miércoles, 28 de mayo de 2014

Un Curso de Verano en Burgos

No me gusta mucho (por decir algo) el cine. Pero las redes sociales me tienen al día de todo lo que se cuece incluso en ese ámbito, así que ya me he enterado con mucho detalle, casi sin querer, del fenómeno de los ocho apellidos vascos. Algunos de mi entorno más próximo deben andar analizando el pedigree de sus ocho primeros para ver si pasan la prueba del algodón. Pero yo lo tengo claro. El 50%  de, al menos, mis primeros treinta y dos provienen de la Gipuzkoa profunda, en el Goierri (Zaldibia, Gainza). El otro 50% se reparte en un entorno casi tan pequeño como el anterior, pero en la Arlanza burgalesa, en sitios como Lerma, Santa Inés y Quintanilla de la Mata. Así que no deja de ser un placer que la Universidad de Burgos, a través de ese referente en el periodismo escéptico que se llama Luis Alfonso Gámez, me haya invitado a impartir una charla sobre la Quimiofobia, el día 8 de julio, en sus Cursos de Verano. Compartiré estrado con unos cuantos colegas mucho más relevantes que yo, como es fácil comprobar en el programa que podéis ver aquí. Teniendo en cuenta que muchas Universidades andan creando cátedras financiadas por la multinacional homeopática por excelencia (Boiron), o dando cobijo y pábulo a variadas pseudociencias, ni mi enfermiza tendencia a permanecer en el anonimato me ha permitido negarme a tamaña invitación.
Así que si alguien se anima....

domingo, 25 de mayo de 2014

Staudinger en el CCC/KZK

La semana se ha pasado sin enterarme y, entre unas cosas y otras, no he dejado constancia en este Blog, que no deja de ser un diario de las inquietudes de uno, que el pasado viernes 16 publiqué una entrada en el Cuaderno de Cultura Científica, que editan esos dos amigos de la foto de la izquierda (picando en ella se ve mejor). Mi colaboración se inscribe en las aportaciones que los miembros de Naukas hacen a esa loable iniciativa de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV/EHU y no pude resistirme al requerimiento que, a tal efecto, me hizo uno de los "jefes" de Naukas, el incansable Javier Peláez. La entrada era algo que me apetecía escribir hace tiempo en algún sitio, dada mi particular admiración hacia Hermann Staudinger, Premio Nobel de Química en el año 1953 y uno de los padres (más bien el Padre) de los polímeros. Y qué mejor que hacerlo en un blog colaborativo como el Cuaderno, con mucha más audiencia que mi Blog del Búho. Así que, si queréis leer la entrada, basta con picar aquí y, de paso, podéis navegar en las interesantes páginas del CCC/KZK.

domingo, 18 de mayo de 2014

400 Entradas y Gabriela

Esta es la entrada número 400 de este Blog. No pensaba hacer ninguna referencia al "evento", entre otras cosas porque, si lo pienso demasiado, me agobio sobre el futuro de este pasatiempo. Pero tras la penúltima entrada sobre el uso de la sosa caústica en los alimentos, he mantenido una serie de correos electrónicos con Gabriela Fernández Lopetegui, a la que hacía referencia en otra entrada y que me sigue desde siempre desde Valdivia en el Sur de Chile. Y como esta relación a miles de kilómetros es un buen ejemplo de otras que tengo y he tenido gracias al Blog y que, en muchos casos, me han ayudado a escribir nuevas entradas, voy a compartir con todo el mundo las entrañables cosas que me ha contado Gabriela estos últimos días y, de paso, le dedico esta entrada de número tan rotundo que, como vais a ver, la hemos escrito entre ambos.

Todo empezó con un comentario que me dejó en el mencionado post sobre el uso de la sosa caústica para conservar aceitunas, los llamados huevos pidan de los chinos y otras cosas comestibles. En ese comentario Gabriela me decía:

Aunque yo no comería de esos huevos pidan, lo que cuentas me ha traído a la memoria algo casi ya olvidado...Por los años cincuenta vivía yo en el paralelo 45 sur, en Puerto Aisén; se llegaba luego de un viaje de tres días en barco así que podrás imaginarte que durante el invierno no se conseguían verduras, frutas, huevos, mantequilla, leche, etc, etc. De manera que mi madre durante el verano se preocupaba de juntar huevos y ponerlos en vidrio soluble para mantenerlos frescos y duraban un año perfectamente!!.

