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martes, 17 de marzo de 2026

Un fin de semana por tierras salmantinas

Siendo golfista viejo y viviendo donde vivo, es fundamental estar pendiente de la meteorología local (el tiempo). Además, por razones que no vienen a cuento, desde finales de la primera década de este siglo y, sobre todo, desde mi jubilación en 2016, el tiempo a largo plazo (el clima) me ha ido interesando progresivamente como disciplina. Durante estos años, me he llevado unas cuantas decepciones con la web de AEMET al tratar de obtener datos sobre la temperatura del agua de mar, que se mide cada día en el Aquarium donostiarra, sobre series climáticas largas acumuladas desde 1928 en el observatorio de Igeldo o en otros lugares. Así que tuve que buscarme la vida en otros pagos. Y acabé cayendo en la página web de Javier Sevillano, un ingeniero de telecomunicaciones jubilado, natural de El Villar de Argañán, una localidad salmantina a escasos kilómetros de la frontera portuguesa. Esa web contiene innumerables datos sobre la meteorología de las capitales españolas, además de unas historias increíbles sobre los pueblos cercanos a El Villar, entre los que se encuentra La Alameda de Gardón, a escasos tres kilómetros. En La Alameda pasamos hace poco unos días en casa de una pareja de amigos (ella es natural del pueblo) a los que conocemos desde hace más de cincuenta años y que han vivido toda su vida laboral entre Hernani y Donosti. Lo que ellos nos han ido contando a lo largo de los años y lo que yo he leído en la web de Sevillano sobre la zona, se hizo realidad en cierta medida durante esos días, aunque espero volver pronto para profundizar en algunas de las cosas que os voy a contar en esta entrada.

El territorio del que estamos hablando, en el suroeste de la provincia de Salamanca, forma parte del sector occidental del Macizo Ibérico, una de las regiones geológicamente más antiguas de la península. Hace unos 300 millones de años, grandes masas de magma granítico se abrieron paso a través de rocas más antiguas, solidificando y generando diversos minerales. Como consecuencia de ello, en un radio relativamente pequeño alrededor de La Alameda han ido apareciendo, a lo largo de la historia reciente, explotaciones de varios minerales que dan lugar a elementos que hoy consideramos estratégicos, como es el caso del wolframio, el uranio, el estaño y las llamadas tierras raras. Aunque la comarca nunca llegó a convertirse en un gran distrito minero industrial, sí ha dado lugar a diferentes episodios de actividad minera que reflejan los cambios económicos y tecnológicos del pasado siglo XX.

El wolframio, un elemento químico del que ya hemos hablado en este Blog, descubierto en el Real Seminario de Bergara por los hermanos Elhuyar, ha sido probablemente el mineral más importante explotado en el entorno de La Alameda de Gardón durante el pasado siglo. Este metal, de propiedades físicas muy valiosas para la industria militar, se convirtió, durante la Segunda Guerra Mundial, en un recurso estratégico de primer orden. La interrupción del comercio internacional, derivada de la guerra, hizo que Europa dependiera en gran medida de los yacimientos de wolframio de la Península Ibérica y, más concretamente, de la zona lindante entre España y Portugal. La demanda creciente provocó una intensa competencia por el wolframio ibérico. Durante varios años, comerciantes vinculados tanto a Alemania como a los aliados, especialmente Reino Unido y Estados Unidos, compraban grandes cantidades del mineral. Hay teorías que dicen que las compras de estos últimos iban destinadas a minar el suministro que pudiera llegar a los nazis. El precio alcanzó niveles extraordinarios, generando un breve periodo de prosperidad en algunas zonas rurales.

Aún hoy, quedan muchos vestigios de numerosas pequeñas explotaciones en filones de cuarzo asociados a granitos. Estos filones contenían principalmente wolframita y, en menor medida, scheelita, los dos minerales principales de wolframio. La minería en esta zona fue generalmente de pequeña escala. Las explotaciones consistían en galerías cortas o trincheras excavadas que corrían paralelas a los filones mineralizados. Aún y así, localidades cercanas a La Alameda como Fuenteguinaldo, Robleda o Navasfrías tuvieron una actividad especialmente intensa. En muchos casos, campesinos y vecinos del lugar trabajaban temporalmente en las minas, aprovechando el elevado precio del mineral. En ese entorno se acuñó la expresión “ir al wolfran”.

