lunes, 31 de mayo de 2010

Acrílicos en el nido

Además de tener las plumas llenas de polvo, por mucha nanotecnología evolutiva y mucho carácter autolimpiable que les atribuyan los biólogos y los físicos, el nido del Búho sigue oliendo raro trás más de dos meses de obras. Ha olido en el pasado a escayola mojada, a madera lijada, a albañil sudoroso y a PVC degradado en forma de losetas recién cortadas. Y estas últimas dos semanas, Mario, un encantador nicaragüense con el que filosofo cada día a primera hora de la mañana, nos anda atufando, aunque no es su culpa, con aromas acrílicos derivados del pintado de algunas paredes y la imprimación de otras.

Y eso cuando sus colegas norteamericanos se las están viendo complicadas para conseguir la materia prima que les permita emitir sus facturas. Uno de los mayores productores de acrílicos, Dow Chemical, ha tenido en los últimos meses problemas mecánicos (sic) en su planta de Tejas. A Arkema, uno de sus competidores más directos, todavía le ha ido peor en una planta que gestiona conjuntamente (joint venture le llaman los airados líderes que nos malgobiernan en lo económico-empresarial) con la japonesa Nippon Shokubai. La cosa saltó por los aires trás una violenta explosión y habrá que volver a rehacer la planta. Para más inri, otra planta de Arkema, en Carling, Francia, anda con su producción a medio ritmo porque el suministrador de una de las materias primas más importantes para el proceso, el propileno, y que no es otra que
la petrolífera Total, tuvo que parar su planta por motivos técnicos. Y Basf va a tener que hacer lo mismo con una planta desde la que suministra otra de las materias primas fundamentales, el ácido acrílico. Así que los pintores americanos, ahora que parecían levantar la cabeza despues de las hipotecas basura, andan que trinan buscando pintura debajo de las piedras y encontrándola escasa y cara.

Pero, con independencia de estos problemas, la cosa se mueve en el mundo de los acrílicos, convirtiéndose en un ejemplo más de cómo reaccionan las empresas ante los problemas y las tendencias de mercado.

La mencionada Arkema es una empresa desgajada en 2006 de la antes mencionada Total y que mantiene, como se ha dicho arriba, una dura pugna con Dow y Basf en el mundo de los acrílicos. Desde antes de su separación de Total, las gentes que hoy pueblan Arkema habían empezado a chequear la posibilidad de obtener ácido acrílico a partir de una fuente renovable. Primero lo intentaron con la clásica aproximación de fermentar biomasa rica en azúcares, pero la cosa no funcionó. Así que optaron por fijarse en la glicerina, un producto químico de solera que anda ahora en boca de todos porque se está convirtiendo en un subproducto casi molesto de los procesos de obtención de biodiésel a partir de semillas vegetales. Así que los de Arkema decidieron sacar partido de ese chollo y se pusieron manos a la obra, encontrando un proceso asistido por catalizadores que les lleva de la glicerina a la acroleína y de ésta al ácido acrílico. Un proceso parecido es el que se seguía hasta ahora, sólo que el punto de partida es el propileno.

Con ese ácido acrílico sostenible en la mano, está chupado llegar a los diversos poliacrilatos que pueblan el mundo de los pintores. Y tambien al poliácido acrílico, uno de los polímeros superabsorbentes más eficaces, fundamental en pañales, compresas y similares.

Pero ojito al parche. Que el ácido acrílico se obtenga de una fuente renovable como las semillas vegetales y encima nos quitemos de encima toneladas de glicerina, no evita el problema de qué hacer con los millones y millones de pañales que se usan cada día. Los pañales derivados del poliácido acrílico obtenido a partir de glicerina serán (probablemente) más sostenibles que los que se derivan del poliácido acrílico producido a partir del petróleo. Pero eso no los hace biodegradables. Que hay mucho listo (y mucho tonto de baba) mezclando los conceptos interesadamente (o porque no saben por dónde les da el aire). Y hay que dejarlo clarito. Y para esos residuos sólo hay dos soluciones por el momento: o volvemos a los pañales de tela de lava y pón o colocamos una hoguerita en nuestro jardín (o una incineradora en nuestra provincia) y los hacemos pasar a mejor vida de la forma que menos impactemos en el medio ambiente.

Para que luego digan que no me mojo. Pero es que con algo me tengo que quitar el polvo de las plumas...

2 comentarios:

gabriela dijo...

¿y cómo es el humo que sale del poliácido acrílico al quemarse? ¿te atreverías a respirarlo? Tal parece que sin remedio, volveremos a los pañales de género...

El Búho dijo...

Pues mira la fórmula del compuesto en cuestión. Sólo tiene carbono, oxígeno e hidrógeno. Así que bien quemado, dará CO2 y H20 como casi toda la materia orgánica cuando se quema. Y en cuanto a la vuelta a los pañales de siempre no creo que yo lo vea...