Vidrio soluble???. Una provocación para un bloguero divulgador de la Química como un servidor, sobre todo porque no tenía ni idea a qué podía referirse mi chilena favorita. Así que se lo pregunté por email y parece que ella tampoco lo tenía muy claro:

Pues yo tampoco sabía cuál es su "química", pero en la wiki pillé esto:

http://es.wikipedia.org/wiki/Silicato_s%C3%B3dico

Mi madre iba poniendo los huevos con mucho cuidado, para que no se trizaran, en un tarro metálico en que comprábamos manteca, yo creo unos 10 kilos, porque todo había que encargarlo a Puerto Montt, y luego les vaciaba ese líquido, para que todos quedaran sumergidos, les ponía una tapa de madera, y ... ¡al fondo de la despensa!, en la oscuridad.


Tengo que reconocer que de la Wikipedia en castellano me fío poco. Así que me fui a la versión inglesa del asunto y me encontré con que el silicato sódico, miembro de la amplia familia de los silicatos (emparentados con los vidrios de ventana), puede disolverse en agua, formando soluciones alcalinas que son las que reciben el nombre de vidrio líquido. Se emplean en ámbitos muy diversos (desde la construcción al tratamiento de aguas) pero el propio artículo de Wikipedia hace mención a la conservación de alimentos y, más concretamente, a los huevos y a que éstos pueden conservarse en esas disoluciones hasta cinco meses sin alteraciones sustanciales. La única precaución a su uso posterior es que la cáscara se vuelve no porosa durante su estancia en la disolución de silicato y, si se van cocer esos huevos, es mejor hacerles unos agujeritos para que el vapor de agua salga durante la cocción.

Así que compartimos nuestros conocimientos sobre el vidrio líquido en nuevos emails y, entendida la conservación de los huevos que hacía su madre, Gabriela se soltó el pelo de la memoria y me contó otras cosas en un email posterior:

Hoy acá celebramos el día de las madres, vino mi hija y le mostré tu explicación acerca de por qué la sal de Añana parece tener más sabor, y a ambas nos gustó tu explicación.

Este párrafo hace referencia a que, hace meses, yo envié a Gabriela dos paquetes de sal sin yodo, ya que, por una decisión gubernamental, en Chile solo se vende sal yodada. Y, sin embargo, ella debe evitar el yodo por un problema de salud. Le puse en el envío un paquete de sal normal de supermercado y otro con la historiada Sal de Añana, sobre la que escribí un post por el que me he ganado más de un "enemigo" por estas tierras. El caso es que ésta última le ha gustado más a Gabriela que la convencional, algo que yo traté de explicarle sobre la base de que las sales en escamas, como la más conocida sal Maldon, ofrecen, a igualdad de peso, más superficie a nuestras papilas gustativas y, por ello, la sensación de alimentos sazonados con este tipo de escamas es diferente. Pero le insistí en que, aparte de ese efecto de tipo físico, la sal es fundamentalmente cloruro sódico y punto. Y atribuirle otras virtudes es, como denunciaba en el post mencionado, una pura labor de marketing.

Conversando acerca de los huevos en conserva, mis hijos me hacían mil preguntas porque nunca lo habíamos conversado! Les parecía insólito que los huevos estuvieran "frescos" luego de varios meses, y que se pudiera hacer merengue sin problemas, o una torta, o huevos revueltos! y claro, les cuesta pensar en qué harían ellos en un pueblo sin luz....sin refrigerador....cómo conservar una calabaza (o zapallo)...Y yo les decía que poniéndole ceniza encima, no se echa a perder!. Mamá, y ¿el queso? bueno , el queso...sacas el trozo a ocupar, y al resto le pones mantequilla y así no se seca....Es decir, Yanko, que si la luz se corta, nos volvemos locos porque se nos echa a perder todo....

Bueno, y les recordé también un post tuyo donde hablabas de esa maquinita para hacer helados, porque en una ocasión en que mis padres fueron al ventisquero San Rafael en una barcaza del ejército, trajeron un témpano...imagínate el lío para bajarlo...y llevarlo hasta un hoyo grande en la casa del Alcalde...De ahí sacábamos hielo para hacer helados en una máquina manual como la de tu casa, y apenas terminabas, mandabas la máquina donde el vecino para que también hiciera sus propios helados....y la máquina anduvo varios días de casa en casa...con el hielo del témpano....sal...y ¡helados!


No sé qué otros detalles podría contarte, pero era principalmente para que entendieras el por qué de poner huevos en conserva....La vida era bastante difícil en el sur...y ahora que lo tienen todo, la gente vive quejándose...mmmm

Una excelente conclusión final. Y no penseis que Gabriela es una persona mayor de esas que añoran el pasado. Mayor es, como sus emails delatan, pero es una mujer muy activa en internet, escribe y sigue a blogs como éste, tiene cuenta en Twitter....