Sin embargo, esta actividad fue relativamente corta. A partir de 1944, la presión diplomática aliada llevó al gobierno de Franco a restringir las exportaciones de wolframio hacia Alemania, lo que provocó el colapso del mercado. Tras el final de la guerra, muchas de las pequeñas minas cerraron rápidamente y los vecinos volvieron a sus actividades agrícolas. Pero en sitios como la mencionada Navasfrías se pueden visitar las instalaciones existentes, según puede verse en esta web. La próxima vez que vaya a La Alameda, va a ser una visita obligada.

Un segundo hito importante de la minería salmantina fue la exploración y explotación de uranio durante la segunda mitad del siglo XX. La provincia de Salamanca alberga uno de los principales distritos uraníferos de España, concentrado alrededor de Ciudad Rodrigo, de donde procede mi amigo salmantino. Las minas más importantes se situaron en Saelices el Chico y en el área de Retortillo. Los minerales más comunes que pueden allí encontrarse son la uraninita o pechblenda, la autunita o la torbernita. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el uranio se convirtió en un recurso estratégico tanto para la energía nuclear como para aplicaciones militares, el extraído en la provincia de Salamanca formó parte del combustible utilizado en las primeras centrales nucleares españolas y en otras aplicaciones. El mineral salmantino tenía bajas concentraciones de uranio (como la mayoría de los yacimientos del mundo). Por eso, para poderlo usar había que triturarlo, molerlo y tratarlo químicamente hasta obtener un óxido de uranio concentrado, U₃O₈.

El concentrado producido en España no podía usarse directamente en un reactor. Había que convertirlo en hexafluoruro de uranio (UF₆) y enriquecerlo en uranio-235. Esos procesos no se hacían en España sino en instalaciones de enriquecimiento en Estados Unidos, Francia o Reino Unido. Después del enriquecimiento, el uranio volvía a España para fabricar el combustible. Una empresa que aún existe, ENUSA Industrias Avanzadas, producía pastillas de dióxido de uranio (UO₂), ensambladas en barras de combustible que se utilizaron en las primeras centrales nucleares españolas, como la José Cabrera (la primera central nuclear española), la de Santa María de Garoña o la de Almaraz.

Aunque en el entorno inmediato de La Alameda de Gardón no se desarrollaron minas de uranio importantes, diversos estudios geológicos indican la presencia de anomalías radiométricas y mineralizaciones menores. Uno de esos estudios fue llevado a cabo, a principios de la segunda década de este siglo, por la firma australiana Berkeley. En ese estudio, se puede constatar las toneladas estimadas de uranio, en forma de óxido de uranio, en La Alameda y en diversas localidades de su entorno. En base a estos informes, Berkeley obtuvo inicialmente un permiso de explotación minera en la localidad de Retortillo. Pero una enmienda pactada entre Podemos y el PSOE en octubre de 2020 al Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que acabó siendo la Ley 7/2021, de 20 de mayo, prohibió otorgar nuevas autorizaciones de exploración, investigación o explotación de minerales radiactivos, como el uranio. Aunque eso no afectaba al permiso concedido a Berkeley, el proyecto quedó prácticamente paralizado porque el Consejo de Seguridad Nuclear emitió informes negativos sobre la planta de tratamiento del mineral extraído y el Ministerio de Teresa Ribera denegó autorizaciones clave para construir esa planta. Y, sin planta de procesamiento, la mina no podía funcionar.

En el término municipal del pueblo de Javier Sevillano, se encuentra Mina Aurora, donde se han identificado y extraído, desde los años 30, minerales como la ambligonita (que contiene litio) y la casiterita, una mena de estaño. La historia de esa mina está bien documentada por Javier en esta página de su web. Así que sobra cualquier comentario por mi parte.

