lunes, 21 de septiembre de 2020

Pañales y polímeros

Dice mi hermana que, dada nuestra genética, es posible que los Iruines lleguemos a muy mayores lo que supone, entre otras cosas, que tengo muchos boletos para ser un usuario de pañales, si una muerte súbita no lo remedia. No es un futuro prometedor, pero es lo que hay. Para que os vayáis concienciando del problema, que ya se sabe que a cada cerdo le llega su San Martín, os voy a contar la escatológica historia del desarrollo de estos utensilios, uno de esos ejemplos en los que el ingenio humano ha sido capaz de desarrollar, en un corto espacio de tiempo, algo que ha resultado fundamental en nuestra actual vida cotidiana. Al principio, durante la segunda mitad del siglo XX, consiguiendo una sustancial mejora en la vida de los jóvenes progenitores para, más tarde, resultar una pieza clave en el cuidado de los ancianos, un colectivo que cada día se engrosa más.

El desarrollo de los pañales está bien documentado en multitud de artículos, blogs y vídeos, y podríamos iniciar su historia a finales del siglo XIX, cuando se inventó el imperdible (o safe pin para los ingleses), que permitió sujetar con cierta prestancia trozos adecuados de tela alrededor de los bajos de los niños. Pero ese adelanto no obviaba el tener que lavar esos pañales ni tampoco aseguraba que no se produjeran pérdidas de fluidos que mancharan otros elementos de las cunas infantiles. En muchos sitios de internet, la primera mutación de los pañales parece arrancar con una joven madre cabreada de nombre Marion O'Brien Donovan que, harta de cambiar pañales a su primogénita y de lavarlos junto con sábanas, mantas y otros utensilios, decidió elaborar una especie de braguita con una cortina de baño de la época, fabricadas entonces con un plástico llamado poliamida (nylon), muy usado tras la Segunda Guerra Mundial ya que se había empleado en la confección de paracaídas y había excedentes.

El invento no suponía más que solucionar (en parte) el asunto de las pérdidas, pero no el de cambiar y lavar el paño de tela que la braguita sujetaba. Tras ese primer invento, la Sra. Donovan dió un paso más en el diseño de pañales de dos componentes, sustituyendo la tela por un material desechable a base de papel de celulosa más o menos grueso que retenía los líquidos hasta cierto punto y se podía cambiar una vez empapado, tirandolo a la basura. La historia de Marion Donovan está muy bien contada en el blog Mujeres con Ciencia que tantas veces os he recomendado. Pero Marion Donovan no fué la única que anduvo buscando soluciones para el problema de las deposiciones infantiles. Paralelamente, hubo otros intentos en Europa y Norteamérica, como es el caso de una joven madre británica, Valerie Hunter Gordon, quien, en 1947, diseñó un pañal a base de papel, algodón y un pantalón impermeable. Mi suegra, otra madre joven a finales de los cincuenta, todavía se acuerda de pasar la frontera y acercarse a Hendaya para comprar una variante francesa, La Bambinette, un anuncio de la cual se ve en la foto que ilustra la entrada. Esta fase de inventos acabó con la introducción por Procter & Gamble, en 1961, de los llamados Pampers en los que en lugar de papel se usaban, como material absorbente, unas gasas de celulosa. Pero la capacidad de absorción de líquidos era muy límitada en todos los pañales que venimos mencionando. Paralelamente al cambio de materiales absorbentes, en esa fase también se introdujeros algunos otros polímeros en el diseño de pañales, generalmente como componentes de la braguita externa, así como de los cierres de la misma (donde se hizo popular nuestro conocido Velcro).

Pero cuando los polímeros irrumpieron de verdad en el mundo de los pañales fue cuando dos patentes presentadas en 1966 por Carlyle Harmon (de Johnson & Johnson) y Gene Harper (de Dow) describieron lo que hoy en día se conoce como polímeros superabsorbentes (SAPs), materiales que, en algunos casos, son capaces de retener agua hasta mil veces su propio peso, aunque los usados en pañales andan entre 30-50 veces. Constituidos, generalmente, por un polímero denominado poliacrilato de sodio pero con mucha "música" más que se guardan celosamente los fabricantes, el truco consiste en encerrar ese material en una cubierta de material celulósico, habilitando así un "sumidero" para el agua de la orina y la contenida en las heces, transformando con ello el polímero en un gel que retiene el agua y evita su salida al exterior. Poniendo además dos capas de polietileno o polipropileno (una hacia el exterior y otra hacia la piel) tenemos los pañales actuales, que se venden como rosquillas, dadas las necesidades de la práctica totalidad de los recién nacidos y de muchas (cada vez más) personas de edad. Por solo dar algún dato en este caso y en el país con mayor proporción de ancianos, Japón, el mercado de los pañales para adultos superó al de pañales para niños en 2011 y en el momento actual supone una cifra de negocio de más de dos mil millones de dólares anuales, un 20% del mercado global de pañales para adultos.

A nadie se le escapa que esa progresiva implantación de los pañales en los ámbitos que acabamos de mencionar tiene la contrapartida de que, globalmente, entre 20 y 25 millones de toneladas de pañales desechables son quemados o depositados en vertederos cada año. Aproximadamente, el 80% de ellos está constituido por agua, lo cual no es una buena noticia para las dos posibles formas de deshacerse de tan molesto residuo. En el caso de los vertederos (cada vez peor vistos y progresivamente eliminados) porque ese agua puede dar lugar a lixiviados poco recomendables en combinación con las heces también contenidas en los pañales. En el caso de las incineradoras, porque ese aporte de agua hace que el rendimiento calorífico de esas ingentes cantidades de pañales desechables los hagan poco deseables como combustible de las nuevas instalaciones, cuyo objetivo es generar energía a base de la quema de desechos.

