lunes, 28 de septiembre de 2020

Plásticos "circulares"

Todos estaréis acostumbrados a ver en los medios de comunicación el término Economía Circular como una de las grandes herramientas para afrontar una serie de retos medioambientales que tenemos enfrente. El término se usa en clara contraposición al de Economía Lineal, que emplea materias primas para fabricar productos que se venden a los consumidores y que estos, tras su uso, desechan como basura. Por su simplicidad no es raro que haya sido adoptado con rapidez por políticos e Instituciones. Pero, como ha explicado varias veces mi amigo, condiscípulo y destacado miembro de la Cosecha del 74 de la Facultad de Químicas de Zaragoza, Antonio Valero, Director del CIRCE zaragozano, la Economía Circular es un concepto ilusorio, un mito, ya que la Segunda Ley de la Termodinámica nos indica la irreversibilidad de los procesos reales. Cualquier material, en su uso, se degrada espontáneamente y revertirlo a su condición original cuesta más energía que la que se disipó en esa degradación. Aún y así, el Profesor Valero entiende que hablar a la ciudadanía de Economía Circular es necesario como forma de denunciar los problemas de la Economía lineal. Algo en lo que no estoy del todo de acuerdo con mi amigo, pero eso es otro tema.

A la hora de aplicar el concepto de Economía Circular a los plásticos, reciclarlos es la primera alternativa que todo el mundo parece tener clara. De nuevo, en términos muy simplistas, imaginamos un proceso en el que los residuos plásticos pueden recogerse, fundirse en máquinas adecuadas y moldear con ellos nuevos objetos en plástico. Este tipo de reciclado, conocido como Reciclado Mecánico, tiene en realidad poco recorrido como circular. Incluso en el caso del material que se suele poner como ejemplo para explicarlo: el PET o polietilen tereftalato, el material con el que se fabrican la inmensa mayoría de las botellas de agua y otras bebidas. En su versión más avanzada, en sitios como Suecia, se recogen las botellas de agua en un contenedor exclusivo para ellas y se envían a las empresas que las reciclan, sin consumir tanta energía como la necesaria para separar selectivamente, limpiar y secar los diferentes plásticos que van a nuestro contenedor amarillo. Pero aún en ese caso tan particular del PET, su reciclado mecánico está lejos del concepto de Economía Circular. Como bien demostraba un artículo publicado hace 25 años por colegas de mi Departamento, entre los que se encontraba el llorado Iñaki Eguiazábal, mi primer estudiante de Doctorado y luego Catedrático de Ciencia de Materiales de la UPV/EHU [Macromol. Sci, Part B 34, 171-176 (1995)], el PET va perdiendo propiedades muy importantes para su uso en botellería cuando se le somete a unos pocos reprocesados. Mas allá de cinco reprocesados (o reciclados) el PET no vale prácticamente para nada. Y en los cuatro anteriores tampoco puede usarse para fabricar botellas con los requerimientos que piden muchos envasadores de agua, por lo que se usa, como poliéster que es, para fabricar cosas como alfombras o bolsas de todo tipo. Si os fijais en los objetivos de muchos empresas que envasan sus productos en botellas de PET, actualmente están fijándose objetivos de emplear en ellas un cierto porcentaje de PET reciclado, no el 100%.

Es por eso que, en ejemplos como el que acabamos de relatar, Antonio Valero aboga por sustituir el concepto de Economía Circular por Economía Espiral, al tener en cuenta que los ciclos no se cierran infinitamente como debería ocurrir en una Economía Circular pura y lo que es interesante es conocer cuantos ciclos son posibles en cada material para estimular, en lo posible, la mejora de los procesos para extender ese número. Pero, al final, siempre quedará un residuo inservible y la mejor solución (a mi entender y en el caso de los plásticos) para eliminarlo son las incineradoras modernas que recuperan en forma de energía térmica o eléctrica la eliminación de esos materiales. La pega del asunto es la génesis inevitable de dióxido de carbono (CO2), algo que puede mejorarse pero, en cualquier caso, el CO2 que proviene de la gestión de residuos es un componente menor en el cómputo global de las emisiones de ese gas, frente a grandes emisores como el transporte, la industria, la calefacción,.... En España, la gestión de residuos supone en cuanto a emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) entre un 3-4% del total. De ahí un 80% son emisiones de CO2 (el resto es metano y otros), en las que se incluyen el CO2 generado en los vertederos, en la incineración de residuos de origen fósil (ahí irían los plásticos), el tratamiento de aguas residuales, etc.

