miércoles, 23 de abril de 2014

Nicotina

Me había prometido no volver a hablar del llamado cigarrillo electrónico. En parte porque ya es un tema maduro, lejos de la sorpresa que me produjo el comprobar la química que había dentro de él y que conté en un post ya añejo. Por otro lado, cada vez que menciono en una entrada la palabra fumar, o algo relacionado, me gano una filípica monumental de una de mis más fieles seguidoras, Gabriela Fernández Lopetegui que a pesar de su segundo apellido, vasco hasta las cachas, me lee y me escribe múltiples comentarios desde la (para mi) remota Valdivia en el Sur de Chile. Y a los fieles seguidores hay que cuidarlos como oro en paño.

Pero es que este domingo, el periódico digital eldiario.es me mandaba, a través de su cuenta de Twitter, dos artículos que pretendían representar a las dos tendencias que van ganando adeptos a favor y en contra de estos dispositivos. Y mal que le pese a su director Ignacio Escolar, un periodista de raza, no se podían haber elegido peor los representantes de ambas tendencias, como trataré de explicar a continuación.

En uno de los articulos, practicamente un publirreportaje de la firma Cigar Clean España, se cantan las alabanzas de un cigarro electrónico que permite reproducir ritos habituales del fumador, como tener algo entre los dedos, echar humo y tener en la boca un sabor parecido al de fumar, pero que no contiene nicotina. Ni tampoco propilenglicol, el componente habitual para producir humo "virtual". A cambio, se habla de un polietilenglicol capaz de captar la humedad ambiental, algo que no entiendo bien con la información de su web y sobre lo que no pienso investigar mucho, porque me parece que no es este el tipo de cigarrillo electrónico que realmente interesa en el mercado. El reclamo de los dispositivos que están haciendo furor está precisamente en la obtención "diferente" de la nicotina que el adicto al tabaco necesita. Y ahí es donde, de haberlo, hay negocio real, como parecen ya haberse dado cuenta hasta compañías tabaqueras como Reynolds America o Philips Morris. Y el tiempo nos confirmará o no la rentabilidad de ese interés.

En el otro artículo, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica, se opone frontalmente al empleo de tales dispositivos con argumentos que dejan mucho que desear (al menos para un químico) y que no aportan nada nuevo a lo que se ve en cualquier foro de internet al respecto. De hecho, hay opiniones mucho más interesantes en los comentarios al propio artículo. Solo diré que la frase "los e-cigarrillos contienen sustancias idénticas a las de un cigarrillo convencional" que aparece en el subtítulo del artículo es engañosa. Porque lo único que ambos tienen sustancialmente en común es la nicotina y el peligro no está ahí, sino en las sustancias que se generan como consecuencia de la combustión del tabaco del cigarro convencional, sustancias que nunca producirá un cigarro electrónico.

También en contra de estos dispositivos está Jose Ramón Alonso, un preclaro colaborador de naukas.com al que siempre leo con mucho interés. Su entrada está mucho mejor documentada que el anterior artículo pero discrepo en varios de sus argumentos. Oponerse a los cigarrillos electrónicos porque los envases con nicotina han sido empleados en suicidios y han causado problemas graves de intoxicación fundamentalmente a niños por su ingestión o contacto, tiene poco que ver con el debate. A tenor de tales temores, los desatascadores de fregadera o los propios envases con medicamentos entran en la misma categoría y el asunto se ha solucionado con alertas en dichos envases que también pueden (y deben) colocarse en los envases de nicotina. Y en cuanto a algunas sustancias detectadas en cantidades pequeñas en estos dispositivos (como formaldehído o nitrosaminas) ya dejé recientemente mi opinión por escrito aquí.

Una óptica diferente sobre las claves del problema es la contenida en un artículo de Michael McCoy en la revista Chemical Engineering News (CEN) (en este caso no os pongo el enlace porque es de pago y no lo podríais bajar). Con las ventas de cigarrillos electrónicos creciendo a un ritmo desmesurado, se necesitan cantidades importantes de esa sustancia para poderla diluir al nivel del 2.5% que se emplea en los dispositivos de vapeo. Y esa nicotina extra que ha irrumpido en el mercado como consecuencia de este nuevo negocio ha estado y está llegando al mercado, por ahora, con poco o ningún control.

