martes, 11 de junio de 2019

La atareada vida del escéptico

Honeywell International ha liderado el mercado de los acondicionadores de aire desde hace muchos años. En los cuarenta, introdujo un termostato como el que veis en la foto, destinado a regular la temperatura a la que uno quería tener su casa en un día caluroso. Para cumplir con su no siempre bien entendida misión, contenía en el interior una ampolla con unos cuatro gramos de mercurio líquido, una cantidad unas ocho veces superior a la cantidad de mercurio contenida en los bulbos de los viejos termómetros que hemos venido usando (ahora cada vez menos) para medirnos la temperatura corporal y unas ochocientas veces superior al mercurio contenido en las bombillas compactas de iluminación.

En el año 2006, Honeywell anunció que dejaba de fabricar esos termostatos, dentro de la tendencia mundial existente para limitar la cantidad de mercurio que se vertía al medio ambiente y evitar así los daños que esa sustancia neurotóxica puede causar. Pero millones de esos termostatos, acompañando a millones de equipos de aire acondicionado, colgaban de las paredes de las casas. Equipos que al irse deteriorando ha sido preciso remplazar y deshacerse de ellos. Un estudio publicado en diciembre de 2011 por una ONG llamada New York Public Interest Research Group (NYPIRG) estimaba que, en esa época, unos 300.000 termostatos conteniendo mercurio estaban siendo retirados de servicio en Nueva York cada año y que más del 98% de ellos acababan en los vertederos o en las plantas incineradoras utilizadas por ese Estado para deshacerse de sus residuos urbanos.

En el caso de estas últimas, las excavadoras que manejan los residuos provocaban la ruptura de las ampollas, con lo que el mercurio se mezclaba con la basura a incinerar, provocando su emisión a la atmósfera. Aunque el estado era consciente del problema y en 2005 había prohibido los vertidos de mercurio, en la fecha en la que se redactó el informe del NYPIRG (2011) había un conflicto sostenido entre el Estado neoyorquino y Honeywell, que estaba boicoteando las iniciativas de los gobernantes a la hora de establecer recogidas selectivas de los termostatos de los equipos de aire acondicionado. Mientras tanto, otros Estados habían resuelto satisfactoriamente el problema y sus tasas de recogida de mercurio de esos equipos llevaban un adecuado ritmo.

Ese mismo año, febrero de 2011, la compañía Covanta Energy Corporation, que gestionaba unas cuantas de las plantas incineradoras del Estado de Nueva York, presentaba una solicitud (*) a la llamada Comisión de Servicio Público de dicho Estado, en la que pedía que sus incineradoras fueran consideradas como fuentes de energía renovable lo que, indudablemente, redundaría en su cuenta de resultados. Con fecha 19 de agosto de 2011, el Departamento de Conservación Ambiental (Department of Environmental Conservation) hacía llegar a la mencionada Comisión sus comentarios (*) al respecto de la petición de Covanta. En esos comentarios, el Departamento arriba citado, refutando algunos datos proporcionados por la empresa en su solicitud, argumentaba que el nivel de emisiones (por unidad de energía producida) de las incineradoras gestionadas por Covanta era, en la mayoría de los casos, superior a las de las plantas de carbón. Y se mencionaba particularmente el caso del mercurio, donde el nivel de emisiones llegaba a ser catorce veces superior (véase la figura 3 de la página 22 de esa contestación).

En enero de 2018, la misma cifra aparecía en la figura no numerada de la página 3 de este otro documento, publicado por GAIA que, a pesar de su nombre, no tiene nada que ver con la famosa hipótesis de James Lovelock, sino que es el acrónimo de una organización activista contra el uso de las incineradoras, de nombre Global Alliance for Incinerators Alternatives. En el pie de esa figura se cita como fuente y literalmente (aunque en inglés): Departamento de Conservación (sic) de Nueva York, Comentarios a la Comisión de Servicio Público del Estado de Nueva York en relación con la solicitud de Covanta Energy Corporation, 19 de agosto de 2011. Es decir, el documento que os he colgado en el párrafo anterior.

Y, finalmente, que alguno ya andará mosqueado sobre a qué huerto quiero llevaros, la semana previa a las recientes elecciones del 26M, un conocido activista contra la incineradora que se está construyendo cerca de mi pueblo, publicaba en nuestra gaceta provincial (Diario Vasco) otro artículo más contra la mencionada instalación donde, curiosamente, no mencionaba ni una sola vez la palabra dioxinas. Pero en uno de los párrafos, al relatarnos los males que nos acechan por la instalación de la misma, decía literalmente (el subrayado es mío): "Y además es más contaminante que una central eléctrica de carbón. Emite a la atmósfera más emisiones contaminantes e, incluso, 14 veces más mercurio por unidad de energía producida. Lo dice un estudio del Departamento de Medio Ambiente del Estado de Nueva York de 9 de agosto de 2011".

La frase en cuestión alertó mis alarmas y he tenido que buscar y leer mucha información, incluida la que vengo enlazando, antes de poder escribir este post y mostrar que eso es una verdad a medias, por no decir algo más fuerte. Pasemos por alto detalles tan insignificantes como el lío que se han traído los activistas de una y otra procedencia con el verdadero nombre del Departamento neoyorkino implicado (que puede comprobarse en su webo el empleo del término "estudio" que parece dar a entender que se trata de un estudio científico al uso, cuando en realidad no es sino una respuesta administrativa a la petición de Covanta. O el error de diez días en la fecha.

Lo importante aquí es que esos comentarios del Estado de Nueva York se están refiriendo, exclusivamente, a las cinco incineradoras gestionadas por Covanta en su territorio y no a cualquier incineradora del mundo mundial. Desde antes de 2011, está documentado que las incineradoras producían, más o menos, las mismas emisiones de mercurio que las plantas de carbón (y la indeterminación venía del tipo de carbón empleado). También está fuera de toda duda que las emisiones de mercurio de las diferentes fuentes, incluidas las incineradoras, están cayendo en EEUU, y sustancialmente, desde que en 1990 empezó a funcionar el llamado Inventario Nacional de Emisiones, como consecuencia de sucesivas regulaciones y controles. Y, para terminar, el Estado de Nueva York parece haber resuelto el asunto de los termostatos con mercurio a partir de una nueva normativamas exigente de fecha 18 de diciembre de 2013.

Como digo en el título esto está siendo cada vez más cansado. Las mentiras y medias verdades se acumulan encima de mi mesa y la vida de un jubilata da para lo que da.

NOTA: los dos documentos marcados como (*) se os descargarán como .pdf. No he conseguido que se abran en ventana separada.

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