Además del wolframio, uranio y estaño, los granitos del oeste de Salamanca contienen pequeñas cantidades de los elementos conocidos como tierras raras de los que hablamos no hace mucho. Elementos como el lantano, cerio, neodimio o itrio que, como contábamos en esa entrada, son fundamentales para numerosas tecnologías modernas, desde turbinas eólicas hasta dispositivos electrónicos. En el entorno de La Alameda, las tierras raras no aparecen en grandes yacimientos explotables, sino en minerales accesorios presentes en las rocas graníticas. Entre los más importantes se encuentran la monacita y la xenotima, que contienen tanto tierras raras como pequeñas cantidades de torio.

No contento con esta profusión de elementos de la Tabla Periódica, los días en La Alameda me han permitido conocer que el análisis del agua que llega a sus grifos suele dar, de forma recurrente, contenidos de arsénico que exceden los 10 microgramos/litro, la cifra máxima permitida por la UE. El exceso no suele ser importante pero implica que tiene que declararse como agua no apta para consumo humano. ¿De dónde sale ese arsénico?. Pues probablemente, una vez más, del abundante granito que puebla las magníficas dehesas de los alrededores y que también suelen contener vetas de minerales de ese elemento. No es un hecho raro, como ya documenté en otra entrada en la que os hablaba de la cantidad del territorio USA que tenía problemas similares.

Y para acabar, el Vals de la Tormenta de nieve de Gueorgui Svirídov, discípulo de Dmitri Shostakovich, en una grabación de la Orquesta Filarmónica de Moscú bajo la dirección de Yuri Simonov.

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lunes, 27 de octubre de 2025

Tierras raras. China nos tiene cogidos por las nuevas tecnologías

En el año 1992, con 88 años, Den Xiaoping, que había liderado las grandes reformas en China y que las veía en peligro, probablemente como consecuencia del frenazo económico sufrido por la incertidumbre y el aislamiento internacional tras la represión violenta de las protestas de Tian’anmen, sorprendió a los medios de comunicación de China y el mundo al visitar en la llamada Gira del Sur diversas ciudades de esa zona del país, pronunciando varios discursos en los que anunciaba la continuación y profundización de las reformas por él emprendidas. Fue durante este viaje cuando pronunció su famosa frase “enriquecerse es glorioso” y otra que ahora, treinta y tres años después, ha cobrado especial interés este mes de octubre: “Hay petróleo en Oriente Medio. Y hay tierras raras en China. Tenemos que sacar ventajas de estos recursos”.

Supongo que todos mis lectores saben que nuestro mundo material está constituido por los llamados elementos químicos, que el químico ruso Dmitri Mendeleev empezó a organizar en 1869 en la llamada Tabla Periódica que, a día de hoy, engloba 118 elementos, aunque solo 92 se encuentran en la naturaleza. Diecisiete de ellos se conocen como Tierras Raras y son los que aparecen en la Figura que ilustra esta entrada con sus símbolos y nombres un tanto extraños, cada uno de los cuales tiene su historia. Aunque el adjetivo “raras” podría llevar a la conclusión de que se trata de elementos escasos en la corteza terrestre, algunos como el cerio (Ce), el itrio (Y) o el neodimio (Nd) son bastante abundantes. En realidad el término se refiere a que es poco habitual encontrarlos en una forma pura, aunque hay depósitos de minerales de ellos, más o menos abundantes y repartidos por todo el globo terráqueo. Lo de “tierra” no es más que una forma arcaica (de finales del siglo XVIII) de referirse a las sustancias oxidadas o no metálicas que se obtenían de minerales (como “tierra de alúmina”, “tierra de sílice”).

