lunes, 11 de diciembre de 2017

Cosas que quizás no sepas del jabón

Aunque, dadas las fechas, la foto de la izquierda pueda parecer una pila de diferentes turrones de mazapán, lo cierto es que son jabones. Con ocasión de dichas fechas hay casi un mercado navideño en cada ciudad (debajo de mi casa lo andan ya montando) y, en ellos, nunca faltan puestos de artesanos del jabón que nos venden todo tipo de versiones de jabones "naturales", "hechos en casa", "sin químicos" y otra serie de retahílas de las que, cada día, pueblan las informaciones sobre productos relacionados con la cosmética. Pero hay más cera que la que arde en esto de la Química y los jabones y, aunque ya he escrito sobre ello en otra ocasión, recientemente y como consecuencia de mi creciente interés por los perfumes, he tirado del hilo y he podido renovar mis opiniones al respecto.

La Food and Drug Administration (FDA) americana distingue claramente en una página al respecto entre los términos jabón y detergente. El jabón (el de siempre) lo define como la combinación de grasas (sólidas o semisólidas) y aceites (líquidos) (ya sean animales o vegetales) y un álcali, generalmente sosa o potasa cáusticas (NaOH y KOH para los químicos). Por el contrario, los detergentes son preparados también destinados a la limpieza pero obtenidos, en su gran mayoría, a partir de sustancias químicas de síntesis. A veces, en estos últimos, aparece la palabra jabón pero dice la FDA que no es un verdadero jabón de acuerdo con los términos regulatorios.

Pero, en esta definición, se deja claro que, para que haya jabón, tiene que haber un álcali. Si uno quiere hacer un jabón en pastilla generalmente se usa la sosa, si lo quieres más blandito la potasa. Pero si no hay un álcali en juego no hay jabón. Eso lo reconocen hasta las páginas webs más radicales sobre la vida "natural". Así que, punto uno, un jabón no existe si no hay una reacción química (llamada saponificación) entre grasas o aceites con álcalis. En cuanto a las grasas y aceites, ahora lo que privan son los de origen vegetal: el aceite de oliva, el aceite de coco, el aceite de girasol, al aceite de palma (este hoy un poco desprestigiado), el aceite de canola y otros muchos más provenientes de plantas exóticas (como el de aguacate). Pero, no hay que olvidar que una gran parte de los jabones convencionales que se han hecho en este país lo han sido a partir de grasas animales como el sebo, un subproducto del sacrificio de vacas y cerdos.

Tras la adecuada reacción química con los álcalis esas grasas y aceites se transforman en nuevos productos que aparecen listados en los ingredientes de los jabones y que, curiosamente, incluso en los que que se venden en España, lo hacen con sus nombres en inglés. Por ejemplo, en el famoso y conocido jabón de Heno de Pravia, la cara anterior del envase está redactada en castellano y contiene los términos Original y Jabón Natural. Pero en la parte trasera (por lo menos en el que yo he comprado en mi súper) aparecen los ingredientes del mismo en inglés: Sodium tallowate, sodium cocoate, water, glycerin y otra larga serie de ingredientes correspondientes a aromas, conservantes, etc. Sodium tallowate es el resultado de la reacción del sebo de vacuno con sosa cáustica, de donde proviene el sodio. Sodium cocoate es el resultado de la reacción del aceite de coco con sosa cáustica. En otros jabones se pueden leer términos como sodium olivate, resultado de la acción de la sosa cáustica sobre el aceite de oliva. Como las grasas y aceites son mezclas bastante complejas de moléculas químicas conocidas como triglicéridos, se puede concluir que, punto dos, los componentes esenciales del jabón, tal y como finalmente se venden, son nuevas y complejas mezclas de sustancias químicas derivadas de las reacciones con los álcalis de las grasas y aceites empleados, aunque os lo quieran vender como si estuviera compuesto por las propias grasas o aceites extraídos de plantas naturales.

