lunes, 21 de agosto de 2017

Ionizadores de agua

Todo comenzó hace ya algunos meses (bastantes). Mi comadrona estaba viendo uno de esos programas de la tele que le gustan, donde se muestran las casas más fabulosas del mundo mundial. En este caso se trataba de una casa en Marbella, propiedad de uno de esos rusos enriquecidos por el petróleo. Una casa que, por tener, tenía hasta un helipuerto y dos hoyos de golf. Aparte de envidias no explícitamente declaradas y que mis lectores intuyen, lo que captó mi atención es que, al enseñar su casa, la rusa del magnate mostró, entre otras cosas, un aparato adosado al grifo de agua de su cocina, con pinta de dispositivo electrónico de calidad y que, según explicó, dividía el agua de grifo en dos tipos de aguas: una alcalina, buenísima para la salud y otra ácida que viene bien para fregar, limpiarse el cutis, etc... Me quedé con la idea de enterarme sobre el asunto pero la cosa, como otras muchas, no ha pasado hasta ahora de unas notas amontonadas en mi escritorio. Hasta que, desde hace unas semanas, se me ha pedido hasta tres veces mi opinión sobre temas relacionados con estos dispositivos.

Cuando me puse a investigar en serio, resulta que estos mal llamados ionizadores de agua tienen una larga historia que se remonta a principios de los años cincuenta, aunque ha sido en las últimas décadas cuando la cosa ha explotado en el mercado, de la mano de diferentes empresas y científicos, fundamentalmente japoneses. Basta con que escribáis water ionizers en Google, seleccionéis el apartado imágenes y os aparecerán cientos de dispositivos existentes en el mercado. Los precios pueden variar de marca a marca, pero los más reputados (no voy a dar nombres para que no se metan conmigo) pueden llegar a costar casi 6000 €. En un artículo de 2013 que tengo encima de la mesa, se cifra en unos 200.000 el número de estos dispositivos que se venden al año y muchos de ellos, sobre todo en USA, se venden por el sistema de hacer reuniones con potenciales clientes a los que convencer de las bondades del aparato y endosarles uno (tal como se hizo en su día con Tupperware).

He puesto al inicio de esta entrada una imagen genérica de cómo funcionan estos aparatos (podéis ampliarla clicando en ella). Básicamente toman agua de grifo, la filtran en un filtro clásico de carbón activo, una forma de eliminar el cloro presente, que podría dañar los electrodos de la celda electrolítica, corazón del aparato y de la que ahora hablaremos. Después del filtrado y si el agua no contiene de origen una cantidad sustancial de sales disueltas que aseguren la conductividad de la misma, se regula ese contenido mediante una serie productos que los suministradores del aparato también venden. Finalmente, ese agua así acondicionada, se mete en la llamada cámara o celda electrolítica, donde se le somete a un proceso de electrolisis, que la descompone en hidrógeno y oxígeno.

No voy a dar muchos detalles técnicos, pero a los iniciados les diré que el sistema electrolítico consta de los clásicos ánodo y cátodo, generalmente de titanio recubierto de platino. Es importante reseñar que esos electrodos se encuentran en compartimentos separados por un diafragma semipermeable hecho de plástico. Ello permite que en el ánodo se genere oxígeno (O2) gas, iones hidrógeno positivos y se acumulen aniones del tipo bicarbonato, cloruro, nitrato, etc, dependiendo de las sales que contenga el agua de partida. En el cátodo se genera hidrógeno gas (H2), iones hidroxilo y cationes tipo sodio, potasio, calcio o magnesio, provenientes igualmente de las sales disueltas. Eso hace que del compartimento anódico salga agua más ácida que la de partida y con un cierto poder oxidante, mientras del cátodo salga agua alcalina de poder reductor o, como suele denominarse en la propaganda de estos aparatos, antioxidante.

