domingo, 10 de noviembre de 2013

Los cigarrillos electrónicos, cinco años despues.

Mis fieles lectores saben que, siguiendo este Blog, están siempre a la última de lo que se cuece en muchos ámbitos relacionados de la Química. Sin ir más lejos, en agosto de 2008, os alertaba en una entrada sobre la más que probable implantación rápida de los cigarrillos electrónicos. Esa entrada se escribió un día en el que ejercité mi incomparable swing golfístico en compañía silenciosa de Txema Olazábal, algo que también rellenaba el texto de la entrada. Pues bien, está semana, una nueva coincidencia con información sobre estos dispositivos (un email que me mandó una amiga) y con Txema (el jueves estuve dando bolas justo a sus espaldas), me ha hecho volver a considerar el tema y escribir para los que entonces lo leyeron y para los que no lo han leído nunca.

Explicaba yo en aquella entrada que, como podeis ver en la figura de arriba (clicando en ella se amplía), el e-cigarrillo contiene una disolución de nicotina en propilenglicol, disolución que se coloca en un cartucho que recuerda el filtro de un cigarro convencional. Ese cartucho, reemplazable, se rosca en el cuerpo principal del cigarrillo de pega, el cual contiene una pila recargable o sustituible que alimenta un circuito con un microchip incorporado. Cuando el fumador inhala, se activa un sensor en el dispositivo que hace que se encienda un LED rojo (o de otro color), situado en la punta del cigarro, que simula la llama. Pero, lo que es más importante, también ordena que se caliente la disolución de nicotina en propilenglicol, que asi se vaporiza y acaba en el fumador. Explicaba también que lo del polipropilenglicol es uno de los trucos fundamentales del cigarrillo electrónico porque permite que su vapor se vea, reproduciendo así el humo de un cigarro normal, algo que no ocurre si en lugar de propilenglicol empleamos sólo agua (si funcionara el agua hubiera sido la bomba). Además de la nicotina, las marcas comerciales colocan en la disolución algunos pocos saborizantes, en un intento de reproducir el sabor de un cigarrillo convencional.

Desde esa entrada del 2008 muchas cosas han pasado con estos gadgets. Las ventas se han disparado desde unos 50.000 dispositivos en ese 2008 en el que yo escribía, hasta los tres millones y medio en el pasado 2012. En 2011, un estudio de mercado estableció que uno de cada cinco fumadores americanos ya había probado un cigarrillo electrónico. Esa explosiva implantación ha hecho que incluso conocidas marcas de cigarrillos convencionales hayan entrado o se estén pensando el entrar en este mercado. Hay multitud de dispositivos que imitan con cada vez más perfección no sólo el pitillo tradicional sino hasta puros que parecen auténticos Cohibas. Y han empezado las peleas sobre su utilidad o no y sobre su posible incidencia en la salud. Aunque, hay que decirlo, en el momento actual la cosa está verde y a falta de muchos estudios que permitan hacer afirmaciones rotundas, siendo los existentes un tanto contradictorios en sus conclusiones.

Por ejemplo, hay agencias de salud, como la de Nueva Zelanda, que entiende que este tipo de cigarros puede ser una estrategia más contra la adicción a la nicotina, tal y como ocurre con los chicles o los parches, y que presenta muy pocos riesgos, al no inhalarse casi ninguna de las cientos o miles de moléculas químicas que se inhalan al fumar un cigarrillo a base de hojas de tabaco. La afirmación ha sido matizada en algún aspecto por un primer estudio de la FDA, en el que se analizaban diferentes marcas comerciales de los e-cigarrillos. Ese estudio concluía que en el "humo" de algunas de esas marcas se encontraron cantidades pequeñas de nitrosaminas (potentes cancerígenos) y etilen glicol, el producto que se usa en los anticongelantes y de cuya peligrosidad hemos hablado otras veces. En uno y otro caso, las concentraciones son inferiores cientos de veces a las que se dan fumando un cigarrillo convencional. Un reciente estudio de un grupo francés ha encontrado también formaldehído en cantidades similares a las que se dan fumando un cigarrillo convencional, aunque los lectores de este Blog ya saben que hay muchas vías de ingestión de esa molécula en cosas tan habituales como las bebidas alcohólicas, los ahumados, etc.

Desde un punto de vista normativo, la Unión Europea acaba de aprobar en octubre un mandato, que todavía tiene que ser refrendado al más alto nivel, en el que se considera a estos dispositivos como "productos derivados del tabaco" y, por tanto, deben venderse en estancos y con todas las prevenciones en cuanto a edad de los compradores, alertas sobre los problemas de salud que pueden generar, etc. Las noticias al respecto de esta aprobación parecen indicar que la primera propuesta de la Comisión era que se considerasen a los e-cigarrillos como estrategia alternativa para eliminar la adicción a la nicotina y que, por tanto,  se vendieran en farmacias. Pero, según esas noticias, los lobbies ligados a la industria tabaquera han presionado para que se vendan en los estancos y tener así más accesible su trozo en el pastel de este emergente negocio. En EEUU, la FDA no acaba de decidirse en qué dirección establecer la normativa, aunque recientemente está habiendo muchas presiones desde congresistas y senadores para que se lo tome con menos tranquilidad y regule.

Así que nos esperan meses y años en los que la polémica está servida. De la que como siempre, estarán Uds. puntualmente informados, porque aquí también las primeras patitas de los lobos quimiofóbicos ya empiezan a asomar. Mientras tanto, si podéis, mejor no me echéis humo.

5 comentarios:

MegTuning dijo...

Hay dos estudios publicados, uno presentado en el congreso europeo del corazon, donde se compara el humo del cigarro y el vapor de un vapeador y su influencia. Lo hizo el investigador del centro Onassis de cardiologia. Y hay otro sobre el humo y el vapor y las substancias presentes en el aire. Si quieres mas info busca blog vapeo. Ahi tienes los enlaces a eses y mas estudios, no sesgados por farmaceuticas o el Separ. Un saludo.

Anónimo dijo...

No creo que sea la mejor forma de ayudar a dejar el tabaco... prohibiendo un producto que ayuda al fumador a dejar de fumar.. los cigarrillos electronicos son una alternativa perfecta contra el hábito del tabaco

Guillermo dijo...

Como bien dices, la polémica está servida, pero realmente no por lo nocivo del vapeo sino por la desinformación al respecto

http://www.e-volutas.com/2013/11/sobre-la-seguridad-del-humo-del-cigarro.html?m=1

MegTuning dijo...

El problema es el de siempre, por que si hay estudios dicen que no? Porque los que hay no dicen lo que ellos quieren? O por que no pueden legislar sobre tubos de acero como sobre los cigarros?

Joako dijo...

muy bueno el articulo, yo suelo comprarlos en http://www.fastwow.com, y me encanta el vapeo, mucho mejor que el tabaco!!

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.