lunes, 17 de abril de 2006

Grandes negocios con papel....y adhesivos

Hace ya casi seis años, organizamos el XXV aniversario de la puesta en funcionamiento de nuestra Facultad. Y no nos anduvimos con chiquitas, a pesar de no levantar en los medios de comunicación mucho más entusiasmo que un partido del Eibar. Ya se sabe que lo que no sale en los medios no existe, pero nosotros somos gentes de otra galaxia, que nos moriremos ignorando lo que se cuece en nuestras barbas, ganando menos que bancarios u otros funcionarios autonómicos que no se sabe muy bien cuál es su gracia. Así que en nuestro displicente desprecio por casi todo lo que nos rodea, disfrutamos al menos con la presencia de unos cuantos amigos que nos honraron con su presencia y nos impartieron una serie de charlas que halagaron nuestro ego químico. Entre ellos había de todo, desde Premios Nobel como Jean Marie Lehn o Roald Hoffmann hasta antiguos estudiantes convertidos en auténticos líderes de empresas mundiales.

Jokin D., del que no daré más grafía, fue un preclaro estudiante de una de nuestras primeras promociones. Le recuerdo bien. Listo, simpático, abierto y trabajador. Hoy es uno de los jerifaltes de 3M en Asia. Su charla, una divertida mezcolanza de sus recuerdos de estudiante con los variados contrastes que sus diferentes puestos en su empresa le habían proporcionado, tenía como hilo conductor su intento de demostrarnos cómo se puede hacer y mantener una empresa del tamaño de 3M con ideas aparentemente ridículas. Nada de grandes inventos, nada de grandes mutaciones en el saber tecnológico. Simplemente la observación inteligente y certera de las necesidades cotidianas de las personas normales (eso si, con un cierto nivel de rentas....).

3M ha sido sinónimo de innovación en este sentido desde los años 20, cuando un técnico (Richard G. Drew) que trabajaba en líneas de pintado de las carrocerías a dos colores que privaban a los ricos de la época en modelos como los Chevrolet, fue capaz de inventar un adhesivo, modificación de la clásica cola de carpintero, que sirviera para fabricar cintas con las que delimitar claramente las zonas que debían pintarse en diferente color, cintas que, posteriormente, podían eliminarse sin dañar el pintado. Estos adhesivos fueron los precursores de las cintas adhesivas (Magic Tape) que hicieron más agradable la vida de los americanos y otras huestes menos civilizadas en los años sesenta.

En esa misma línea, los papelitos Post-it (o Notas Adhesivas, que los yankees siempre han sido más escuetos en las denominaciones) han supuesto una auténtica pica en Flandes para 3M. No sé si la historia será correcta, pero la cuenta la propia empresa en su página web así que la voy a resumir para mis lectores.

Arthur L. Fry nació en Minnesota y se hizo mocito en Iowa y Kansas City. Se graduó en Ingeniería Química en la Universidad de Minnesota, tras lo cual, en 1953, mientras todavía era un estudiante, empezó a trabajar para 3M, la empresa de toda su vida, pues en ella se jubiló a principios de los 90. El otro protagonista de esta historia se llama Spencer F. Silver y nació en San Antonio. Estudió Química en la Arizona State University y se doctoró en Química Orgánica en la Universidad de Colorado en 1966, tras lo que se ganó un puesto de Senior Chemist en los Laboratorios Centrales de 3M. Silver, además de un reputado científico, con más de veinte patentes, es todavía un activo pintor al pastel y a la acuarela.

Pero la contribución por la que será recordado es un adhesivo que desarrolló en 1968, un adhesivo de pequeña capacidad de pegado que, sin embargo, ha hecho de su carencia virtud. Se trataba de un polímero (¡cómo no!) de los llamados acrílicos, sintetizado de forma y manera que se presentaba en forma de unas minúsculas esferas que se pegaban de forma tangencial a una superficie dada y no en forma de planos paralelos como ocurre con la mayoría de los adhesivos. Precisamente por esa peculiaridad, el adhesivo servía para pegar papeles no muy pesados a una superficie pero permitía, sin gran esfuerzo, despegarlos. Y, ademas, ese proceso se podía repetir infinidad de veces.

Silver no tenía al principio una idea muy clara de para qué pudiera servir dicho adhesivo y propuso a 3M su comercialización en forma de un spray o recubriendo una superficie en la que se pudieran pegar cosas de forma temporal y luego eliminarlas. El caso es que durante los cinco años siguientes, Silver compartió su irredento invento en reuniones internas con otros colegas pero la cosa no prosperaba desde el punto de vista de un producto acabado. Hasta que que un día, en uno de esos seminarios, apareció Art Fry, que en sus horas libres era un activo cantante en un coro parroquial.

Dice 3M en su historia de los Post-it que, un día, Art acabó por hartarse del eterno problema de que los trozos de papel, que marcaban en su libro de cantos las canciones que tenía que interpretar ese día en el coro, volaran o se cayeran con el discurrir de las páginas. Y que, ese día, recordó el pegamento de su colega Silver como posible solución a incordios como el que le afligía durante sus cantos. Lo propuso a su empresa y, después de ciertas dudas iniciales y de un largo proceso de estudio sobre cómo presentar el producto, Post-it bastante similares a los que hoy conocemos se pusieron el mercado en 1980 en EEUU.

Sobre la implantación del invento hay poco que decir que mis inteligentes lectores no conozcan. El mayor indicador de esa implantación es que haya hasta Post-it virtuales incluidos en los más conocidos sistemas operativos para ordenadores, gracias a los que podemos colocar notas electrónicas en los escritorios de nuestros Macs o PCs.

Y amenazo con una nueva entrega de adhesivos más potentes. Cosas como epoxis, cianoacrilatos, poliuretanos y otros polímeros. Algunos de los cuales tiene su origen en el mecanismo de adhesión de un percebe a una roca de la costa. ¿A que suena interesante?. No se pierdan próximas entradas.

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