En todo lo anterior, este vuestro Búho tiene poco que objetar. El escepticismo comienza cuando, en el marketing de las casas vendedoras, empezamos a leer las maravillas ligadas al empleo de estos ionizadores. En primer lugar, las derivadas de beber agua alcalina (con pH superior a 7), una más de las opciones a la hora de seguir la llamada dieta alcalina, que os estarán vendiendo por todos los lados, ya sea en la tele, en la radio, en los magazines de fin de semana o, sobre todo y como siempre, en internet. El pH de los diversos tipos de agua (de grifo, manantiales naturales, aguas de mesa,..) puede variar bastante y así lo reconoce la legislación española en el Real Decreto 140/2003 Anexo I, que regula el pH de las aguas destinadas a consumo humano. En el mercado podéis encontrar aguas ácidas como la de Vichy Catalán (pH=5,9) o básicas (alcalinas) como la Font d'Or (pH=8,2) y en el mercado americano hay aguas de pH hasta 9,5. Pero todo esto que cuentan de la dieta alcalina es una patraña más de las muchas que giran en torno a nuestra alimentación. Comer o beber cosas alcalinas no altera el pH general de nuestro cuerpo, que tiene un mecanismo primario para controlarlo mediante la exhalación de CO2, que gobierna la cantidad de ácido carbónico en la sangre y, a partir de ahí, de una serie de equilibrios químicos bien establecidos.

Pero el marketing perverso de los fabricantes de ionizadores va un poco más lejos. Debéis saber que el agua alcalina de su ionizador no es agua alcalina cualquiera (es decir con pH superior a 7), como las de algunas de fuentes naturales que ya salen alcalinas de origen (y que acabo de mencionar) u otras a las que se adiciona un exceso de bicarbonato para aumentar su pH. La producida por el ionizador (que ellos llaman agua alcalina ionizada) tiene sus peculiares propiedades debido a que, además del alto pH, hay otros "cambios" generados en ella como consecuencia del proceso que ocurre en el interior del aparato. Y ello, proclaman,  hace que sea efectiva en la eliminación de antioxidantes, en tratamientos de cáncer, en la prevención y curación de la diabetes, Parkinson, arterioesclerosis, problemas degenerativos de la retina y otros (ver, por ejemplo, aquí, donde se cantan todas esas bondades, sin soporte científico alguno). Las razones aducidas tienen un doble origen que vamos a desmenuzar aquí.

Como probablemente sepáis, el agua es una molécula polar, lo que quiere decir que tiene partes de ella con cargas ligeramente positivas (localizadas en sus dos hidrógenos) y negativas (el oxígeno), como podéis ver aquí. Ello hace que las partes del agua con distinta carga de diferentes moléculas puedan atraerse y permanecer cerca, formando los llamados agregados o clusters. Su vida es efímera, porque esos agregados se están juntando y soltando continuamente, en periodos de tiempo tan pequeños como las billonésimas de segundo. Todo esto está muy estudiado, desde hace tiempo, por la Química Física y se sabe que esos agregados suelen implicar a unas 12-14 moléculas de agua al mismo tiempo. Los que me hayáis seguido en las entradas sobre la homeopatía recordaréis que la famosa "memoria del agua" se basa precisamente en esos agregados, capaces de retener la forma de la molécula del "principio activo" una vez que ha desaparecido por dilución y, en la lógica homeopática, capaces de curar igual que esa molécula que ya no está.

Pues bien, muchos vendedores de ionizadores proclaman que su aparato es capaz de disminuir ese tamaño habitual de los agregados de agua y dejarlo en 4/6 moléculas. Según ellos, y debido a ese menor tamaño, el agua penetra con mayor facilidad en los diversos componentes de las células y permite una hidratación mejor del organismo. Como otros muchos bulos sobre el posible efecto de fuerzas eléctricas o magnéticas que alteran la estructura conocida del agua, vuestro Búho no se cree esta patraña de los clusters pequeñitos, por mucho que para vestirlo, en alguna de las webs que lo proclaman, aparezcan prestigiosos médicos como Hiromi Shinya, un experto colonoscopista, autor del muy vendido libro La Enzima Prodigiosa, libro e ideas que provocaron que mi amigo JM Mulet (todo un Petronio) fuera tildado de gordo por la inefable Mercedes Milá.

Este asunto de los clusters de menor tamaño ya es un poco viejo. En una de mis contribuciones a Naukas, os contaba el caso de un agua de propiedades maravillosas, vendida en USA bajo el nombre de Penta, que atribuía sus virtudes a clusters más pequeños que los habituales. Tras muchos avatares, que han incluido una demanda ante la Corte Suprema de California, el agua se sigue vendiendo con el mismo nombre pero su marketing se basa, exclusivamente, en la extremada pureza de la misma. En otros casos, y para vender las bondades de los productos de una conocida marca de cosmética, se aducen cambios de estructura en los agregados, esta vez en forma de icosaedros.