Así que hay mucha gente pensando en cómo resolver el problema. Además de procurar usar cada vez menores cantidades del polímero superabsorbente, empleando variantes del mismo con mayores capacidades de absorción, de usar cubiertas internas y externas más delgadas y cantidades menores de celulosa (dentro de lo posible) en la parte central de nuestro pañal, el Ministerio japonés de Infraestructuras ha urgido recientemente a las empresas niponas a buscar métodos para eliminar el agua y las heces de la forma más eficiente posible e incorporarlas a los flujos de aguas residuales, como fase previa para poder recuperar el polietileno, el poliacrilato sódico y la celulosa, tratando de buscar asi "segundas vidas" para esos materiales o, si no fuera posible, incinerarlos con mayores rendimientos energéticos. También en Euskadi hay proyectos que se han centrado en esa idea, como el llamado Proceso Birzifar de la empresa de Ordizia Birzitek Waste Engineering.

Claro que siempre hay una solución radical. Dejar de usar pañales desechables. Basta darse una vuelta por internet para ver cómo han proliferado los grupos que abogan por volver a los pañales de tela y abandonar esas auténticas piezas de tecnología que son los pañales modernos a base de SAPs. La mayor parte de las páginas que he leído con ese sesgo son de madres jóvenes que ya lo aplican con sus niños. Hay, incluso,un mercado emergente sobre estos "nuevos" pañales de tela. Sobre los pañales para viejos se escribe poco. Pero tengo en mi entorno próximo personal sanitario, de cierta edad, que no quisieran volver a la situación de atender viejos provistos con pañales del siglo pasado. Y, por lo que me puede tocar, yo tampoco.

8 comentarios:

aurora ruiz galán dijo...

Lamento que cedas a esa confusión del lenguaje que son las @ (¡tú también, hijo mío!).

Anónimo dijo...

Los astronautas de la NASA buscan oociones pipipopo para salidas extravehiculares largas. Yo imagino que cuando vivamos en la luna habrá sesiones medio foto eróticas. Que para espónsors astronautas pasearan como desnuda, sólo cubiertas por un látex protector y sondas con IA por ahí, por delante,detrás, arriba, abajo... todos los agujeritos.
De iaios iremos eróticos paseando y los niños dirán que los abuelitos son del mas guai porque viste como las astronautas alegres
:-)

Anónimo dijo...

No m'enterao de lo qu'ice el de la NASA. ¿Se me pué aclarar? Agradecío y ... a mandar.

Yanko Iruin dijo...

Aurora, corregido. Si tú supieras lo que me ha costado escribir este post, gracias al cambio de plantilla en Blogger, entenderías mi desliz.

Yanko Iruin dijo...

Anónimo, no te entiendo casi nada, pero ahí queda tu comentario.

Yanko Iruin dijo...

Para el segundo anónimo.
Yo tampoco entiendo casi nada. Si quiere que lo aclare él.

Anónimo dijo...

Hola,lomque os comentaba era más como un cuento futurista, para animar. Que lo que parece feo quizás se puede convertir en glamour... Resulta que hace años que la NASA avisava que busca quien les de ideas o soluciones para el futuro para pipipopo de astronautas. Normalmente usaban sondas, aspiradores, además de bolsas o pañales. Conozco poco o nada, pero és divertido el conraste.
Curiosamente ahora en NASA dicen que estrenan algo ara pipipopo. P.e. mirar hoy en www.microsiervos.com/archivo/espacio/cygnus-14-nuevo-vater-estacion-espacial.html Y resulta divertido que al final de entrada del enlace también hay ejemplo de astroanutas como modelos de productos de belleza y glamour.
Quien sabe, podemos imaginar que cuando colonicen la luna, quien no va a querer ver fotos alegres y bonitas. Y quien paga manda, aunque sean fotos de una marca de lencería, pañales, o trajes de látex eróticos similares a los de futuros astronautas de paseo de ciencia ficción

gabriela dijo...

La mayoría de las veces, al leer tus post, afloran en mí recuerdos de mis días del siglo XX… jaja. Ahora, recordé mis días lavando pañales de género…30 ó 40 diarios, en un momento en que mis 3 niños los usaban; incluso un invierno en que el frío fue extremo, con nevazones y heladas prolongadas y en que no salía agua de las tuberías, tenía que salir a picar nieve, derretirla, un trabajo con poco rendimiento porque de mucha nieve queda poquísima agua.
La única aproximación que tuve a un pañal desechable, fue un regalo de un par de docenas traídos desde Italia, pero eran delgaditos y yo rellenaba con varias capas de toalla de papel, de cocina para que durara un poco más, porque los usé en viajes largos en avión con niños pequeños.
Ahora los hay de diversos tamaños, para bebés, niños y adultos, y se usan tanto en la Tierra como en el espacio, habiéndose convertido en una necesidad. Ya casi nadie lava pañales, y es un verdadero problema en personas con pocos recursos, a la hora de elegir comprar comida o pañales.
Lo bonito es la investigación que ha surgido para ir mejorando la calidad de los pañales, y también la que se desarrolla en cuanto a qué hacer con ellos una vez usados, porque esa es mi esperanza: lograr reducir la tremenda contaminación que provocan.