lunes, 11 de agosto de 2025

La Coca-Cola de Trump y la miel de mi suegra

Cuando Trump accedió al poder, y como ha venido siendo tradición con los últimos presidentes, el CEO de Coca-Cola, James Quincey, le hizo entrega de una versión de la Diet Coke (la que el presidente bebe) especialmente diseñada para la ocasión. Meses más tarde, el 16 de julio y en su cuenta de X, Trump decía que "He estado hablando con @CocaCola sobre usar azúcar de caña REAL en la Coca-Cola en Estados Unidos, y han aceptado hacerlo. Quiero agradecerlo a todos los responsables en Coca-Cola. Este será un muy buen movimiento por su parte — Ya lo verán. ¡Simplemente es mejor!". Y solo hace un par de semanas, el propio Quincey anunciaba en el canal de televisión Fox que, para otoño, estaría en el mercado americano una nueva versión de su brebaje basada en el azúcar de caña. No quiso revelar la fecha exacta ni el nombre que aparecerá en la etiqueta, pero la suerte está echada. Esta decisión del gigante alimentario americano implica compartir catálogo con la formulación que se vende ahora en los EEUU, basada en el llamado jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS en su acrónimo en inglés), que se ha estado usando allí desde hace muchos años. Producto al que RFK Jr. y sus acólitos del MAHA (Make America Helthier Again) achacan todo tipo de problemas de salud, incidiendo en que es un producto “fabricado por la industria”. Otra chorrada más del Secretario de Estado de Salud americano que, si me seguís leyendo, veréis que es fácil de desmontar.

Los distintos jarabes de maíz de alta fructosa (HFCS) existentes en el mercado se fabrican a partir de maíz que se muele para extraer su almidón, el cual se somete después a la acción de diferentes enzimas para generar el azúcar llamado glucosa que, posteriormente, se transforma (isomeriza) en otro azúcar, la fructosa, con ayuda de más enzimas. Dependiendo del grado que alcance esa transformación de un azúcar en otro se obtienen diferentes HFCS. En concreto, el jarabe de maíz que se emplea en la Coca-Cola es conocido técnicamente como HFCS-55, porque contiene un 55% de fructosa, un 42% de glucosa y algo de agua y otros componentes. Como veis, productos industriales pero en los que la herramienta utilizada no son los denostados “químicos” sino las enzimas.

Por el contrario, y como su nombre indica, el azúcar de caña es un producto derivado de las cañas de azúcar que, tras su cosecha, se trituran o prensan con rodillos para extraer el jugo crudo, compuesto por agua, otro azúcar (la sacarosa) en un porcentaje del 20% y pequeñas cantidades de minerales, impurezas orgánicas, proteínas y ceras. Para eliminar estas últimas, el jugo se calienta y se le añade cal viva (CaO) o floculantes que las precipitan. El líquido se filtra, se concentra por evaporación a vacío, obteniéndose un jarabe espeso (ya con un 60–70% sacarosa). A partir de ahí, se produce la precipitación de los cristales del azúcar (sacarosa) que se separan del líquido restante (melaza) en una centrífuga. Posteriormente, los cristales se lavan y secan. Si se busca azúcar blanco refinado, los cristales se disuelven, se filtran con carbón activado, se vuelven a cristalizar y se secan. Si no, se comercializa como azúcar moreno o crudo (con algo de melaza residual). Al final ya sea el azúcar blanco o el moreno tienen cantidades de sacarosa superiores al 99%. Aunque se nos suele vender que el azúcar de caña es más “natural” y menos procesado, ya veis que de eso (casi) nada.

Y es esa sacarosa (derivada de la caña de azúcar) la que se va a emplear en las nuevas formulaciones en los EEUU. Que no tienen nada de nuevo, porque es la que se usó en un principio y la que se sigue usando en muchos países en la llamada Coca-Cola CON AZÚCAR, aunque en algunos sitios ese azúcar o sacarosa se saca de la caña de azúcar (por ejemplo, en Méjico) y en otros (como aquí) se utiliza también sacarosa proveniente de la remolacha, una fuente alternativa. Pero, al final, sacarosa pura y dura en ambos casos.



En la figura (arriba) se ven las fórmulas químicas de la glucosa y la fructosa presentes como moléculas libres en el HFCS. Por el contrario, en la parte de abajo se muestra la molécula de la sacarosa constituida por una unidad de fructosa y una de glucosa, las mismas moléculas que están en los HFCS, aunque unidas químicamente por el llamado enlace glucosídico. Por tanto, la composición de la sacarosa contiene prácticamente un 50% de fructosa y otro 50% de glucosa aunque bien atadas. Esa diferencia implica que, cuando ingerimos jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS), las moléculas de ambos azúcares (fructosa y glucosa) entran directamente en nuestro organismo, mientras que al ingerir azúcar de caña o azúcar blanco, las formas libres de glucosa y fructosa solo se generan durante su digestión en nuestro tracto digestivo. Ello hace que la absorción de ambos azúcares por el organismo sea más rápida en el caso del HFCS que en el azúcar de caña, lo que, en el caso de la glucosa, puede provocar un aumento más brusco de ella en sangre (pico glucémico).

