viernes, 15 de febrero de 2013

Tomates en el balcón

Seguro que algunos de mis sufridos lectores han optado por convertir sus balcones y terrazas en pequeñas huertas. O, como es mi caso, tienen amigos o parientes que andan implicados en esta suerte de autoabastecimiento. Es una tendencia bastante creciente en el mundo de los "ricos" y parece estar admitido que proporciona alimentos más saludables que los que nos venden en el comercio, por aquello de los plaguicidas (que no pesticidas, una mala traducción del inglés), la menor posibilidad de contaminación microbiana, ausencia de transporte entre el productor y el consumidor y otra serie de parámetros que permiten adjudicar a esa actividad, un tanto zen, el adjetivo de "sostenible".

Science for Environmental Policy es un boletín de alertas en temas ligados al medio ambiente, patrocinado por la Unión Europea. En un número publicado este martes, resumían los diez artículos más descargados de su web entre todos los referenciados en sus boletines a lo largo de 2012. Y el top es un artículo titulado: ¿Es saludable la horticultura desarrollada en áreas de tráfico intenso?. En él se
analizan las concentraciones en metales pesados de diversos productos agrícolas cultivados en balcones y terrazas del centro de Berlín.

Los niveles detectados dependen mucho del metal investigado y de la especie que crezca en el balcón. Por ejemplo, el tomate tiene niveles mucho más bajos de plomo que la acelga, la menta acumula mucho más cromo que las judías verdes o las zanahorias y así podíamos seguir con resultados del mismo tenor. Pero, como conclusión general, las diferentes hortalizas y similares investigadas tienen niveles mucho más altos de cadmio, cromo, plomo, zinc, niquel y cobre que sus parientes vendidas en supermercados de la zona. Así que de saludables nada. Pero que no cunda el pánico, que no voy a hacer sangre con el dato.

Porque a pesar del interés que el tema parece suscitar en 2012, asuntos de este tipo son más viejos que mear en pared (frase con copyright de El Búho). Y los guipuzcoanos, que estamos siempre en la avanzadilla de todo lo que se cuece, lo sabemos desde hace más de veinte años. Por ejemplo, a finales de los años 80, amigos del que suscribe se recorrieron la autopista Bilbao/Behovia, en su tramo guipuzcoano, recolectando todo tipo de hortalizas y muestras de suelo de las innumerables huertas furtivas que, en aquella época (y ahora también, pero menos), poblaban los márgenes de dicha autopista. Como es obvio, encontraron plomo en casi todas ellas y a niveles elevados. Probablemente ahora habrán bajado esos niveles, por aquello de las gasolinas sin plomo, pero como se ve en los datos de Berlín el citado elemento sigue estando presente.

Otro estudio  de los mismos amigos tampoco tiene desperdicio para la consideración de lo que comemos y comíamos. En los años noventa la emprendieron con la contaminación por metales pesados en los ríos Oiartzun y Urumea. Ambos tienen en sus cabeceras explotaciones mineras de larga historia. En el caso del Oiartzun, se trata de las minas de Arditurri, que datan de tiempos de los romanos. En el caso del Urumea está el llamado Coto Ollín. En época de crecidas, como las de estas últimas semanas, los terrenos próximos a los ríos se inundan con agua que transporta los estériles acumulados, en forma inadecuada, en las antiguas explotaciones mineras a las que he hecho mención. Como consecuencia de ello, en los huertos situados cerca del cauce de ambos ríos, se detectaron niveles importantes de zinc, plomo, cadmio y manganeso, que iban decayendo a medida que el huerto se alejaba del cauce del río. Ahí estaban, queridos, y ahí habrán estado desde tiempos pretéritos.

En toda esos estudios de contaminación por metales pesados, realizados antes de que a ningún berlinés se le ocurriera poner tomates en su balcón, mis amigos también comprobaron que la absorción de esos metales por parte de la planta depende mucho del pH del suelo. Por encima de un valor aproximado de 6.5, los contaminantes permanecen insolubles en el agua del susodicho suelo y la planta no los puede absorber. Pero, por debajo, la absorción se produce y, aparte del peligro intrínseco si se consumen esas hortalizas, su crecimiento, en algunos casos, se ve afectado por su presencia. Los casheros de esas zonas (gente lista) ya habían llegado a la conclusión, por prueba y error y desde tiempos inmemoriales, que la adición de cal a esos terrenos que empezaban a funcionar mal solventaba el problema. Hoy sabemos que gracias a la cal, el pH sube y la planta, libre de los metales pesados, crece mucho mejor. Y es más saludable para el que la consume.

Ya solo queda por desvelar la identidad de los amigos del Búho, adelantados a su tiempo. Se trata de gentes del Laboratorio Agroambiental de la Diputación Foral de Gipuzkoa, liderados por el Dr. Javier Ansorena, quien en los años 80 tomó el germen de un pequeño laboratorio existente en la finca Fraisoro y lo elevó a cotas competitivas a nivel europeo. Dice otro de mis amigos, Pedro Etxenike, que para hacer bien Ciencia hay que aprenderla trabajando con los mejores. Y ahí Javier es difícil de batir. Su historial como especialista en estos temas, y la propia infraestructura del  Laboratorio Agroambiental de Fraisoro, tienen sus cimientos en el magisterio de Phil Brookes, perteneciente al Centro de investigación agrícola más veterano del mundo, la Rothamsted Research Station inglesa. Phil es un tipo cuyo historial científico hace palidecer a cualquiera que sepa de qué va esto de la producción científica. Sólo dos datos para los amantes de la bibliometría. Uno de sus artículos acumula ya 3.500 citas. Y su índice h es 49.