El pasado 9 de octubre, el Ministerio de Comercio chino adoptó una serie de controles muy restrictivos a las exportaciones de esas tierras raras, así como de los llamados imanes permanentes, unos imanes mucho más potentes que los habituales y en los que esas tierras raras juegan un papel fundamental. Los más conocidos y potentes son los constituidos por neodimio (Nd), hierro y boro, cientos de veces más potentes que los imanes convencionales y que permiten que sean utilizados en aplicaciones que ahora detallaremos, usando tamaños más pequeños que los anteriores. Según las medidas anunciadas, las empresas extranjeras deberán obtener la aprobación del gobierno chino para exportar imanes que contengan incluso trazas de tierras raras de origen chino, o que se hayan producido mediante tecnologías chinas de minería y procesamiento de tierras raras o de fabricación de imanes. China domina ampliamente todo el sector ya que controla el 70% de la minería global en tierras raras, el 90% de su separación y procesamiento o refinado y el 93% del mercado de los imanes permanentes.

Y eso puede afectar a múltiples ingenios que constituyen nuestro actual modo de vida. Por ejemplo, en lo tocante a la obtención de energía eléctrica a partir de turbinas eólicas, los imanes permanentes son cruciales en los llamados generadores síncronos de imanes permanentes (PMSG), cada vez más usados en turbinas modernas en las que pueden usarse hasta 300 kilos de tierras raras, generalmente neodimio (Nd), por megavatio de potencia. Y qué decir de nuestros gadgets electrónicos. Apple, por ejemplo, emplea prácticamente toda la familia de tierras raras en sus iPhones, iPads, Macs y relojes, para cosas como los imanes de altavoces y micrófonos, luminosidad de las pantallas, los cargadores MagSafe o hasta el imán que cierra la funda protectora de un iPad. Las cantidades por dispositivo son realmente pequeñas (en un iPhone se estima que hay solo unos 100 miligramos de esos elementos) pero dado el número de teléfonos fabricados de cada modelo, ello supone que Apple sea uno de los mayores consumidores individuales del mundo de estos elementos. La compañía ya se dio cuenta de que tenía que reducir su dependencia de los mismos, provenientes no solo de China sino también de Myanmar (la antigua Birmania) y, en 2023, Apple recicló más de 1.000 kg de disprosio y 5.000 kg de neodimio.

Pero la decisión del Departamento de Comercio chino irritó a Trump porque esas mismas tierras raras ponen en dificultades al arsenal militar americano. Según datos del otrora Departamento de Defensa (ahora bautizado por Trump como de la Guerra), un avión de combate F‑35 Lightning II requiere casi media tonelada de tierras raras, un destructor de la clase Arleigh Burke DDG‑51 necesita dos toneladas y media y un submarino de tipo Virginia casi cinco. La reacción fue subir los aranceles (más aún) a los productos chinos y veremos qué pasa en la gira asiática de Trump que esta teniendo lugar estos días y en la que se entrevistará con su homólogo chino, Xi Jinping, que de tierras raras sabrá algo más que el americano porque es ingeniero químico.

Y si Den Xiaoping lo anunció hace años, ¿cómo se ha llegado a esta situación?. Pues porque la minería y el tratamiento de los minerales para obtener las tierras raras son actividades “sucias” que los países occidentales han ido abandonando en manos de países con menos ascos medioambientales. Y China se ha aprovechado de ese hecho para crear grandes centros de refinado de los minerales existentes en las tierras raras que extrae en su territorio. En un interesante libro que acabo de leer, La guerra de los metales raros de Guillaume Pitron, el autor expone el alto costo ambiental producido en la principal planta china de refinado de tierras raras (situado en Baotou, Mongolia Interior) y critica la “eco-hipocresía” de los países occidentales que presumen de nuevas tecnologías limpias (las mencionadas turbinas eólicas por ejemplo) basadas en procesos sucios ejecutados en otros lugares.

Ante esa situación y además de promover el reciclaje de estos materiales, el Gobierno Trump ha decidió reactivar la minería y el refino de tierras raras en EEUU. El pasado julio, el Secretario de Energía Chris Wright asistió en Wyoming a la puesta en marcha de la primera mina de tierras raras que se abre en 70 años. Simultáneamente, el gobierno ha decidido participar de modo agresivo en el accionariado de otras minas que siguen abiertas, como la situada en California, en el desierto de Mojave, la denominada Mountain Pass Mine que lleva funcionando desde 1950. No está muy claro por el momento cómo van a sortear el asunto de la contaminación ambiental del procesado del mineral que obtengan de esas minas, pero el Secretario de Estado dijo en el acto mencionado que la mina Brook (así se llama) y Wyoming “son fundamentales para romper el estrangulamiento de China sobre el procesado de tierras raras”.