Total, que entre sus cosas y las mías, nos ha quedado un post de lo más comercial. Que puedo concluir contando que mientras este texto estaba esperando la última revisión para su publicación definitiva, ayer jugué al golf, despues de años, con otro Lopetegui, Mikel, que fue quien me inició en el ritual de perseguir bolas blancas por céspedes verdes con una cierta dignidad. Aunque Mikel no vive a miles de kilómetros, como Gabriela, sino en mi ciudad, vaya Ud. a saber por dónde andará la posible conexión de ambas familias.

domingo, 11 de mayo de 2014

Diamantes

Estoy seguro de que la mayoría de mis lectores habrán oído o leído alguna vez aquello de "Un diamante es para siempre". La frase es el escueto resumen de una de las operaciones de marketing con más éxito de la historia, ligada a uno de los cárteles más opacos e influyentes en el mundo, como es el manipulado por la firma De Beers a través de su "brazo armado", la Central Selling Organization (CSO), que controla con mano de hierro el 90% del mercado de los diamantes de joyería. De Beers tiene su origen en Cecil Rhodes, un empresario que se hizo con la mayor parte de las minas de diamantes de Sudáfrica y de las empresas que las explotaban, constituyendo en los albores del siglo XX un auténtico monopolio que aún pervive.

En los años de la recesión tras el crack del 29, las ventas de diamantes cayeron en picado y es cuando De Beers pasa a la acción con una campaña cuya consecuencia fundamental es que no hay pareja de americanos, con idea de matrimoniar, que no entren en el ritual del anillo de pedida con su diamante para siempre en el centro. La campaña ha incidido en ideas sencillas pero sibilinas. Para la novia, el tamaño del diamante era indicativo del amor que le profesaba el novio, para éste era una forma de marcar su situación financiera y, de cara a futuro, la propaganda le vendía la piedra como una buena inversión.

Pero la adquisición de un diamante nunca puede ser una buena inversión. A diferencia de los metales preciosos, los diamantes no cotizan en los mercados financieros y, por lo tanto, carecen de liquidez monetaria inmediata y más o menos predecible. Tampoco son susceptibles de dividir, como uno puede dividir un lingote de oro en porciones o vender parte de las acciones que se puedan tener en Bolsa. Y, además, el precio que un particular obtiene cuando intenta vender a un profesional su diamante es generalmente ridículo, si se compara con lo que pagó originalmente. Siempre hay pegas, que si las imperfecciones, que si el mercado anda ahora algo flojo... En el fondo es De Beers el que impone su estrategia, haciendo que los diamantes sean escasos cuando interesa subir el precio o sean abundantes cuando interesa hundir a algún díscolo que se niega a los designios del cártel.

Pero la cosa puede cambiar. En realidad, como ya comenté en una entrada anterior, los diamantes están constituidos por agrupaciones de átomos de carbono unidos por enlaces covalentes que se propagan en las tres direcciones del espacio. Se trata, por tanto, de carbono (carbón) puro, el mismo tipo de átomos que están presentes en el carbón que se extrae de las minas de hulla o lignito o que el carbón que constituye el grafito de nuestros lápices. Lo realmente sorprendente, como yo explico a mis alumnos de Termodinámica, es que el grafito es más estable que el diamante y que sólo unas condiciones propias de un cataclismo geológico son capaces de generar diamantes como los que se dan en minas como las sudafricanas a partir de un magma de carbón líquido. Y una vez formados esos diamantes, aunque inestables desde un punto de vista termodinámico, su transformación en el gráfito, en el que debieran acabar convirtiéndose, no se produce por la extremada dificultad de reordenar de forma diferente a los átomos de carbono en cuestión.

Desde los años 50 del siglo pasado se han sucedido diversos intentos para obtener diamantes a partir de grafito. De acuerdo con el diagrama de fases del carbono puro que podeis ver a la izda, ello implica instalaciones de laboratorio o industriales que manejen temperaturas del orden de los 2000 grados y presiones del orden de miles de veces la presión atmosférica, algo que no es muy fácil de orquestar bien. Aún y así, en esos años cincuenta y posteriores, empresas como General Electric, Sumitomo Electric o la propia De Beers (que no podía quedarse descolgada) empezaron a poner en el mercado diamantes producidos en esas instalaciones aunque, por su tamaño, generalmente se destinaron a otros usos como electrónica o herramientas de corte.

