martes, 22 de enero de 2019

No coma facturas en papel térmico

Supongo que quien más quien menos entre los seguidores de este Blog, ha conocido esta pasada semana una noticia, según la cual, debemos ser precavidos con el papel térmico de los recibos y facturas que nos suministran en muchos comercios (como el que sale de los datáfonos cuando pagamos con tarjeta, por ejemplo). Y que en virtud de que contiene una sustancia química, vieja conocida de este Blog, el Bisfenol A (BPA), por el mero hecho de que toquemos esos recibos, entren en contacto con nuestra compra o los guardemos en el coche, monedero o bolso, pueden causarnos males sin cuento. Afortunadamente, a lo largo de esa misma semana, ha habido personas que han puesto las cosas en su sitio, como Miguel Angel Lureña (en Twitter @gominolasdpetro) o Marian Garcia (@boticariagarcia), entre otros. Y, por lo que me toca y por la lata que he dado con el BPA, espero que entre los lectores habituales de este Blog no haya cundido el pánico. No en vano este Búho ha procurado mantenerles siempre a la última de todo lo que es importante en torno a ese compuesto químico. Y si yo no he abierto la boca desde la larga entrada del 23 de febrero de 2017 es que no hay nada relevante que decir.

Para el que se le haya pasado inadvertido, el origen de la noticia es una nota difundida por la Oficina de Prensa de la Universidad de Granada, relativa a la reciente publicación de un artículo firmado, entre otros autores, por el Prof. Nicolás Olea, Catedrático de Radiología y Medicina Física de dicha Universidad [Environmental Research 170, 406-415 (2019)]. Como me conozco cómo funcionan los Gabinetes de Prensa de las Universidades, estoy casi seguro de que el contenido de esa nota habrá contado con el Nihil Obstat del propio Prof. Olea antes de ser publicada. Y somos bastantes los que pensamos que no es de recibo que esa Oficina de Prensa titulara la nota informativa a la que he hecho referencia (y que han repetido como loritos casi todos los medios) de esta forma: "Los tickets de la compra en los que se borra la tinta contienen sustancias que provocan cáncer e infertilidad, según un estudio".

Vayamos con el contenido del artículo en cuestión para entender si eso es así. Los autores del mismo seleccionaron al azar 112 muestras de papel térmico en comercios de Brasil, Francia y España y analizaron su contenido en Bisfenol-A y, en segundo lugar, la actividad hormonal de extractos obtenidos a partir de esos papeles. Dado que, hoy en día, un porcentaje muy elevado del papel térmico se confecciona usando Bisfenol A y que, además, éste es conocido por su actividad a nivel hormonal, no sé yo lo que esperaban encontrar. Pues lo que encuentran. La gran mayoría de las facturas en papel térmico analizadas contenían Bisfenol A (luego hablaremos de las concentraciones). Y sus extractos tienen actividad como disruptores endocrino. Y poco más de relevante podemos extraer del artículo. Esos resultados no demuestran, en absoluto, que entrar en contacto con ese papel térmico produzca cáncer o infertilidad, por mucho que en la introducción del mismo se citen artículos que pudieran inducir a pensarlo.

El estudio no dice nada nuevo que no supiéramos desde las recientes revisiones de la toxicidad de esta sustancia, realizadas por la FDA americana o la EFSA europea y que yo mencionaba en la entrada del Blog arriba citada. El trabajo del que hablamos, por ejemplo, no da nuevos datos sobre la cantidad de BPA que podemos ingerir a través de la piel en los diversos escenarios de contacto con el papel térmico, ni de la cinética de su migración hacia el interior del cuerpo, ni del ulterior metabolismo en él, asuntos sobre los que la EFSA considera necesario que se aporten más evidencias experimentales de cara a una ulterior revisión, prevista para 2020. A pesar de las incertidumbres que acabo de mencionar, el informe de 2015 de la EFSA, con 1040 páginas y más de 500 referencias revisadas, considera, por primera vez, entre las posibles fuentes de BPA, el manejo del papel térmico así como el de los cosméticos (algunos también contienen BPA). De hecho, fue una de las razones que motivaron ese nuevo informe, ya que esa posible absorción por la piel no se había considerado en los informes anteriores de 2006 y 2010. Lo cual tampoco es de extrañar. Una revisión bibliográfica sobre el tema muestra que solo a partir de esa década empiezan a aparecer un número significativo de artículos científicos al respecto.