La decisión china de la que venimos hablando afecta también gravemente a Europa que importa las tierras raras procesadas casi exclusivamente de China. Y ello a pesar de que hay minas que contienen minerales de tierras raras en países como Suecia, Noruega, Finlandia, Dinamarca, Francia o España. La mayoría de los proyectos están en exploración inicial o avanzada, mientras que otros se han paralizado por decisiones gubernamentales justificadas en cuestiones ambientales y/o por la oposición de la ciudadanía debido, en algunos casos, a la presencia junto a las tierras raras de elementos radioactivos como el uranio o el torio. Ese es el caso español, donde se identificaron tierras raras en el proyecto de Matamulas, ubicado en el Campo de Montiel (Ciudad Real). El mineral principal allí existente es la monacita, un fosfato de cerio, lantano, neodimio y praseodimio. Se estima que en ese yacimiento puede haber del orden de 7000 toneladas de compuestos de los que se pueden recuperar tierras raras. El proyecto fue rechazado por la Junta de Castilla-La Mancha en 2019 por razones ambientales y de biodiversidad a lo que se sumó el rechazo de los grupos ambientalistas que han aducido la presencia de torio. De acuerdo con la legislación española y europea, cualquier material con torio o uranio se considera como residuo radiactivo de baja actividad y está sujeto a control por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), lo que evidentemente complicaría aún más la minería de la monacita española y su posterior refino a tierras raras.

Así que a ver qué hace la pareja Trump/Xi Jinping. El americano tiene alguna carta que jugar en el asunto de otros elementos de la Tabla Periódica que se pueden considerar estratégicos. Estados Unidos tienen un casi monopolio del cuarzo ultra puro, que se extrae en Spruce Pine, una pequeña ciudad en Carolina del Norte y que se necesita para hacer las obleas de silicio de extrema pureza que convertimos en semiconductores y paneles solares. Y ahí le puede doler a China. Mientras edito esta entrada (lunes 27 de octubre), las agencias parecen vislumbrar una marcha atrás en el conflicto. Ver venir…

Para terminar, un extracto de la suite Primavera Apalache de Aaron Copland, con la Filarmónica de Berlin y Marin Alsop como directora.

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jueves, 1 de enero de 1970

Un fin de semana salmantino: De minas, minerales y elementos de la Tabla Periódica

Siendo golfista viejo y viviendo donde vivo, es fundamental estar pendiente de la meteorología local (el tiempo). Además, por razones que no vienen a cuento, desde finales de la primera década de este siglo y, sobre todo, desde mi jubilación en 2016, el tiempo a largo plazo (el clima) me ha ido interesando progresivamente como disciplina. Durante estos años, me he llevado unas cuantas decepciones con la web de AEMET al tratar de obtener datos sobre la temperatura del agua de mar, que se mide cada día en el Aquarium donostiarra, sobre series climáticas largas acumuladas desde 1928 en el observatorio de Igeldo o en otros lugares. Así que tuve que buscarme la vida en otros pagos. Y acabé cayendo en la página web de Javier Sevillano, un ingeniero de telecomunicaciones jubilado, natural de El Villar de Argañán, una localidad salmantina a escasos kilómetros de la frontera portuguesa. Esa web contiene innumerables datos sobre la meteorología de las capitales españolas, además de unas historias increíbles sobre los pueblos cercanos a El Villar, entre los que se encuentra La Alameda de Gardón, a escasos tres kilómetros. En La Alameda pasamos hace poco unos días en casa de una pareja de amigos (ella es natural del pueblo) a los que conocemos desde hace más de cincuenta años y que han vivido toda su vida laboral entre Hernani y Donosti. Lo que ellos nos han ido contando a lo largo de los años y lo que yo he leído en la web de Sevillano sobre la zona, se hizo realidad en cierta medida durante esos días, aunque espero volver pronto para profundizar en algunas de las cosas que os voy a contar en este entrada.

