jueves, 15 de octubre de 2015

Cosas del plomo

Hace ya bastantes años mi colega y amigo Mario Montes me puso sobre la pista de la figura de Thomas Midgley Jr., un científico con mala pata, al que el azar deparó el destino de ser pieza clave en el desarrollo de dos moléculas químicas de mala fama donde las haya: el plomo tetraetilo y los clorofluorocarbonos o CFCs. Sobre los segundos ya hablé en otra entrada, en la que describía su impacto en la capa de ozono. El bueno de Midgley creyó haber puesto una pica en Flandes cuando empezó a trabajar con ellos. Hablamos de gases, absolutamente estables, inocuos para el medio ambiente y los organismos vivos, relativamente fáciles de sintetizar y, además, no muy caros. Hasta que llegan a la estratosfera y con el concurso de la radiación solar provocan la destrucción del ozono que nos protege de los rayos UV. Todo un ejemplo de que hay muchas variables a considerar cuando uno coloca nuevas sustancias en el medio ambiente, lo que hace necesario controlarlas en todos los posibles escenarios, por lejanos (estratosféricos) que estos puedan parecer.

Pero Midgley no sólo ha pasado a la lista negra de los científicos a los que los ecologistas tienen más inquina por el asunto de los CFCs. Su otro "desliz" fue la puesta en el mercado de compuestos de plomo, utilizados para rebajar el poder detonante de las gasolinas en los motores de nuestros autos e impedir el autoencendido o detonación, que conlleva un ruido metálico en el motor ("picado de bielas") y que baja mucho la eficiencia del mismo, pudiendo dañar el sistema de cilindro y pistón si se produce de forma regular.

Para conseguir un correcto funcionamiento del motor, a las mezclas de hidrocarburos que llamamos gasolinas se les han venido añadiendo una serie de sustancias que permiten regular la capacidad antidetonante de las mismas. Y es aquí donde reaparece el pobre Midgley. Mientras trabajaba en 1921 para una empresa subsidiaria de la General Motors (GM), nuestro infausto químico descubrió que el Plomo Tetraetilo mejoraba la capacidad antidetonante de las gasolinas que entonces se empleaban y que ya daban problemas de autoencendido. GM empezó a comercializar el producto con la marca ETHYL, etilo en inglés, evitando cualquier mención al plomo en los anuncios y en los informes técnicos. La implantación de gasolinas aditivadas con tetraetil plomo supuso la muerte paulatina de otros combustibles a base de etanol, con poderes antidetonantes mejores, pero en los que GM obtenía escasos beneficios comparados con las gasolinas. Así se tuerce la historia.

Los peligrosos efectos del plomo contenido en esa sustancia pronto fueron visibles para el propio Midgley que enfermó y para muchos trabajadores de GM de las tres plantas que la firma mantenía abiertas, que sufrieron trastornos psicóticos graves (la Casa de las Mariposas llamaban los trabajadores a la factoría), de los que unos 15 llegaron a morir. Desde esos años hasta bien entrados los setenta, las evidencias sobre los peligros de estos aditivos para la salud pública fueron cuidadosamente acallados por la empresa y solo las mantuvo vivas un geoquímico llamado Clair Patterson, cuyos esfuerzos se vieron premiados finalmente con la prohibición absoluta de fabricar el tetraetil plomo en 1995 (que ya es tardar). Pero esa es una larga e interesante historia que bien merece otro post un día de estos. En cualquier caso, como consecuencia de la irrupción de los aditivos de plomo en las gasolinas, la tasa de plomo en el aire y en nuestro propio organismo creció hasta mediados de los años 70, para ir decreciendo posteriormente a medida que el uso de ese aditivo se fue sustituyendo por otros sin plomo.