En el caso del PET de botellas, hay otra forma de reciclarlo mediante el llamado Reciclado Químico. Básicamente la idea es volver hacia atrás la reacción que produjo ese plástico y obtener las sustancias de partida que lo generaron. Esa operación se puede hacer mediante enzimas o mediante procesos químicos conocidos como hidrólisis o metanolisis (no iremos más lejos con este lío que luego me increpais). En otros polímeros, como el poliestireno del Poliespán o el polietileno de las bolsas de basura y muchos envases de detergente, la alternativa para reciclar químicamente es aplicar calor. Cuando esos materiales que acabo de mencionar se someten a altas temperaturas en un proceso llamado Pirólisis, se puede obtener estireno, un líquido a partir del cual volver a sintetizar el poliestireno o, en el caso del polietileno, unas mezclas de hidrocarburos (naftas), similares a las obtenidas en las destilaciones fraccionadas del petróleo o la hulla y que, adecuadamente tratadas en plantas petroquímicas, generan, entre otros, el gas etileno, a partir del cual puede obtenerse de nuevo el plástico polietileno. En estos casos que acabamos de mencionar en este párrafo, el ciclo parece cerrarse de manera más eficiente, pero no es oro todo lo que reluce. En el caso del PET porque purificar las sustancias de partida tras cargarnos el polímero no es una cuestión baladí y en el caso de la pirólisis del poliestireno o del polietileno porque no produce, exclusiva y respectivamente, estireno y etileno, sino otras muchas sustancias químicas algunas de las cuales pueden ser casi inservibles o incluso indeseables. Y además, en la mayoría de los estudios realizados sobre el Reciclado Químico muestran que, para ser viable, las compañías tendrían que construir plantas de gran tamaño mediante grandes inversiones y necesitarían grandes cantidades de residuos plásticos, lo que plantea problemas de logística dependiendo de donde esté situada la planta.

Todos estos inconvenientes no son nuevos. La pirólisis de residuos plásticos es un asunto que reaparece cual Guadiana desde hace tiempo. Hace casi treinta años, este vuestro Búho escuchó en Hamburgo una charla del Prof. Walter Kaminsky, de la Universidad de esa ciudad alemana, seguida de una visita a una localidad próxima en el que se había instalado una planta experimental que podía tratar unos pocos miles de toneladas anuales de basura plástica, obteniendo una mezcla de gases y líquidos utilizables en plantas petroquímicas. Un poco más tarde Kamisnky plasmó esas ideas en varios artículos, entre otros en este. Pero ya entonces nos avisó de que si el petróleo cotizaba por debajo de 120$/barril (y hablamos de valores de hace treinta años!!), el proceso era económicamente inviable. Hoy, con el crudo por los suelos, la idea persiste. A no ser que gravemos el petróleo con unas tasas que permitan equiparar costes.

Aún y así, grandes productores de polímeros parecen apuntarse a la actual ola del Reciclado Químico. Esta pasada semana, sin ir más lejos, he podido asistir on line a un Seminario al respecto, en el que, para mi, lo más interesante han sido las contribuciones de técnicos de empresas tan importantes como REPSOL, BASF o SABIC. Mi impresión general es que algo se está moviendo una vez más, pero despacio. Y que el mayor mérito de este tipo de reciclado parece estar en la menor huella de carbono que dejan con respecto al uso de materias primas derivadas del petróleo. Pero como en el asunto de los polímeros biodegradables, que sigo desde hace casi cuarenta años y pocos avances he contemplado, aquí, visto lo que voy viendo, me pasa algo parecido y acumulo un razonable escepticismo. De nuevo, lo que me fastidia, es que me voy a morir antes de poder comprobar si estoy en lo cierto.

5 comentarios:

aurora ruiz galán dijo...

Ni se te ocurra hacer eso que dices en la última linea, sería un despropósito «lineal», que nos dejaría huérfanas. Ya sabes lo que solían decir los agentes de la autoridad en tus tiempos de estudiante: «circulen, circulen».
En otra vena(*), critico el uso de crudo para referirse al petróleo. En inglés lo llaman «oil», y como esto es muy ambiguo, le añaden el «crude» (crude oil), para especificar que es el oil tal como sale de la naturaleza, en crudo, sin procesar. Nosotros le llamamos directamente petróleo y no necesitamos añadir que es en crudo, pero, dada nuestra debilidad frente a lo anglosajón, los experitos en economía de aquí lo han copiado de allí, quizá para aparentar que saben tanto como ellos. Papanatas, o así, que somos.
(*) también esto es copia del anglosajón.

Anónimo dijo...

Pasé por la Uni pocos años después que tú, y la edad y
la experiencia han acabado por hacer que compartamos no
solo formación sino también, tal vez, escepticismo.