Otro punto interesante es el asunto de si algo tan corrosivo como la sosa cáustica sigue perviviendo en el jabón tras el proceso que ha dado lugar al mismo. Las páginas web que ilustran sobre cómo fabricar jabón suelen contener calculadores para estimar la cantidad exacta de sosa cáustica que hay que emplear para estar seguros de que toda esa sosa se consume, dependiendo del tipo de grasa o aceite que vayamos a emplear para fabricar el jabón. Y si se consumiera por completo, sería lógico que no apareciera en la lista de ingredientes como tal, ya no está en el jabón. Pero esos cálculos solo son aproximaciones groseras, ya que dentro de un mismo tipo de grasa o aceite (pongamos el caso del aceite de oliva), la composición puede variar dependiendo del origen, tipo de aceituna, procesado, etc. y es muy probable que el ajuste que proporcionan esos calculadores haga que, en el jabón final, quede algo de aceite o de sosa cáustica sin reaccionar. No es nada peligroso porque, en general, son cantidades pequeñas que incluso pueden ir desapareciendo por la acción del CO2 del ambiente. Pero si el exceso de sosa cáustica es importante podría causar problemas a las pieles sensible. De hecho, hay normas sobre la cantidad máxima de sosa cáustica que puede contener un jabón comercial y procedimientos analíticos para determinarla. Así que, punto tres, el jabón de toda la vida, si no está bien hecho, puede contener restos de sosa cáustica y pudiera causar problemas (leves) de los casi ningún fabricante quiere hablar. Unos pocos, más honestos, reconocen que puede quedar sosa en sus jabones y en las etiquetas aparece como ingrediente su nombre químico, hidróxido sódico o sodium hydroxide.

Y, finalmente, hay gente que en estos foros de cosmética que ando visitando hacen preguntas de lo más lógicas. ¿Cómo se puede adjetivar a estos jabones como "naturales" cuando usamos un "químico" tan enérgico como la sosa cáustica y obtenemos nuevos productos que no están generalmente en la naturaleza?. Buena pregunta, pardiez. Aquí los fabricantes usan todo tipo de estratagemas. La más común es decir que la sosa desaparece durante la producción del jabón algo que, al menos en parte, acabamos de desmontar. Pero, aunque así fuera, eso mismo le pasa al Bisfenol A al producir policarbonato o resinas epoxi y ya véis la que hay montada sobre él. Hay quien argumenta que la sosa cáustica no puede considerarse "no natural" porque se obtiene, fundamentalmente, a partir de la electrolisis de disoluciones de sal común (cloruro sódico), algo que está en la naturaleza, sin emplear disolventes ni otros reactivos de carácter sintético. Respuesta que tiene su mérito, pero sin ningún rigor químico. En cualquier caso, todos ellos obvian que los sebatos de sodio, los olivatos de sodio o los cocoatos de sodio de las etiquetas de ingredientes (ahora los he puesto en castellano) son sustancias de síntesis que aparecen como consecuencia de la reacción de las grasas o aceites con la sosa cáustica. Y el que no lo quiera ver así es porque tiene intereses en ello.

Y ya mejor no os empiezo a contar cosas de jabones para veganos, jabones sin gluten o jabones hechos en casa con restos de aceite usado para freír, porque esto me quedaría muy largo y luego me riñen.

P.D. El que los ingredientes aparezcan en inglés no es tan curioso. Es un problema de normativa europea, como muy bien explica el interesante comentario que, muy de mañana, me ha colocado el Prof. Mans y que aparece debajo.

3 comentarios:

Claudi Mans dijo...

Apreciado Búho,

un par de comentarios:

1. La normativa vigente en Europa obliga a poner los ingredientes de detergentes, cosméticos y productos de higiene en inglés. Consideran que no se trata tanto de una información al consumidor como una información al médico que haya de tratar una posible intoxicación por ingestión o por contacto, y prefieren tener una nomenclatura unificada. También es oblicatorio, en la lengua del país, indicar en rangos de porcentajes (0-5%, 5-15%, 15-30%, más del 30%) la presencia de tensioactivos aniónicos, catiónicos, no iónicos, y otros. Es obligatorio también indicar la presenciay qué tipos hay de alérgenos, normalmente con los perfumes. Con esta normativa ppuede quedarse fuera el 90% de la formulación. Los fabricantes han de mantener una página web, más o menos difícil de encontrar según los casos, donde haya la composición cualitativa completa de sus productos. Y lo cumplen, más o menos... El único término que esta normativa acepta en un idioma no inglés es Aqua, en latín (!). Nada impide al fabricante poner la composición que desee en la etiqueta.

2. Estuve en una feria de Jabón Natural, en un pueblo de Cataluña. Cuando vi las manipulaciones que hacían con sosa cáustica, sin guantes, sin gafas, agitando las mezclas con un palo y salpicaduras, hablé con el alcalde -que era parlamentario autonómico- a través de un conocido común, y me dijo que siempre se había hecho así, y que no había manera de modificar los hábitos de los artesanos jaboneros. Pero creo que al año siguiente se ponían guantes de goma de los de lavar la vajilla. La dosificación de la sosa, sin balanza. Todo a ojo.

