sábado, 24 de enero de 2026

Mercurio y vacunas. El mito del timerosal.

Siempre me he sentido fascinado por el mercurio. Y supongo que os pasará lo mismo a todos los que habéis podido jugar con él cada vez que, en vuestra casa, se rompía un termómetro de los de toda la vida (para eso tenéis que tener una cierta edad). He usado muchos otros instrumentos con mercurio en mi vida académica, hasta que poco a poco fue desapareciendo de los laboratorios como consecuencia de la evidencia científica de su carácter tóxico. En una antigua y larga entrada que ha sido muy visitada, describía al propio mercurio, su historia milenaria, su conocida toxicidad y algunos compuestos del mismo como la famosa mercromina. Unas cuantas entradas más sobre estas cosas constan también en el historial de este Blog, que podéis encontrar poniendo mercurio en el buscador (una lupita) que se ve en la parte de arriba de la página de bienvenida del mismo. El pasado 23 de julio de 2025, el inefable Robert F. Kennedy Jr., actual Secretario de Estado americano de Salud (al que, si me pagaran por estas entradas, le tendría que dar una comisión) anunció, con mucho boato, la eliminación en USA de todas las vacunas que contuvieran timerosal (thimerosal othiomersal, en inglés), un compuesto de mercurio.

Como seguramente sabéis, el mercurio es un elemento químico, uno de los 118 miembros de la Tabla Periódica. Su brillo metálico, parecido al de la plata, su carácter líquido, su elevada densidad (que hace que un litro de mercurio pese 13.6 Kg frente al kilo que pesa un litro de agua) y, sobre todo, su extraordinaria tendencia a formar gotas (tanto más esféricas cuanto más pequeñas), debido a otra de sus propiedades características, su elevada tensión superficial, lo han convertido en una sustancia tremendamente atractiva a los ojos humanos desde la antigüedad. Una prueba de ello es que el símbolo químico del mercurio, Hg, se deriva de su nombre en griego, Hydrargirum, que significa “plata líquida”.

La mayor parte del mercurio que se ha producido en el mundo a lo largo de los últimos dos milenios proviene de unos pocos lugares geológicos. Se estima, por ejemplo, que más de la tercera parte de esa producción global y milenaria se ha llevado a cabo en Almadén (Ciudad Real), existiendo otros importantes yacimientos en Italia y en Eslovenia. Hay estimaciones bastante fiables que indican que, solo en Almadén, se ha llegado a extraer el equivalente a más de 250.000 toneladas de mercurio a lo largo de estos dos milenios. Que la naturaleza haya sido tan pródiga en este elemento en lugares concretos de la Tierra, se debe a la actividad volcánica en ellos existente hace la friolera de 370 millones de años. El magma arrastró ingentes cantidades de mercurio desde el interior de la corteza terrestre, impregnando las arenas de los fondos marinos de entonces. Ello generó inmensas minas de sulfuro de mercurio (conocido como cinabrio), casi el único mineral del mismo existente en grandes cantidades en la Tierra. Al extraer ese mineral, se podían encontrar también cantidades importantes de mercurio líquido chorreando entre los trozos de mismo.

El mineral de cinabrio ya era empleado por los romanos como colorante rojo (o bermellón), muy usado también por las damas de la alta sociedad romana como maquillaje. Los romanos conocían ya el carácter tóxico del mercurio, algo que aprovechaban enviando a trabajar de mineros a Almadén a condenados a muerte, una forma “elegante” de ejecutar una lenta sentencia y que luego usaron otros propietarios de las minas. Pero cuando Almadén alcanzó su apogeo fue cuando, como consecuencia del descubrimiento del Nuevo Mundo y del comercio de plata que ello generó, fueron necesarias grandes cantidades de mercurio para amalgamar ese metal precioso y así poderlo extraer. La mina de Almadén se cerró el 22 de julio de 2003, en consonancia con el progresivo declive de todo lo que tenga que ver con el mercurio, declive al que aludía al principio y que comenzó hacia los años 70 con una serie de noticias impactantes sobre el carácter dañino del mercurio y sus compuestos.

El precedente puede datarse en el llamado incidente de la bahía de Minamata, en la isla japonesa de Kyushu, oficialmente reconocido por el gobierno japonés en 1968. Sesenta y ocho personas murieron y cientos más resultaron seriamente afectadas con problemas neurológicos. La mayoría de las víctimas eran pescadores y la investigación concluyó que vertidos intensivos, durante treinta años, de una empresa de la zona, conteniendo sales de mercurio, habían sido transformados por las bacterias anaerobias del fondo de la bahía en sales que contenían el catión metilmercurio (CH3Hg+), mucho más peligroso que el propio mercurio, que acababa siendo acumulado por peces y crustáceos al unirse a grupos tiol (–SH) de algunas de sus proteínas. Cuando los pescadores los consumían, el metil mercurio circulaba por sus organismos en forma del complejo metilmercurio-cisteína, que atraviesa la barrera hematoencefálica, con los correspondientes y graves problemas neurológicos. Otro incidente similar se dio en 1965 en otra isla japonesa (Honshu) con 13 muertos y más de 300 afectados. Y hay problemas constatados en las poblaciones indígenas de los Cree y los Inui en Canadá, grandes consumidores de pescado y que resultaron afectados debido a importantes movimientos de terreno para construir una gigantesca planta hidroeléctrica, movimientos que sacaron a la luz mercurio metálico y que acabó siendo convertido en metilmercurio por las bacterias en el cauce de los ríos.