Sin embargo, el plomo tiene una historia aún más larga y, como el mercurio, no todo el plomo que anda suelto por el mundo ha sido puesto en circulación por los coches, aunque hay que reconocer sin ambages que su empleo en automóviles es lo que ha hecho que su concentración se disparase y que tenga una cierta ubicuidad en nuestra atmósfera. El seguimiento de lo que ha ocurrido con el plomo a lo largo del tiempo puede realizarse estudiando la composición química del fondo de los lagos, que es como un archivo de sedimentos. O analizando hielo a grandes profundidades en sitios permanentemente cubiertos por el mismo, como los polos. Esas herramientas han desvelado que, en pleno Imperio romano, el contenido en plomo subió de 0.5 ppb a 2 ppb en menos de un siglo. No es de extrañar, porque hay muchas evidencias que muestran que los romanos eran grandes consumidores de plomo, llegando a fabricarse del orden de 80.000 toneladas por año. El hecho de que sea fácil extraerlo de sus minerales (los romanos tenían minas de esos minerales en Gran Bretaña, parte de su imperio), el hecho de que funda a una relativamente modesta temperatura (328ºC) y el hecho de que sea fácilmente moldeable, favoreció su empleo en techos, así como en cañerías y depósitos para la distribución de agua potable, en la que los ingenieros romanos eran unos cracks. Un uso que se ha extendido hasta prácticamente nuestros días. Prueba de ello es que el Diccionario de la Real Academia Española recoge el término plomero como sinónimo de fontanero en Andalucía e Hispanoamérica y define plomería como cubierta de plomo que se pone en los edificios, como depósito de plomos o como taller del plomero.

Ha habido otros usos curiosos de compuestos de plomo que también han causado problemas. Los propios romanos usaban acetato de plomo para endulzar sus salsas y sus vinos (parece que imbebestibles sin ese aditivo), usando un jarabe del mismo (sapa) que llamaban también azúcar de plomo. Hay hasta quien cree que parte de la decadencia del Imperio Romano es debida al progresivo envenenamiento de los romanos con sus diversos usos del plomo, lo que causó una baja tasa de fertilidad comparada con otras naciones de la época. Otro uso, ligado a una receta más o menos ancestral (tiene quinientos años), es el empleo de óxido de plomo en los llamados huevos "pidan" o "de mil años", unos huevos de pato en conserva, de aspecto decrépito, que pueden consumirse sin hacer nada más con ellos durante un año. En una receta que he encontrado en el libro de mi amigo Harold McGee "La cocina y los Alimentos", los dos ingredientes básicos (aparte del huevo) son la sal y un material muy alcalino (ceniza de leña, algún carbonato, lejía, etc.), que van penetrando en el huevo produciendo su curado o endurecimiento. Harold dice (y si lo dice va a misa) que, a veces, se ha solido añadir óxido de plomo que, al reaccionar con el azufre de la clara del huevo, forma un fino polvo negro de sulfuro de plomo que bloquea los poros de la cáscara y retarda la penetración de la sal y los ingredientes alcalinos al interior del huevo. Pero ni se os ocurra probar esta receta por mucho que aparezca en el libro del McGee.

Y otro caso más o menos ligado a la gastronomía. Mantengo en mis archivos, como una verdadera joya, una Nota publicada en el volumen 370 de la revista Nature, en julio de 1994, en el que un grupo de científicos franceses y belgas analizaron el contenido en plomo tetraetilo de diferentes añadas de un vino muy conocido, el Chateauneuf du Pape, que procede de un viñedo muy particular situado en una confluencia de dos autopistas francesas importantes (la A7 y la A9). El plomo tetraetilo aparece en la añada de 1962, alcanzando su concentración un máximo de casi 500 ppb en la añada de 1978, una cantidad que tomada regularmente puede causar una intoxicación moderada, aunque tampoco es para preocuparse, a no ser que seas un potentado y te puedes gastar habitualmente lo que vale una botella de ese vino. Tras ese máximo de concentración, que coincide más o menos con las primeras restricciones en el empleo de plomo tetraetilo, la tasa fue descendiendo progresivamente y en la última añada investigada (1991) el contenido estaba por debajo de 50 ppb.

