lunes, 2 de junio de 2008

Una nueva era?

Mala semana la última de mayo, vive Dios. El curso finiquitando, mis estudiantes al borde del suicidio y preguntando lo que no han preguntado en un cuatrimestre, un macroproyecto que se acaba y que hay que justificar, otro que empieza y en el que hay que pensar. Si las entradas en reserva del Blog bajan a mínimos históricos y si no puedo echar una ojeada nocturna a cómo ha ido la Bolsa en el día, porque tengo que dedicarme a otras cosas más urgentes, algo va mal en mi ordenada vida. Y, encima, los pro- y anti-Santamaría dándose caña gastronómica, con todas las implicaciones quimifóbicas del asunto y los irreprimibles impulsos que ello genera en el tranquilo pájaro nocturno que yo soy. Pero sobre ese tema no pienso decir ya palabra alguna.

Aún y así, el pasado lunes 26 de mayo, a la tarde-noche, me fui a Txillida Leku, a una conferencia de Jeremy Rifkin (foto). Leí el libro de Rifkin sobre la economía basada en el hidrógeno, nada más publicarse, en setiembre de 2002, en unas cortas vacaciones en La Toja, y quería ver en directo al personaje. El tema de las pilas de hidrógeno, como alternativa al petróleo y otros combustibles fósiles, siempre me ha interesado (ver una entrada de 2006 aquí) y me sigue interesando. Hasta hemos hecho algún pinito investigando membranas poliméricas para esos usos con los amigos de CIDETEC, que son los que saben del tema y, especialmente, con el Grupo que lidera Oscar Miguel, quien ha llegado a las alturas a las que ha llegado en ese Centro a pesar de haberme tenido que sufrir como Director de Tesis.

Para el que no conozca el tema, la llamada filosofía del hidrógeno sostiene que podemos iniciar una nueva era o revolución tecnológica basada en una reacción electroquímica sencilla, en la que el hidrógeno reacciona con el oxígeno para darnos energía eléctrica, calor y agua. Con lo cual, sobre el papel, tenemos un proceso eficiente y limpio que puede aplicarse tanto a la génesis de electricidad pura y dura que ilumine nuestras ciudades, como a mover medios de transporte, los dos aspectos que más energía consumen en nuestro mundo y, paralelamente, más contaminan, como consecuencia de la combustión de combustibles fósiles como el carbón, el gas o los derivados del petróleo.

El problema es que el hidrógeno como tal no existe en la naturaleza. Sólo se encuentra combinado en muchas sustancias como la propia agua, los hidrocarburos u otras sustancias. De forma que, para usarlo como combustible en las pilas de hidrógeno, hay que producirlo. Y ahí empiezan nuestros quebraderos de cabeza. Los procedimientos para obtenerlo utilizan en muchos casos combustibles fósiles como el gas natural, con lo que no avanzamos mucho, o necesitan de consumos de energía desmesurados (como en la electrolisis del agua) que de algún sitio hay que sacar. Así que, una vez más, miramos a las energías renovables (fotovoltaica, eólica, geotérmica, etc.) como una forma limpia de cerrar el ciclo. Las EERR nos darían la energía para obtener hidrógeno a partir de la electrolisis del agua (hay mucha agua en nuestro planeta), hidrógeno que almacenaríamos para consumirlo posteriormente en la génesis de energía eléctrica o para mover a nuestros camiones y coches.

En lo que yo oí en la conferencia, el escenario no parece haber cambiado excesivamente desde 2002, que es cuando Rifkin escribió el libro. Es cierto que las tecnologías han ido quemando etapas en la búsqueda de catalizadores más eficientes, nuevas membranas y otros avances que están mejorando las prestaciones de las pilas de hidrógeno. Pero el cuello de botella parece estar en encontrar fuentes de energía renovables con los suficientes rendimientos que nos suministren cantidades apreciables de hidrógeno. Y ese cuello de botella está generando retrasos importantes en las predicciones que Rifkin hacía hace seis años, sin que se puedan vislumbrar (aunque eso nunca se sabe) "mutaciones" importantes en el proceso.