MI amigo Javi ha tenido la suerte de poder recalar otra vez en su querido Fraisoro este pasado otoño, tras ser apartado de su puesto de Jefe de Servicio de Medio Ambiente de la Diputación, honradamente ganado en concurso. Una vergonzante decisión de las huestes de Bildu que ahora gobiernan a los guipuzcoanos. Ellos se lo pierden. Con exabruptos antológicos como el de "ekologia ala hil" (ecología o muerte), que parecen gustarles tanto, espero que no vayamos a ningún sitio.

17 comentarios:

PA dijo...

Besos a Ansorena y adioses al perejil de "mi huerto"

Txema dijo...

La cuestión no es dejar de cultivar tomates en los balcones sino en desterrar el tráfico de abajo. :-)

Lo único que me gusta de la agricultura que se vende con el sello de ecológica es que se produce a 100 km o menos de mi residencia. Y que puede servir para educar a la gente en comer solo alimentos de temporada.

Y hablando de temporada, me bajo a preparar unas alcachofas.

El Búho dijo...

PA no te pases y comete tu perejil. Que será de temporada como las alcachofas de Txema.

Iñigo Legorburu dijo...

Un detalle: Estos trabajos de Javi comenzaron por un artículo de prensa sobre la peligrosidad de la contaminación por metales de las verduras de Gipuzkoa que resultó muy poco científico, pero muy alarmista.

Iñigo Legorburu dijo...

Un detalle: Los trabajos de Javi sobre este tema comenzaron con un artículo periodístico sobre contaminación de verduras basado en unos datos de un alemán, poco científicos, pero muy alarmantes.

Juan Antonio Gabaldón dijo...

Yo ya recuerdo que en análisis de hojas de naranjos situados cerca de la carretera en Castellón, los de las primeras filas contenían más Pb que los más alejados, estoy hablando de los años 7o.

El Búho dijo...

Lo que demuestra, Juan Antonio, que el mencionado trabajo tiene poco de novedoso, por mucho que la CE se empeñe.

Raquel Somavilla dijo...

Soy nueva en tu blog y no puedo decirte más que me ha encantado, así que con tu permiso me pasaré a menudo.
Yo no cultivo tomates en el balcón pero me como los que cultiva mi padre, afortunadamente, lejos de cualquier autovía
Gracias por toda la información.
Un saludo

Elena dijo...

Casualmente estuve el sábado visitando la mina de Arditurri y aburrí a mis acompañantes explicándoles nuestros trabajos al respecto.

Yo también doy la bienvenida a Javier.

gabriela dijo...

Ya me está pareciendo que debemos comer a ojos cerrados y sin saber nada de nada...
Esto que cuentas es un espanto, imposible librarnos de los metales que vamos acumulando sin darnos cuenta, sea por las verduras, por los pescados, o carnes cualquiera, y la gran tarea está en encontrar la manera de deshacernos de ellos con algún método futurista...

Enrique Zarate Larrinaga dijo...

¿Hay datos sobre la dependencia con la altura? Digo yo que al segundo piso llegará menos plomo, que pesa mucho ;-). En serio, estupenda entrada.

Unknown dijo...

Buho, ya sabes mi manía por los metales. Cualquier agencia preocupada por la contaminación del tráfico, insiste en analizar todo tipo de metales pesados. me hago una pregunta inocente: Si las gasolinas no llevan hoy plomo, y solo son orgánicas, tendrán COV´s, CO, SO2 y CO2, ¿pero de donde vienen esos metales pesados?
Los neumáticos llevan restos ZnO,la fricción en los cilindros hace pasar estos metales al aceite que a su vez se quema en pequeñas cantidades y los metales son arrastrados por los gases de escape, sobre todo Fe, pero, a pesar de todo me faltan metales y me faltan cantidades. En definitiva: ¿conoces algún estudio que conecte composiciones del aire de una ciudad con tráfico con las fuentes primigenias de donde se liberan esos metales?¿Cuales son los componentes del vehículo que emiten dichos metales, y en qué cantidad?¿Hasta qué punto un vehículo eléctrico podría evitar estas emisiones?
Te reto a otra entrada.
Un saludo , Antonio Valero

H. Fernando dijo...

Me he quedado a cuadros con la relación del Zen (versión japonesa del budismo C'han) con el cultivo de tomates. Parece de Les Luthiers.

Anónimo dijo...

¿Y esto es un blog serio? jajaja. Igual hay que deshacerse del tráfico, no? Aunque vamos para lo que le quedan a los combustibles fósiles total.

Ay, tecnocratas y sus blogs sin ningún fundamento... Cómo os aburrís
.

El Búho dijo...

Te admitiría una apuesta sobre lo que van a durar los combustibles fósiles. El problema es que no me la podría cobrar porque me da que me moriré antes. En cuanto a lo de blog serio o no, lo tienes fácil. Con no leerlo..... Yo no vivo de los que me leen.

gabriela dijo...

Esta tarde me topé con esto... http://magnet.xataka.com/en-diez-minutos/los-huertos-urbanos-son-un-peligro-para-la-salud-publica-o-nos-los-tomamos-en-serio-o-tendremos-un-problema y por supuesto que recordé haber leído algo en tu blog, así que me vine a bucear aquí hasta que lo encontré...

Como ves, son temas que aparecen, quedan a la espera....y reaparecen...

Por eso, de nuevo te agradezco la información.

El Búho dijo...

Es que he sido un adelantado, princesa...

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.