Un problema aún mayor se generó en Iraq, entre 1971 y 1972, cuando más de seis mil personas resultaron afectadas y casi medio millar murieron. En este caso, el origen no fue el pescado consumido sino semillas de trigo. En un intento de paliar una hambruna de aquellos años, diversos países europeos enviaron a Iraq semillas de trigo que habían sido tratadas con un fungicida para preservar la viabilidad de las mismas durante los traslados y en las que generaba metilmercurio. La idea, como es obvio, era plantar esas semillas y obtener trigo que, al transformarse en harina, no presentaría mayores problemas de contaminación al diluirse mucho la dosis una vez que las semillas se transformaran en espigas del cereal. Desgraciadamente, los iraquíes no entendieron las instrucciones que, en los sacos de semillas, explicaban que éstas no debían consumirse tal cual y, acuciados por el hambre, algunos de ellos optaron por molerlas directamente y consumirlas. El resultado fue una tragedia y la gota que colmó el vaso sobre los peligros del mercurio y sus compuestos.

Todos estos desastres estuvieron en el origen de las negociaciones a nivel internacional que culminaron en la llamada Convención de Minamata, cuyo texto final se aprobó en 2013 aunque no entró en vigor hasta 2017. A día de hoy lo han firmado 140 países y ha servido para regular, y en su caso eliminar, muchas actividades que usaban mercurio y que pudieran estar en el origen de vertidos del mismo al medio ambiente. Y ese fue el caldo de cultivo para acrecentar el mito de la relación entre otro compuesto de mercurio, el etil mercurio con el autismo y las vacunas. Nótese, en este punto, la sutil diferencia entre los términos metil mercurio y etil mercurio. Eso se refleja en las fórmulas que usamos los químicos para representarlos: CH3Hg+ para el catión metil mercurio y CH3CH2Hg+ para el catión etil mercurio. Esa diferencia química que parece mínima (un grupo CH2 más), es biológicamente muy importante: ese grupo extra hace que el metilmercurio (CH3Hg+), más pequeño, sea muy estable y se bioacumule en el cerebro causando la neurotoxicidad que mencionábamos arriba, mientras que el etilmercurio (CH3CH2Hg+) se descompone en el hígado y se excreta rápidamente sin acumulación a largo plazo.

Pero en el ambiente post-Minamata, confundir a la gente con que el etil mercurio del conservante timerosal de las vacunas y el metil mercurio de los peces japoneses y el trigo de los iraquíes eran igual de dañinos fue (y sigue siendo) fácil. Tanto es así que, ante la alarma suscitada y en virtud de un mal usado principio de precaución, el timerosal fue retirado de las vacunas infantiles en los Estados Unidos en 2001. Y a día de hoy, las vacunas contra el sarampión, las paperas y la rubéola (MMR), contra la varicela, la poliomelitis u otras no contienen timerosal. Es cierto que, hasta la orden de Kennedy, las vacunas contra la gripe estaban disponibles tanto en versiones sin timerosal como con timerosal (para viales de vacunas de dosis múltiples). En estas últimas se había seguido usando timerosal para prevenir el crecimiento de gérmenes, como bacterias y hongos que puede ocurrir cuando una aguja de jeringa entra varias veces en un vial mientras se administran vacunas, lo que podría causar problemas graves. Y es a esas últimas a las que afecta la decisión del Secretario de Estado, quien ha generado bastante ruido mediático al respecto durante estos últimos meses, sin mencionar que la gran mayoría de las vacunas americanas no han contenido timerosal desde hace 25 años. Algo que no es de extrañar, porque Kennedy lleva dando la brasa sobre el mercurio, las vacunas y el autismo desde hace años (véase el libro que editó en 2014).

Desmontar las proclamas del Secretario de Estado de Salud es tirado. Para ello y como decía el título de su libro, solo hay que “dejar hablar a la Ciencia”. Por solo empezar por algo muy reciente, el 12 de diciembre de 2025, el Comité Asesor Mundial sobre Seguridad de las Vacunas (GACVS) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un informe titulado “Vacunas, timerosal y trastorno del espectro autista: revisión de la evidencia 2010-2025”. Tras analizar 31 estudios publicados entre 2010 y 2025, incluyendo metanálisis y grandes estudios epidemiológicos de múltiples países, se concluía que no existe evidencia de una relación causal entre vacunas que contienen timerosal y trastornos del espectro autista, reafirmando las conclusiones previas de 2002, 2004 y 2012 basadas en evidencia de alta calidad.

