jueves, 27 de agosto de 2009

A perro flaco......

Aunque a veces me paso criticándolos, soy un firme partidario de la existencia de colectivos ciudadanos como los sindicatos o las organizaciones ecologistas. Suponen poner coto, o al menos contrapeso, a determinadas acciones abusivas, y a veces hasta vandálicas, de otros colectivos que comparten cancha en nuestra vida cotidiana. Sin ese adecuado contrapeso es probable que hubiera sido difícil llegar a los niveles de calidad de vida que disfrutamos. Lo cual no quiere decir que por el hecho de ser colectivos más o menos numerosos y reconocidos sean los poseedores de la verdad absoluta, ni que los ciudadanos individuales no podamos objetar de sus métodos y conclusiones. Porque la mayoría de estos colectivos quieren perpetuarse y, para ello, necesitan autoalimentarse y en esa búsqueda de la persistencia pueden dar cobijo a gentes de poco rigor.

En la Donosti de mis entretelas hay un activo colectivo ecologista una parte del cual debe andar todos los días rastreando la red, a la búsqueda del último agente cancerígeno con el que entretenerse y justificar sus actividades. Si así no fuera, es díficil de explicar que su último gran objetivo llevado a término (Diario Vasco del 25 de agosto) sea haber conseguido que en una ikastola de la zona se hayan retirado una serie de bancos y farolas que habían sido tratados con creosota.

La pobre creosota es un biocida contra los bichos que atacan la madera y que muchos de mis lectores (sobre todo los más viejos) identificarán enseguida como esa pintura negra de olor penetrante (y para mi bastante agradable) con la que antaño se pintaban, sobre todo, las traviesas de las vías de tren y los postes de telégrafos y de luz. Y digo pobre porque ni traviesas ni postes son hoy en dia, en su gran mayoría, de madera. De hecho, muchas de las viejas traviesas que han poblado los tendidos ferroviarios se venden, a precio de orillo, como motivos ornamentales para construir pequeñas zonas ajardinadas en adosados, casas de campo, campos de golf y similares. Así que muerto el perro flaco (traviesas, postes) muertas las pulgas (creosota) y la citada pintura ha pasado casi a formar parte de la historia, aunque parece que a los del colectivo ecologista en cuestión les da igual, con tal de que entrando en Google y tecleando "creosote and cancer" (en inglés, para que salgan más), nos devuelvan 69.000 referencias. Lo cual tampoco es mucho para los niveles de Google y los niveles del término cáncer.

La causa por la que la cresota ha sido recientemente prohibida o restringida por las principales agencias que controlan nuestra salud y nuestro medio ambiente, está relacionada con su origen y composición. La creosota es una mezcla de compuestos destilados del alquitrán de hulla y, por ello, contiene una familia amplia de productos químicos entre los que se encuentran fenoles, cresoles y los temidos hidrocarburos aromáticos policíclicos (o PAHs en su acrónimo inglés), otra amplia familia de compuestos en sí misma, muchos de ellos reputados cancerígenos. Estos últimos ciudadanos ya salieron en una entrada de la anterior fase de este Blog, aquella en la que os contaba mis desvelos y tribulaciones para encontrar en las farmacias una crema con la que sanar mi delicada piel de búho. Sin conseguirlo, al haber sido eliminada del mercado en tanto que extracto alcohólico del alquitrán de hulla. Así que, básicamente, estamos hablando del mismo problema y no es cuestión de repetirse. Basta con darle al link anterior.

También allí os contaba que algunos de estos PAHs están también en alimentos que ingerimos tras someterlos a altas temperaturas (café torrefacto, ahumados, carnes a la plancha, etc...) Digo yo que es más fácil y habitual que un niño coma chuletas a la plancha, chuletillas al sarmiento bien crujientes o hamburguesas más o menos chamuscadas por la impericia de sus progenitores como cocineros, que le de por morder un banco con creosota. De lo que infiero que a la hora de dar publicidad a los peligros de tocar o sentarse en maderas tratadas con nuestro biocida, podrían aprovechar el viaje y comentar que esas mismas sustancias peligrosas están también en nuestro "menú" de muchos días y, por tanto, debieran prohibirse. Sería una verdadera labor didáctica. Aunque claro, un frasco de creosota viene de una planta química y una chuleta de una carnicería de las de siempre y la hemos hecho en casa como siempre...

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me viene a la mente el caso de unos aficionados a las setas que se envenenaron con amanitas faloides que habían salido (creo recordar) en el huerto de su casa, lo que hizo desaparecer todas las dudas que los poco precavidos seteros hubieran podido albergar. Estamos llenos de prejuicios, y lo malo del caso es que aunque el analfabetismo ha disminuido hasta casi desaparecer, las creencias absurdas se mantienen.

Elena dijo...

Hola, Búho

Pues es curioso, hay un restaurante cercano a nuestro lugar de trabajo que ha utilizado esas bonitas traviesas como motivo ornamental. Sin embargo, al margen de esa presunta toxicidad, te diré que yo me quejé porque comer con ese olor (que tampoco a mí me desagrada) reduce bastante la capacidad de disfrute. No sabía que eso era la creosota, fíjate. Como les pillen...

El Búho dijo...

Es que la Elenas sois muy finas....