¿Y qué fue de nuestro amigo Midgley?. La verdad es que tuvo un final un tanto dramático. En 1940, cuando ya tenía 51 años, contrajo una polio que le llevó a una silla de ruedas. Inventor hasta el final, ideó un curioso sistema de poleas y correas que le permitieran levantarse de la cama por si mismo. Pero, de nuevo, apareció la mala suerte de nuestro inventor. Cuando tenía 55 años se enganchó de mala manera en su propio invento y murió ahorcado. Por lo menos se murió sin que le dieran el disgusto de que su otro hijo bien amado, los CFCs, eran los causantes del problema del ozono, lo que acabaría con su producción de forma radical.

Y es que la vida es a veces muy traicionera con la gente inquieta y bienintencionada.

13 comentarios:

flatólogo dijo...

Pues vaya pobre infeliz el Midgley, es para hacerle un biopic.
Siempre que se habla de saturnismo vienen a la mente los "genios del plomo", artistas peculiares de quienes se sabe o se cree que padecieron envenenamiento plúmbico, como Goya o Beethoven.
En la Hispania romana no escaseaban minas de plomo, asociadas a la explotación de la plata, en especial en el Sur, en sierra Morena o Cartagena.
Bien escogida la moneda que ilustra el post, de época de Gordiano III, cuando el Imperio ya era una jaula de grillos. Hay que acotar que el plomo no era material numismático debido a su bajo precio y abundancia, sin embargo el fraude siempre ha existido, y existían "monedas forradas" compuestas por un núcleo de plomo o hierro y bañadas con una capita de metal de ley.

Iñigo L dijo...

Como detalle golfo podemos añadir que cuando Midgley comprobó las propiedades antidetonantes del tetraetilplomo, después de probar cerca de mil compuestos, se puso a bailar alrededor del reactor. O al menos es lo que se dice...

aurora ruiz galán dijo...

Me inmiscuyo para polemizar con la denominación de Latina referida a América. Es un término inadecuado por múltiples razones, las cuales no han impedido que se haya generalizado; pero aquí estoy yo, cual Guerrero del Antifaz en defensa del rigor en el idioma frente a su corrupción interesada. El asunto necesita una argumentación copiosa, que no es posible en este foro; sólo aportaré un dato: El intectual más eminente del movimiento de independencia de los países “latinoamericanos” fue, sin duda, Andrés Bello (Santiago de León de Caracas, 1781), quien publicó, en 1847, una “Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos” en la que dice:
“Mis lecciones se dirigen a mis hermanos, los habitantes de Hispano-América”, y “Se llama lengua castellana .. la que .. es hoy el idioma común de los Estados hispano-americanos”.
Ni Bello, ni ninguno de los libertadores (Bolívar, San Martín, Hidalgo, etc.), conocieron la denominación de latina para la tierra por cuya independencia (de España) estaban guerreando.
Diversos organismos de Naciones Unidas llaman América Latina a una región en la que están incluídos países cuyo idioma actual es el inglés (algo de latín hay hoy en él, pero …).
Perdona, Búho, por esta digresión respecto de tu interesante discurso.

JJ Borrás dijo...

Hola,
Es la primera vez que me pongo en contacto contigo, aunque estoy suscrito desde hace tiempo a tu blog. Hoy no me puedo reprimir y ademas de felitarte por la excelente entrada que publicas hoy donde aparece la figura de T. Midgley, quiero compartir contigo algo que probablemente sepas.
¿Sabias que Russel E. Marker, el que revolucionó la industria de los esteroides en los años 40, tambien trabajo con la Etyl Corporation en la época que Midgley desarrollaba los antidetonantes? De hecho fue Marker el que definió el indice de octanos. ¿Llegarian a conocerse estos dos genios de la quimica?

El Búho dijo...

Aurora, corregido. Me encanta tener vigilantes del uso que hago de mi idioma.

gabriela dijo...

Has tocado un tema...que preocupa muchísimo a los chilenos...Te cuento un par de pildoritas, para que veas cómo estamos...

El año pasado, la Superintendencia de Medioambiente ordenó paralizar una planta recicladora de baterías, luego de comprobarse que niños del sector tenían altos índices de plomo en la sangre.

En Arica y Antofagasta, niños de jardín infantil ubicado en las cercanías del puerto, debido al acopio de minerales, tenían mucho plomo en su sangre...

