jueves, 10 de diciembre de 2015

La complicada vida de un plástico compostable

En una entrada de setiembre de 2011 creo que dejé razonablemente claro lo cuidadoso que hay que ser a la hora de manejar conceptos como biodegradable, biocompatible o compostable en el mundo de los plásticos de consumo general (bolsas, botellas, filmes, etc.). El que quiera profundizar en esas ideas puede releerse esa entrada, que acababa haciendo una ligera mención a un auténtico outsider en este mundillo, un plástico desarrollado por BASF y vendido comercialmente como Ecoflex, un polímero de origen petroquímico (no bio) y que, sin embargo, es absolutamente compostable y, por tanto, biodegradable en una escala de tiempos que otros vendidos como "bio" no cumplen.

La historia del desarrollo del Ecoflex es un interesante caso sobre lo complicado que puede ser poner algo en el mercado. Diversos hechos de carácter político, económico o medioambiental confluyeron simultáneamente en los años 90 y estimularon la investigación y el desarrollo de plásticos biodegradables. La imposibilidad de seguir aumentado los vertederos, el hecho de que los Verdes entraran en el Bundestag alemán y las normativas que fueron apareciendo, tanto en el propio ámbito alemán como europeo, hicieron que BASF considerase la posibilidad de desarrollar un plástico respetuoso con el medio ambiente y que sustituyera al polietileno de las bolsas de basura de toda la vida.

La cosa no era fácil, dados los sucesivos fracasos de similares intentos realizados por diversas empresas desde comienzos de los setenta. En unos casos por tratar de poner en el mercado productos difíciles de transformar en objetos útiles con las máquinas de transformación habituales. En otros, porque los productos comercializados no eran realmente compostables, en el sentido de que, en las condiciones normales de las plantas de compostaje, generaran solo CO2, agua y biomasa gracias al concurso de microrganismos.

El objetivo de conseguir un plástico de ese tipo se cumplió gracias a una colaboración entre los científicos de BASF y un Instituto denominado GBF de la Universidad de Braunschweig en el centro de Alemania. En realidad era un Instituto de Biología Molecular que había derivado hacia el estudio de los fenómenos de fermentación y degradación. Algo más tarde, otro grupo del mismo Instituto, liderado por Rolf-Joachim Müller, comenzó a estudiar los fenómenos de degradación de polímeros, tanto sintéticos como naturales y, algo más tarde, empezaron a publicar, en buenas revistas, datos sobre la síntesis de polímeros que se degradaban correctamente en medios microbianos. Para no daros más la matraca con cosas para especialistas, la colaboración culminó en la preparación de una serie de plásticos que, en sus largas cadenas, tenían unidades de tereftalato de butileno y adipato de butileno. Jugando con las proporciones de uno y otro es posible llegar a un compromiso en el que la compostabilidad y las propiedades mecánicas se ajustaran a lo deseado. Y así, en 1997, Ecoflex apareció en el mercado como una alternativa a las bolsas de basura convencionales con la idea de acabar su ciclo en las instalaciones de compostaje que cada vez empezaban a ser más frecuentes en países como Austria y Alemania.

Sin embargo, la cosa fue más complicada de lo previsto y las ilusiones de BASF se vieron truncadas cuando se fue conociendo que los ciudadanos no eran tan disciplinados como se pensaba a la hora de colectar la fracción compostable. Como consecuencia de ello, los técnicos que manejaban las plantas de compostaje se veían obligados a eliminar de su "materia prima" todo tipo de materiales como metales, vidro y también diversos envases como botellas o bolsas, fabricadas a base de plásticos diferentes al Ecoflex y no compostables.