Como resultado del informe de 2015 la EFSA estableció una nueva dosis total de Ingesta Diaria Tolerable (TDI) de 4 microgramos de BPA por kilo de peso y día, bien entendido que ese número hace referencia a la cantidad de BPA que, según los expertos, podría ingerirse diariamente (por diversas vías) a lo largo de toda una vida. Traducido a un adulto de peso medio 70 kilos, eso se traduce en que podría ingerir 0,28 miligramos por día, todos y cada uno de los días de su vida. El informe de 2105 también establece que los niveles de exposición habitual al BPA de los europeos están claramente por debajo de esa cifra. Pero hay que recordar que en el establecimiento de esa TDI hay implícitas grandes dosis de precaución por parte de las científicos que la han evaluado. Como consecuencia de diversas incertidumbres, por ejemplo, los estudios de toxicidad se hacen con animales, cuyo metabolismo no coincide necesariamente con el nuestro, se usan dosis más elevadas, en tiempos más cortos que una vida humana, se tienen por ahora pocos datos sobre los mecanismos a través de la piel, etc, se llega a esa cifra de los 4 microgramos tras dividir, por un factor de 150, las dosis a partir de las cuales el BPA causa daños en los animales de laboratorio.

En un par de ocasiones, Olea y sus colegas comentan que las cifras de BPA encontradas son entre 30 y 100 veces superiores a la de un 0,02% en peso que se pondrá en vigor en la UE a partir de enero de 2020. Esa medida restrictiva tiene su origen en una propuesta presentada por Francia a la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) en mayo de 2014, en la que pedía la adopción de esa nueva concentración límite "por el riesgo para los trabajadores (principalmente cajeros) y los consumidores expuestos al BPA por la manipulación de recibos de papel térmico". Mientras la ECHA consideraba la propuesta francesa, apareció el nuevo informe sobre el BPA de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), al que acabamos de referirnos. Así que ambas agencias aunaron sus esfuerzos para garantizar la coherencia de la evaluación científica de los extremos aducidos por Francia en su expediente. Concluyendo, un poco en contra de los términos aducidos por los franceses, que el riesgo para los consumidores estaba adecuadamente controlado, pero aquel al que pueden estar expuestos los trabajadores expendedores de recibos de papel térmico necesitaba una corrección. Y en diciembre de 2016 se acordó adoptar esa nueva concentración del 0,02%, como concentración segura en una exposición ocupacional, dando un plazo de 36 meses para que los fabricantes de papel térmico la cumplan, plazo que expira en enero de 2020. Tal y como están las cosas en la ECHA y la EFSA, si la situación actual fuera realmente peligrosa para la salud de los trabajadores, las medidas hubieran sido más contundentes.

En definitiva y en opinión de este humilde jubilado, la nota de prensa de la Universidad de Granada es solo una forma de procurar que las investigaciones del Prof. Olea (y la Universidad con ellas) salgan en todos los medios. Lo que, por otro lado, ya resulta reincidente, porque lo que ahora se hace con el papel térmico, ya se hizo antes con el agua embotellada. En un artículo de 2015 [Environment International 74, 125-135 (2015)], el grupo del Prof. Olea estudió un total de 29 botellas de agua vendidas en el entorno de Granada, 26 de las cuales estaban embotelladas en plástico y tres en vidrio. En este caso solo se medía la actividad hormonal de esas aguas, con técnicas similares a las del artículo de 2019. Todas (incluidas las de vidrio) mostraban actividad de uno u otro tipo. Pero para poner los resultados de ese trabajo en el debido contexto, hay que contar, por ejemplo, que la media de la actividad estrogénica de todas las botellas se cifró en 0.113 pM (picomoles) equivalentes de estradiol (E2) por litro. ¿Es esa una cantidad relevante en lo que se refiere a la salud?. Bueno, pues en la cerveza se han llegado a detectar actividades de más de 500, en las mismas unidades, en el vino tinto mas de 300, por no citar otras cifras en productos lácteos, frutas, etc., todas ellas superiores a las aguas granadinas. Datos que aparecen en la introducción del propio artículo.