Es una suerte que ya llevamos hartos años con los combustibles sin plomo, pero aún quedan cañerías ...

Luis Ortega dijo...

Me ha encantado tu post. Más aún teniendo en cuenta que hace apenas unos días había visto el capítulo 7 de la nueva serie de "Cosmos". Este capítulo (recomiendo lo vean) gira, precisamente, entorno a la figura de Clair Patterson, cuya postura contraria al uso del plomo en combustibles comienza por sus intentos de determinar la edad de la tierra. Su sistema de datación se basó en el estudio de los isótopos de plomo que se generan en el zircón como consecuencia de la desintegración radiactiva del uranio atrapado en la época en el mineral en la época en que se formaron esos cristales (cuando se forma nuestro planeta). Patterson siempre encontraba que sus muestras estaban contaminadas por plomo hasta que descubrió el origen: el uso de los antidetonantes en la gasolina. Ahí comienza su lucha para prohibir su uso y, entre las cosas que desarrolla para evitar su contacto, además de ser el primero en proponer una edad de la tierra coherente con la geología de la misma, son las salas blancas.

El Búho dijo...

Pues me has destrozado un poco el post prometido sobre Clair Patterson😡😡😡😡. Qué le vamos a hacer. Tengo bastante biblio al respecto y tendré que empezar casi por lo que mencionas.

Anónimo dijo...


Buho, llevo unos cuantos años disfrutando de tu "blog" y admiro tu labor para matizar en lo posible las barbaridades a las que conduce la "quimifobia". Que no es fácil, porque entre ella y algunas otras perversiones conceptuales más que no son objeto central de tu atención se ha llegado a tal grado de ubicuidad con certificado automático y garantizado de verdad absoluta de múltiples barbaridades que muchas veces les damos cuerda incluso sin darnos cuenta.

Al final, el puritanismo más asnal, el exceso propagandístico o el desvarío obsesivo son el único origen concebible para una serie de afirmaciones más que temerarias que sin embargo acaban, aunque sorprenda, funcionando como verdades eternas. Y si no eternas, si presentes durante mucho más tiempo del que sería razonable esperar.

La primavera silenciosa del DDT, o el que alguno insinúe que no estaría mal quitar elementos como el Cl de la tabla periódica por lo perniciosos y malísimos que son podrían ser ejemplos de lo que quiero decir. Tal vez exagero algo, pero es por ponernos en ambiente.

Y es que me quedo con la impresión de que el Pb será tóxico y más en según que moléculas y estados físicos, pero igual el Patterson se pasó de frenada en su cruzada contra el plomo tetraetilo porque le estaba estropeando sus mediciones isotópicas. Y a partir de ahí...

Y yo, sinceramente, pensaría que lo más probable es que el Imperio Romano se fuera al traste por motivos socio-económicos, demográficos, o simple vejez cultural y no que lo suyo fuera un caso de envenamiento masivo por Pb.

El Búho dijo...

Básicamente estoy de acuerdo contigo. Aunque Patterson me cae bien. A ver cómo me queda la entrada y si no te gusta me flagelas. Que ya me gustaría tener mas criticos en los comentarios porque parezco un santo varón. Y seguro que no lo soy...

Anónimo dijo...


Te aproximas bastante, al menos en tu "blog"...

Gracias por perseverar en tu empeño.


Alexforo dijo...

He tardado en llegar a leer este interesante artículo. En España se prohibió, hace muchos años, el empleo de tubería de plomo para el agua potable. Solo se permitía para aguas residuales.Aún recuerdo, hace unos 20 años, al fontanero que arreglaba una fuga en un desagüe de lavabo decirme que eliminaba el tubo de plomo y lo sustituía por uno de PVC que se ha acabado imponiendo totalmente.
(En el tercer párrafo aparece el verbo aditar que no existe en castellano. La alternativa podría ser: ...gasolinas a las que se les ha venido añadiendo una serie...)

El Búho dijo...

Gracias Alexforo. Corregido. Sinceramente creía que el verbo aditivar (que no aditar) existía en castellano.

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.