El territorio del que estamos hablando, en el suroeste de la provincia de Salamanca, forma parte del sector occidental del Macizo Ibérico, una de las regiones geológicamente más antiguas de la península. Hace unos 300 millones de años, grandes masas de magma granítico se abrieron paso a través de rocas más antiguas, solidificando y generando diversos minerales. Como consecuencia de ello, en un radio relativamente pequeño alrededor de La Alameda han ido apareciendo, a lo largo de la historia reciente, explotaciones de varios minerales que dan lugar a elementos que hoy consideramos estratégicos, como es el caso del wolframio, el uranio, el estaño y las llamadas tierras raras. Aunque la comarca nunca llegó a convertirse en un gran distrito minero industrial, sí ha dado lugar a diferentes episodios de actividad minera que reflejan los cambios económicos y tecnológicos del pasado siglo XX.

El wolframio, un elemento químico del que ya hemos hablado en este Blog, descubierto en el Real Seminario de Bergara por los hermanos Elhuyar, ha sido probablemente el mineral más importante explotado en el entorno de La Alameda de Gardón durante el pasado siglo. Este metal, de propiedades físicas muy valiosas para la industria militar, se convirtió, durante la Segunda Guerra Mundial, en un recurso estratégico de primer orden. La interrupción del comercio internacional, derivada de la guerra, hizo que Europa dependiera en gran medida de los yacimientos de wolframio de la Península Ibérica y, más concretamente, de la zona lindante entre España y Portugal. La demanda creciente provocó una intensa competencia por el wolframio ibérico. Durante varios años, comerciantes vinculados tanto a Alemania como a los aliados, especialmente Reino Unido y Estados Unidos, compraban grandes cantidades del mineral. Hay teorías que dicen que las compras de estos últimos iban destinadas a minar el suministro que pudiera llegar a los nazis. El precio alcanzó niveles extraordinarios, generando un breve periodo de prosperidad en algunas zonas rurales.

Aún hoy, quedan muchos vestigios de numerosas pequeñas explotaciones en filones de cuarzo asociados a granitos. Estos filones contenían principalmente wolframita y, en menor medida, scheelita, los dos minerales principales de wolframio. La minería en esta zona fue generalmente de pequeña escala. Las explotaciones consistían en galerías cortas o trincheras excavadas que corrían paralelas a los filones mineralizados. Aún y así, localidades cercanas a La Alameda como Fuenteguinaldo, Robleda o Navasfrías tuvieron una actividad especialmente intensa. En muchos casos, campesinos y vecinos del lugar trabajaban temporalmente en las minas, aprovechando el elevado precio del mineral. En ese entorno se acuñó la expresión “ir al wolfran”.

Sin embargo, esta actividad fue relativamente corta. A partir de 1944, la presión diplomática aliada llevó al gobierno de Franco a restringir las exportaciones de wolframio hacia Alemania, lo que provocó el colapso del mercado. Tras el final de la guerra, muchas de las pequeñas minas cerraron rápidamente y los vecinos volvieron a sus actividades agrícolas. Pero en sitios como la mencionada Navasfrías se pueden visitar las instalaciones existentes, según puede verse en esta web. La próxima vez que vaya a La Alameda, va a ser una visita obligada.

Un segundo hito importante de la minería salmantina fue la exploración y explotación de uranio durante la segunda mitad del siglo XX. La provincia de Salamanca alberga uno de los principales distritos uraníferos de España, concentrado alrededor de Ciudad Rodrigo, de donde procede mi amigo salmantino. Las minas más importantes se situaron en Saelices el Chico y en el área de Retortillo. Los minerales más comunes que pueden allí encontrarse son la uraninita o pechblenda, la autunita o la torbernita. Tras la Segunda Guerra Mundial, cuando el uranio se convirtió en un recurso estratégico tanto para la energía nuclear como para aplicaciones militares, el extraído en la provincia de Salamanca formó parte del combustible utilizado en las primeras centrales nucleares españolas y en otras aplicaciones. El mineral salmantino tenía bajas concentraciones de uranio (como la mayoría de los yacimientos del mundo). Por eso, para poderlo usar había que triturarlo, molerlo y tratarlo químicamente hasta obtener un óxido de uranio concentrado, U₃O₈.