La otra pata de los atributos del agua ionizada por estos aparatos es el hidrógeno gas que se produce en el compartimento catódico y que sale acompañando al agua alcalina. En 1985, Hidemitsu Hayashi, Director del japonés Instituto del Agua, adquirió un ionizador y comenzó a estudiar las propiedades del agua por él producida, utilizándola como bebida habitual y preparación de comidas en la Kyowa Medical Clinic. Según él, observó una clara mejoría en pacientes que sufrían trastornos gastrointestinales y otras patologías ligadas al hígado. Para explicarlo, en 1995, propuso la hipótesis de que esas mejoras se producían como consecuencia del gas hidrógeno generado en los ionizadores, que ejercía un activo papel de "cazador" de los radicales libres que nuestro organismo genera como consecuencia del oxígeno que continuamente estamos inspirando. Esa hipótesis pareció confirmarse por una serie de trabajos in vivo que, a partir de 1997, fueron publicados por el grupo de otro investigador japonés, S. Shirahata, aunque posteriormente, en 2004, un extenso trabajo, otra vez japonés, desmontó la mayor parte de las hipótesis y resultados de los dos investigadores anteriores.

El asunto sobre el papel terapeutico del hidrógeno parece haber renacido como consecuencia de un trabajo publicado en 2007 por el grupo del Prof. Ohta en una de las secciones de la muy prestigiosa revista Nature [Nat. Med. 13, 688 (2007)] en el que las propiedades terapeuticas del hidrógeno se ligan a su papel en el funcionamiento de las células del organismo. Sin embargo, el trabajo de Ohta y otros posteriores no utilizan los ionizadores como fuente de agua enriquecida en hidrógeno. Por el contrario, consiguen un agua saturada en hidrógeno al hacer pasar éste, proveniente de una bombona en el que está almacenado a alta presión, por aquella, hasta conseguir una concentración de saturación que difícilmente se alcanza en los ionizadores. Se pueden encontrar muchos detalles sobre este papel del hidrógeno en la web de la llamada Molecular Hydrogen Foundation, de cuyo Panel Asesor forma parte el propio Prof. Ohta. En esa web, que me he leído en detalle, ponen particular énfasis en que sus prácticas no se confundan con el habitual marketing de los ionizadores, fundamentalmente porque las concentraciones de hidrógeno que estos proporcionan son pequeñas y muy variables, dependiendo del diseño del aparato y del mantenimiento de los electrodos del mismo.

La lectura de esa web me ha dejado un importante poso escéptico, aunque he optado por permitir que el tiempo pase mientras la vigilo y poder ver así lo que se va haciendo en el próximo futuro. Mientras tanto y aunque cada uno se gasta el dinero en lo que quiere, no os recomiendo una inversión en uno de esos ionizadores. Es cierto que tienen una pinta muy de diseño tecnológico y, sin duda, dará a vuestra cocina un tono de lo más californiano. Pero dudo que vuestra salud note algo.

1 comentario:

gabriela dijo...

Esto de la dieta alcalina es una moda que ha ido prendiendo y mucha gente que de química sabe poquísimo, la recomienda mucho...y es así que en los medios de comunicación nos muestran entrevistas de enfermos de cáncer que afirman sentirse mucho mejor, e incluso hablan de que han desaparecido o se han achicado notablemente algunos tumores, por lo que ellos, para ayudar a otros, abren una página en internet y dan recetas de platos que cumplen ciertos requisitos como para ser calificados de alcalinos...

Como se trata de una enfermedad tan jodida, pocos o nadie se mete a descalificar...porque si el enfermo afirma sentirse muy bien, pues...¡que bueno! y cuanto más le dure, mejor!

Pero al margen de todo esto, la verdad es que me has sorprendido con este artículo con la historia del "ionizador de agua", del cual no tenía ni idea...Yo sé de los filtros que venden, solamente, y nunca hubiera imaginado tener un ionizador en la cocina...en vez de en el laboratorio, si es que sirve para algo! Claro que si lo pienso mejor, es para felicitar al inventor, por encontrar la manera de ganar muchísimo dinero a costas de la ignorancia de tantísima gente que le cree...igual que hacen los tarotistas, numerólogos, astrólogos, los especialistas en transferencia de energía, con en el reiki o lo que sea...y hasta aquellos que ven ángeles...y que hacen nata en los canales de televisión, pero gracias a gente como tú, pues Búho, poco a poco se van desmontando estas creencias sin ningún fundamento.

Gracias por contarnos tus averiguaciones.