La otra gran pata en la filosofía del hidrógeno, según Rifkin, es la creación de la llamada web eléctrica de hidrógeno, esto es, una gran red a la manera de la red de datos que es internet, donde los usuarios puedan subir energía eléctrica, cuando sus pilas de hidrógeno personales o comunitarias estén produciendo más energía que la necesaria, o bajar energía en caso de apuro. Todo ello controlado por las tecnologías más actuales y para beneficio de los que puedan producir esa energía. Según Rifkin, esa red democratizaría la energía hasta niveles casi personales como ocurre, en teoría (y sólo en teoría), con la web de datos que es internet.

Ambos pilares de la filosofía Rifkin son atractivos y no seré yo quien los deseche o critique a vuelapluma. Si a mi me hubieran dicho, hace poco más de veinte años, que aquellos primeros ordenadores que compramos con la agitación del primerizo, iban a ser los precursores de otros, con los que compartiríamos datos, ciencia y vivencias con todo el mundo, probablemente no me lo hubiera creido. Ahora soy más cauto, porque conozco que muchas ideas geniales en ciencia y tecnología han sido ridiculizadas en sus propuestas iniciales, para recibir años más tarde el reconocimiento de la sociedad, llegando, en algunos casos, a un Nobel. Y he aprendido también que hacer predicciones a largo plazo, en ciencia y tecnología, es hacer oposiciones a equivocarse, unas veces a favor, otras en contra, del progreso de nuestra civilización. Pero me parece que Rifkin focaliza excesivamente el debate en el sentido de proclamar que la era de los combustibles fósiles termina casi cuando acaba de empezar la del hidrógeno. Me da que vamos a pasar unos años de interregno, en los que va a ser necesario combinar todas las herramientas energéticas de las que podamos disponer. Y, en cualquier caso y como decía un alto cargo de la Shell hace años, "la Edad de Piedra no se terminó porque acabáramos con todas piedras y la Edad del Petróleo no va a acabar porque hayamos acabado con todas las reservas petrolíferas". Acaba porque evidencias palpables han implicado un cambio de comportamiento sociológico en nuestra forma de ver la energía y su uso.

Por lo demás, si se me hubiera pedido en caliente mi opinión sobre la conferencia y el conferenciante, hubiera contestado que Mr. Rifkin me parece un telepredicador al uso de los habituales en su país de origen. No me extraña que algunos medios lo denominen el apóstol del hidrógeno. En lugar de colocarse en la mesa central y esperar a la introducción habitual en estos eventos, Rifkin se colocó al fondo de la sala (donde yo estaba) y sólo cuando el Diputado General, Markel Olano, nos invitó a dar la bienvenida al conferenciante, él avanzó desde atrás, micrófono en mano, hasta situarse bajo los focos. Ni una transparencia con datos en su exposición. Una hoja de papel doblada en las manos, que no consultó casi nunca. Una peripatética conferencia, paseándose entre las primeras filas de la audiencia. Una gestualidad a veces teatral. Un panorama catastrófico de la situación del cambio climático en la primera media hora. Y con todos ya un tanto acongojados, como en algunos sermones que yo recuerdo de los años sesenta al párroco de mi pueblo, allí estaba la Humanidad, con europeos y americanos a la cabeza, para conseguir, en este tema, una gesta tan rápida y eficiente como poner un hombre en la Luna o inventar internet.

Es probable que penseis que el Búho es un piernas, sin historial ni currículo para una crítica como la que antecede. Pero uno tiene su propio criterio. Y como este Blog es mío.....

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo también estuve allí, pero si no hubiera estado, creo que me hubiera llevado exactamente la misma impresión sólo leyendo el último -y muy fiel a la realidad- párrafo del Buho que habiendo estado presente.
Al final, de todo esto, está claro que no será el muy optimista 100 que vaticina Rifkin y compañía, pero tampoco el cero que esperan otros (pronucleares, renovable-escépticos y similares). O al menos eso creo...