Pero mucho más recientemente, una empresa llamada Gemesis, ha empezado a poner en el mercado diamantes para joyería fabricados en sus instalaciones de alta presión y temperatura. En ese proceso, la temperatura empleada es del orden de 1500 ºC y la presión de unas 58000 atmósferas. En cámaras al efecto, parecidas a un lavavajillas, se introduce una minúscula esquirla de diamante que actúa como "siembra", junto con grafito y un catalizador, cuya naturaleza mantienen bien secreta pero que se sabe que contiene niquel. El grafito se funde y el líquido va reordenándose sobre el cristalito de "siembra". En poco más de tres días, se obtiene un diamante de menos de tres quilates que, posteriormente, puede ser cortado y pulido a la manera convencional para dar una gema final algo más pequeña (una pega del proceso, que no permite gemas mayores).

Son diamantes perfectos, indistinguibles de los naturales a los ojos de un experto en gemología. Tan perfectos son que la propia empresa que los fabrica, en un alarde casi de chulería, ha querido dejar bien claro que no pretende vender gato por liebre. Que sus diamantes son como son y que, para que quede claro de dónde vienen, los marca con un distintivo minúsculo grabado a láser. Adicionalmente, Gemesis deja intencionadamente pequeñas cantidades del niquel del catalizador en la gema lo que conlleva que, cuando la piedra se expone a la luz ultravioleta, ocurre un fenómeno rápido de fosforescencia que no se da en los naturales. Y para terminar de marcar el terreno, proporciona otras pruebas basadas en técnicas experimentales sofisticadas, como la espectroscopía infrarroja de transformada de Fourier y la espectroscopía de absorción de Rayos X, que permiten comprobar que esas gemas no son de mina sino de factoría.

Lo de las "impurezas" da mucho más juego a Gemesis que el asunto de la identificación por fosforescencia. Los diamantes que tienen una perfecta red cristalina constituida solo por átomos de carbono son transparentes y, además, constituyen el material aislante más perfecto que uno pueda imaginar. Pero la sustitución de algunos de esos átomos por "impurezas", puede cambiar la tonalidad y más cosas. Por ejemplo, los primeros diamantes que obtuvo Gemesis tenían un cierto tono amarillento, que también tienen algunos naturales, y que se deriva de la sustitución de un número pequeño de átomos de carbono por átomos de nitrógeno provenientes del aire. También han sido capaces de sustituir ciertos átomos de carbono por átomos de boro, dando lugar a diamantes azules que son raros en los diamantes naturales. En este enlace podeis ver información sobre uno de ellos, el mítico (y para algunos maldito) Diamante Hope. La presencia de esos átomos confiere además al diamante cierto carácter semiconductor, muy apropiado para usos en electrónica.

Estos diamantes fabricados por el hombre no son baratos pero su precio es sustancialmente más bajo que los que mueve De Beers. Y, además, como podeis ver en el link que he puesto arriba, la empresa los vende como ecológicos y no generados bajo conflictos geoeconómicos.

Hay otros diamantes obtenidos por el hombre en condiciones menos drásticas de presión. Aunque ello pudiera parecer que va en contra del diagrama de fases arriba indicado y, por tanto, en contra de las leyes de la sacrosanta Termodinámica, la cosa no es así. En realidad, el otro procedimiento no toma como base el grafito y, por tanto, no le afecta el diagrama de fases. Esta alternativa está basada en una técnica conocida como CVD, acrónimo que corresponde (en inglés) a Deposición Química de Vapor. En un reactor de este tipo se introduce hidrógeno y metano (la fuente del carbono necesario) en una cámara que contiene un pequeño diamante de siembra. En las condiciones del reactor, el hidrógeno molecular se descompone en hidrógeno atómico por acción de un filamento a muy alta temperatura o por un plasma generado por microondas. El hidrógeno atómico reacciona con el metano para dar radicales metilo, que se depositan sobre el cristalito de siembra y forman nuevos enlaces covalentes. Una versión reciente de este procedimiento acaba de ser publicada por investigadores de Centros ligados a la Universidad de Stanford, tomando como base grafeno e hidrógeno. Pero, que yo sepa, estos diamantes no se destinan a joyería sino al ámbito de la electrónica.

En cualquier caso, no me digais que esto de los diamantes generados por el hombre no es sino otro excelente ejemplo de la falacia implícita en el debate natural/artificial en el ámbito de la Química. De nuevo, como en el caso de otras muchas sustancias que manejamos en nuestra vida cotidiana, la Química ha sido capaz, en este caso, de llegar hasta donde la Naturaleza lo hizo, obteniendo materiales idénticos tras reproducir las condiciones en las que se generaron en la Tierra.