Y, por no aburriros con otras evidencias, podéis visitar la página de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) dependiente del gobierno americano y al que pertenece el Comité Asesor sobre Prácticas de Inmunización (ACIP) que, recientemente, ha sido sometido a una radical transformación por parte del propio RFK Jr., eliminado antiguos miembros y sustituyéndolos por otros, algunos de carácter claramente antivacunas. Pues bien, la web de los CDC sigue activa (aunque no os puedo asegurar por cuánto tiempo) y su contenido contraviene casi todas las aseveraciones que su superior (RFK Jr) ha hecho en los últimos tiempos sobre vacunas, timerosal y su pretendida relación con el autismo. Particularmente relevante es un apartado que aparece bastante al final de la página, titulado Frequently asked questions, donde los CDC responden a las preguntas más frecuentes al respecto.

Nada más que añadir. Excepto un poco de música para relajar la mala uva que me hago con estas cosas. De Juan Sebastian Bach el Aire de la Suite para Orquesta nº 3, con la Filarmónica de Berlín y Ton Koopman a la batuta.

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sábado, 10 de enero de 2026

Dos años del vertido de granza en la costa gallega. Una revisión (casi) definitiva

Hace hoy exactamente dos años, publiqué una entrada (que podéis leer aquí para recordar el asunto) sobre un vertido de granza de plástico en Galicia, en forma de esas bolitas que veis en la mano de un voluntario que las recogía. Provenían de un buque llamado Taconao que, cargado de contenedores, perdió uno de ellos frente a las costas portuguesas como consecuencia del mal tiempo. El contenedor vertió al mar parte de su carga, en forma de bolsas de 25 kilos de plástico. Algunas de esas bolsas se rompieron y dejaron escapar la granza que, al flotar en el agua y al albur de las corrientes, acabaron en muchos lugares de la tortuosa costa gallega. Antes y después de la publicación de la entrada y ayudado por mi colega y amiga Ainara Sangróniz, seguimos buscando y almacenando información al respecto. De hecho, pocos días después de la publicación de la entrada, encontramos información que confirmaba las especulaciones en ella realizadas, pero no quise volver sobre el tema en tan corto plazo. Y así se quedó la cosa. Pero estas Navidades, repasando las estadísticas del Blog, he caído en la cuenta de que esa entrada del 10 de enero de 2024 es una de las más visitadas y se me ocurrió volver a buscar información sobre el tema para actualizarlo.

Para empezar, entre los datos con los que nos hicimos casi inmediatamente a la publicación de la entrada, estaban dos informes encargados por la Xunta de Galicia. El primero de ellos, redactado por el Centro Tecnológico CETIM, era en realidad un resumen de la documentación que el armador proporcionó a la Xunta, relativa a las fichas de seguridad del producto que el buque transportaba. El otro informe, mucho más interesante, era el análisis químico llevado a cabo sobre granza recogida en la coruñesa playa de Muxía y realizado por el Grupo de Investigación de Química Analítica Aplicada (QAnAp), dirigido por la Catedrática Soledad Muniategui Lorenzo y perteneciente al Instituto Universitario de Medio Ambiente de la Universidade da Coruña. No existen discrepancias notables entre ambos informes pero, al estar el segundo fundamentado en un análisis químico real, llevado a cabo por expertos y ser más detallado en lo que aquí nos importa, voy a hacer solo referencia a él.

Según ese análisis, la granza vertida estaba constituida fundamentalmente por polietileno que llevaba un aditivo usado para proteger a ese plástico de los rayos UV cuando se emplea como cubierta de invernaderos. Ese aditivo, conocido como UV622 o Tinuvin 622, es un compuesto químico de la familia de los HALS (Hindered Amine Light Stabilizers o Estabilizantes de Luz de Aminas Impedidas), sustancias con una larga tradición como aditivos poliméricos. El análisis identificaba, en proporción mucho menor, otros tres miembros de la misma familia de los HALS y detectaba, en cantidades muy pequeñas, hasta otras 11 sustancias químicas. Es posible que todos ellos fueran impurezas derivadas de una incompleta limpieza de las máquinas empleadas para preparar la granza.

En el resto de cosas que han ido apareciendo durante estos dos años, lo cierto es que hay poco que actualizar, quizás porque no ha aparecido más granza en cantidades significativas ni en las playas del Cantábrico español ni en las portuguesas. O quizás porque, una vez que se llevaron a cabo las elecciones gallegas que coincidieron con el vertido, el asunto no interesa a nivel político o periodístico.