La nicotina es una molécula cuya síntesis química es posible pero cuyo precio se dispara debido a su carácter de molécula quiral, lo que implica que para obtenerla en estado puro sean necesarios procesos complejos y costosos. Por eso, se obtiene habitualmente por extracción a partir de hojas de tabaco, proceso que generalmente se realiza en los lugares de recolección de la planta (India o China) para, posteriormente, ser purificada en Asia o Europa. Y no todas las nicotinas que se venden finalmente son iguales. De forma que una regulación de estos dispositivos en el futuro, parece pasar por una nicotina de pureza y garantías similares a las que usa, desde hace mucho tiempo, la industria farmaceútica para fabricar otros productos para dejar de fumar, como los chicles o los parches. Así que algunas de las industrias que se han dedicado tradicionalmente a ese mercado están entrando en el de los e-cigarros ofreciendo, frente a sus competidores chinos, el valor añadido de su prestigio en el mucho más regulado sector farmaceútico occidental.

Y algo parecido pasa con los extractos que se emplean para proporcionar diferentes sabores al vapeo. Así que, por ahora, la cosa puede estar un tanto descontrolada, pero intuyo que las Agencias de Salud van a exigir en breve criterios de trazabilidad y seguridad de las sustancias empleadas en ese emergente negocio, lo que acabará poniendo las cosas algo más claras para el consumidor. El que luego se permita usar o no los dispositivos en sitios públicos o cerrados es ya otro problema.

Y ahora si que dejo definitivamente el tema para los foros de internet, donde las peleas se parecen ya a las que hay sobre los parabenos o el aspartamo.

7 comentarios:

gabriela dijo...

Anoche vine a darme una vuelta por tu casa, pero la puerta estaba con doble candado y no pude entrar...sólo alcancé a ver mi nombre y me quedé con un gran signo de interrogación!
Este tremendo negocio de los cigarrillos electrónicos son un gran invento para torcerle la mano a la ley, pero no para dejar de fumar! No se puede dejar una adicción, manteniendo la sus tancia adictiva en sangre! La nicotina es un potente VENENO , y al inhalarlo no tarda ni un minuto en llegar al cerebro, donde nos atrapa y nos hace adictos.
Búho, si yo no hubiera fumado tanto, ¡por supuesto que hoy no estaría con un EPOC! Y sabiendo lo que ahora sé, no se lo deseo ni a mi peor enemigo! Así que ná de filípica y más cordura (jeje).
No me convences con eso de que seguramente las Agencias de Salud van a exigir en breve criterios de trazabilidad y seguridad de estas sustancias, porque esto no siempre es controlable; puede pasar como con los útiles escolares que las personas compran porque son baratos...vienen de China, y traen plomo...Año a año es el mismo problema!Hay que andar "cazándolos"...
La campaña debiera ser: ¡No a la nicotina!

El Búho dijo...

Esta es mi Gabriela. Avisados estábais.

Diego Trabado dijo...

Estoy con Gabriela. El tabaco y todo lo relacionado con él, simplemente debe ser rechazado de plano.
Sin contemplaciones. Todo lo demás es andar por el filo de la navaja.

Anónimo dijo...

Siguiendo por esa línea, sin contemplaciones, acabaremos exigiendo la ejecución inmediata y sin juicio de cualquiera que no esté dispuesto a ejecutar con sus propias manos a un fumador. O cualquier otra barbaridad.

LLevo tiempo diciendo que el asunto se dogmatizó en exceso hace ya tiempo. Véase si no la propaganada de la Sociendad de Neumología, que debería procurar ajustarse a los hechos en mayor medida.

Ignorarlos "por una buena causa" no es admisible en ciencia.

Alexforo dijo...

(Búho,"publirreportaje" si no acabaremos escribiendo Infrarojo)
Yo estoy de acuerdo con Gabriela y Diego. Hablo desde la triste experiencia de ver morir a mi padre por el maldito tabaco (mi hijo lleva el mismo camino)y, quizás, no soy neutral.En el "vapeo" veo más un deseo de negocio que de eliminar el tabaco. La prueba: ha surgido cuando las leyes sobre fumadores se han endurecido.

El Búho dijo...

Gracias Alexforo y perdona el incordio. Se me fue el dedo...

gabriela dijo...

Búho, las leyes se endurecieron para hacerle difícil llegar a la adicción a los jóvenes, pero si ahora se puede vapear hasta dentro de los hospitales, arriba de un avión, en el quirófano o dentro de una sala de clases, es una horrible contradicción y es como pasarles un letrero que diga "tentación" frente a los ojos hasta a los bebés!
Yo prefiero las reglas claras y que todos las respetemos.