Para eliminar esta fracción plástica, generalmente de baja densidad, el método convencional era emplear grandes ventiladores que los expulsara de la masa del compost. Pero los ventiladores no eran capaces de separar selectivamente Ecoflex de los otros plásticos no biodegradables y, todos ellos, acababan en plantas de reciclado de plásticos, donde los contenidos en Ecoflex eran además un problema, dadas sus diferencias de propiedades con los plásticos convencionales. Así que el gozo de BASF en un pozo y hubo que buscarle nuevos nichos en el mercado, como el de los plásticos con los que se protegen los retoños de plantas, cuando se pueblan con ellos jardines y bordes de carreteras. O hubo que entrar en el entonces incipiente mercado de agricultura "orgánica", donde un envase absolutamente compostable era un plus pagable en el marketing de este tipo de negocio.

Solo ahora, cuando las pobres bolsas de polietileno parecen haber caído definitivamente en desgracia y cuando la recogida selectiva ha ido ganado adeptos en lo relativo al uso del quinto contenedor, BASF vislumbra nuevas opciones de negocio para su Ecoflex. De hecho, he escrito este post motivado porque análisis realizados en un trabajo de Fin de Grado de un estudiante, me ha mostrado que las bolsas que se reparten en Gipuzkoa a los usuarios del quinto contenedor (el marrón para la materia orgánica) tienen una estructura similar a la del Ecoflex, aunque llevan también algo de almidón, un polímero natural también compostable.

Pero han pasado casi veinte años desde la puesta en el mercado de nuestro amigo.

4 comentarios:

gabriela dijo...

Yo veo difícil esto de seleccionar y separar los diferentes tipos de plásticos...y no se trata de solamente las bolsas que dan en los supermercados, sino de todos los envases de los diferentes alimentos, de los envoltorios del papel sanitario, que no es de papel sino de plástico, de los pañuelos desechables, que también son de plástico, y de cualquier cosa que compremos, porque ¡todo lleva plástico!

Creo que ya somos hartos quienes hacemos las compras llevando bolsas de género para disminuir el plástico en los vertederos, pero estamos lejos de solucionar el problema...porque te cuento que yo, la única basura que saco para que se lleve el camión son plásticos y latas, ya que lo orgánico lo deposito en un hoyo en el patio, mezclado con el pasto del jardín...

Alexforo dijo...

Contaré que como las bolsas que reparten para compostaje son, para nosotros, demasiado pequeñas, lo que obliga a tener que bajar la bolsa casi diariamente, compramos en Francia bolsas compostables más grandes. ¿Cuál es la pega además del gasto que supone?, que dichas bolsas parecen papel de fumar y es un milagro cortarlas del rollo y colocarlas sin que se rasguen y ya ni de milagro se consigue sacarlas llenas sin riesgo de "compostar" el suelo de la cocina. Hay que ponerles un soporte de una bolsa normal y descargarla en el contenedor con cuidado de recuperar la no compostable. Demasiado lío para el ciudadano normal. Tendremos que resignarnos a utilizar las de aquí que son bastante más resistentes y a bajarlas cada día. Sea todo por el medioambiente...

Anónimo dijo...


"Sea todo por el medioambiente..."

La madre de una amiga, que vivió otros tiempos y es inmune a unas cuantas campañas de opinión modernas, mantiene y practica estrictamente que solo se molestará en clasificar y depositar en el correspondiente contenedor un supuesto lo que sea cuando le reporte a ella, directamente, al menos algunos céntimos de euro. Lo que antes hacía y negociaba con el trapero.

Defiende a ultranza que lo del "medioambiente" acaba dejando unos céntimos fruto de su trabajo o sus molestias en los bolsillos de alguien y no en los suyos. Y el medioambiente...


gabriela dijo...

Anónimo, dile a la madre de tu amiga que en esta vida no todo se reduce a dinero en el bolsillo...No nos damos cuenta, pero gastamos mucho dinero, nosotros y el Estado, en SALUD...y si a ella le interesa por ese lado, que lo piense...

Otros, pensamos en un ambiente limpio, sin basura, agua de los acuíferos sin restos de metales pesados provenientes de las basuras, aire rico, que sea agradable de respirar, sin dióxido de nitrógeno o lo que sea...

ESO.

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Boredom is the highest mental state, según Einstein. Pero, a veces, aburrirse cansa. Y por eso ando en esto, persiguiendo quimiofóbicos.