Marta Cuesta Bobes dijo...

Hola de nuevo. soy aquella que te dejó un comentario contándote que me gustaba mucho el tema del jaboneo en casa...

Por un lado te hago una pregunta que me hizo un amigo hace muchos años y que aún me deja pensando en muchas ocasiones ¿Que es natural y que no lo es? ¿No es natural que con nuestra inteligencia manipulemos el medio y que nos aprovechemos de lo que podemos hacer? Así que... ¿Que se puede definir como natural? Es natural que aprendamos, exploremos, experimentamos y aprendamos de ello, por lo que natural puede ser cualquier cosa, incluso trabajar en una central nuclear e ir comer al McDonalds, por mucho que les pese a los que defienden el movimiento "natural"... Que al final, como siempre suele pasar, ha sido absorbido por el sistema del marketing y está lleno de medias verdades que no hacen ningún bien... Porque tanto unos como otros terminan radicalizando las cosas y confundiendo las cosas...

Yo que me hallo en el medio de las dos opiniones, por un lado me encanta hacer cosas en casa (como reciclar el aceite de mi cocina para preparar pastillas de jabón para la ropa y enseñar a gente a hacerlo para que puedan dar salida a un residuo en lugar de tirarlo por el fregadero) y por el otro intento explicar el tema de la química (dentro de mis grandes limitaciones) pero trato de explicar lo importante que es informarse en lugar de asustarse y repetir la cantidad de retahílas absurdas que muchos repiten sin siquiera haber consultado una página seria, un libro o a una persona que sepa del tema, porque haber hay personas que saben y que se dedican a estas cosas y que tienen que recurrir al marketing de llamar natural a su jabón porque si no nadie lo vendería... Es curioso como funciona esto del marketing y como si a la gente le dices la verdad no quiere saber nada de ti ni de tus jabones u otros productos...

He tenido incluso batallitas con otos jaboneros que juraban y perjuraban que sus jabones de aceite no estaban hechos con sosa (por aquello de que a la gente no le gustaba). Al final ¿Quien es realmente quien sale perdiendo?

Por cierto, no sabía lo del sodium tallowate o sodium cocoate, yo también era de las que pensaba que si dejabas un sobreengrasado positivo (añadías más aceite con el que la sosa pudiera reaccionar) toda ella junto con la grasa se transformaba en jabón.

¿Puedo preguntar de donde obtienes esas informaciones para aprender un poquito más por mi cuenta?

Un saludo, me ha gustado la lectura :)


Juan J. Iruin dijo...

Gracias Marta. Yo no tengo problemas en definir lo que es natural. La definición que más me gusta es aquella según la cual natural es lo que se encuentra en la Naturaleza y no ha sido producido o procesado por la mano del hombre. Una definición que no creo que nadie le ponga pegas, ni los más airados ecologistas. Mis problemas empiezan cuando determinada gente establece como dogma de fe que SOLO lo natural es BUENO para nuestra salud. Pues no, hay muchas cosas que la Naturaleza produce o se encuentran en ella y son intrínsecamente MALAS (toxinas, venenos, sales minerales supertóxicas, etc...). Y cosas que los hombres producimos y no son intrínsecamente malas. Por ejemplo, la vitamina C sintetizada por el hombre es exactamente igual a la que se encuentra en la naranja. O el propio jabón, al que no hay necesidad de ponerle el prefijo natural para saber que ha sido una excelente herramienta de higiene de la humanidad desde hace muchos años.

En cuanto a cómo obtener informaciones adecuadas para salir de esa aparente contradicción en la que te encuentras, no hay recetas mágicas. Siempre he dicho a mis estudiantes que el principal problema que tienen es la cantidad de información a la que acceden y que tienen que saber seleccionar las fuentes fiables. Pero eso lo da solo el tiempo que dediques a ello y el mantener unas ciertas normas de sentido común. Por ejemplo, yo desconfío en primera instancia de todos aquellos que me quieran convencer de la bondad de algo que luego me quieren vender.

Haz una búsqueda con el término jabón (o mejor, si manejas el inglés, soap). Y verás que además de miles de páginas que quieren venderte jabones con todo tipo de pretendidas maravillosas propiedades, hay artículos que explican la ciencia del jabón, con mayor o menor detalle. Yo evito por norma las primeros y luego busco entre las segundas las que me parecen más serias.

Gracias otra vez.