Aún y así, se puede citar un artículo publicado en febrero de 2025 en la revista Marine Pollution Bulletin por investigadores italianos. Los autores analizaban 31 playas a lo largo de unos 633 km de costas gallegas, asturianas y portuguesas. Recolectaron y clasificaron 7263 partículas de granza por tamaño, color y degradación, analizándolas por espectroscopía FT-IR para confirmar su composición. Encontraron granza en el 94 % de los sitios muestreados, con concentraciones que van desde 0 hasta  casi 40 partículas/kg de arena seca, estimando que alrededor del 48% de esas partículas podían vincularse fehacientemente con el vertido del Taconao. El artículo finalizaba expresando la preocupación por la extensión del vertido y solicitando medidas regulatorias para prevenir estos accidentes. Un artículo similar, en la misma revista, se había publicado unos meses antes (junio de 2024) por un colectivo de jóvenes investigadores gallegos (Colectivo VIEIRA), con parecidos objetivos de caracterización y similares conclusiones en cuanto a preocupación y exigencia de medidas.

Estas últimas semanas también he vuelto a visitar un Blog del Grupo de Investigación Ecotox de la Universidade de Vigo, del que me había guardado una entrada que localicé unos días después de publicar la mía. En ella, el autor se hacía eco de los datos que ambos conocíamos en esa fecha, en torno a que se trataba de un polietileno al que se había añadido el UV622. Y si me la guardé fue porque, al describir a este último, introducía un matiz que me llamó la atención. Según decía, “el aditivo denominado UV622 es un polímero no biodegradable con dos componentes, ácido succínico, un ácido orgánico sin problemas toxicológicos, y una sustancia sintética de la familia de las aminas aromáticas que le confiere su carácter antioxidante. Esta sustancia está clasificada por la Agencia Europea de Sustancias Químicas como una sustancia con toxicidad crónica e irritante para los ojos (por lo que se debe tomar esta precaución en las actividades de limpieza)”.

La verdad es que no entiendo esa precisión sobre los dos componentes del UV622, porque esas dos sustancias empleadas en la fabricación del aditivo desaparecen como tales en la propia síntesis. Así que, solo si el aditivo se hidroliza (se rompe) en el agua de mar, volverían a aparecer como tales. Algo que no ocurre excepto en condiciones muy especiales (elevado pH, en presencia de ácidos fuertes, bases fuertes, microorganismos específicos), condiciones que no se dan en el agua de mar.

Al volver a revisar ahora las entradas del Blog de Ecotox me he encontrado una segunda entrada en la que se hacían eco de las diferentes sustancias encontrada en el análisis realizado por el Grupo de Profesora Muniategui, arriba mencionado, y hablaban de estar recopilando información ecotoxicológica de las sustancias minoritarias. En una tercera entrada posterior, mostraban los resultados de exponer larvas de erizo de mar en extractos acuosos de granza del vertido del Taconao. Según los resultados, que ilustraban con fotos, las larvas expuestas a esos extractos eran casi tan grandes como las incubadas en agua limpia. Según ellos, se trataba de buenas noticias para sus costas y anunciaban el inicio de pruebas con otros organismos, porque necesitaban comprobar los efectos de la granza en otros grupos importantes como crustáceos, algas y peces. Pero desde ese post han transcurrido casi dos años y, por ahora, no han publicado nada nuevo ni en el Blog ni en ninguna revista científica.

Aparte de estas publicaciones de corte científico o similares, hay varias reseñas en medios de comunicación de todo tipo, aunque ninguna alcanza la falta de seriedad del titular de un artículo en El País que comparaba el vertido del Taconao con el del Prestige en 2002. En el desastre del Prestige se vertieron en torno a 70.000 toneladas de petróleo crudo, una compleja mezcla de hidrocarburos aromáticos, alifáticos y asfaltenos. Algunos volátiles y otros muy viscosos, en los que los animales resultaban atrapados. Y muchos de ellos tóxicos o altamente tóxicos (como los hidrocarburos aromáticos) para la fauna marina e incluso para los humanos (las afecciones entre las brigadas de limpieza están bien documentadas). En el caso del Taconao, estamos hablando de menos de 30 toneladas de un material cuya composición química es muy concreta y poco peligrosa, como hemos mencionado arriba, por lo que es difícil que los que se empeñaron en su recogida (incluida la Vicepresidenta Yolanda Díaz) resultaran afectados, como así ha ocurrido.

Así que, en lo que a mi respecta, creo que esto está visto para sentencia. Pero, por si acaso, seguiré atento a cualquier cosa que pueda producirse.

La primera música de 2026. El Laudate dominum de las “Vesperae Solennes de Confessore" de W.A. Mozart, en la preciosa voz de la soprano Nikola Hillebrand.

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