El concentrado producido en España no podía usarse directamente en un reactor. Había que convertirlo en hexafluoruro de uranio (UF₆) y enriquecerlo en uranio-235. Esos procesos no se hacían en España sino en instalaciones de enriquecimiento en Estados Unidos, Francia o Reino Unido. Después del enriquecimiento, el uranio volvía a España para fabricar el combustible. Una empresa que aún existe, ENUSA Industrias Avanzadas, producía pastillas de dióxido de uranio (UO₂), ensambladas en barras de combustible que se utilizaron en las primeras centrales nucleares españolas, como la José Cabrera (la primera central nuclear española), la de Santa María de Garoña o la de Almaraz.

Aunque en el entorno inmediato de La Alameda de Gardón no se desarrollaron minas de uranio importantes, diversos estudios geológicos indican la presencia de anomalías radiométricas y mineralizaciones menores. Uno de esos estudios fue llevado a cabo, a principios de la segunda década de este siglo por la firma australiana Berkeley. En ese estudio, se puede constatar las toneladas estimadas de uranio, en forma de óxido de uranio, en La Alameda y en diversas localidades de su entorno. En base a estos informes, Berkeley obtuvo inicialmente un permiso de explotación minera en la localidad de Retortillo. Pero una enmienda pactada entre Podemos y el PSOE en octubre de 2020 al Proyecto de Ley de Cambio Climático y Transición Energética, que acabó siendo la Ley 7/2021, de 20 de mayo, prohibió otorgar nuevas autorizaciones de exploración, investigación o explotación de minerales radiactivos, como el uranio. Aunque eso no afectaba al permiso concedido a Berkeley, el proyecto quedó prácticamente paralizado porque el Consejo de Seguridad Nuclear emitió informes negativos sobre la planta de tratamiento del mineral extraído y el Ministerio de Teresa Ribera denegó autorizaciones clave para construir esa planta. Y, sin planta de procesamiento, la mina no podía funcionar.

En el término municipal del pueblo de Javier Sevillano, se encuentra Mina Aurora, donde se han identificado y extraído, desde los años 30, minerales como la ambligonita (que contiene litio) y la casiterita, una mena de estaño. La historia de esa mina está bien documentada por Javier en esta página de su web. Así que sobra cualquier comentario por mi parte.

Además del wolframio, uranio y estaño, los granitos del oeste de Salamanca contienen pequeñas cantidades de los elementos conocidos como tierras raras de los que hablamos no hace mucho. Elementos como el lantano, cerio, neodimio o itrio que, como contábamos en esa entrada, son fundamentales para numerosas tecnologías modernas, desde turbinas eólicas hasta dispositivos electrónicos. En el entorno de La Alameda, las tierras raras no aparecen en grandes yacimientos explotables, sino en minerales accesorios presentes en las rocas graníticas. Entre los más importantes se encuentran la monacita y la xenotima, que contienen tanto tierras raras como pequeñas cantidades de torio.

No contento con esta profusión de elementos de la Tabla Periódica, los días en La Alameda me han permitido conocer que el análisis del agua que llega a sus grifos suele dar, de forma recurrente, contenidos de arsénico que exceden los 10 microgramos/litro, la cifra máxima permitida por la UE. El exceso no suele ser importante pero implica que tiene que declararse como agua no apta para consumo humano. ¿De dónde sale ese arsénico?. Pues probablemente, una vez más, del abundante granito que puebla las magníficas dehesas de los alrededores y que también suelen contener vetas de minerales de ese elemento. No es un hecho raro, como ya documenté en otra entrada en la que os hablaba de la cantidad del territorio USA que tenía problemas similares.

Y para acabar, el Vals de la Tormenta de nieve de Gueorgui Svirídov, discípulo de Dmitri Shostakovich, en una grabación de la Orquesta Filarmónica de Moscú bajo la dirección de Yuri Simonov.

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