También en este caso, la publicación del artículo sirvió para que la Oficina de Prensa de la Universidad de Granada distribuyera una nota similar a la de este año, lo que ocasionó la inmediata repercusión en los medios. Por ejemplo, Discovery Salud publicó en su número 198, noviembre de 2016, una entrevista con el Prof. Olea, bajo el título "Analizan 29 botellas de agua y todas pueden provocar problemas de salud". En el resumen se dice literalmente que "en todas las botellas investigadas encontraron sustancias que alteran o inhiben hormonas, lo que puede causar problemas metabólicos, inmunológicos, neurológicos y de infertilidad, así como posibles cánceres de tiroides, mama, próstata y testículos". Algo, otra vez, inexacto pues en el trabajo no se "encontraron sustancias". Tras la exposición de los resultados obtenidos, relativos exclusivamente a la actividad hormonal de las 29 aguas, el artículo simplemente especula sobre posibles sustancias que pudieran dar lugar a esa actividad hormonal, así como sobre los posibles riesgos.

Aparte de lo que se refiere al artículo en sí, esa entrevista en Discovery Salud da mucho más juego. En el transcurso de la misma, Nicolás Olea le dice literalmente al periodista que "Hemos observado que, efectivamente, los niños y las embarazadas orinan plástico. Lo inconcebible es que cuando comunicamos lo descubierto se nos respondió que las cantidades detectadas eran normales. Con total desfachatez [........]. ¿Se han vuelto locos?. ¿Cómo va a ser normal orinar plástico?. Insisto: el asunto es gravísimo. Porque le aseguro que hoy el 87% de las embarazadas orina plástico a diario". No me cabe duda alguna de que el Prof. Olea sabe que el plástico no puede salir en la orina. No tengo tampoco dudas de que se refiere a que la gente orina sustancias con actividad hormonal que puedan migrar desde el plástico de la botella al agua. Intuyo (y puede comprobarse en el enlace de arriba) que el periodista se lía con la respuesta previa del entrevistado y pregunta asombrado: ¿Que el 95% de los niños granadinos orinan plástico....?. Y el entusiasmo con el que Nicolás Olea defiende siempre sus ideas le juega una mala pasada.

Pero, si realmente el entrevistado sabe que ni los niños ni las embarazadas de Granada mean plástico, ¿por qué no ha tomado medidas para eliminar esos párrafos, que están en la red desde 2016?. Marketing, puro marketing....científico. Creo yo. Pero no tenéis por qué hacerme caso. Dice una amiga mía que soy un viejo gruñón.

4 comentarios:

Ricardo Hernandez dijo...

Ojala hubiese muchos "viejos gruñones" como tú
Un abrazo

Anónimo dijo...

Buho, el tema de lo que llamas "marketing científico"
daría para una serie de artículos quizá bastante larga.

Y debo reconocer, como científico, que igual el colectivo
debería fundar una cofradía penitencial y salir descalzo
en procesión en Semana Santa.

Los que sean creyentes, claro.

Israel DLR dijo...

El simple hecho de aceptar que un medio magufo como DSalud le haga una entrevista al Dr. Olea ya da que pensar. Flaco favor le hace como marketing una página que escribe "reportajes" como estos: https://www.dsalud.com/reportaje/es-la-leche-animal-adecuada-para-el-consumo-humano/

Un cordial saludo, Búho ;)

JOSE LUIS dijo...

Mis 2 webs (sin publicidad) pueden interesarle a usted: yofrenoelcambioclimatico.blogspot.com (MENOS es MEJOR) y plantararboles.blogspot.com, un manual para reforestar, casi sobre la marcha, sembrando semillas de árboles autóctonos en zonas deforestadas, baldías, más o menos cercanas al lugar de su recolección. Salud, José Luis Sáez