Ese es uno de los argumentos para denostar al HFCS y atribuirle muchos de los problemas de las poblaciones de países occidentales en los últimos años, como la obesidad, el síndrome metabólico, el hígado graso (en este caso debido al exceso de fructosa), diabetes de tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Pero esos mismos efectos aparecen con la sacarosa del azúcar de caña si se consumen en cantidades similares a las del HFCS, porque, aparte de la glucosa y la fructosa, el resto de sustancias que no son esos dos azúcares pintan poco en el problema.

En cualquier caso, e incidentalmente, no sé por qué Trump está tan entusiasmado con la opción del azúcar de caña, cuando la Diet Coke que él consume, en cantidades importantes como está bien documentado en los periódicos, no lleva azúcar de ningún tipo, sino un edulcorante conocido como aspartamo y del que hemos hablado varias veces en este Blog (la entrada más visitada ha sido esta). Algo que, probablemente, haga por prescripción facultativa, dada la pinta “saludable” y la edad que tiene el Presidente.

Para documentar aún más lo inconsecuente del cambio del que estamos hablando, vayamos al caso de la miel, alimento “natural” donde los haya, producido por abejas libres, libando en flores silvestres y demás adornos bucólicos con los que se la promociona. Mi suegra, fallecida en marzo de 2023 con 98 años tuvo una salud envidiable hasta pocos meses antes de su muerte. Ella contaba a todo el mundo que había llegado a esa edad porque siempre había comido bien, porque acompañaba esas comidas con buen vino riojano (generalmente del año o lo que los finos llaman ahora de maceración carbónica) y porque el café con leche del desayuno lo endulzaba con una buena dosis de miel. Lo del vino lo dejó (no totalmente) un par de años antes de morir, pero el consumo de miel se mantuvo, como podemos acreditar la Búha y un servidor que éramos los que comprábamos el producto. Más de una discusión tuvimos suegra y yerno sobre las diferencias entre echar miel o azúcar blanco a su desayuno. Que no sirvió para nada.

Una miel promedio tiene un 18% de agua y el resto está constituida por azúcares. Los más abundantes vuelven a ser (¡qué casualidad!) la fructosa (38%) y la glucosa (31%) en una proporción relativa de 38/31 = 1.22, muy parecida a la existente en el jarabe de maíz HFCS-55 (55/42 = 1.31) pero la miel es más rica en glucosa. Y, en ambos productos (miel y HFCS), la fructosa y la glucosa están en su forma libre. Y eso es así porque, en el caso de la miel, son las propias abejas, durante la elaboración de la misma, cuando mediante enzimas contenidas en su saliva, consiguen separarlas desde la misma sacarosa que liban en las flores. La miel contiene también un 7% de otro azúcar, la maltosa, además de otros azúcares (como la propia sacarosa sin romper), proteínas, vitaminas, aminoácidos, compuestos fenólicos, etc, que dependen mucho de parámetros ligados a la producción de la miel (tipo de flores, terreno,…) y que hacen que haya tantas variedades de miel en el mercado. Pero, en lo fundamental, la miel contiene, sobre todo, fructosa y glucosa en parecidas proporciones e igual de libres que en el jarabe de maíz puesto en cuestión. Lo cual implica que a la miel se le pueden atribuir efectos nocivos parecidos a los del HFCS-55. Aunque mi suegra nunca me creyó.

Así que sigamos las recomendaciones de los endocrinos y no abusemos del consumo de productos dulces o endulzados. Como la propia miel, la bollería y pastelería (ya industriales o artesanas) o la Coca-Cola con azúcar, ya provenga en este caso del jarabe de maíz o del azúcar de caña. Recordad a Paracelso y su proclama de que “el veneno está en la dosis”. El resto son tonterías de marketing o Quimiofobia pura y dura como la de RFK Jr y las MAHA moms.

Agosto en mi pueblo significa Quincena Musical Donostiarra. Y este pasado día 3 he estado oyendo a la Orquesta de la Comunidad Valenciana Les Arts interpretando la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich. De esa obra os cuelgo un enlace a un extracto de su 4º movimiento, pero con la Filarmónica de Berlín y Gustavo Dudamel como director. No llega a tres minutos.

