ni convierte automáticamente en erróneas todas las políticas climáticas. Pero sí obliga a hacerse preguntas incómodas pero necesarias sobre cómo interactúan ciencia, medios, política e incentivos institucionales. Porque una vez que una narrativa extrema se instala, corregirla resulta difícil. Hay demasiados artículos publicados en revistas serias, demasiados modelos construidos, demasiadas carreras profesionales establecidas y demasiadas decisiones políticas apoyadas sobre ella. No queda más remedio ahora, como dice el subtítulo de este post, que una retirada silenciosa, casi burocrática, sin un momento claro de rectificación pública.

Una cuestión final que se está debatiendo en blogs relacionados con la ciencia climática es si el cambio propugnado por los científicos del CMIP-7 ha venido causado por las razones que se mencionaban más arriba (el abaratamiento de las energías renovables, los logros de políticas climáticas y las tendencias recientes de emisiones) o, como mantienen otros, el problema es que nunca se tendría que haber utilizado un escenario tan extremo como escenario de referencia. Esta semana he asistido a un interesante y elegante dialogo (como tendrían que ser todos) entre partidarios representativos de una y otra idea. El que quiera, puede verlo o leerlo aquí.

He comprobado que en estos aperitivos musicales todavía no os he colgado nada de Edvard Grieg. Así que ahí va un extracto de “En la Gruta del Rey de la Montaña” de su Peer Gynt, con Neeme Järvi a la batuta, dirigiendo a la Filarmónica de Berlín.

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(1) He usado el término implausibles que no está en el diccionario de la RAE y que se usa (en inglés) en el documento original del CMIP. Porque los antónimos que la RAE me ofrece para el término plausible (que si está en su diccionario) no me acaban de convencer.

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