Creo recordar que hubo un tiempo, aunque quizá lo haya
soñado, en que se partía de que la realidad era más
compleja de lo que parecía y convenía estudiarla para
analizar con calma las consecuencias de lo que fuéramos
a hacer. Hay quien afirma que, con los años, eso llevó
a cierto progreso.

De bastantes decenios a esta parte esas complejidades
tan laboriosas han sido sustituidas como luz y guía de
la sociedad por consignas de dos palabras. Tres como
máximo. "Desarrollo sostenible", "Transición ecológica",
"Cambio climático", "Calentamiento global"... "Economía
circular"...

Convertidas en dogmas biensonantes, la "corrección
política" impone no ya que no se discutan, sino que
todo aquel que se atreva a analizarlos con detalle
y manifieste algo distinto a la más entusiasta adhesión
está abocado a verse tachado de "negacionista" para ser
linchado en consecuencia.

La solidez científica de estos dogmas no pasa a lo sumo,
en la mayoría de las ocasiones, de lo que hay que esperar
de los escasos rudimentos de primaria. Es probable que la
ceguera al ponerlos en práctica lleve a desastres de todos
los colores.

Tampoco es que la ciencia oficial haya hecho mucho por
defender la solidez de todo esto. Al fin y al cabo, en
ese ámbito, el rigor siempre ha estado por detrás de
otros valores más fáciles de medir en términos contantes
y sonantes.

Parece que todo se justifica en la búsqueda de continuas
revoluciones socio-económicos, sean o no necesarias, que
permitan movilizar colosales inversiones para mantener en
marcha el motor económico del ¿primer? mundo.

Sin embargo, lo que hace que eso se mueva en el corto plazo
son subvenciones que se espera recuperar más adelante por el
aumento ilimitado en los precios de los bienes básicos.

Como sabes, con energía y unos cuantos átomos se puede
hacer de todo y esa "Economía circular" tan deseable solo
es posible en alguna medida en un contexto de energía muy
abundante y casi gratuita. Y la idea es financiarlo, entre
otras cosas, con una cada vez más cara.

Así que lo que parece es que diciendo que buscamos una
"economía circular" estamos en realidad trabajando para
que incluso la "economía espiral" termine siendo otra
versión aún más extrema de la "economía lineal" que ya
conocemos, para acabar condenados a lo que habría que
llamar un "desarrollo insostenible".

¿Escéptico? ¿Yo?...

Yanko Iruin dijo...

Gracias anónimo. Qué pena no conocerte, porque somos almas escépticas gemelas.

Anónimo dijo...

Bueno, Buho, siendo estrictos si que nos conocemos.
Tuvimos un agradable intercambio de cortesías
protocolarias tras una de tus conferencias. Para
entonces ya hacía tiempo que era un fiel seguidor
del blog. Y, por si no bastara, también compartimos
algún amigo o conocido. Si hubiéramos tenido un rato
y echado unos vinos...

Pero siempre he creido que lo mejor era "permanecer
en el economato", que dirían los de Gomaespuma. Por
dos razones:

La primera es una timidez que fue casi patológica.
La superé hace tiempo, pero sigue siendo cierto
que como "remota presencia incorpórea" resulto
tolerable. En cambio, cuando condenso mi ectoplasma,
me materializo, y trato de compensar mi involuntario
alejamiento inicial, puedo llegar a ser un tanto
pesado, lo que es mucho peor. Mejor el "economato".

La segunda, un tanto más seria, es que para llevar
un "Blog" hace falta un montón de trabajo. Y para
que sea interesante y de innegable calidad, como el
tuyo, se requiere talento. Así que, en mi opinión,
debes recibir todos los focos que sea posible y
llevarte por completo el mérito de lo que has creado.

Desde el "economato", muchísimas gracias por tu labor
de estos años.

Anónimo dijo...

Como el anonimo que comenta sobre economato, sospecho que muchos lectores de Buho compartimos este sentimiento en general de reconocimiento y economato. Pero desde más lejos y sin haberlo visto en persona.
A ver si uno que sepa propone como hacer un 'tele bote' con un premio!

Hice dos comentarios anonimos en anterior entrada, sobre ciencias en pañales ;-)
No fueron muy eleborados, como otros. Era pseudocuento de ficción futurista de astronautas i glamour en pipopo... Espero no haber desanimado, mi intencion era entretener animando.
A ver si dicen para hacer un bote proBUHO, aunque sólo sea para regalarle un paseo en bote simbólico. O muy grandote, para que nos lleve a pasear por nuevas entradas
"Gràcies Buho i lectors
Saludets,
Toni des de Mallorca"