6 comentarios:

  1. Sublime Yanko! Como siempre

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  2. Gracias, pero no te pases en los adjetivos

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  3. Es refrescante la divulgación rigurosa y clara en esta maraña de anuncios y consejos “fake” añadidos a la ola de calor. Eskerrikasko

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  4. Buenas tardes, recibo una newsletter que intenta ayudar a la gente basando su acción en la bondad del sol y analizada con una buena lectura de pappers, hoy me ha llegado este correo, que creo que el buho sabrá decirme si exagera, es quimiofobía o tiene toda la razón:
    Buenas



    No te digo nada nuevo si te comento que el hombrecillo naranja, Donald Trump, la ha liado gorda con su ataque a Irán.



    Todo el mundo mirando las noticias, asustados por la escalada militar, y llorando porque el barril de Brent se dispara y va a subir el precio de la gasolina y el transporte.

    Pero mientras la gente normal mira el surtidor del coche, hay una industria multimillonaria que está temblando de miedo por este desabastecimiento: la Big (P)Harma.



    ¿Por qué demonios le afecta el petróleo a la industria médica?

    Porque te han contado un cuento de hadas.



    La inmensa mayoría de la gente se cree que los medicamentos se hacen mezclando polvos mágicos en un laboratorio o aislando compuestos de plantas naturales.

    Despierta.

    La columna vertebral de casi todos los fármacos que te metes en la boca son derivados petroquímicos.



    Todo esto fue diseñado hace más de un siglo, en 1910. John D. Rockefeller monopolizó el petróleo y vio una oportunidad de oro: las plantas y el Sol no se pueden patentar, pero las moléculas químicas destiladas del crudo sí.

    Compró la educación médica para asegurarse de que su petróleo fuera la base de cada receta médica.



    Hoy, tu Aspirina no viene de la corteza del sauce, viene del Benceno (un derivado directo del crudo).

    Tu Ibuprofeno se saca del Tolueno a través de reacciones químicas industriales.

    Tu Paracetamol viene del Fenol.



    Te estás tragando derivados del gas natural y del petróleo a diario.



    ¿Y qué pasa cuando metes hidrocarburos muertos en un motor diseñado para funcionar con luz?

    Que lo revientas.



    Estas moléculas sintéticas (xenobióticos) jamás existieron en la evolución humana.

    No tienen la información lumínica de la naturaleza.



    Para que tu hígado pueda limpiar ese vertido de petróleo que te acabas de tragar, tiene que robarle electrones a tus mitocondrias.

    El resultado es que cada pastilla es un mordisco a tu batería biológica.

    Tu voltaje celular se hunde de los -90mV (salud óptima) a los -50mV, dejándote exhausto, inflamado y enfermo.



    Acabo de publicar un artículo masivo en la comunidad donde destripo toda esta estafa histórica.

    Te enseño el árbol genealógico exacto de lo que te receta tu médico (desde la Levotiroxina hasta los antidepresivos) y te explico cómo salir de este secuestro energético.



    Si quieres dejar de ser una refinería andante y aprender a cargar tu batería celular con la física real:

    Haz clic aquí para leer el artículo, destapar el fraude petroquímico de tu botiquín y recuperar tu soberanía biológica.



    Un abrazo sin aditivos fósiles, que no eres un puto coche, coño

    Sergio



    PD: Ahora que llega el buen tiempo, los de bata blanca te dirán que te untes en crema protectora.

    Lo que no te cuentan es que los primeros ingredientes de esas cremas son parafinas y aceites minerales.

    Literalmente, el subproducto del barril de petróleo.

    Al ponértelo sobre la piel, cortas la conexión inalámbrica entre el Sol y tu agua celular.

    Estás recubriendo tu piel con plástico para bloquear la vida.

    El enlace para salir de la ignorancia está arriba.

    Tú decides.

    Arriba.

    ¿Te ha gustado este email? Reenvíalo. Hoy en día, compartir salud real es más punk que bajarse películas pirata.
    ¿No te ha gustado? Ideal. Envíaselo a ese compañero de oficina que presume de vacunarse cada otoño, o al cuñado que te da por saco y que se les atragante el café.
    Gracias Buho

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  5. Buenas tardes soy Santiago, te he dado las gracia por tu trabajo y he puesto un comentario esta mañana en el que te preguntaba por una newsletter que recibo, que en genera, me parece correcta aunque tenga un punto de vista distinto, pero en el mail que ha mandado hoy, tengo mucha dudas, de ahi la pregunta.
    He pensado que a lo mejor no la querias colgar por prudencia, como podriamos hacer para que yo, pudiera recibir la respuesta?, Te pongo mi correo por si tienes a bien contestarme, te lo agradecería, pero no me gustaría que apareciera públicamente.
    sanrous@gmail.com
    Gracias por tu comprensión y gracias por tus enseñanzas, me encanta la web por tu racionalización de la realidad y de la química, fuera de los dogmatismos e ideologías.

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